30° FICL | La muerte, La transformación y La eternidad de la tradición en "La Hija Cóndor" (2025)

Aspectos socioculturales

Como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Haciendo retrospectiva en mis días a lo largo del 30° Festival Internacional de Cine de Lima (30 FICL), puedo decir con certeza que la semana pasada ha sido mi periodo de mayor actividad en cuanto a redacción de artículos para esta plataforma. Al principio, tenía en mente el desafío físico-mental de redactar un escrito diario para dar una cobertura en vivo al festival organizado por Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el cual finalizó el pasado 15 de agosto. Escribía apuntes con mayor aceleración, y al día siguiente despertaba para comenzar nuevamente el viaje en bus hacia la sede del centro cultural. Prácticamente, mis ciclos de sueño se han vuelto un desastre (ahora soy nocturno, auxilio). Pero, ciertamente, fue una experiencia única. Aunque —evidentemente— no haya logrado mi cometido original, sí he logrado una constancia más grande que nunca que me hizo aprender más en mí mismo de lo que soy capaz. Sin embargo, el trabajo no ha concluido, aunque el festival sí lo haya hecho. Quedan bitácoras pendientes y voy a cumplir con ellas hasta llegar a la clausura de este evento con una gran selección de cine latinoamericano. Dicho eso, ha llegado el momento de comentar sobre el largometraje boliviano que ganó el Premio Especial del Jurado y la Mención honrosa a Mejor Fotografía en la clausura del 30 FICL: “LA HIJA CÓNDOR” (2026). Incluso, conseguí una pequeña entrevista con su director para poder conocer un poco más acerca de su visión artística y el subtexto cultural que engloba toda la cinta.

El pasado martes 11 de agosto fue cuando tuve la oportunidad de visualizarla, como miembro de prensa representando a Peliplat. Similar a la segunda parte de mi bitácora, ese día lamentablamente no pude conseguir acceso a una segunda función que esperaba cubrir dentro del artículo. Pero definitivamente no le restará importancia a la función estelar. Porque dos horas ante la pantalla grande siempre pueden ser más que suficiente para sazonar tu día. Así, ingresé a una sala del centro cultural de la PUCP. Pero en esta ocasión, a cada invitado le otorgaron una tarjeta para rasgar, con lo que podremos dar nuestra calificación a la cinta tras visualizarla. Luego, depositaríamos nuestros votos anónimos en una ánfora para contribuir al ganador de la categoría “Premio del público a la mejor película votada de la Competencia Peruana, Latinoamericana Ficción y Latinoamericana Documental”. No tenía planteada esa interactividad en el evento, por lo que mi emoción se elevó mucho más. Además, los presentadores en el festival definían la función como “una película boliviana que ha dado grandes sorpresas”.

La tarjeta otorgada a cada espectador, para dar tu calificación personal hacia la cinta.

Antes de la función, el director de la película se presentó al frente para dar un discurso de apertura. El cineasta boliviano Álvaro Olmos Torrico comunicó que era todo un honor estrenar su cinta en el territorio peruano, porque ha sido una coproducción entre ambos países (también con Uruguay). Después, agradeció la bienvenida que esta nación le ha dado. “No me siento extranjero cuando vengo al país. Me siento muy conectado”, expresó. En su trayectoria, ha realizado diversos documentales ("San Antonio" de 2011, “Diario de piratas” de 2012, “Matrimonio Aymara” de 2014), estrenó en 2019 su primer largometraje de ficción “Wiñay”, asimismo, ha producido los títulos “Los de abajo” y “El visitante” de 2022. También ha sido cofundador de BoliviaCine.com, la primera plataforma de streaming (con pago de suscripción) especializada en cine boliviano. Así, su discurso finaliza reafirmando su emoción por contar historias del pasado de la cultura latinoamericana. De esta forma, finalmente dio paso a la proyección estelar de “La hija cóndor”.

La sala llenándose para la función.

