Por qué los triángulos amorosos gustan tanto: El Verano en el que me Enamoré nos hace cuestionarlo

Narrativa

Actualmente, internet se divide en los que ven y los que no ven El Verano en el que me Enamoré. Y a su vez, el público de la serie se divide en “Team Conrad”, “Team Jeremiah” y hasta “Team Belly”. Lo más sorprendente es ver la cantidad de memes que circulan haciendo alusión a la enorme cantidad de adultos (en sus treintena e incluso con cuarenta y tantos años) que también ven la serie religiosamente cada miércoles, a pesar de ser un drama adolescente, pero ¿por qué sucede esto? Si no eres de los que ve The Summer I Turned Pretty te preguntarás qué tiene esta serie que despierta tal fervor colectivo. Bueno, la respuesta es simple: hay un triángulo amoroso. Aunque la pregunta correcta debería ser: ¿Por qué los triángulos amorosos gustan tanto?

El triángulo amoroso es un recurso narrativo que ha fascinado al gran público y a los cineastas por mucho tiempo. Más allá de un simple romance, este tropo ha evolucionado en el cine y televisión (también en la literatura), reflejando los cambios sociales, las percepciones del amor y las complejidades de las relaciones humanas. Ha pasado de ser un simple recurso en los melodramas clásicos a una profunda exploración de la psicología de los protagonistas en las producciones más modernas. Pero ante todo, es una fuente inagotable de entretenimiento.

Este tropo se ha vuelto tan frecuente en las series y películas, que parece extraño cuando no hay uno. Al ver un triángulo amoroso, la trama se centra en el drama y en descubrir a quién elegirá un personaje, y esto se convierte en lo más importante para muchos espectadores. Instantáneamente, los triángulos amorosos captan la atención de la audiencia y son a menudo lo que sostiene ese interés por parte del público.

Érase una vez un triángulo romántico

Si bien El Verano en el que me Enamoré es el triángulo amoroso del momento, en realidad este tropo ha existido en el cine por casi un siglo, prácticamente desde el momento en que se originó el séptimo arte. Sin embargo, podemos dar por hecho que el primero que se vivió como un “fenómeno” fue el de Lo que el Viento se Llevó donde Scarlett O’Hara estaba obsesionada con Ashley Wilkes a quien idealizaba como el amor de su vida hasta que conoce a Rhett Butler.

Un par de años más tarde, llegó Casablanca, quizá la película romántica más famosa después de Gone with the Wind y, curiosamente, esta cinta también cuenta con un triángulo amoroso. Una vez más, es la protagonista quien debe elegir: Rick e Ilsa tuvieron un apasionado romance en París antes de que la Segunda Guerra Mundial los separara. Pero el reencuentro en Casablanca revela que Ilsa está casada con Victor, un líder de la resistencia. El conflicto radica en que Ilsa aún siente algo por Rick, pero su lealtad y deber están con su esposo.

El cast de Él Verano en el que me Enamoré recrea el póster de Sabrina

Hace más de ochenta años, la tendencia era la misma de ahora: las mujeres a menudo son el centro de estos triángulos. Sin embargo, anteriormente la norma era que la decisión reafirmara los valores tradicionales del matrimonio y el deber, con la elección correcta siendo la que al final servía a un propósito más noble o moralmente aceptado. Afortunadamente esto cambió radicalmente con la llegada de la televisión y la nueva ola del cine, por allá en los sesenta, y los guionistas prefirieron inclinarse por algo que Billy Wilder ya había conseguido en los cincuenta con Sabrina: convertir el triángulo amoroso en un recurso de mero entretenimiento.

En dicha película, Sabrina, la hija del chofer de la familia Larrabee, regresa a casa después de pasar dos años en París, transformada de una chica tímida a una mujer sofisticada. El playboy David, el hijo mayor de la familia, que nunca le había prestado atención, se siente atraído por ella. Esto pone en peligro su inminente matrimonio con una heredera, un compromiso que es crucial para los negocios de la familia Larrabee. Así que para evitar que Sabrina interfiera en los planes de su hermano, el astuto Linus decide seducirla él mismo con la intención de que se enamore de él y se aleje de David.

Billy Wilder descubrió la fórmula mágica y es que lo interesante de los triángulos amorosos radica en la dinámica entre los personajes, más allá de la elección final. Y esto es algo que hemos visto en otros fenómenos cómo Crepúsculo, The Vampire Diaries, Los Juegos del Hambre y Gossip Girl, los grandes fenómenos culturales de la década pasada que involucran a una protagonista que debe elegir entre el amor de dos hombres.

