Discurso, metarrelato y narrativas: The Machinist (2004)
Aspectos socioculturales“-¿Y este insomnio de quién es?
(Luzbelito pregunta una y otra vez…)”
(Los Redondos)
¿Te resulta por lo menos llamativa la naturalidad con la que algunos medios titulan -por ejemplo- “incidentes” en lugar de “represión”?
Hablemos de narrativas.

Para la literatura la narrativa consiste en la capacidad de contar historias a través de un relato estructurado. Se trata de una forma de organizar los hechos que se cuentan con el objetivo de producir significado. La narrativa es pensada en términos de estructura artística que organiza los eventos de una historia, guiando, en este caso al lector, a través de distintos puntos de vista seleccionados, enfoques, ángulos y claves de lectura.
Los hechos per se, están cargados de neutralidad, no significan nada. Elegir mostrarlos dándoles una narrativa en específico implica llenarlos de sentido. Configuramos de este modo una manera de interpretarlos, una versión de lo que a posteriori sostendremos como “realidad”.
Si vivimos, empero, en tiempos de posverdad -y la observación no es de ninguna manera moral- ya no es la realidad lo que nos importa, sino la construcción narrativa que nos hacemos con los datos imparciales del reino de la facticidad. Vivimos de narrativas. Además de describir la realidad, la narrativa incluso la crea y la transforma, determinando cómo experimentamos el tiempo, la identidad y la verdad.
¿Nuestra identidad es una historia que nos contamos o hay algo más allá de la narrativa?
¿Existen relatos objetivos o toda narrativa es una forma de manipulación?
Qué sé yo. En este espacio miramos cine y después flashamos. Hoy: The Machinist (2004)

Foucault
Discursos, normalidad, vigilancia, castigo y panóptico.
Para Michel Foucault, el discurso no es simplemente el lenguaje o la comunicación, sino un conjunto de reglas que determinan qué se puede decir, quién puede decirlo y con qué efectos de verdad. Sus ideas sobre el discurso se pueden resumir en tres aspectos clave: poder, conocimiento y subjetividad.
Un discurso es un sistema de ideas, prácticas y formas de hablar que estructura lo que consideramos verdadero o posible en un determinado momento histórico. Se trata de un mecanismo de poder que define qué se puede pensar y decir sobre un tema.
Foucault sostiene que el poder y el conocimiento están intrínsecamente relacionados: quien controla el discurso, controla la realidad. En este sentido se afirma que el poder no es solo represión, sino que funciona creando discursos que moldean lo que la gente cree y hace. Se sostiene además que el conocimiento no es neutral: siempre está vinculado al poder y a intereses específicos. Finalmente el poder no está centralizado, circula en redes a través de instituciones como la escuela, la medicina, la religión, los medios, etc.
En La arqueología del saber (1969), Foucault analiza cómo los discursos cambian a lo largo del tiempo. No hay una evolución lineal del conocimiento, sino rupturas y cambios en las reglas de lo que se considera verdadero. Un concepto clave en Foucault es el dispositivo de poder, mecanismos mediante los cuales el discurso organiza la sociedad. Aunque el discurso moldea la realidad, Foucault también señala que siempre hay resistencia. Los contradiscursos desafían la verdad establecida y abren nuevas formas de pensar.
Para Foucault, los discursos no solo describen la realidad, sino que la producen. Son herramientas de poder que estructuran el conocimiento y determinan qué es "verdadero" en cada época. Sin embargo, los discursos nunca son totalmente estables y siempre existen posibilidades de resistencia y transformación.
Como dijimos, Foucault sostiene que los discursos estructuran lo que consideramos real o posible. Teniendo esto, podemos afirmar que no hay una verdad pura fuera del discurso, sino que este organiza la percepción de la realidad. Funciona casi como un filtro, no hay interpretación posible fuera de algún discurso; siempre nos encuadramos dentro de alguno. En la película, Trevor está atrapado en un discurso de paranoia y negación, y esto determina toda su experiencia del mundo.

