Crítica: Amores Materialistas — Amor o capitalismo, ¿cuál es más poderoso?

Reseñas generales

No sé tú pero yo estaba deseando ver Materialists desde el primer momento en que se anunció. Tras ver Past Lives (2023, dir. Celine Song) estoy convencida de que cualquier cosa que dirija Song tendrá mi atención. Y lo mejor es que, con otro triángulo amoroso en la ecuación, la directora parecía estar más que lista para regalarnos otra historia de amor con ecos de su ópera prima. Si no has visto Past Lives, en esta película Celine nos obsequia una historia tremendamente emocional sobre las conexiones perdidas (en esta vida, en las pasadas y futuras). Pues bien, su más reciente película, Amores Materialistas (2025) deja a un lado los temas metafísicos y filosóficos y se sumerge en los números. Sí, los números. A través de esta nueva película, Song busca diseccionar y criticar lo desvirtuado que está el amor en un mundo superficial, cada vez más…materialista, pero ¿lo consigue? ¿Su mensaje llega alto y claro?

Finalmente, en Latinoamérica podremos ver Amores Materialistas a partir de mañana. Y aunque se trataba de una de mis películas más esperadas del año, adelanto que ha sido mi mayor decepción hasta ahora pero a continuación te cuento por qué.

¿De qué trata Amores Materialistas?

Lucy (Dakota Johnson), una mujer aparentemente calculadora, trabaja como matchmaker en Nueva York, es decir, las personas le pagan para que ella les consiga pareja. Adore, la firma para la que trabaja, es una especie de Tinder donde las personas acuden, llenan una planilla con las características que buscan en una futura pareja, y esperan a que “ocurra la magia”. 

En una boda (la novena que Lucy organiza, lo que la convierte en una superestrella de su firma), Lucy conoce a Harry (Pedro Pascal), un hombre que, además de quedar prendado por ella desde el primer momento en que la ve, también representa el prospecto de hombre perfecto o “unicornio” como lo llaman las personas vinculadas al matchmaking. Sin embargo, en esta misma boda, Lucy también se encuentra con John (Chris Evans), su ex-novio, ex-prometido y eterno gran amor quien no tiene ni un dólar en su cuenta bancaria.

Entonces, tenemos a Harry, el hombre ideal pero alguien a quien Lucy no ama; luego está John, un hombre que representa muchas de las cosas que ella desprecia y, aún así, no ha dejado de quererlo. ¿Será cierto que para encontrar a tú pareja ideal solo bastan unos números o el amor tiene que prevalecer en cualquier escenario?

Materialists realmente irradia elegancia…

Sí, Materialists ha sido mi gran decepción de 2025 pero no por ello la considero una mala película, al contrario, creo que tiene muchos aciertos. Y el primero es, sin duda, su producción. Todo, absolutamente todo, luce fenomenal en la película. Rápidamente nos introducen en un mundo elegante, donde lo material sobresale de una manera intencional.

Cada locación es más bonita que la otra, desde las oficinas de Adore hasta el apartamento de Harry, todo es místico y casi perfecto, en contraste con la vida de precariedades que rodea a John. El vestuario también juega un rol importante, ya que basta ver lo que lleva puesto un personaje para intuir su estatus económico. Incluso hay un estilo muy diferencial entre la Lucy del pasado y la Lucy del presente. Toda esta estética maravillosa sobresale gracias  a una fotografía que evoca a las comedias románticas de la década antepasada, mientras que el sonido y la banda sonora complementan la experiencia audiovisual.

Materialists luce bien y nos invita a perdernos en este mundo elegante y frívolo con la clara intención de hacernos reflexionar sobre cómo cada día parece más y más inevitable dejar a un lado el dinero y lo material cuando hablamos de amor. ¿Dónde han quedado los días en los que el amor era el sentimiento más puro? 

Vivimos en un mundo materialista, ¿eso está mal?

Estoy convencida de que mi mayor conflicto con la película es su guión porque el mensaje que busca trasmitir, desde mi punto de vista, poco tiene que ver con lo que vemos en el final. Sí, Celine Song es muy buena escribiendo conflictos románticos, donde todo se siente real y orgánico pero, el tercer acto de Materialists es una excepción monumental. No puedo comprender las decisiones que toma Lucy por ciertas razones.

