Recuerdos que mienten un poco: pensar en el final en tiempos del amor
Aspectos socioculturales
Žižek, amores, otredades y final.
Quimeras de lo vincular.
Un acercamiento a otra forma de perdernos en el quizás, o bien:
Recuerdos que mienten un poco: pensar en el final en tiempos del amor
"Ella sí que era el fuego
Ella sí que bailaba en las llamas
Apagó sus ojos tristes y luego embarcóRecuerdos que mienten un poco
Siempre fue así
Nuestro miedo helará este infierno, creo
Sopla un viento frío en la ciudad"(Los Redondos)

El amor como síntoma en una mente clausurada
Inventar lo que se ama
En I'm Thinking of Ending Things (o bien, Estoy pensando en el final), Charlie Kaufman nos sumerge en medio de una espesura mental donde el tiempo se distorsiona, la identidad se fragmenta y la narrativa parece siempre al borde del colapso.
Lo que a priori, se presenta como la historia sencilla de una joven que acompaña a su novio reciente a conocer a sus padres, se revela poco a poco como un verdadero caos en de alucinaciones en solitario, incomodidad y confusión total. Podríamos, incluso, estar contemplando el artificio de la mente de Jake, un hombre mayor que mira hacia atrás desde algún rincón postrero de su vida.

El filme propone un juego de máscaras, de diálogos superpuestos, de escenarios que se disuelven en la nieve, decorados interiores que cambian y se resignifican, y silencio; descubrimos de a poco que lo que se devela no es una relación de pareja, sino una subjetividad escindida, aferrada a una fantasía amorosa como último refugio (amigo same).
Es bajo este respecto que podemos considerar una lectura desde Slavoj Žižek, anclada en el psicoanálisis lacaniano, como clave interpretativa fecunda para pensar el amor como síntoma, de los tiempos modernos.
Para Žižek -siguiendo, como dijimos, a Lacan-, el amor nunca es un encuentro transparente entre dos sujetos completos. Desde esta perspectiva es posible sostener que no hay plenitud posible en el vínculo amoroso. Lo que amamos, en el fondo, es la figura que nuestra propia fantasía erigió en el lugar del otrx. Así, la experiencia amorosa se construye sobre una falta estructural: el sujeto está dividido, descentrado, incompleto.

Buscamos en el amor no un otrx real, sino mejor un "objeto-a", una pieza imaginaria que nos permita organizar el deseo.
No estoy seguro de que exista algo así como “los tiempos modernos”, porque no creo en las ideas platónicas de ningún topos uranos estanco. Existen los amores como el de Jake, pero también amores que no caben en los cuerpos como el de Lola (Cuerpos que no caben, El Jockey). No obstante, sin lugar a dudas nuestra época está profundamente marcada por las imágenes que nos construimos del mundo, según nuestro universo simbólico de representación como último garante de lo válido.
Tiempos en los que nos proclamamos como referencia última del ser de las cosas, de quimeras sobre la otredad y dificultad para vincularnos en la realidad.
Pretendo que pensemos el filme que nos convoca en esta ocasión, abandonando la perspectiva de la protagonista en la que la narrativa nos sitúa; para depositar nuestra representación mimética en el personaje de Jake (nuestro amado Plemons). Si me acompañan en semejante ardid, en I'm Thinking of Ending Things, Lucy (cuyo nombre es en sí mismo una problematización de ´personeidad´ en la propia película) encarna exactamente esa pieza: no tiene una identidad fija, cambia de profesión, de estilo, de tono de voz -más sobre identidades y la dificultad de construir un yo en: La sustancia y el yo como una ficción-.
Es, literalmente, una invención mental; una proyección de su novio.
Es, incluso, lo que Jake hubiese querido amar, o recordar haber amado, o imaginar como amor en su vida que no fue.