Su insomnio extremo podría verse como el resultado de una -en términos foucaultianos- autovigilancia punitiva: se castiga a sí mismo por su crimen, incapaz de permitirse dormir, pero sin recordar por qué. El personaje de Iván representa un discurso de poder interno, una narrativa que controla a Trevor sin que él lo sepa, desviando su atención de la verdad. Trevor ve a Iván como un personaje externo que lo persigue, cuando en realidad es una manifestación de su propia culpa reprimida. El discurso que se narra a sí mismo niega la verdad para evitar el dolor. La empresa donde trabaja opera como un sistema de control, en el que Trevor se convierte en un marginado, despojado de su lugar en la estructura social cuando comienza a comportarse fuera de la norma.
Desde Foucault, podríamos decir que la película muestra cómo el poder del discurso puede construir una "realidad" que no es más que una serie de imposiciones, exclusiones y restricciones en lo que puede ser pensado y vivido. The Machinist (2004), dirigida por Brad Anderson, es una película que ilustra cómo los discursos pueden estructurar la identidad, el cuerpo y la percepción de la verdad.
Foucault sostiene que la identidad del sujeto no es algo fijo, sino una construcción producida por los discursos sociales e institucionales. En The Machinist, el protagonista es un hombre atrapado en una narrativa fragmentada de su propia existencia, donde el discurso dominante sobre su identidad está distorsionado por el trauma y la culpa reprimida.
Sobre la identidad personal, creemos que la narrativa de la película gira en dos sentidos. Por un lado cuenta la pérdida del Yo: Trevor sufre una crisis de identidad en la que su propia narrativa personal está alterada. Su insomnio crónico y alucinaciones no son solo síntomas médicos, sino el reflejo de un discurso interno reprimido que lo moldea. Al mismo tiempo, esto nos lleva al poder en el autodiscurso: Según Foucault, el sujeto se somete a sí mismo a través del lenguaje y el discurso. Trevor se castiga inconscientemente al distorsionar su percepción de la realidad, negando su responsabilidad en un accidente fatal.
Foucault, en Historia de la locura en la época clásica, analiza cómo la sociedad define qué es "normal" y qué es "patológico" a través de discursos médicos y psiquiátricos. Es posible establecer una lectura desde Trevor como “cuerpo anormal”. Su delgadez extrema y su insomnio lo convierten en un "cuerpo patológico", un signo de un sujeto fuera de los límites de la normatividad.
En este sentido, podemos hablar del cuerpo como evidencia del poder del discurso. Su cuerpo refleja un castigo autoimpuesto, convirtiéndose en una prueba física de la represión de su memoria. Lo antinatural que resulta el esfuerzo terrible por reprimir el hecho traumático y la culpa que esta situación retroalimenta, constituyen el verdadero origen de todo lo antinatural “lo deforme” que aflora en el cuerpo y la mente enfermos del protagonista. Él mismo se boicotea todo el tiempo, y cada vez en la que casi consigue dormirse es él quien maquina algo en su propia contra. Trevor es incapaz de habitar el mundo que lo rodea, porque vive en otro, paralelo, que él mismo construyó a modo de tapar para sí las consecuencias de sus actos.
En la película, su jefe, compañeros de trabajo y todos con los que se cruza empiezan a verlo como una figura perturbadora, excluyéndolo del orden laboral. En otros trabajos el propio Foucault insiste en señalar cómo las instituciones marginan a quienes no encajan en los discursos de la normalidad.
En Vigilar y castigar describe el panóptico, un modelo de vigilancia donde los individuos se disciplinan a sí mismos porque creen estar constantemente observados. Trevor es un prisionero de su propia mente. No necesita un carcelero externo porque su culpa lo vigila desde dentro. La paranoia surge como su gran forma de vigilancia. Trevor ve conspiraciones y amenazas en su entorno porque su propio inconsciente lo controla y castiga. La nota con "Who are you?" pegada en su heladera es un recordatorio de que su conciencia lo vigila, funcionando al modo de una estructura panóptica interna.
En Historia de la sexualidad, Foucault analiza cómo la verdad emerge en la Modernidad a través del acto de confesión. La confesión no es solo un mecanismo de redención, sino una herramienta de poder que reconfigura la identidad del sujeto. Trevor solo recupera su identidad cuando confiesa: durante toda la película, evade la verdad, pero solo cuando la admite ante la policía puede reconstruirse como sujeto. Descubrimos entonces el poder disciplinario de la confesión: Su entrega final no es solo un castigo legal, sino una forma de reorganizar su narrativa personal. Cuando Trevor se entrega, la última imagen que vemos es de él finalmente durmiendo, lo que simboliza que su discurso interno ha sido resuelto.