Este largometraje de ficción cuenta la historia de Clara (Marisol Vallejos Montaño), una adolescente que vive en una comunidad indígena en los Andes. Ella es la aprendiz de su madre adoptiva Ana (María Magdalena Sanizo), la partera del pueblo. Su misión sagrada consiste en guiar a las mujeres en el parto, para que puedan traer de forma segura una nueva vida al mundo. En su cultura, se cree en las melodías transmitidas de generación en generación: cantos milenarios en quechua que auxilian a sus fetos y apoyan a sus madres para dar a luz cuidadosamente. La partera Ana le ha enseñado a Clara las canciones, técnicas de parto y una sensibilidad especial hacia su tierra. Porque esta joven no solamente la asiste en sus deberes: también está destinada a heredar su puesto. Así dictan las tradiciones de su comunidad. Sin embargo, las intervenciones constantes de una ciudad urbana aledaña despiertan en Clara una curiosidad hacia el estilo de vida fuera de las montañas. De esta forma, empezará a cuestionar dónde se encuentran sus sueños y en qué desea desenvolver su talento para el canto.

En el discurso de cierre tras la función, el director comentó que el cine boliviano actual trae una gran influencia de los títulos modernos.

Para hablar de esta película, me gustaría comenzar con un comentario que un espectador soltó en la sala tras haber finalizado la función: “es un coming-of-age ambientado en las comunidades indígenas”. Porque, sinceramente, no podría definirlo mejor. “LA HIJA CÓNDOR” propone una perspectiva contemporánea sobre cómo podría responder la juventud actual, representada en Clara, frente al choque cultural entre las tradiciones milenarias y las novedades de la modernidad que atraen al ojo como un canto de sirenas. Poco a poco, las inserciones de la gran ciudad en medio de los campos en las montañas van perdiendo su sutileza. Eventualmente, estas toman gran injerencia en las metas personales de Clara. Pero al mismo tiempo, perturban la paz de Ana, quien no solamente lucha por mantener vivos los rituales milenarios, sino también la unión en su comunidad.

El choque entre la tradición y la modernidad.

Curiosamente, a pesar de que la premisa tiene gran foco en los nobles ideales de la partera, “LA HIJA CÓNDOR” no antagoniza la vida moderna en la ciudad como un enemigo de los Andes. De hecho, dentro de ambos mundos se encuentra una óptica de misticismo, encanto y representación cultural. Esto se ha logrado gracias a su poderosa fotografía, se propone conceptos visuales opuestos para cada escenario en constante dicotomía. Por un lado, en el campo es cuando el día reluce en todo su esplendor: la sonorización nutre un paisaje contemplativo, predominan los encuadres fijos, las personas se mezclan con la naturaleza, la narrativa busca capturar la cotidianeidad en los momentos de ocio o fuera de los deberes, pero principalmente resalta el labor de las parteras como un acto religioso, misterioso y mágico a través de un canto lento acompañado de planos más cerrados. Por otra parte, la ciudad muestra una faceta seductora cuando cae la noche: los lugares los invaden tumultos de personas, la música chicha se atribuye como “invasiva”, las secuencias más intrigantes emplean movimientos tanto en la cámara como en sus escenarios, la constante iluminación neón crea un entorno “artificial” que contrasta con el estilo de vida de la comunidad, porque principalmente hará que Clara o Ana aparezcan en pantalla como “peces fuera del agua”.

Si hay neón, significa que la ciudad está asechando.

