Duelo entre La infiltrada (2024) y Un fantasma en la ballata (2025)

Reseñas generales

Desde que el cine llegó a nuestras vidas, con la primera aparición del cinematógrafo en 1895, el plagio nunca ha dejado de estar a la orden del día. Las películas se han escrito, se han rodado, se han proyectado, y —muchas de ellas— se han copiado. El proceso creativo es algo tan intangible y subjetivo que a veces resulta imposible llegar a su semilla original. Las ideas han circulado en el mercado imaginativo desde los inicios del séptimo arte. De hecho, gran parte de las historias provienen precisamente de otras historias, de cuentos, relatos, fábulas y profecías que han tenido más que ver con una transmisión oral y fantástica que con una plasmación de la realidad.

Pero por el momento dejaremos a un lado los orígenes del cine; ya nos dedicamos a profundizar en ellos hace unas semanas en este artículo.

Historia del cine: cuándo se originó y cómo ha evolucionado

Volviendo al punto inicial, las adaptaciones y las versiones también se han consolidado como un subgénero más de la creación cinematográfica. Numerosas novelas y cómics han sido adaptados a la gran pantalla, superando incluso en fama y reconocimiento a su fuente original. Estos inesperados eclipses han hecho que el espectador olvide por completo el germen de la historia. Como ejemplo de ello tenemos a El Padrino (1972) —basada en The Godfather (1969) de Mario Puzo—, Tiburón (1975) —basada en Jaws (1974) de Peter Benchley, y Psicosis (Psycho, 1960) —basada en la novela homónima de Robert Bloch—.

Sin embargo, huyendo de su carácter lúdico y ficticio, el cine se ha empeñado en representar la realidad de la manera más fiel posible, perfeccionando década a década el género de las historias basadas en hechos reales. Nos resulta fascinante desentrañar el modus operandi de un psicópata en la gran pantalla —Zodiac (2007), Fincher—, dejarnos inspirar por las historias de tragedia y superación —El renacido (The Revenant, 2015) y En busca de la felicidad (The Pursuit of Happyness, 2006)— y vivir los conflictos en nuestra propia piel —La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993)—.

Y es de este último grupo del que venimos a hablar en el artículo de hoy. Las historias bélicas, sobre sucesos espionaje y conflictos políticos son unas de las más elegidas para perfeccionar este subgénero.

 

Precisamente, la ganadora a Mejor Película en la pasada 39ª edición de los premios Goya se categoriza dentro de este grupo: La infiltrada (2024) de Arantxa Echevarría, la cinta más taquillera de la historia del cine español dirigida por una mujer, superando los 8,5 millones de euros en taquilla. Y sumó este récord tras haber sido a su vez la primera ganadora «ex aequo» en hacerse con el galardón a Mejor Película en los premios Goya, junto a la cinta de Marcel Barrena El 47 (2024). Era la primera vez en la historia de lso premios que la Academia entregaba este premio a dos películas. —En 1991 sucedió algo similar en la categoría de Mejor Cortometraje, «cuando no se hacía distinción entre ficción, animación y documental»—.

 

 

La polémica película de Arantxa Echevarría lleva a la gran pantalla la historia de Elena Tejada, una policía nacional que logró infiltrarse en la banda terrorista ETA bajo el pseudónimo Aranzazu Berradre Marín. En la ficción, Carolina Yuste encarna a esta joven de apenas 20 años que bajo la máscara de Arantxa se adentraba en esta misión, dejando su vida atrás para mudarse al País Vasco e intentar ganarse la confianza de los integrantes y militantes de la banda terrorista.

'La infiltrada' (2024) | Tráiler oficial

Sin embargo, mientras se estaba llevando a cabo la preparación de la película, un proyecto de características similares surgía en otra parte de la península: una historia que también hablaba de una infiltración en la banda terrorista, en este caso por parte de una Guardia Civil. La película se estrenó en esta última edición del Festival de Cine de San Sebastián dentro de la Sección Oficial —fuera de concurso— y llegó a las pantallas este pasado 3 de octubre bajo el título Un fantasma en la batalla (2025).

 

La llegada de estas dos historias casi idénticas, protagonizadas por una mujer y con un margen muy escaso en sus estrenos ha propiciado el debate comparativo que todos esperábamos. ¿Qué película es mejor? ¿En qué se diferencian? ¿Cómo ha podido suceder algo así? 

