CIN3 FILI4: la ficción se apodera de la realidad
Reseñas generalesDe Acapulco, Guerrero, México para el mundo entero:
Hay un momento en el que la pantalla empieza siendo una ventana. Una se asoma, descubre gesticulaciones, paisajes, maneras de hablar y de callar que no conocía. Con el tiempo tal superficie se deforma y le devuelve a una su propia imagen, la más nítida posible.
En aquel reflejo aprendimos a caminar bajo la lluvia que no moja, a modular la voz en despedidas, incluso a esperar que una crisis se resuelva con frases que escuchamos en nuestro inconsciente colectivo.
Hace unos instantes reafirmé semejante geometría.
Desde esa pequeña falla cotidiana, es decir, el roce entre las promesas del cine y lo que la vida entrega, se sostiene CIN3 FILI4, la película de Raúl Perrone que formó parte de la Selección Oficial del BAFICI 2026 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).

Perrone no es un analista distante; me parece que trabajó en la experiencia universal que compartimos: la de haber permitido que el cine colonizara, sin darnos cuenta, la forma de sentir y de vincularse.

Los jóvenes que aparecen en la película discuten cine con una intensidad que intencionalmente resulta agobiante. Nombran a Godard, repasan los desvíos de Mouchette, sueltan citas levantando barreras entre el grupo.
“El cine no puede mostrar lo que pasa, solo lo que ha pasado”. La oración resume su parálisis. Les es más seguro polemizar respecto a los gestos de la Nouvelle Vague que sostenerse la mirada y expresar un sentimiento sin ninguna clase de protección. Recordemos que el cine es la puesta en escena de la vida real.
Perrone filmó con sensibilidad sin embargo apelando al fomento del pensamiento crítico que para nada se pelea con lo primero.
No hay burla en su visión.
Existe la constatación paciente de que si el arte se vuelve hermético, termina refugiándose en un estilo elegante, sí, pero que no se atreve a salir a la intemperie, y ello podría hacerlo inverosímil.

Desde pequeñxs, los discursos audiovisuales nos han entrenado al aguarde del clímax, del flechazo que redime las torpezas, del diálogo que compacta una época, de la secuencia que justifica por sí sola la relevancia de un lazo. Lo anterior es formación.
Los protagonistas de CIN3 FILI4 entienden este mandato aunque no acaben de reconocerlo. Intentan que sus relaciones respondan a nuestro diseño previo. Porque la realidad no colabora cuando el otro no encaja en el molde, y es ahí donde se abre un vacío que la película se niega a rellenar con salidas fáciles, criticando una y otra vez los lugares comunes y los clichés.
Perrone coloca en la mesa una interrogante ineludible:
¿qué sucede si se desmorona el melodrama? ¿Cómo enfrentamos al otro si este presenta opacidad y fragilidad, arrebatado en absoluto del arquetipo que habíamos proyectado sobre él?
La respuesta que elabora la película encuentra la lucidez en el concepto del amor.

El afecto realista no está en el punto más alto de la ilusión. Se presenta después, en la escenografía que se cae. No se halla en los parlamentos prestados ni en la sensación de un público imaginario que aprueba en la fila nueve, sino en el modo en que el vínculo se va desnudando sin los prejuicios de género preconcebidos.

El blanco y negro inicial evoca el archivo fílmico, la memoria idealizada de una cinefilia que tiende a embellecer. Hasta que irrumpe el color, y el efecto desorienta al tiempo que nos plantea que el mundo es real, no ficticio.
La paleta expone dualidades: muestra las locaciones reales, la luz natural de una tarde cualquiera y las texturas de los cuerpos tal como son.
Hacia el final, ante la amenaza de que la propia estructura narrativa los atrape con moralejas condescendientes, los personajes apuestan por la libertad creativa rompiendo la cuarta pared. Deciden irse antes.
Dicen: “Nos robamos la última escena y nos vamos antes de que empiece el tedioso epílogo”.
Rechazan el cierre convencional. Prefieren el fuera de foco, la zona de incertidumbre que se apertura segundos previo al apagado de luces.
CIN3 FILI4 ofrece un espacio de revisión. No reniega ni crucifica el cine. Lo interroga con la práctica del metacine y con conocimiento de causa.
Perrone confía en el espectador. No explica de más. No subraya. Suelta las imágenes y deja que los silencios y conversaciones incómodas hagan su chamba.

Una termina de ver la película y percibe que ha acompañado un proceso de despojamiento que, de alguna manera, también nos incluye.
La película nos regala una invitación específica: animarse a habitar la intemperie sin la red permanente de las historias que nos contaron. Reorientar nuestros relatos muy lejos de los constructos, las referencias y los manuales sociales.
Les comparto el tráiler;
escuchen nada más esa preciosa musicalización
y haganla suya pronto.
Por Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera, Mtra Admón, Podcaster y Amante del cine
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