Lyotard
Crisis de los metarrelatos, fragmentación y culpa.
Jean-François Lyotard, en La condición posmoderna (1979), introduce el concepto de "metarrelato" para referirse a las grandes narrativas que han intentado explicar la historia, la sociedad y el conocimiento de manera totalizante. Según Lyotard, la posmodernidad se caracteriza por la crisis de estos metarrelatos, que han perdido credibilidad y fueron reemplazados por discursos más fragmentarios y localizados.
Un metarrelato es una historia global que intenta dar sentido a la realidad de manera universal. Son estructuras ideológicas que buscan legitimar el conocimiento y el poder, funcionando como fundamentos incuestionables de la sociedad. Lyotard sostiene que la posmodernidad se define por la incredulidad hacia los metarrelatos. En otras palabras, ya no confiamos en relatos totalizantes que prometen una única verdad sobre la realidad.
El conocimiento ya no es absoluto, sino fragmentado. No existe una única manera válida de interpretar el mundo. El poder ya no se justifica con grandes narrativas. En lugar de basarse en verdades universales, el poder opera mediante discursos más localizados y estratégicos. Las "pequeñas narrativas" reemplazan a los metarrelatos. En lugar de grandes explicaciones totalizadoras, la sociedad se mueve hacia discursos múltiples y específicos según el contexto.
Según Lyotard, el fin de los metarrelatos tiene varias consecuencias en la cultura y el pensamiento. Tres de ellas, a saber: Fragmentación del conocimiento, en lugar de una única verdad, tenemos múltiples perspectivas en competencia. Crisis de legitimación, puesto que ya no podemos justificar las instituciones, el poder o el conocimiento en bases universales. Finalmente pluralismo y relativismo, a partir de los cuales ya no hay una narrativa superior, sino múltiples formas de interpretar el mundo.
Lyotard y Foucault coinciden en que el conocimiento no es neutral, sino que está vinculado al poder. Sin embargo, Foucault se enfoca en cómo los discursos disciplinan a los sujetos, mientras que Lyotard analiza cómo los metarrelatos han perdido credibilidad y han sido reemplazados por pequeñas narrativas. Para Foucault es central afirmar que el poder se ejerce a través de discursos que regulan lo que se considera verdad. Mientras que Lyotard se interesa por exponer que ya no hay un solo discurso dominante, sino múltiples pequeñas narrativas en disputa.

Lyotard, en La condición posmoderna, critica los metarrelatos como las grandes historias que pretenden darle sentido absoluto a la realidad, la idea de progreso, la razón o la historia universal. Desde su perspectiva, The Machinist podría representar la disolución de cualquier metarrelato con pretensión de ser unificador en la mente de Trevor.
En la película, el personaje no puede encajar su vida en un relato coherente. No hay una historia clara que explique su sufrimiento, su insomnio o sus alucinaciones hasta el final, cuando entendemos que ha reprimido un evento traumático. Así como la posmodernidad rechaza la idea de una única verdad objetiva, Trevor de alguna manera vive en un mundo donde la "realidad" es una serie de narraciones fragmentadas y conflictivas. Su mente ha creado su propio relato personal para encubrir la culpa. Como Iván, que representa la parte de sí mismo que niega su responsabilidad. Un otro a quien sí puede culpar, que sí es malo e inescrupuloso, y en quien recae aquello de lo que no es capaz de hacerse cargo.
Desde Lyotard, podemos decir que The Machinist expone la fragilidad de los relatos totalizantes y muestra cómo la subjetividad se descompone cuando ya no hay una historia maestra que explique la existencia de manera coherente. Toda la película evidencia esta crisis del metarrelato que se manifiesta a través de la fragmentación de la identidad de Trevor Reznik y la imposibilidad de construir una verdad única sobre su pasado.
