Sinners: un renovado gótico sureño de blues y sangre

Reseñas generales

Sammie toma su guitarra, que se dice haber sido propiedad del mítico músico Charlie Patton, y comienza a rasgar las cuerdas mientras de su voz surge una hipnótica, grave voz de blues. De alguna forma, un Aleph borgeano se concentra en aquel espacio: las raíces antepasadas del músico y la descendencia futura de la cultura negra se ramifican tanto en la forma de bailarines nativos africanos como de DJs actuales e intérpretes futuristas, todo dentro de una cantina de un Mississippi estadounidense en los años treinta. La melodía atemporal quema las vigas y el cielo estrellado cae sobre la gente, que parecería encontrarse sumida en un ritual sin tiempo. Aquella secuencia sintetiza todo el espíritu del reciente éxito de Ryan Coogler, Sinners.

 

Es conocida la leyenda de Robert Johnson, el histórico e influyente músico del blues que se dice haber vendido su alma al diablo a cambio de talento. Solo aquello podría haber explicado el por qué aquel intérprete obtuvo talento de la mañana para otra, luego de haber desaparecido durante unos meses, posterior a la muerte de su esposa. Aquella semilla que combina lo sobrenatural, el blues y la región del delta del Mississippi (sumada a las propias raíces familiares del director, que dijo haberse inspirada en su propio tío recientemente fallecido y amante del blues) se pueden encontrar como influencia en la que fuera la primera película original de Coogler luego de su paso por Marvel, con Black Panther, y por la franquicia de Creed, con todo el riesgo creativo que eso pudo implicar. 

Un Aleph borgeano ocurre cuando Sammie se pone a tocar y se quiebra el espacio-tiempo dentro de la cantina.

Otro ingrediente que se puede identificar en el cóctel místico de Coogler es el cine de género de clase B, o más bien un heredero de aquel, como puede ser Robert Rodríguez. Una de sus obras más conocidas, no casualmente escrita por su amigo Quentin Tarantino, es Del crepúsculo al amanecer. En ella hay dos películas: una primera, que tiene un tono más ligado al policial, mientras que a la mitad hay un “salto de púa” abrupto, y se transforma en una película de terror y vampiros. Si bien no es igual de abrupto, aquella misma esencia “doble” se encuentra en Sinners, así como su rasgo de abrazar lo bizarro, sin por ello perder tampoco los tonos solemnes por momentos.

 

Y, en un nivel más profundo, puede identificarse en cierta región de la literatura conocida como el gótico sureño. Escritores como Flannery O’Coonor, William Faulkner o Carson McCullers, y que explora aquella región mutada en tan poco tiempo, con la migración en el sur, los conflictos raciales, la marginación y el crimen, y la presencia de personajes excéntricos y defectuosos, aparte de una clara presencia sobrenatural.

La doble narrativa tiene su inspiración directa en Del crepúsculo al amanecer.

En Sinners abunda la muerte y lo extraño, la religión y lo profano. Desde aquel primer momento en el que Sammie entra a la iglesia y su padre, el sacerdote que oficia la ceremonia, le advierte de dejar aquel camino “pecador” de música y bebida, en un flashforward que se retomaría recién al finalizar la obra. Aquel enfrentamiento entre el camino de la música y el diablo y el de la religión cristiana se puede ver en la atracción que genera su guitarra y su música, y se puede ver en la misma lucha entre los pueblerinos y los vampiros que vienen a asolar todo.

 

En ese sentido, lo vampírico cuenta con muchas capas y acepciones. El tropo del ser nocturno y chupasangre cuenta con un abanico enorme de significados, lo que siempre permitió una maleabilidad en múltiples narrativas y formatos. En este caso, se podría decir que el subtexto implantado en su figura radica en aquella cultura global hegemónica, blanca, que busca homogeneizar todo. Como bien dice uno de los seguidores conversos, lo que los hace sedientos, más que la sangre, es la búsqueda de historias y de culturas. Ya está allí presente la cultura irlandesa que migró hacia los Estados Unidos, ahora buscan la cultura negra y blusera que germina a las orillas del Misisipi. 