En un comienzo, vemos como en el mundo de la película, todo y todos son una mercancía, donde, aparentemente, la compatibilidad de las parejas radica en los números que pueden aportar al otro: qué edad tiene, cuánto mide, cuánto pesa, cuánto dinero tiene en el banco, cuáles son sus ganancias anuales, etc… Ni siquiera parece algo descabellado cuando Lucy menciona que el matrimonio no es más que un negocio. Ya nos lo decía James Austen unos cuantos siglos atrás en su gloriosa Orgullo y Prejuicio.

El matrimonio es un mercado, y Lucy es una especie de corredora de bolsa, pero también es una idealista. Cree sinceramente que cada uno de sus clientes acabará conociendo a la persona con la que compartirá el resto de su vida y para ello solo tiene que hacer matemáticas, hacer que los números de uno coincidan con los de alguien más.

Pero Celine Song no romantiza el materialismo, ni mucho menos lo enaltece, al contrario, Amores Materialistas es en realidad una mirada realista a los peligros y sufrimientos de las citas modernas. Se burla de la cultura del derecho que lleva a las personas a creer que merecen solo lo mejor porque la sobreabundancia de opciones los ha llevado a creer precisamente eso. Y eso está bien, de alguna forma, Song intenta recordarnos que en nuestra búsqueda del amor, podemos dejar en el olvido detalles relevantes como…el amor, precisamente. Le damos tanta importancia a lo material que nos olvidamos de lo sentimental. 

A partir de aquí vienen los spoilers, así que puedes seguir leyendo bajo tu responsabilidad.

La premisa de Song es inicialmente sólida, pero se desmorona cuando llega el tercer acto. 

Celine Song se empeña en recordarnos que Lucy es superficial, calculadora, materialista solo porque quiere mejorar su estabilidad económica, porque no quiere repetir los errores de sus padres y porque dejó a John, su ex-prometido, tras cinco años juntos, solo porque el era un conformista que no tenía las mismas aspiraciones que ella. La directora y guionistas, por alguna razón, nos quiere hacer ver qué las acciones de una mujer que busca superarse son cuestionables pero las de un hombre que está justo en el mismo punto donde su ex-novia lo dejó, no. ¿Todo esto por qué? Pues porque él la ama y Harry, no. 

Y hablando de Harry, es difícil procesar la escena en la que Lucy lo deja. Él es millonario y muy, muy guapo pero también la trata bien, se preocupa por ella y está dispuesto a darle todo lo que ella desee. Pero solo porque quiere casarse aún cuando es incapaz de darse cuenta cuando Lucy está triste, es lo que hace que ella salga despavorida de allí ¿o tiene más que ver el hecho de que Harry en un pasado se sometió a una operación para aumentar su estatura? Lucy se empeña en decir que no, pero el guión no termina de dejarlo muy claro. 

Gracias a una una subtrama sobre una clienta (Zoe Winters) que es agredida en una cita que ella misma había concertado, Lucy empieza a cuestionar su trabajo. Para un evento tan significativo y, por desgracia, común como la agresión sexual, resulta un poco frívolo usarlo como recurso argumental para que nuestra heroína tenga la excusa perfecta para replantearse su vida y darse cuenta que, quizá el amor es más importante que cualquier otra cosa y que pelear con su ex por dinero en medio de la calle, no está tan mal.

Esto me lleva a lo que menos me gustó de la película: el final. Mi problema no es que Lucy haya elegido a John, el problema es que John no se molestó en ser una mejor versión de sí mismo, simplemente se conformó y lo único que tiene para ofrecerle a Lucy, además de su amor, son promesas sin garantías de que ahora sí, con treinta y siete años, finalmente va a cambiar. Eso no lo vemos, ya que Lucy no solo rechaza la estabilidad financiera de Harry, sino también la suya. Mientras se dispone a aceptar el anillo de compromiso de John, hecho con un ramo de margaritas, le dice a su jefa que quiere dejar su trabajo y no muestra ningún interés en el aumento ni el ascenso que le ofrece para quedarse. 