Fantasía y deseo
La película avanza como si se deslizara por la superficie del pensamiento de Jake, y cada escena está tejida con los hilos de su desesperación y su nostalgia. La joven no tiene agencia, ni historia propia. Todo en ella responde a la necesidad del protagonista de construir una narrativa que le dé sentido a su aislamiento.
La fantasía, para Žižek, no es simplemente una forma de evasión, sino la estructura misma del deseo. Jake no escapa de la realidad; la produce como fábula porque es incapaz de sostener el vacío de su existencia. El amor no aparece como una relación, sino como una construcción delirante para darle forma al fracaso.
Ese fracaso que percibimos, sin embargo, no es accidental. Es constitutivo. En la lógica lacaniana, el sujeto está marcado por la imposibilidad de coincidir consigo mismo, y todo intento de amar deviene un rodeo en torno a esa grieta. La protagonista podría no representar a una mujer real perdida, sino a un amor que nunca fue posible porque nunca hubo un sujeto unificado que pudiera sostenerlo.
El amor se convierte entonces en una escena montada por el yo para escenificar lo que no se pudo vivir.
Estoy convencido de que “el amor en tiempos modernos” es mucho más que esta forma miserable de vincularnos y con gusto a poco que describimos aquí. La lectura que ofrecemos no es absoluta en términos de experiencias modernas, pero sí responden en buena parte a un modo de pararnos frente a lo-otro, por lo menos presente en nuestros tiempos.

Hay momentos en los que la película se acerca peligrosamente al silencio, al colapso de la palabra. Allí donde la narración se quiebra, se filtra algo del núcleo del trauma. Jake no quiere recordar lo que vivió; quiere recordar algo que le hubiera gustado vivir. Su amor es, al mismo tiempo, un acto de negación y un grito desesperado.
Y en ese desdoblamiento, I'm Thinking of Ending Things se revela como una elegía del sujeto contemporáneo: alguien que no ama al otro, sino a la imagen mental que fabrica para no enfrentarse al abismo que lleva dentro.
Kaufman no nos invita a entender la película, sino a habitarla como un síntoma. Podríamos decir desde Žižek, que no hay que buscar la verdad detrás de la apariencia, sino en la apariencia misma. El amor que se nos muestra no es falso porque sea imaginario. Es verdadero en tanto es lo único que queda cuando todo lo demás ha fallado. En el teatro íntimo de Jake, amar es construir una ficción con la esperanza de no desaparecer del todo.

El amor como síntoma de una subjetividad escindida
El no-giro de lo habitual
I'm Thinking of Ending Things se despliega, como señalamos, como una sucesión de escenas que no siguen una lógica cronológica o realista, sino la lógica oblicua del deseo, del recuerdo y del pensamiento en ruinas.
A medida que avanza, -y de manera muy delicada- lo que pensamos que sería una historia de pareja se convierte en este recorrido introspectivo por la conciencia de un sujeto atrapado en la soledad, la culpa y la imposibilidad de vincularse con un otro real. Žižek ofrece herramientas conceptuales para pensar esta deriva. En su obra filosófica, el amor no se concibe como la armonía entre dos almas, ni como un acontecimiento que revela al otro tal como es. El amor señala una falla estructural en el sujeto, una herida en el orden del deseo.
Jake, el protagonista de la película, no interactúa con una mujer real, lo hace ante nuestros ojos con una figura proyectada por su propia mente. La joven que lo acompaña al campo, que cambia de nombre, de profesión, de ropa, no tiene existencia autónoma.
Y no se me malinterprete, no pretendo para nada militar un plot twist psicologizante al estilo de
- Shutter Island (el artículo se los debo pero no citar a Scorsese sería traicionarme a mí mismo)
- Fight Club (acá sí puedo hacer autobombo: Kafka y el Club de la Metamorfosis)
- o The Machinist (lo propio: Discurso, metarrelato y narrativas: The Machinist)

Porque la protagonista femenina incluso podría ser la novia real de Jake, o su difunta esposa, o lo que sea. El punto aquí es precisamente que eso no importa, que pese a que el vínculo (o su existencia) sea o no real, lo que vemos todo el tiempo es la ficcionalidad que alguien construyó para sí mismo sobre otrx; con elementos verdaderos o inventados.
Tal vez se vea más claro desde la perspectiva de Sartre, plantea que en el amor intentamos capturar la libertad del otro, algo imposible, por lo tanto frustrante. El amor aparece como una construcción imaginaria para combatir la soledad, pero también como una condena: el otro es una amenaza a la autonomía del yo. Por eso la mirada del otro, desde el pensamiento de Sartre, nos cosifica, porque nos vuelve un ser-en-sí, para otro. En tiempos modernos, el amor se vuelve una escena mental, un intento de reparar una existencia rota por la angustia y el aislamiento.
Ella, real o no, es una creación interna, una máscara que el sujeto despliega para organizar su propio vacío. Ella no es ella, sino la imagen que Jake se creó de ella para sí. Según Žižek, esta operación no es un defecto psicológico, sino una condición estructural de lo humano. El sujeto, escindido por el lenguaje y la cultura, necesita organizar su deseo en torno a una figura imaginaria. No deseamos, entonces, directamente al otro, lo hacemos respecto al objeto construido por nuestra fantasía.