Incluso, en cuanto a narrativa, las idiosincrasias opuestas entre los personajes de ambos mundos crean diferencias tonales para el rumbo de la historia: los Andes trae un drama humano y el camino a la madurez, mientras que la ciudad ofrece un tinte cómico que en cierto sentido parece “contaminar” la disciplina en sus protagonistas. Repito, parece. Porque, como mencioné anteriormente, la película no busca antagonizar aquel estilo de vida. Esta construcción de mundos “inversos” busca nutrir la intolerancia de la partera Ana ante la constante destrucción de su cultura, así como darle a la aprendiz Clara la incógnita sobre cuál debe ser su propósito en la vida. La película no toma partido. Es imparcial con las diferentes opciones a decidir y ofrece una voz para cada opinión que haya sobre la mesa. Si nos vamos con la ciudad, tenemos a Beatriz (Nely Huayta) —vieja amiga de Ana— que ha migrado desde hace un tiempo y aboga por el espíritu indomable de la juventud que tiene ganas de encontrarse a uno mismo. Frente a ello, si nos vamos con los Andes, Ana defiende incesantemente la prevalencia de las tradiciones como una responsabilidad sagrada que demanda sacrificio, disciplina y un sentido del deber con las raíces del pueblo. Porque, cabe aclarar, “LA HIJA CÓNDOR” respeta ese trasfondo cultural a través de la exposición de las virtudes del legado milenario de los ancestros de la comunidad, así como una manifestación invisible del karma conforme avanza la historia.

De izquierda a derecha: Beatriz (Nely Huayta) y Ana (María Magdalena Sanizo).

Del mismo modo, el largometraje muestra una cara amistosa de los barrios urbanos, los cuales nuestra partera siempre ha despreciado. Como dije hace poco, la cinta jamás toma un partido. De hecho, vemos los resultados de varias decisiones individuales, a través de cada uno de los personajes. No solamente en choques de ideales, sino también en el intento de encontrar convivencia entre varias formas de vivir. Entre la tradición y la modernidad. Está el espíritu inquebrantable de Ana, en colisión con la curiosidad de Clara. La visión optimista de Beatriz. También vemos el lado impulsivo del libertinaje y la tentación a través de Flora (Alisson Jimenez) —una amiga de Clara—, la cual retroactivamente la contemplé más como un recurso narrativo que como un personaje: aunque la intención fuera que sea desarrollada a través de su ausencia, no pude evitar sentirla por momentos como un pretexto para el conflicto central. Sin embargo, este enfoque de múltiples perspectivas se encuentra únicamente bajo un punto de vista terrenal. ¿Qué mensaje nos deja el trasfondo divino que engloba todo este mundo? Para responder la pregunta, tengo el placer de comunicar algo genial que pasó después de la función. Pude conseguir que el director Álvaro Olmos Torrico me concediera una pequeña entrevista para comprender mejor el subtexto religioso que se deja entrever en la película. Aquí les comparto la transcripción completa. Advierto que hay spoilers sobre el final.

Álvaro Olmos Torrico, director de la película.

Muchas gracias, Álvaro, por esta oportunidad. Sobre la película, hay un momento que creo que sintetiza la tesis sobre todo lo que se está contando sobre la relación entre Ana y Clara. Pero primero quería conocer tu opinión. ¿Por qué el título? ¿Por qué llamarlo “La hija cóndor”?

 

Esa es una pregunta que me hacen con mucha frecuencia. En el mundo andino, los cóndores son como mensajeros. Son los mensajeros en el mundo andino. Por ejemplo, la gente interpreta el clima y los comportamientos naturales. La gente vive de la agricultura. Necesitan entender el clima: si va a llover, si va a hacer frío. Entonces, interpretan el vuelo del cóndor como señales del clima. Por lo tanto, el cóndor es un mensajero. Tienen una relación con el Hanan Pacha [el mundo de los dioses en la cosmovisión andina] y también con la tierra. Las parteras tienen esa misma jerarquía, ¿entiendes? Las parteras tienen la misma jerarquía de los andinos. Son mensajeras también, que están entre lo natural y lo sobrenatural. Conviven en esa misma jerarquía que los cóndores. Las parteras son como cóndores.

 

Los mensajeros.

