Spider-Man 4: Marvel por fin le atinó
Reseñas generalesDe Acapulco, Guerrero, México para el mundo entero:
Durante años, la casa matriz de estas adaptaciones ha padecido un tic incorregible: la necesidad desesperada de neutralizar cualquier conato de dolor a través del chiste, un mecanismo de autoprotección narrativa orquestado para que el espectador nunca perciba la incomodidad frente al abismo de sus emociones.

Sin embargo, ahora la fórmula se detiene a tiempo. La dirección demuestra astucia al dosificar el humor para que haga juego con una narrativa congruente; es decir, la hilaridad es un accidente circunstancial y orgánico que fluye con los personajes, y no un paracaídas publicitario colocado para mantener cautiva a la última fila de la sala. La historia, por fin, recupera su jerarquía y nos invita a presenciar un relato humano.
En su capa más interna, la película nos habla sobre la metamorfosis de la identidad.
Hay una resonancia kafkiana: es interesante la crisis existencial que experimenta Spider-Man, quien despierta siendo un extraño para su propio entorno, obligado a transitar en solitario porque sus relaciones interpersonales resultan inútiles si no lo recuerdan. Otro punto importante: la memoria, el recuerdo de los demás hacia nosotrxs, es lo que nos da, en cierto modo, una existencia y la motivación para accionar en la vida.

El guion elude el fan service para interpelar a un público adulto que conoce el costo de las ausencias, la culpa de los vínculos y la trascendencia de las experiencias.
En un umbral cultural hiperconectado y desprovisto de intimidad, el filme reivindica a la memoria como aquella última trinchera de la individualidad. Nos está avisando que la validación no proviene de la aceptación de un valor intrínseco, frágil e insustituible que coexiste incluso en el anonimato.
Llamó mucho mi atención la madurez con la que se articulan los personajes secundarios. Cada uno arrastra las marcas de una evolución palpable, de un pensamiento que ha madurado gracias a las vivencias compartidas (y de las malas).
Tom Holland nos regaló un trabajo depurado y doloroso, probablemente el más profesional de su paso por la franquicia. Su encarnación de Peter Parker en este nuevo proyecto presentó a un ser humano frágil, atravesado por los cambios biológicos y la incertidumbre, y a la vez, vemos a un Spider-Man con la capacidad de romperse y continuar por sí mismo.

Siempre he creído que Spider-Man es el alter ego de Peter, y justamente, el conflicto de ambas facetas se resuelve con una belleza conceptual: la reconciliación entre el hombre y el icono. Spider-Man no puede deshumanizarse ni abandonar aquello que ama, ya que es precisamente el afecto el que alimenta su motor de lucha; sin embargo Peter tampoco puede eludir la responsabilidad de salvar a su comunidad, en el entendido de que es su deber ineludible debido a que su injerencia si hace la diferencia.
La película entiende que ambas mitades no se anulan, las dos se requieren para constituir una única conciencia.
A esto se suma un acierto mayúsculo en la integración de las presencias femeninas, cuya participación excede cualquier cuota de representación prefabricada (por si ya iban a salir con lo de la "inclusión forzada").
Las intervenciones de Florence Pugh y Zendaya fueron geniales; son mujeres empoderadas que saben tomar decisiones, sin caer en los clichés asociados a roles como los suyos. En la misma tónica, Sadie Sink se apodera de la pantalla con magnetismo y por momentos es el centro de gravedad de la trama.
El filme nos está demostrando que el cine de franquicia puede prescindir de la condescendencia si se atreve a confiar en la inteligencia de sus actrices y de su audiencia.

En el plano formal y técnico, la obra da una lección magistral de gramática cinematográfica. Las secuencias de acción poseen una claridad espacial inusual en el cine de superhéroes; la cámara ejecuta un montaje impecable y, dentro de tal despliegue, la secuencia en la que Jean congela la ciudad es preciosamente alucinante.
Finalmente, el recorrido por las esquinas oscuras y luminosas del mito arácnido resalta que la vigencia de un formato industrial depende enteramente de su habilidad para mirarse a sí mismo sin coartadas.
Esta nueva película de Spider-Man no pretende revolucionar las leyes del medio, pero vaya que es una gran producción comercial y, por supuesto, se sostiene con dignidad. Pudiera atreverme a decir que, de las de Tom Holland, Brand New Day (2026) es la mejor lograda.
Es un filme que cree en la madurez de su audiencia y comprende que los héroes se hacen memorables al despojarse de la armadura, porque quizá, aún temiendo a la soledad, eligen, con la cara destrozada y la esperanza por los suelos, ponerse de pie.
Jamás lo había podido decir, pero... gracias, Marvel (¡No era tan difícil!)
Después de la trilogía de Tobey Maguire, es la primera vez que disfruto y puedo ver a un Spider-Man en Tom Holland.
Por Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera, Mtra Admón, Podcaster y Amante del cine
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