Cómo Gossip Girl definió a la generación de los millennials

Reseñas generales

A principios de los 2000, los blogs fueron la antesala de las redes sociales. Sitios de chismes como Pérez Hilton o Just Jared eran las principales fuentes de farándula, actualizando su contenido prácticamente en vivo (muchas veces, con imágenes e información cortesía de los mismos usuarios de la web). Obviamente, no tardó en llegar una serie que tomara este concepto como premisa. Gossip Girl se estrenó en 2007, marcando a una generación entera. A diecisiete años de su estreno vamos a explorar por qué esta serie significó tanto para muchos millennials.

Personalmente, me gusta definir a nuestra generación, los millennials, como una de las más afortunadas. Simplemente conocimos lo mejor de dos mundos. Tuvimos una infancia con una dosis justa de tecnología y conocimos los teléfonos móviles cuando aún no eran inteligentes. En nuestra adolescencia aprendimos a tomar selfies con la cámara principal porque no habían inventado aún los modelos con cámara frontal, y conocimos las redes sociales antes de que muchas de estas aplicaciones se volvieran realmente peligrosas para nosotros como sociedad. De hecho, Gossip Girl nos lo advirtió. Y es que esta serie sobre adolescentes, dirigida a adolescentes, que mostraba la cara más atractiva de Nueva York y los episodios parecían pasarelas de desfiles de moda con atuendos de alta costura, lo tenía todo. 

Me gusta pensar en Gossip Girl como una mezcla perfecta entre Sex in the City y The O.C. No es casualidad que el creador de la primera sea el mismo de Emily en París y el de la segunda sea el mismo de Gossip Girl. Josh Schwartz, el showrunner, eligió los mejores elementos de su serie antecesora y, centrándose en la élite neoyorquina, los llevó a otro nivel.

¿De qué trata Gossip Girl?

Un día, inesperadamente, Serena van der Woodsen (Blake Lively), una “it girl” del Upper East Side, regresa a Manhattan después de huir a un internado en Connecticut un año atrás. Su retorno causa asombro en todos sus compañeros, siendo bien recibido por algunos, pero no por todos. De hecho, para Blair Waldorf (Leighton Meester), su mejor amiga, ahora enemiga número uno, es algo fatal. 

A partir de allí inicia un largo recorrido entre amistades y enemistades, peleas y traiciones, amoríos y engaños. Todo esto se vuelve más interesante con la aparición de Gossip Girl, un blog con un administrador anónimo que sube cada chisme y cada imagen que recibe sobre estos jóvenes, casi todos miembros de la élite neoyorquina. 

Soy consciente de que casi dieciocho años después, con tantas redes sociales y formatos de interacción diferentes, el concepto entero de la serie es obsoleto. Sin embargo, gracias a esta historia (original de la serie de libros homónima) y adaptada por Josh Schwartz y Stephenie Savage fuimos los primeros en descubrir lo bueno, pero sobre todo los riesgos, de estas aplicaciones. 

Gossip Girl fue una serie aspiracional de manual

A lo largo de los años han estrenado series y películas que nos han hecho soñar despiertos, deseando experimentar algo similar a lo que vemos en pantalla: Un grupo de amigos como los de Friends, una vida académica como la de Rory Gilmore en Gilmore Girls, un trabajo soñado como el de Samantha en Sex in the City. Pero algo tienen en común estas historias: de alguna u otra forma se sienten terrenales, como si alcanzarlas fuese cuestión de tiempo o esfuerzo. 

Por su parte, todo, absolutamente todo lo que veíamos (y amábamos) de Gossip Girl, estaba fuera de nuestro alcance. Y por eso nos encantaba.

Por un lado teníamos la Gran Manzana, esa ciudad que hemos visto ser un personaje más en infinitas series y películas. Famosos sitcoms como la mencionada Friends, y Sinfield, fueron ambientados en Nueva York; otras como Sex in the City y Law and Order convirtieron a la ciudad en su mejor escenario. Sin embargo, Gossip Girl fue la primera serie sobre y para adolescentes que presentó la ciudad a este público. Aunque se centró casi enteramente en Upper East Side, el sitio más codiciado de Manhattan, cada rincón icónico de Nueva York fue mostrado en pantalla. El Nueva York de Gossip Girl era sinónimo de moda y alta costura, limusinas, impresionantes rascacielos, legendarios hoteles e icónicos sitios de interés. En pocas palabras, Gossip Girl intentó convencernos de que no había un mejor lugar en el mundo, y digamos que lo consiguió.