 

 

Un camino en común (y alguna que otra diferencia)

Las dos películas comparten el entorno político y social del conflicto en el que se desarrollan, la última época del grupo terrorista ETA en el País Vasco. Ciertos hechos históricos —atentados, manifestaciones, comunicados y asesinatos— ayudan a contextualizar la ficción, recordando al espectador que lo que esconde la pantalla sucedió en la realidad. La cinta de Díaz Yanes se propone llegar un paso más allá en esta (re)transmisión y propone un ejercicio cinematográfico a partir de documentos de archivo reales de la época. En este sentido, Un fantasma en la batalla (2025) se apoya en la realidad para narrar una historia ficticia, diferenciándose por completo de lo que Echevarría propone en su película. 

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La decisión de incluir el material de archivo parte de un interés por representar la realidad siendo completamente fiel con los hechos, y evitando caer en una reconstrucción pretenciosa, alejada y algo fantasiosa. «Quitando los asesinatos, que son todos verdad, porque son terriblemente ciertos y además salen; lo demás es todo verdad y todo es mentira al mismo tiempo. Por ejemplo, el personaje de Susana Abaitua es inventado. Nosotros intentamos hacer una película. El problema es que está basada en hechos tan reales que los hechos reales te podían comer. Hemos tratado de que no te comieran del todo. Hay una parte muy real y una parte muy de mentira, como es el cine», ha aclarado Díaaz Yanez.

Un fantasma en la batalla | Sitio oficial de Netflix

Por su parte, La infiltrada (2024) parte de una historia real, la de Elena Tejada. Trata de ser fiel a unos sucesos concretos y, por tanto, una vez que se adentra en los códigos de la ficción no los abandona hasta el final, cuando los rótulos finales aclaran al espectador lo que sucedió en la realidad. Los personajes de la película se basan en personas reales que participaron en la misión, como el caso del superior de Arantxa, llamado “El inhumano” e interpretado por Luis Tosar.

Prime Video: La infiltrada

Ambas películas comparten un reparto de renombre, Carolina Yuste y Susana Abaitua como protagonistas, Luis Tosar, Iñigo Gastesi, Raul Arevalo e Iraia Elias como perfectos secundarios. Y si bien el trabajo interpretativo es uno de los puntos fuertes de las dos cintas, también hace inevitable que la veracidad se ponga en riesgo. El espectador conecta con esos rostros tan conocidos y hace que, de alguna manera, se recuerde una y otra vez que en ambos casos se trata de un ejercicio cinematográfico. Incluso en el caso de Un fantasma en la batalla (2025), aunque lo intente compensar con el archivo real.

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Aunque ambas películas insisten en destacar la veracidad de los hechos, a la hora de trasladar ambas historias a la gran pantalla no se deja de evidenciar su naturaleza ficticia. Es precisamente la estructura narrativa, la disposición de los acontecimientos, el ritmo y el tempo los que revelan una construcción con tintes sensacionalistas, que probablemente se acentúa más en La infiltrada (2024).

El proceso de ficcionalización es inevitable desde el momento que la historia se convierte en un guión, por el mero hecho de que hay una selección de lo que se incluye y lo que se omite. Y esto resulta aún más relevante si consideramos las heridas abiertas y los vacíos que persisten en torno a uno de los conflictos más complejos de la España contemporánea.

Arantxa Echevarría rueda el largometraje 'La infiltrada'

Si hay algo que subrayamos en el artículo sobre La infiltrada (2024) era que de alguna forma pecaba de blanquear los movimientos y la intenciones de la Policía Nacional en más de una ocasión. Y a su vez, se dedicaba a decorar cada uno de los exteriores de la ciudad de Donostia con pintadas en favor del grupo terrorista, algo que resultaba algo exagerado. En el caso de Un fantasma en la batalla (2025), el relato transcurre primero en el País Vasco y después en el País Vasco francés. Se adentra más en el operativo policial que en la relación personal de los miembros de la banda. Mientras la película de Arantxa Echevarría se detiene secuencias y secuencias en el piso franco y en el vínculo entre Kepa y Mónica/Arantxa, Díaz Yanes se decanta por el entorno laboral en el que Amaia y Begoña se conocen.

Teaser tráiler de 'Un fantasma en la batalla', el nuevo thriller político  sobre ETA de Netflix que supone el regreso de Agustín Díaz Yanes con sello  de J. A. Bayona
La infiltrada (2024) - Filmaffinity

 

Tanto La infiltrada (2024) como Un fantasma en la batalla (2025) comparten una mirada hacia el thriller, aunque desde perspectivas muy distintas. Mientras la primera intenta combinar el tono psicológico y policíaco, —y que roza por momentos la rom-com entre sus dos protagonistas—, la segunda apuesta por la sobriedad y el ritmo contenido. En ese contraste, ambas obras evidencian los riesgos del género: una por querer abarcar demasiado y otra por mantener una contención que, si bien digna y seria, puede dejar al espectador con ganas de más intensidad.

 

 

Nahia Sillero.

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