En Sinners abunda la muerte y lo extraño, la religión y lo profano.

Y tampoco es un vampiro totalmente malvado o totalmente bueno; es un tipo de personaje gris, ambiguo, que busca convertir a todo como una plaga pero que también se preocupa y grita cuando una posible conversa es asesinada, y que puede cumplir con una promesa sagrada. Esa ambigüedad le da también una profundidad diferente a la narrativa, que no se queda solamente en el bien contra el mal, sino en la lucha por preservar una cultura.

 

En ese sentido, lo musical es el eje vertebral de toda la película, y sin cuya presencia no podría funcionar. No es solo un telón de fondo, sino que es el mismo escenario que configura la trama y a los personajes; es el motor que empuja la historia. Ludwig Göransson construye una banda sonora que se inspira en las mismas raíces tradicionales del blues del delta del Mississippi y se lo reapropia para entregar un sonido cargado de fuerza y de drama. A su vez, los temas cantados por Rhiannon Giddens, Bobby Rush  o Buddy Guy dotan de poder a diferentes secuencias —como la expuesta al principio— y ejemplifican también esta oposición cultural entre la música más country blanca y la melodía más blusera negra.

Al final Sammie y Smoke sobreviven a la matanza vampírica, pero cada uno tiene destinos diferentes.

La presencia del Ku Klux Klan en la trama no es tampoco forzada ni desentonada, va en línea con el racismo ya expuesto durante la película: un cartel en la estación de tren que indica que allí solo pueden comprar tickets los blancos, el mismo retorno de los gemelos al Delta, lo que podría indicar que no fueron bien recibidos en Chicago o en los comentarios del anterior propietario de la cantina. El año en el que sucede la acción es uno en el que se sienten todo el embate de las leyes segregacionistas de Jim Crows, y a la vez tiene un diálogo con la actualidad, con el avance mundial de las derechas, y en especial, el poder de Trump. En la película, los vampiros impidieron que el Ku Klux Klan realizará su ataque pactado, pero sí lo hicieron cerca del final de la obra, momento en el que Smoke decide intervenir y llevar la lucha contra ellos.

 

Al final, Sammie sobrevive a la matanza vampírica. En una secuencia memorable, la luz del sol cae sobre los campos sureños y Remmick, al contrario del lento y bello marchitar de Nosferatu de Eggers, estalla en un fuego intenso, que lo desintegra. Al final —y es necesario quedarse durante los créditos finales—, Sammie vive para realizar una carrera en el blues. Quedó marcado, como tantos quedaron marcados por la bestia en tantas historias (Pedro en Cuando acecha la maldad, y la lista sigue), y así permaneció protegido por años de los vampiros que sobrevivieron. Eligió el camino de la música, al contrario de los deseos de su padre, y preservó así aquel talento sobrenatural y aquella música que trascendió los límites del Delta del Mississippi. 


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.


Publicado el 30 de abril del 2025, 6.41 PM | UTC-GMT -3.


Más notas relacionadas: Nosferatu: el relato gótico de la muerte y la doncella | The Monkey: un gran ejercicio de transposición | Presence: un interesante y potencial experimento que no logra despegar | El gótico en el cine: Cat People, The Innocents y The Haunting | Heretic: una nueva y fresca propuesta del terror social | In the Mouth of Madness: el poder de la ficción


En caso de que te haya gustado la publicación se agradece mucho dándole me gusta, poniéndolo en favoritos, comentando y siguiéndome para colaborar en su difusión. ¡Gracias!

Comentarios 2

J
Jeroo Casco6 de mayo de 2025
Tu artículo me gustó muchísimo más que la peli Alex. Con eso te digo todo. Valoro algunas cosas de ella: la escena del baile multigeneracional, la escena del baile irlandés...para! me gustaron solo la de los bailes jajajaj. En fin, no me pareció la gran cosa
M
Mis Cinexperiencias2 de mayo de 2025
Que chido que integrante a Faulkner. Justo pensaba en Luz de Agosto mientras la veía. Se me fue mencionarlo en mi Review, pero eso es lo rico, tener tantas aristas por explorar

De este autor