Hamnet: ¿el arte en el momento indicado?
Reseñas generalesArtículo dedicado al Conmemorativo del Día de la Mujer,
a ti, a mí,
y en agradecimiento al arte sanador
De Acapulco, Guerrero, México para el mundo entero:
La película que vi en el momento indicado como la amante del cine que soy hoy en día, y a mis 34 años, fue Hamnet (2025), dirigida por la cineasta china Chloé Zhao y basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell. Esta última tomó una licencia creativa para adaptar una narración sustentada en ciertas interpretaciones académicas y en los hechos históricos conocidos del siglo XVI, enfocándose en una parte de la historia familiar de Shakespeare.

La vi a finales de enero de 2026, pero quise esperar a que llegara marzo por dos razones: se acerca la 98.ª edición de los premios Óscar el 15 de marzo, y porque el 8 de marzo, Día de la Mujer, es una invitación a conmemorar y a replantear la realidad de las mujeres (igualdad de género).
Dicho lo anterior, me pegó como pocas obras lo han hecho en los últimos años. Hamnet no es una experiencia cinematográfica cualquiera (ni un intento por cubrir cuotas); es CINE, es el arte que surge del dolor más indecible. Es una cinta que acomodó en el centro la labor extraordinaria de las mujeres. Digámoslo como es… una y otra vez hemos sostenido los núcleos emocionales para que otros (en este caso, un hombre) puedan trascender artísticamente.

Si bien es cierto que la película está basada en un fragmento del entorno familiar de Shakespeare, la historia se focaliza en la visión de su esposa Agnes (Jessie Buckley) una mujer intuitiva, conectada a la naturaleza, curandera (saberes ancestrales) y madre que habita un mundo, digamos, más amplio y sensible que el resto.
Siempre voy a decir que es notorio el cine hecho por mujeres, y por supuesto, aquí hay un guiño feminista, y no, no con discursos rimbombantes; al contrario, creo que el filme tiene su encanto visual-narrativo mostrando precisamente ello; es decir, a mujeres manteniendo los núcleos familiares, emocionales y comunitarios para que los hombres puedan superarse, y así partir hacia sus sueños y ambiciones… a costa nuestra. ¿Todavía pasa? Absolutamente.
Reflexionemos juntas
Agnes se hizo cargo de la crianza de sus tres hijos a pesar de la ausencia prolongada de Will en Londres, persiguiendo su carrera teatral. Él dejó de ejercer su paternidad y se volvió solo proveedor (rol más sencillo). Agnes aguantó las habladurías de una localidad que la veía como la excéntrica bruja del pueblo.
Posteriormente, cuando la tragedia se instala (la muerte de su hijo Hamnet por la peste), es ella quien saca a relucir la ‘aptitud’ sobrehumana que poseemos las mujeres, al enfrentar el duelo en carne propia; y en igual sincronía, al mantener unida a la familia. Encontró las formas de salir adelante sin un hombre y sin romperse (aunque estuviera rota). Will, en cambio, canalizó el dolor a través del arte.
La obra de teatro “Hamlet” nace entonces como ‘vehículo catártico’, con el fin (involuntario) de transformar la pérdida en memoria.
Y no menos importante, la superación artística de este hombre se erigió gracias al sostén callado y heroico de Agnes; en otras palabras, Shakespeare al no preocuparse u ocuparse de sus necesidades básicas, SI pudo desarrollarse profesionalmente.
La reflexión que quiero que te lleves…
Si prestamos atención, el filme nos muestra que el progreso masculino histórico ha dependido (mayoritariamente) de mujeres que asumieron labores domésticas, cuidados, crianza y el soporte emocional desde una invisibilización, por estar sujetas a roles de género. ¿O no?
La naturaleza es poesía
Narrativamente, la película alterna un vaivén de emociones. La transición de pareja a padres; partiendo del cortejo inicial hacia la vida en familia (matizando de ternura consciente, que te va sembrando, eventualmente, una sensibilidad que no percibes de inmediato), dirigida a quebrarte en su desenlace. Ese es el mayor mérito: fomentar el pensamiento crítico mediante nuestra susceptibilidad.
Hamnet nos regresa humanidad.
Chloé Zhao construyó SU cine con estilo poético y contemplativo (visualmente es hipnótico); utilizó elementos técnicos-naturales que potenciaron la sensibilización de la que hablo. Me encantó que la cámara se mueva con lentitud en escenas de intimidad, capturando texturas de la piel, y ese ir y venir del viento en los campos. La naturaleza es un personaje interactuando (otro acierto, realismo mágico).

La fotografía es de Łukasz Żal. Cinematógrafo que supo resaltar tales contrastes de luz natural con tonos cálidos y nítidos en la cotidianidad, y con sombras frías, después del evento trágico.
El montaje no lineal (con flashforwards de la creación de la obra) genera tensión y revienta en el clímax; donde Agnes asiste al estreno de “Hamlet”, ve cómo su hijo es el personaje central y, a la par, observa a Shakespeare siendo el fantasma que AHORA SÍ lo acompaña (reflejo del padre ausente). Te desgarra y te termina de apuntalar que, el arte no sirve de borrador del dolor, pero sí lo hace tolerable si ELIGES vivir en un estado de paz propositivo.