Por qué los triángulos amorosos gustan tanto

En el cine contemporáneo, el triángulo amoroso ha sido deconstruido para exponer la realidad de las conexiones humanas. Películas como La favorita o Challengers lo utilizan como una sátira de la monogamia, donde el poder y la ambición son incluso más importantes que el afecto. Mientras que otras cintas como The Notebook o Materialists exploran el eterno debate entre el pretendiente perfecto y el pretendiente perfecto para la protagonista.

Es así cómo podemos darnos cuenta de que la fascinación por este tropo se debe a múltiples factores, tanto psicológicos como culturales. Pero sin duda, su principal atractivo radica en que nos hace sentir parte de la película o de la serie. En las historias donde no hay triángulos amorosos sabemos que, pase lo que pase, los protagonistas quedarán juntos (salvo excepciones). En cambio, cuando hay una pieza extra, el drama y el suspense de la “gran decisión” nos mantienen al borde del asiento, permitiéndonos elegir bandos. Podemos simpatizar con el “perdedor” o anhelar encontrar a alguien como el “ganador”. Este contraste entre la fantasía y la realidad hace que el cliché se sienta más cercano y más apasionante.

Es tan grande el fervor que despiertan los triángulos amorosos, que han llegado a sobrepasar la ficción y se ha convertido en una herramienta para la industria mediática. Los chismes de celebridades, que a menudo fabrican o exageran dramas románticos, se aprovechan de esta obsesión global para aumentar el interés y las ventas. Jennifer, Brad, Angelina; Selena, Nick, Miley; Selena, Justin, Haley; estos son tan solo algunos de los ejemplos más notorios. Incluso iCarly hizo de esta obsesión una sátira cuando Freddie descubre que algunos fans del show creen que es novio de Carly y otros están convencidos de que sale con Sam, lo que desata una guerra entre ambos fandoms.

Ese comportamiento que vemos en la serie de Nickelodeon no está muy lejos de lo que se vivió a finales de la década antepasada con Crepúsculo o lo que se vive ahora mismo con The Summer I Turned Pretty y es que si hay un público que vive al máximo los triángulos amorosos son los adolescentes pero eso no significa que los demás grupos de espectadores estén exentos de involucrarse también en estos dramas románticos. Y es que los humanos, por naturaleza, somos seres a los que nos encanta elegir, opinar y defender nuestras elecciones, convencidos de que hemos optado por la mejor opción. Y nada como un buen triángulo amoroso para satisfacer esto, dándonos la oportunidad de apoyar a un bando y sentir que somos parte activa de la narrativa, especialmente en esta época donde las redes sociales se convierten en un campo de batalla “inofensivo” y a la vez adictivo.

No cabe duda de que, aunque hay muchas razones, al final del día, lo que nos hace amar a los triángulos amorosos es el hecho de que apela a nuestra necesidad innata de elegir y de sentirnos emocionalmente conectados a las historias que consumimos. Por eso es casi un hecho que, aunque El Verano en el que me Enamoré llegué a su fin el próximo mes, no será el último triángulo amoroso que veremos en pantalla. 
 

Comentarios 3

C
CathyAsian2 de septiembre de 2025
La verdad que es un análisis re sólido. Yo creo que otra capa detrás de la necesidad de elegir puede ser el impulso de cuestionar el amor de a uno (la pareja exclusiva), que para mí no es algo innato en la naturaleza humana, sino más bien un invento romantizado por el arte y los discursos públicos para reforzar la monogamia y así asegurar la reproducción estable de la fuerza laboral en la sociedad. Capaz me fui un poco al pasto, pero me encanta cuando una buena obra te dispara estas reflexiones. Muy disfrutable el texto.
P
Ploti30 de agosto de 2025
El Verano en el que me Enamoré conecta porque toca nostalgia, emociones universales y personajes con los que cualquiera puede identificarse, más allá de la edad.</br>Además, el fenómeno meme crea comunidad y humor compartido.
M
Mari Stocco29 de agosto de 2025
Confieso que me metí a ver El Verano en el que me Enamoré “por curiosidad” y terminé discutiendo con mis amigas de treinta y tantos sobre si Conrad o Jeremiah es mejor para Belly 🙈. El texto tiene razón: no importa la edad, los triángulos amorosos nos invitan a tomar partido como si la decisión fuera nuestra.

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