Lyotard sostiene que los sujetos modernos solían estar estructurados por metarrelatos que les otorgaban una identidad clara y una trayectoria de vida coherente (como el progreso personal o la redención moral). Sin embargo, en la posmodernidad, estas narrativas se desmoronan, dejando individuos fragmentados y sin una historia unificada.
Trevor Reznik ha perdido la continuidad de su propia identidad debido a un trauma reprimido. No recuerda su pasado de forma coherente, y construye entonces una serie de narrativas parciales, como su relación con María o la existencia de Iván, para intentar llenar los vacíos de su historia. Su percepción de la realidad lo que lo deja atrapado en una existencia fragmentada y sin un sentido claro.
La propuesta de Lyotard, además de desenmascarar que en la posmodernidad ya no confiamos en una única versión de la verdad, insiste en que vivimos en un mundo donde hay múltiples relatos en competencia, sin que ninguno tenga supremacía absoluta. De la misma manera la verdad sobre Trevor está fragmentada en múltiples relatos contradictorios: la historia que cuenta en su mente, las señales externas que su propio inconsciente se siembra como pistas y luego las olvida, las interacciones cotidianas que se inventa, y la realidad objetiva que trata de emerger.
La verdad no se presenta como un conocimiento absoluto, sino como un rompecabezas roto en el que cada pieza es una pequeña narrativa que no logra construir un todo coherente. La pérdida del metarrelato del yo estable y racional lleva a Trevor a dudar de su propia percepción de la realidad. Trevor cree que sufre una conspiración externa cuando en realidad es su propia psique la que lo atormenta. Esta multiplicidad de relatos muestra la imposibilidad de acceder a una única verdad estable.

Un metarrelato clásico en la cultura occidental es el de la culpa y redención, donde el pecado o la falta deben ser expiados a través del castigo o el arrepentimiento. En The Machinist, esta estructura narrativa se deconstruye de manera posmoderna. Trevor se castiga a sí mismo sin ser consciente de ello, su insomnio extremo, su paranoia y su deterioro físico son formas de expiación inconsciente. Sin embargo, en lugar de una redención clara y estructurada, el proceso es caótico, fragmentado y doloroso.
La confesión final de Trevor no sigue una estructura clásica de redención religiosa o moralista, sino que es simplemente el punto en el que su mente acepta la verdad que había reprimido. Cuando Trevor finalmente se entrega a la policía, su castigo no tiene un sentido de justicia cósmica, sino que es simplemente la única forma en que puede poner fin a su estado de agonía mental. Aunque -precisamente- la narrativa de la película nos haga creer que sí, Trevor no es más bueno ni se redime de manera alguna entregándose; es la consecuencia lógica de un peso insoportable que lo arrastró a la situación insostenible de haber tocado fondo. Incluso podemos comprenderlo como un nuevo mecanismo de defensa, que se activa cuando el anterior falla y con creces.
Los metarrelatos modernos solían estructurar la vida en términos de progreso, ya sea personal, social o histórico. Lyotard, empero, señala que en la posmodernidad esta idea de avance continuo se desmorona y deja a los individuos atrapados en un presente sin dirección. Trevor no avanza ni cambia, sino que está atrapado en un ciclo de autodestrucción donde el tiempo parece repetirse sin sentido.
La vida de Trevor carece de una meta clara o de un propósito trascendente; no hay progreso, solo una repetición del mismo tormento. Su rutina alienante en la fábrica refuerza la sensación de un mundo sin dirección, en el individuo es una pieza más en una maquinaria sin significado. La imagen final de Trevor, por fin durmiendo en su celda, no representa una "resolución" en términos tradicionales, sino simplemente el fin de un ciclo de dolor. No hay progreso ni redención trascendental.
Desde la perspectiva de Lyotard, The Machinist muestra la crisis del metarrelato en varios niveles. En primera instancia la identidad del sujeto ya no es estable, sino fragmentada y contradictoria. Además la verdad ya no es absoluta, sino una serie de narrativas parciales en conflicto. También las ideas clásicas de redención y progreso se desmoronan, dejando solo caos y repetición. La película es una representación posmoderna de cómo los individuos contemporáneos lidian con un mundo sin relatos totalizantes, donde la única certeza es la incertidumbre.
Ricoeur y Parfit
Narrativa, memoria y construcción de la identidad personal.

