The Monkey: un gran ejercicio de transposición

Reseñas generales

Stephen King demostró con los años ser una fuente inacabable de ideas para la pantalla grande. Algunas mejores que otras, algunas más originales e innovadoras que otras, casi a la par que su misma bibliografía. The Monkey, de Oz Perkins, se encuentra en el primer grupo, con una más que interesante transposición del cuento que se puede encontrar en la antología La niebla. 

 

El director ya cuenta en su haber con diversas películas de terror como The Blackcoat's Daughter (2015) o I Am the Pretty Thing That Lives in the House (2016), y con su Longlegs lanzada hace poco más de medio año, definitivamente está en su momento más prolífico. Al encontrarse con el primer esbozo del guion de The Monkey, se dio cuenta de que algo no funcionaba; era demasiado oscuro. Así, comenzó un proceso de un tipo de adaptación que se puede ubicar en obras como Blade Runner o Apocalypse Now, una transposición en la que se toma la fuente original más como un punto de partida que como un objetivo de mimesis fiel. Así, transformó un cuento de llano horror, en una película que entra en el subgénero de comedia de terror.

El descubrimiento del mono desencadena la tragedia desde la infancia de los gemelos.

Los géneros de terror y comedia son de los más difíciles de llevar a cabo, y la mezcla entre ambos es aún más desafiante. El sostén de la verosimilitud con tonos tan distintos entre sí plantea distintos obstáculos, pero Perkins tuvo un gran acierto al orientar la obra bajo esta premisa. Así, no solo le sumó varias capas narrativas de lo bizarro y lo gore, sino que también le añadió un subtexto ligado al abandono y a la responsabilidad y desarrollos de personaje que estaban ausentes (o no tan sólidas) en el material original.

 

El largometraje comienza cuando el personaje interpretado por Adam Scott deja un mono de juguete en un negocio de empeños, queriendo librarse del objeto maléfico que provoca muerte por doquier. De ahí, hay un salto a la infancia de sus hijos, un par de gemelos, los cuales descubren en el ático aquel mismo juguete. Allí, comienza una espiral de muertes que trae diferentes consecuencias para la familia.

La película cuenta con todo un subtexto ligado a la responsabilidad parental.

En primer lugar, a diferencia del cuento, la película tiene en general un orden cronológico lineal. Mientras que el texto escrito por King va hacia delante y hacia atrás, con secuencias en la niñez del protagonista intercaladas por secuencias de su actualidad, la película parte desde su edad temprana hasta la adultez, de corrido. Este cambio es favorable, ya que ahí también se halla el ritmo atrapante de la película, que lo lleva a uno de la mano hasta el final. A su vez, las motivaciones del protagonista, Hal, están presentes desde el comienzo. 

 

En estas motivaciones también se encuentra un punto fuerte del proceso de transposición. En el cuento original no hay un odio entre los hermanos, y Bill ni siquiera juega un rol importante en la historia. La transformación de estos en gemelos y la fricción cada vez mayor entre ellos le da más fuerza a la narrativa y permiten que el espectador se comprometa más con sus desarrollos de personajes. Por ejemplo, la muerte de su madre ocurre en el relato de King, pero allí Hal acciona al mono a partir de una atracción casi hipnótica hacia el juguete, mientras que en la película su fallecimiento ocurre cuando Hal enciende el mono con el objetivo (infructuoso) de que muera Bill. Esto suma capas de culpabilidad al personaje y a la fortificación de su odio.

Theo James interpreta a ambos gemelos. 

Así, a la trama familiar que ya se encuentra presente en el cuento, se le suman nuevas capas de profundidad y desarrollo. En el material original, Hal tiene una familia compuesta por una esposa que vive consumiendo valiums, un hijo mayor de 12 años con el que no logra consolidar una relación y uno menor con el que sí. Por otro lado, en la película se tomó la decisión de que se encuentre divorciado y con un solo hijo (algo mayor que en el relato) del cual se encuentra distanciado. De alguna forma, se toma el vínculo de él con Dennis (el hermano mayor) y se exacerba en su relación con Ricky (llamado así en el film). Este arco viene a destacar también la ausencia del padre en sus vidas (que aparece en una gran secuencia inicial encarnado por Adam Scott) y la posterior ausencia temprana de su madre, en síntesis, el tópico del abandono y la responsabilidad de un padre.

 

La trama de los dos gemelos lleva a la creación de toda una trama original que no está presente en el cuento y que se encuentra en concordancia con el nuevo tono dado por Perkins a la película. Que haya un gemelo malvado y uno bueno es un cliché, y el director es consciente de ello; es usado a su favor para aumentar el absurdo de la película. Es una obra que es consciente de su propia ridiculez y cuenta con ello, al reírse de sí misma. 

The Monkey' Images Preview Horror-Comedy Insanity of 'Longlegs' Director's  Next Movie - Bloody Disgusting
La serie de muertes son pensadas de manera creativa y, en muchos casos, bizarras.

De alguna forma, la trama es el puntapié para ver discurrir de forma consecutiva las muertes más horrendas y graciosas a la vez. Podría decirse en ese sentido que su estructura ocurre de forma similar a las Destino Final, pero en una obra con un sello de autor y con un material base de una leyenda del terror. Si bien en el libro ocurren las muertes de la niñera de los chicos o de la madre, en la película se modifican sus cómos para hacerlas lo más bizarras e impactantes posibles, mientras que también se suman muchísimas más, tanto de personajes principales como secundarios o terciarios. La muerte de la inmobiliaria a manos de una escopeta en la puerta o la de una chica que se tira a la pileta y se hace pedazos al chocar contra un agua electrificada, se suman en una acumulación de gore y comedia.

 

Esta línea de hechos es llevado a la hipérbole total en un final que concentra todo el humor y el terror, con un apocalipsis en miniatura en el pueblo en el que ocurren los eventos. La decapitación de las porristas es el sello final de una película que abraza la sangre y lo ridículo, y que de alguna forma se corona como una obra que descomprime la seriedad y la sobriedad del director. En ese sentido, aparte de contar con una gran creatividad a la hora de producir historias originales, también queda en evidencia la gran capacidad de transponer obras desde las hojas de la literatura a los cuadros de una película.


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.


Publicado el 25 de marzo del 2025, 5.02 PM | UTC-GMT -3.


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