 

Sí. Y, por ejemplo, cuando los cóndores se mueven, cuando sienten que su labor ha terminado… Para dar vida al nuevo ciclo de la tierra, los cóndores más antiguos se suben al acantilado y se lanzan. Se sacrifican y eso representa el inicio de un nuevo tiempo. Por eso es que Ana en la película hace ese mismo gesto. Y eso da inicio al nuevo tiempo donde Clara asume el rol de partera. Por eso, Ana es el cóndor. Y Clara es la hija cóndor. Esa es la explicación, lo más interesante posible.

 

Muchas gracias. De hecho, ese argumento hace que me replantee un montón de cosas. La parte en la que Ana se empieza a despojar de sus cosas. Luego, en la cima, también su bastón.

 

Entonces, tiene que ver con esa simbología que he tratado de no hacerla tan evidente. Porque eso es algo de los cóndores que los pueblos indígenas sí lo entienden. Por ejemplo, cuando vamos a mostrar [la película] en el campo, ese concepto se entendió al toque. Pero a veces, sí me toca explicarlo porque no estamos habituados a entender eso. Aquí nosotros, para ubicarnos o en cuanto al clima, vemos las señales, así como allá ven a los cóndores. Entonces, por eso tiene una importancia la película. Los cóndores también se están extinguiendo como las parteras.

 

Es cierto, sí. ¿Puedo consultar sobre un diálogo?

 

Sí.

 

Me gustaría saber si hubo un propósito detrás del momento en que Clara dice ver un cóndor en el cielo, pero Ana le contesta que es un buitre.

 

Esa es una muestra de que Clara está aprendiendo a leer las señales que Ana le está enseñando. Es un momento donde Clara está cargando con un peso que es el peso de la tradición, digamos, en el campo. Y hace una pregunta que parece muy casual, pero es una pregunta donde básicamente está aprendiendo a leer el vuelo del cóndor.

 

Ahora lo comprendo mucho mejor. Cuando lo vi, sentí que había algo que no estaba viendo. De hecho, la primera pregunta tiene que ver con esta otra.

 

Claro, sí. Por supuesto.

Esta es una de las escenas más importantes de la película.

Aquí finaliza la grabación de la entrevista. Después de ello, hubo saludos, la despedida y el agradecimiento de mi parte por esta gran oportunidad. Con ello, he podido comprender mucho mejor la tesis detrás de la película. Antes, cabe resaltar que este título no requiere que el espectador tenga en mente cierto bagaje cultural para poder entender la función. Aquello que la cinta demanda es la absoluta atención hacia los pequeños detalles en los diálogos, cinematografía y sonido. Estos elementos conforman una representación cultural indígena a través de las sutilezas, acorde a un entorno silencioso y parsimonioso como lo son las montañas. “LA HIJA CÓNDOR” es una historia totalmente accesible, con un trasfondo divino que puede ser apreciada tanto por quienes conocen más a fondo de ella, así como por quienes es su primer acercamiento a una comunidad andina. Para aquel primer público, será una traducción oculta fidedigna a costumbres del mundo real (de lo cual la entrevista me sirvió un montón para reflexionar). Mientras que para esta segunda audiencia, será una presencia religiosa que encapsula el mensaje final de esta historia de ficción, que se traslada a la realidad con un discurso sobre la extinción de las tradiciones milenarias en las naciones latinoamericanas.

Ana lucha por preservar a su comunidad.