Cortito porque ya no me soporto ni yo. Ricoeur sostiene que nuestra identidad no es algo fijo, sino un relato en construcción que se reinterpreta constantemente. En Tiempo y narración, argumenta que solo podemos comprendernos a nosotros mismos a través de una historia que dé coherencia a nuestros recuerdos y experiencias.
En la película, Trevor es incapaz de construir un relato continuo sobre su vida, su memoria está fragmentada y contradice su presente. Cuando finalmente recuerda la verdad, su identidad cambia. Antes, se veía como una víctima de la conspiración; después, se reconoce como el culpable de la tragedia. El film muestra cómo la identidad depende de la narrativa que nos contamos, y además propone que de alguna manera, la negación o distorsión de esa historia real que subyace por debajo del relato que construimos puede conducir a una ruptura seria del yo. Trevor es un personaje atrapado en una identidad rota, que solo se recompone cuando finalmente acepta la verdad de su historia.
El autor sostiene que el yo no es una entidad fija, sino una construcción narrativa que damos a nuestra vida a través del tiempo. La identidad no es algo dado, sino algo que se cuenta. En The Machinist, la vida de Reznik es el ejemplo perfecto de una identidad fracturada, cuando la narrativa que se cuenta a sí mismo está llena de omisiones, distorsiones y falsificaciones que le impiden reconocer su verdadera historia.
Según Ricoeur, la identidad personal no es estática, sino una historia que se va construyendo a medida que recordamos, interpretamos y damos coherencia a los eventos de nuestra vida. Trevor ha roto su narrativa personal, ya que no recuerda -no quiere o no puede hacerlo- el evento traumático que definió desde las sombras su vida. En lugar de una historia coherente, vive en una disonancia narrativa, su pasado ha sido editado, censurado y reescrito. Sin un relato unificado, su identidad se desmorona: ya no sabe quién es ni qué le ha pasado.
Ricoeur distingue dos aspectos de la identidad. Uno de ellos es el Idem (identidad permanente): Lo que nos mantiene "los mismos" a lo largo del tiempo (nombre, rostro, recuerdos compartidos). El otro, el Ipse (identidad narrativa): La historia que nos contamos sobre nosotros mismos, que puede cambiar y reinterpretarse. Trevor conserva su idem, su cuerpo físico sigue existiendo, sus acciones pasadas siguen siendo reales. Sin embargo su ipse está roto; no recuerda lo que hizo, ha perdido su continuidad narrativa y, por lo tanto, su sentido de sí mismo. Esta fractura lo lleva a una crisis existencial y psicológica.
Su insomnio extremo puede entenderse como una manifestación de esta crisis su mente se niega a dormir porque hacerlo implica aceptar la continuidad del tiempo y de su historia real. La idea del poder dormir tranquilo, es además un tropo que se identifica con el tener la conciencia “limpia” y tranquila.
Para Ricoeur, contar nuestra historia correctamente es fundamental para la identidad y la ética. Cuando un sujeto recuerda y asume su pasado, puede reconciliarse consigo mismo y encontrar sentido. Trevor logra recuperar su identidad narrativa cuando finalmente recuerda su crimen. Enfrentarse a la verdad es doloroso, pero también es la única forma de restaurar una historia coherente de su vida. Su decisión final de entregarse a la policía; e insistimos en que no es solo un acto de justicia, sino de hecho, un intento de restaurar su identidad perdida.
La identidad no es una esencia fija, sino una historia que nos contamos. Si nuestra narrativa se rompe, por represión, trauma o negación, nuestra identidad se fragmenta. Recuperar la verdad de nuestra historia, aunque doloroso, es esencial para la reconstrucción del yo.

Derek Parfit argumenta que la identidad personal es una continuidad psicológica, también en desmedro de la idea de la esencia fija. Nuestra noción del "yo" estable es una ficción que construimos a partir de recuerdos y experiencias conectadas. En la película, el Trevor que vemos al principio y el que aparece al final parecen dos personas distintas: uno es paranoico; el otro, después de recordar la verdad, es un hombre que acepta su destino.