¿Está mal amar y querer también estabilidad económica? ¿Desear estabilidad económica es malo? La ironía de Amores Materialistas no reside en el cinismo sino en su naturaleza contradictoria. Quiere aleccionarnos sobre la frivolidad que reina en el mundo de las citas pero lo hace “demonizando” el interés de una mujer de anhelar un poco más de lo que él amor de su vida le puede ofrecer. 

Sí, definitivamente el amor debe estar en la ecuación cuando buscamos pareja pero, desafortunadamente, el amor no lo es todo y si el mensaje de Materialists me dice lo contrario, no podría estar más en desacuerdo. Así que si buscas una película sobre lo complejo que son las relaciones, está película es una gran opción pero no esperes un final satisfactorio, al menos de que seas un romántico empedernido que, al igual que Lucy y John, piensa que el amor lo puede todo.

Comentarios 4

C
CathyAsian28 de agosto de 2025
Este texto me hizo pensar bastante... Me gusta cómo señalás la paradoja de que Lucy sea a la vez materialista e idealista, sobre todo en lo que respecta al matrimonio. En mi opinión, eso pasa porque al principio cree que mientras más casilleros marque, más cerca va a estar de la felicidad, hasta que las dificultades de sus clientes le demuestran lo contrario.</br></br>Sí, es materialista, pero no creo que sea superficial. Y también leo la película como una muestra de que John viene trabajando en sí mismo desde hace años después de la ruptura, no que de golpe mejora cuando le propone casamiento. En realidad, no cambió demasiado, pero no por falta de ganas, sino porque nunca logró concretarlo.</br></br>En cuanto a por qué deja a Harry, también me quedo con tu primera lectura: que no siente amor de parte de él, ni el propio amor hacia él. Pero tampoco creo que eso justifique del todo que acepte la “oferta” de John. El final tampoco me cierra.</br></br>Antes de seguir con otro punto, te quiero preguntar: ¿Lucy rechaza por completo el ascenso, o todavía existe la posibilidad de que lo acepte? Para mí, como espectadora asiática, el mensaje se siente menos claro, y me pregunto cómo lo reciben en otras partes del mundo. Porque si todavía tiene la chance de aceptar el ascenso, entonces elegir a John no necesariamente significa que renuncia a la estabilidad económica, aunque esté con un hombre “pobre”. Quizás justamente esa es la intención de Song: dejar todo abierto y empujarnos a reflexionar sobre qué elegiríamos si estuviéramos en el lugar de Lucy.</br></br>Y no creo que la película “demonice” el deseo de una mujer. Lo critica, sí, pero está lejos de demonizarlo. Más bien, Song hace que Lucy vuelva de un camino que se estaba desviando demasiado, y la encamina hacia una nueva etapa que está por empezar. En ese sentido, creo que la película realmente llega a la conclusión que mencionás: que el amor no lo es todo, pero que igual tenemos que encontrar la forma correcta de alcanzar estabilidad económica.
C
cinejuanita31 de julio de 2025
Sentí exactamente lo mismo, me encantó la obra anterior del director, así que fui con grandes expectativas. Pero el final de esta fue… simplemente extraño.
J
Jeroo Casco31 de julio de 2025
Yo no creí que me pegaría, pero si lo hizo. Ojo, no la considero una gran película, solo me tocó con algo demasiado personal pero no me impactó lo suficiente como para decir "que grandiosa que es". Es rara la transición que hizo la directora de Past Lives a esto.
M
marisoledad31 de julio de 2025
Ugh, gracias de verdad por escribir esto. Estoy totalmente de acuerdo. Vidas Pasadas me encantó, pero Amores Materialistas simplemente no me llegó. Está bien decir que Harry no era la elección correcta, pero John tampoco lo es. Es un buen tipo, sí, pero no es una opción razonable de verdad. Siento que habría encajado mucho más con el trabajo anterior de Song que Lucy acabara sola, para resaltar que el amor no es fácil y que no lo es todo… Pero bueno, supongo que me tocará reescribir el final en mi cabeza y quedarme con la decepción de lo que fue la peli.

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