El final converge en una simbolización de apoyo colectivo.
Agnes, al menos por una vez, no se siente sola: es tocada.
La secuencia de la reacción en cadena del público que presenció la obra, la familia, y el linaje de las mujeres que la han acompañado, le regalaron a Agnes un gesto solidario, simple en apariencia, que -la neta- al experimentarlo en una pantalla de cine, es increíblemente perceptible. Me refiero a esa sensación vívida de esperanza y fe. El final es una especie de “cree que si existen seres humanos capaces de otorgar comprensión y empatía a los demás”.
Uf, en ocasiones basta un movimiento para abrirse a la comunicación. ¿Verdad?
Si pudiera definir el cierre, diría que… es el símbolo de una red de apoyo que le permite a Agnes (y a nosotras) concebir calma, consuelo y confort. Obviamente el dolor no va a desaparecer, sin embargo, si decidimos avanzar junto a él viéndolo más como una enseñanza, obtendremos la sanación requerida, y la llave de la puerta por la que hemos estado esperando. ¿Entramos?
Jessie Buckley ganará el Óscar a Mejor Actriz 2026
Estoy 100 % segura de que Jessie Buckley ganará el Óscar a Mejor Actriz; y con harta chance, presiento que hay altas posibilidades también para que Hamnet se lleve Mejor Película.
Jessie me interpeló brutalmente con su interpretación y poderío al encarnar a Agnes; esta mujer es excelsa, tal vez la mejor actuación de la década. Buckley no actuó un guion para transmitir dolor; este mujeron lo raspó centímetro a centímetro (corporalidad desgarradoramente excepcional).

Lo que hizo llorar al mundo
Es asombrosa la contención que impregna a Agnes (Jessie). Nunca es la víctima. Trata de mantener una rutina llevadera en el duelo, al grado de empoderarse con dignidad (muy por encima de lo sublime).
Y efectivamente, como espectadores nos rompemos con ella, porque digerimos que es necesario -y está bien- ser vulnerables y sacar a través de la sensibilidad artística, por ejemplo, aquellos dolores inexpresables.
Después de todo, no podemos hacerlo tangible o arrancarnos el cuerpo y decir: “A ver, sácame lo que me está matando por dentro”.
¡Tu bienestar depende de tu inteligencia emocional!

Hamnet llegó a mí en el momento adecuado para rememorar:
Que el arte SÍ puede nacer y renacer del amor hecho añicos.
Que las mujeres sujetamos mucho más de lo que se ve.
Que en el peor de los tormentos siempre nos salvarán las herramientas de autocuidado que dejamos listas y disponibles, no importa si es a medias o en automático. ¿Para qué? Para darle exactamente el giro de tuerca a las llagas que nos están frenando, sangrando y pudriendo. No, no es ignorar ni fingir que no calan. El tema es en sí, tomar el dolor como un impulso transformador.
Yo lo veo como si convirtiéramos ese putazo que arde horrible, en una costra bellísima y empoderante, o en una marca que ya no es una limitante, porque únicamente te empuja a actuar en pro de tu felicidad y estabilidad. El dolor puede volverse una motivación intrínseca si un trauma se trabaja bien; eso es lo que lo hace perdurable. Lo demás se olvida.
Voy cerrando… si lo enfrentamos con determinación, el dolor ya no será el jefe, sino materia prima. ¿Qué legado dejaremos tú y yo?
Hamnet reapareció para quedarse y seguiré pensando en ella eternamente.
- Conclusión: Cuestiona conmigo
✓La vulnerabilidad no es debilidad. Ayuda a canalizar el dolor y a evitar somatizarlo.
✓Ser empáticxs no significa “vivir el dolor ajeno”; es contenerlo activamente.
✓La película no romantiza el sufrimiento femenino; es el bosquejo mundial de las mujeres que rara vez reciben aplausos, créditos o un “gracias” en voz alta por sus atribuciones al equilibrio sociopolítico-económico.
✓Hamnet se ha insertado en un período cultural crucial, donde buscamos (con urgencia) que ese balance no se borre u oculte más: urge RECUPERARLO.
✓Las mujeres no tenemos que “poder con todo” para que el mundo opere con eficiencia: ejecutemos con corresponsabilidad. Deleguemos.
✓El arte, la creación, el progreso y la vida cotidiana deben reconocer que detrás de cada espectacular obra, logro o familia que resistió, coexisten fuerzas silenciadas que merecen ser vistas, valoradas y COMPARTIDAS.
✓La verdadera humanidad no es generar belleza de la desgracia; es honrar el proceso, y honrar a quienes nos han dado el regalo de prevalecer siendo humanos funcionales todos los días. Y en ello, las mujeres hemos sido más que musas, SOMOS las artistas indiscutibles.
¡Touche! ⚔️
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Por. Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera, Mtra Admón, Podcaster y Amante del cine
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