Si la identidad depende de la memoria, Trevor es un claro ejemplo de cómo una disrupción en la memoria destruye la continuidad del "yo". La transformación final de Trevor refuerza la idea de Parfit de que la identidad es fluida y no absoluta. Su "yo culpable" estaba siempre presente, pero su "yo consciente" lo había reprimido. Desde esta perspectiva, The Machinist es una exploración sobre cómo la identidad personal puede ser tan frágil que basta con una narrativa falsa para destruirla.
Derek Parfit, en Razones y personas (1984), argumenta que la identidad personal es una ilusión. No hay un "yo" fijo y continuo, solo una serie de estados mentales y recuerdos interconectados de manera contingente. Según esta visión, lo que percibimos como "ser la misma persona" a lo largo del tiempo es solo un conjunto de conexiones psicológicas, pero no una identidad metafísica estable.
En The Machinist, la crisis de identidad de Trevor Reznik ejemplifica esta idea cuando muestra un sujeto que pierde la continuidad psicológica con su pasado, y esto termina por poner en duda la existencia de su yo unificado. Parfit sostiene que lo que importa en la continuidad personal no es un alma o esencia fija, sino la relación entre nuestros estados mentales a lo largo del tiempo. Sin embargo, si las conexiones psicológicas se debilitan o rompen, la identidad personal se vuelve irrelevante.
Sin continuidad psicológica real, ¿sigue siendo "el mismo" Trevor que atropelló al niño? No lo responderemos aquí.
Parfit desafía la idea de que hay un solo yo continuo y propone que somos más bien una serie de versiones de nosotros mismos que cambian con el tiempo. En este sentido, Trevor experimenta una multiplicidad de yos. El Trevor-del-presente, paranoico, insomne, desnutrido, no es psicológicamente el mismo que el Trevor-del-pasado, que tuvo una vida funcional antes del accidente; y esto no es una respuesta sobre la culpabilidad de uno sobre el accionar del otro para nada. Iván resulta otra versión de Trevor, una representación de su culpa reprimida, separada de su identidad consciente. Si cada yo es solo un conjunto de recuerdos y estados mentales, ¿qué pasa cuando esos recuerdos son falsos o distorsionados?
El autor concluye que, dado que la identidad personal es una ilusión, lo que realmente importa es la conexión psicológica y moral con nuestras acciones pasadas. Trevor no puede escapar de su responsabilidad, aunque haya perdido la memoria de su crimen. Igualmente la película sugiere que, más allá de la continuidad de su yo, lo que importa es la verdad y la responsabilidad moral.
Otro día hablamos de la profundidad que la película consigue en cada plano, los tonos fríos y oscuros, el guion que no tiene una sola palabra de más, y la estructura narrativa que nos regalan una obra maestra.
La densidad de cada ambiente, la tensión entre el minimalismo de algunos interiores y el caos visual de otros, la atmósfera que genera la música. El ritmo que tiene la historia y cómo avanza.
La capacidad narrativa de vuelcos y contramanos que amagan a develar la verdad pero la siguen ocultando; la sutileza con la que cae el final sin un hecho puntual que descubra nada sino por acumulación de pistas sembradas desde el primer minuto.
Gasté el cartucho en las narrativas, pero la película sirve para hablar de mil cosas más: la memoria, reconciliarse con el pasado, la efectividad del plot twist, el compromiso con un papel, la ambigüedad moral del protagonista, la culpa, la mentira y la verdad, podemos seguir…
Mencionar el trabajo que hace Bale es ya un lugar común, pero gran parte de la película es lo que es por él.

Vivimos inmersos en un mundo de narrativas, donde los discursos o los relatos configuran y moldean el mundo de significación que nos rodea. Y nuestras relaciones, sentimientos, afectos, posiciones, no son otra cosa que una narrativa que se pondera por sobre otros posibles discursos.
Incluso más, somos cada uno de nosotros el relato que podemos hacer de nosotros mismos, el relato que nos creemos, el relato que contamos, y el que tratamos de construir.
Entonces es cuando el cine, o el arte en líneas generales nos interpela. Porque descubrirnos finalmente que al igual que las historias que contamos, nosotros mismos también somos una ficción.
"Si el sueño llega,
tan mal que te condena."(Los Redondos)
Filosofía puchito.






























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