Desde esta clave, el amor no representa una reconciliación entre el yo y el mundo, sino una puesta en escena del desgarramiento.
La película es, en ese sentido, profundamente fiel al concepto lacaniano de que el amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere. Lo que Jake da a su interlocutora imaginaria no es afecto, ni compañía, ni ternura. Le ofrece un guion: una identidad fragmentaria, un relato inconexo en el que ella fluctúa entre ser artista, física, poeta, camarera. Ella no tiene acceso a una subjetividad propia porque existe únicamente como forma de organizar el sufrimiento del protagonista.

¿Amamos a los que amamos, o amamos a la imagen que nos hicimos sobre los que queremos amar?
Jamás me atrevería a responder por nadie (y muchísimo menos por mí).
Žižek, empero, insiste en que la fantasía no oculta la verdad; la produce.

Ficcionalidad como forma de salvación
Jake no está escapando de una historia real que no puede soportar. Está creando un relato que le permite soportar la imposibilidad de haber tenido una historia. Su vida tal vez se perciba como un continuo fracaso: familiar, amoroso, existencial. En lugar de enfrentar ese vacío como tal, construye una imagen de lo que podría haber sido, un amor posible que nunca sucedió. Esa imagen funciona como suplemento, un relleno simbólico para una herida que no cicatriza.
El tiempo narrativo de la película también responde a esta lógica. No hay un desarrollo lineal, sino una repetición obsesiva clínicamente confeccionada desde lo formal cinematográfico. El recorrido en auto, la visita a los padres, la vuelta a casa, todo se encadena como un circuito cerrado. La temporalidad no es externa al sujeto; emana, por el contrario, de su interior como la forma de su estancamiento. La joven dice una y otra vez que está “pensando en terminar”, pero nunca termina nada.
Es Jake quien no puede terminar con su ficción, porque lo que está en juego no es una relación, sino la posibilidad de una existencia.
En el filme de Kaufman, como en la teoría de Žižek, la subjetividad aparece como una tensión permanente entre el deseo y el lenguaje, entre el yo que habla y el yo que se escapa. En I'm Thinking of Ending Things, el amor no se presenta como experiencia compartida, ni siquiera como duelo por una pérdida real, sino como síntoma de una subjetividad exhausta, incapaz de atravesar el umbral de lo real. Jake no recuerda a una mujer que perdió: imagina una que nunca existió, o que existe al lado suyo pero que no es la que él mismo se narra; para no admitir la imposibilidad de amar.

El recurso del musical, que cierra la película en clave surreal, no introduce una resolución, solo ofrece una clausura artificiosa, o una declaración de voluntad de ficcionalidad e inmanencia. El espectáculo final, plagado de símbolos de recompensa y redención, y con una autoconciencia terrible, es un intento desesperado de cerrar el sentido allí donde todo se ha desmoronado. Para Žižek el amor, aquí, opera como ideología: una narrativa que ofrece un punto de estabilidad dentro del caos. Sin embargo, ese punto está sostenido por el delirio, por una puesta en escena destinada a sostener la propia ficción.
I'm Thinking of Ending Things es, entonces, la historia de un amor que nunca ocurrió, y sin embargo estructura toda una vida.
En la lógica de Žižek, este amor no se opone a lo real: forma parte de lo real mismo en tanto imposible. El sujeto no se encuentra con el otro, ama su propio reflejo distorsionado, al que llama amor para no decir soledad. En tiempos modernos, donde la intimidad se ha vuelto sospechosa y la subjetividad se repliega en fantasías autorreferenciales, el amor ya no aparece como un lazo, sino como síntoma de un lazo perdido.
Podemos sin embargo resistirnos y amar lo-otro como viene.
Casi sin pretender conocerlo, para sorprendernos ante el misterio de lo distinto; y escapar de la lógica de que conocer es otra forma de poseer.
Mientras tanto, o hasta entonces…
Filosofía puchito.




































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