La cinta no presenta un enfoque pesimista o desalentador respecto a la batalla por la preservación de la memoria. En cambio, busca representar la prevalencia de aquellas antiguas tradiciones a través del rol de la partera, cuyo peso cae en Ana y Clara. Porque guiar la nueva vida es un rol sagrado que ha sido conferido por los dioses. En esta obra, el trasfondo divino es posicionado en una jerarquía superior a todas las cuestiones humanas defendidas por cada personaje. Porque la tarea religiosa tendrá mayor peso, más que cualquier tarea terrenal. Al mismo tiempo que no antagoniza la vida en la gran ciudad, la cinta conceptualiza cuáles son las mayores fortalezas en cada uno de estos mundos opuestos. Mientras la ciudad ofrece un lado más cómodo a través de la modernidad (el cual es absolutamente válido), la labor de Andes se opone a la idea de una rutina más llevadera (la cual es igualmente admirable). Las parteras se encuentran al mismo nivel que los dioses. Son mensajeras de las nuevas generaciones. No es un lujo. Es disciplina, sacrificio y una fuerte convicción. La película dice que esta es una responsabilidad ineludible, inevitable e inminente. No importa si la comunidad se reduce o si se va perdiendo la fe en sus vigorosas melodías. De hecho, esas serán las circunstancias en las que su compromiso con su tierra será puesto a prueba.

Las parteras son mensajeras divinas.

El mensaje de la película es una promesa de que las vueltas de la vida (tanto dentro como fuera de la comunidad) tendrán sus razones, su propósito y su carga. No toma partido en las decisiones que tomemos para nuestro futuro, porque ofrece la visión de que la suma de nuestras experiencias tienen un propósito más allá de nuestra comprensión. Eventualmente, todo cobra sentido. Todo cae donde tiene que caer. Todo llega donde debe llegar. Recuerdo que mi madre siempre dice la frase “todo pasa por algo”. Creo que aquí vale la pena mencionarla. Porque podremos no estar de acuerdo con los cambios, los altibajos con el pasar de los tiempos, o con las brechas entre idiosincrasias. Pero todas esas experiencias forman parte de la aventura de crecer. Es un ciclo que se repite con cada generación. Un ciclo que puede aplicar para la historia de la humanidad. Un ciclo relacionado a los misterios de la vida (más allá de lo terrenal), que son discutidos en las religiones o en el habla cotidiana. Y en este caso, se trata de un ciclo tallado en piedra por los dioses andinos.

“Pachamama”.

En mi opinión, la película es una oda a la persistencia de las civilizaciones milenarias en tiempos actuales. Enaltece sus creencias al manifestarlas como una presencia intangible, omnipotente y profética a la vez. Su visión creativa alaba la resistencia frente a aquellos que buscan silenciar sus voces. Porque la muerte lenta de la tradición no significa su final. Las acciones y conductas de sus creyentes estarán en constante transformación. Pero mientras todavía queden personas con la misma convicción y sentido de responsabilidad, entonces la tradición seguirá siendo bendecida con la eternidad. Por ello, aprecio a la “La hija cóndor” como un viaje cíclico hacia la madurez, que conlleva atravesar la silenciosa muerte, la agridulce transformación y la extraordinaria eternidad detrás de la civilización que la vio nacer.

Uno de los temas de la película es el diálogo entre varios pensamientos sobre la tradición y la modernidad. Curiosamente, el director conoció a la actriz para Clara (Marisol Vallejos Montaño) a través de TikTok, quien forma parte de una banda chicha. La tradición y la modernidad pueden tener un punto de encuentro en varias prácticas y proyectos.

Creo que este trasfondo captura el espíritu del festival, así como el sentimiento latente en los cineastas que participaron en la película. Porque después de finalizar la función, los realizadores que estaban presentes en la sala se dirigieron al frente para compartir unas palabras sobre la importancia de este evento. Así como en el significado del título, la naturaleza del proyecto simboliza un acto de resistencia frente al ataque a la cultura que se está viviendo actualmente en Bolivia. En su discurso de cierre, se han pronunciado en contra del cierre del ministerio de culturas en su nación: “el gobierno ve al cine como un gasto”. Asimismo, informan que el país no es estable en cuanto a fondos para la producción cinematográfica. Por eso, están contentos de haber generado esta agrupación con Perú y Uruguay para llevar adelante el proyecto: “no somos muchos, pero podemos colaborar”. Al final, el equipo expresó nuevamente su emoción de que la película continúe proyectándose en Perú y en otros lugares: “que no se mutilen los conocimientos”. El discurso concluye con un llamado a la acción en contra de los ataques hacia la cultura, resaltando la importancia de juntarnos en este tipo de espacios para saber qué es lo que queremos ser como realizadores, como espectadores, como apasionados por el cine. “Encontraremos la forma”, comenta el director.