Sorprendentemente, la serie estuvo a punto de ser rodada en estudios. Stephenie Savage, su co-creadora, admitió que por cuestiones de presupuesto, la serie iba a ser rodada en Los Ángeles, pero los productores no estuvieron de acuerdo. De hecho, cuando empezaron a trabajar en la serie, no había otro programa ambientado en la ciudad, a pesar de estar presente en muchas series famosas. Por eso decidieron convertirla en un personaje más, está vez vista a través del lente adolescente, y les funcionó. 

Otro factor que nos hizo enamorarnos de la serie, fue la moda. Cada episodio de Gossip Girl se llevaba a cabo en algún evento: fiestas nocturnas, reuniones al aire libre o en los hoteles más prestigiosos de la ciudad, eventos familiares o de trabajo, cada uno de estos momentos se convirtieron en los mejores pretextos para que los adolescentes del Upper East Side hicieran alarde de las prendas más lujosas de las últimas colecciones de diseñadores reales. Incluso rostros famosos como Vera Wang y Stella McCartney tuvieron sus respectivos cameos dentro de la serie. 

Casi veinte años después de su estreno, Blair Waldorf aún es considerada una de los personajes mejor vestidos en la historia de la televisión. Su estilo estuvo definido por prendas distintivas como medias panties, gabardinas y diademas. Atuendos que miles de adolescentes alrededor del mundo intentaron recrear, a sabiendas que las piezas que Leighton Meester usaba en cada episodio realmente estaban diseñadas por profesionales de la moda como las mismísimas Wang y McCartney, entre otros. 

Cabe destacar que cuando se estrenó no había nada igual en televisión. Disney acababa de lanzar High School Musical, la versión PG-13 de la adolescencia; mientras que al otro lado del espectro, la BBC mantenía al aire Skins, una demostración de la juventud en los suburbios londinenses. En cambio, Gossip Girl era un drama sobre adolescentes inalcanzables para un público común. 

Como espectador, podías identificarte con algún rasgo de la personalidad de cualquiera de estos personajes, pero era imposible verse enteramente reflejado en lo que veíamos en pantalla. Estos vivían a sus anchas, literalmente. Sus padres nunca estaban allí para ellos, y si lo estaban era como si siguieran ausentes, así que no tenían que darle explicaciones a nadie. Pasaban más tiempo en locales nocturnos (Chuck Bass, era dueño de uno), que en la escuela, y aún así podían aspirar a estudiar en Yale o Columbia. Viajaban de Manhattan a Brooklyn en limusinas, hacían fiestas (y otro tipo de cosas) dentro de esas mismas limusinas, y aunque al comienzo de la serie ninguno de los personajes principales tenía un trabajo real, todos vestían con prendas valoradas en miles de dólares. Gossip Girl fue una vitrina para un tipo de vida que nadie que disfrutara de la serie podría tener.

Obviamente, debido a su particular estilo, Gossip Girl recibió duras críticas por asociaciones como The Parents Television Cousil, estos se quejaban de su alto contenido sexual a pesar de estar dirigida principalmente a un público juvenil. Cuando se estrenó la segunda temporada, decidieron usar esas mismas críticas como parte de la campaña publicitaria. Desde el DVD de la primera temporada hasta anuncios expuestos en el Times Square, los pósters de Gossip Girl venían acompañados con frases como “La peor pesadilla de cualquier padre”. De hecho, esto colaboró para que alcanzara su estatus de fenómeno, y cuando culminó la segunda temporada, ya era un éxito mundial. 

De hecho, ese éxito se vio reflejado cuando sus actores principales empezaron a adornar las revistas más famosas, como Vogue y Vanity Fair; y Leighton Meester y los demás consiguieron sueldos de medio millón de dólares por episodio (convirtiéndose en los actores más jóvenes mejor pagados de la televisión en ese momento). Mientras que varias celebridades hacían cameos en la serie (como Lady Gaga), otras como Emma Watson se declaraban fanáticas.

Gossip Girl fue pionera al mostrar el uso irresponsable de las redes sociales

Sí, no vamos a negar que el enalteció la violación a la privacidad, pero Gossip Girl fue la primera serie en incorporar el tema de las redes sociales a su trama, y de alguna forma nos advirtió del daño que nos podían ocasionar. La forma en la que los personajes estaban bajo escrutinio público contra su voluntad resultaba alarmante, y hoy día se ha vuelto parte habitual en estas redes. De allí a que su reboot no funcionara. Lo que en los 2000 era extraordinario, lamentable hoy se ha vuelto cotidiano.

La primera historia aspiracional para adolescentes que fue nombrada en 2008 como la mejor serie de todos los tiempos, según The New York significó un antes y un después en la era de las redes sociales. Gossip Girl llega a esos diecisiete años de su estreno como una de las series que definió nuestra generación. 

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