Heretic: una nueva y fresca propuesta del terror social
Reseñas generalesDe vez en cuando surgen ciertas películas que pese a no ser revolucionarias, sí son un soplo de aire fresco en el género del que forman parte. Heretic (O Hereje) de Scott Beck y Bryan Woods es una de ellas.
Dirigidas por los mismos creadores del guion y el universo de A Quiet Place pero también de la malograda 65, esta película podía ser una genialidad o un desastre y afortunadamente se terminó decantando por lo primero.

La trama sigue a dos mormonas, las hermanas Paxton y Barnes, que deben hacer su recorrido habitual de casa en casa para difundir su religión. Hasta que, en una tarde de una creciente tormenta llegan a la casa de Reed, un hombre de mediana edad que aparenta ser tranquilo y confiable. Pero todo comienza a torcerse en su visita.
Un subgénero reciente dentro del terror es el terror social. Allí, no prima el elemento sobrenatural, sino el mismo terrible accionar del ser humano. Y de allí se pueden desprender problemáticas coyunturales y dilemas sociales. Como Barbarian lo hizo el año pasado con los temas de la violación y la violencia hacia la mujer, Heretic lo realiza en torno a la validez o no de las religiones y de la fe.

Eso se refleja en una película con un excelente guion, en donde el personaje de Reed intenta convencer y hacer entrar en un juego a Paxton y a Barnes con el fin de explorar las distintas religiones que transcurrieron a lo largo del tiempo. Al ser también una película de encierro, es esencial que los diálogos estén bien escritos y sean atrapantes para el espectador, algo que se logra con ciernes.
Al mismo tiempo, el guion logra un buen balance entre generar una atmósfera de suspenso y ofrecer ciertos tintes de comedia, sin hacer caer a la película en lo ridículo. Momentos como la comparación de Jesús con Jar Jar Binks generan risa sin hacer decaer la calidad de la obra.

El otro núcleo importante de la película es la interpretación de Hugh Grant. Curiosamente, en orden de construir un personaje siniestro, los directores tomaron una decisión acertada: la actuación está más cercana a su ya clásico personaje de una comedia romántica que a la de un hombre siniestro. El contraste entre su habitual registro y el desarrollo de los acontecimientos que van sucediendo provocan un efecto de incomodidad e inquietud que logran que el film tenga una curva creciente de tensión.
A su vez, es un personaje imperfecto y vulnerable, lo que también se siente como una diferencia respecto al tan saturado villano implacable e inteligentísimo. Reed se equivoca de forma constante e improvisa sobre la marcha, errores que son descubiertos por Paxton.

En el caso de ambas mormonas, las interpretaciones de Chloe East y Sophie Thatcher se ajustan muy bien al relato y contienen una sutileza, en donde sus expresiones y actitudes se van transformando de forma gradual a la par del terror mostrado.
Por otro lado, se podría hablar de este film como una obra post-secular. A diferencia de películas de terror icónicas que criticaban la religión, como El exorcista, en esta hay una más clara intención de cierto retorno a lo espiritual y a lo irracional, sin importar cuán verídico sea o no.

El diálogo del personaje de Grant respecto a que las religiones son una iteración tras otra de un mensaje original (en paralelo a la brillante comparación de las distintas versiones del Juego Monopoly o de la canción “Creep”) y las puertas de “creencia” y “escepticismo” contrasta con una de las secuencias finales, en donde al morir Paxton reza y junto a ella, Reed.
Otro subtexto presente en la trama es el machismo o mansplaining que tiene Reed hacia las dos personajes. De alguna forma, su religión personal es, como él mismo dice, el control, y especificamente el control sobre la mujer. Eso se puede observar en cómo trata a las hermanas como si fueran juguetes de su propio experimento, así como trató a todas las mujeres que tiene encerradas.

En ese sentido, la escenografía, la arquitectura de la casa y su fotografía acentúan el espacio en donde lleva a cabo sus experimentos y lo transforman en un protagonista más de la película. Tal como ocurre también en Barbarian, su estructura laberíntica, sus pasillos y compuertas secretas acrecientan el terror de lo mostrado y hacen que esa aparente simple y hogareña casa que se ve desde el exterior, sea un verdadero infierno para las protagonistas.
El final es tal vez de lo que más suscita preguntas. La ambigüedad de si la protagonista vive o muere y si contempló un milagro o está alucinando forma parte de la construcción de toda la película y se corresponde de manera orgánica a la narrativa. El no dar respuestas concisas a la cuestión deja a la audiencia preguntándose: ¿puede ser real un milagro? Pero ¿acaso importa?
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 22 de diciembre del 2024, 5.40 PM | UTC-GMT -3.
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