Los realizadores y creativos detrás de la cinta, que asistieron a la función, durante el discurso final del evento.

De esta forma, la función ha finalizado, al igual que mi bitácora de hoy día. Alineándome al sentimiento de sus creadores, esta película es una cápsula de conocimientos milenarios que prevalecerán a través del medio cinematográfico. Nuevamente, quedó reafirmada la visión del 30 FICL sobre el cine como un medio de representación cultural y la preservación de la memoria, a pesar de los incidentes burocráticos respecto al acceso a las funciones. Luego del cierre, deposité mi voto en el ánfora al retirarme de la sala. En este caso, cabe añadir que la cinta ha dejado una huella significativa en los asistentes al festival. Porque en la ceremonia de clausura, “LA HIJA CÓNDOR” fue anunciada como una de las cinco películas mejor calificadas por el público. De hecho, este jueves 20 de agosto estarán proyectando la película por última vez, en una sección extemporánea titulada “Lo que te perdiste del festival”. Así que si te encuentras en la ciudad de Lima (Perú), te estaré dejando los datos de esta próxima función aquí abajo. También puedes consultar este link para conocer la programación de más funciones, que se proyectarán hasta el domingo 23 de agosto. No te pierdas esta última oportunidad.

👉 https://festivaldelima.com/2026/ya-estan-disponibles-las-entradas-para-lo-que-te-perdiste-del-festival/

 

¡Nos vemos en una próxima ocasión! ¡Hasta la próxima!

Saliendo del Centro Cultural PUCP.

Próxima función de LA HIJA CÓNDOR (Álvaro Olmos Torrico, 2025)

  • Fecha: Jueves 20 de agosto
  • Hora: 7:00 p.m.
  • Lugar: Sala Azul | Centro Cultural PUCP

FICHA TÉCNICA:

  • País: Bolivia, Perú, Uruguay
  • Género: Drama
  • Duración: 109 min
  • Dirección: Álvaro Olmos Torrico
  • Idioma original: Quechua, español
  • Guion: Álvaro Olmos Torrico
  • Fotografía: Nicolás Wong Díaz, CCR
  • Edición: Álvaro Olmos Torrico, Irene Cajías
  • Sonido: Álvaro Rivero, Federico Moreira
  • Música: Cergio Prudencio, Marcelo Guerrero
  • Producción: Álvaro Olmos Torrico, Cecilia Sueiro Mosquera, Diego Sarmiento Pagán, Federico Moreira, Iris Sigalit Ocampo Gil
  • Intérpretes: María Magdalena Sanizo, Marisol Vallejos Montaño, Nelly Huayta
  • Público recomendado: Apto para mayores de 14 años en compañía de un adulto
  • Festivales: Festival Internacional de Cine de Toronto (2025, estreno mundial), Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz (2025, Mejor largometraje), Festival Internacional de Cine de Chicago (2025), FIC Cali (2025, Mejor película internacional), Festival de Cine de Málaga (2026, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Banda Sonora), FICG Guadalajara (2026, Mejor interpretación)
  • Sinopsis: Clara es una adolescente que vive en una comunidad indígena en los Andes. Su madre adoptiva le ha enseñado los antiguos cantos para guiar a las mujeres en el parto, melodías transmitidas de generación en generación y que se cree ayudan a traer nueva vida al mundo de manera segura. Pero, aunque su voz continúa con la tradición, sus sueños están en otro lugar: anhela dejar las montañas y convertirse en una estrella de música folclórica en la gran ciudad.

Muchas gracias a Peliplat por el apoyo en la gestión para la asistencia a la 30° edición del Festival Internacional de Cine de Lima.


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