La infiltrada (2024) de Arantxa Echevarría

Reseñas generales

El dramaturgo y director teatral francouruguayo Sergio Blanco ya habla del proceso de ficcionalización entre la vivencia y su conversión al relato en Autoficción: una ingeniería del yo (2018). Recuerdo haber leído sus palabras con un primer foco en la escritura teatral y tras haber anotado cada página de su ensayo, me descubro volviendo a ellas con más asiduidad de la esperada. Para todos aquellos/as que no hayáis ahondado en este concepto, Blanco hace referencia al género literario de la autoficción con una idea que en el cine resurge cuando parecía olvidada: la de volver a llevar a la gran pantalla una historia real. Ese ejercicio de valentía de retratar lo vivido, el conflicto que alguien en otro tiempo atravesó. Todas las tentativas luchan en común por rehuir los lugares comunes, las medias verdades y los enfados de quienes reconocen en la mentira algo que jamás sucedió. 

 

El reto de llevar a la pantalla un acontecimiento real ha sido el punto de partida de la última película de Arantxa Echevarría, una directora de Bilbao (España), que cuenta con un recorrido más que destacable. Tras haber presentado Chinas (2023) en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, 71ª edición, la cineasta vuelve a recuperar el concepto de la identidad es su último proyecto, algo que ya hizo en su ópera prima, Carmen y Lola (2018), película que reseñamos hace unas semanas. —Dejo link directo al artículo por si es de tu interés—. Repitiendo con la que ya es una de sus actrices fetiches, Carolina Yuste, esta vez el reto parece mayor, enfrentándose a nada menos que un conflicto histórico, político y social que se desarrolló a lo largo de los años 90 en España, cuando aún la banda terrorista ETA estaba en activo. 

 

Primer avance de 'La infiltrada', la película de Arantxa Echevarria sobre la  única policía infiltrada en ETA - Camera&Light Magazine

Por mucho que la película trate de subrayar la veracidad de los hechos —y aquí volvemos a recoger las ideas de Blanco—, el relato que Echevarria decide llegar a la gran pantalla no deja de recordarnos su carácter ficticio. Es la propia estructura, la forma de ordenar los acontecimientos, el tempo y su ritmo los que delatan la construcción algo sensacionalista del argumento. Aunque si hay algo que el espectador debería tener claro desde el inicio es que a partir de la historia, los hechos pasan inevitablemente por un proceso de ficcionalización desde el momento en el que alguien decide qué se va a contar y qué no. Y más aún teniendo en cuenta las cuentas pendientes y los vacíos de uno de los conflictos más complejos que ha vivido España en las últimas décadas. 

 

La infiltrada (2024) se basa en la historia real de Aranzazu Berradre Marín, el pseudónimo que utilizó una policía nacional para infiltrarse en la banda terrorista ETA durante 8 largos años (Mónica/Arantxa en la ficción). Con apenas 20 años, uno de sus superiores al que la historia decidió nombrar “El inhumano” (interpretado por Luis Tosar), encomendó a la joven una misión de altísimo riesgo: dejar su vida atrás para mudarse al País Vasco e intentar ganarse la confianza de los integrantes y militantes de la banda terrorista. La película, que peca de blanquear los movimientos y la intenciones de la Policía Nacional en más de una ocasión (shoutout al personaje de la embarazada), demuestra en esta primera presentación de la misión su primer recurso de ficcionalización, en el momento en el que el superior le propone a Mónica/Arantxa (Carolina Yuste) las condiciones a las que se tendrá que enfrentar —algo que si se hubiese planteado así en la vida real, nadie en su sano juicio habría aceptado—. 

 

Crítica de 'La infiltrada', thriller íntimo y claustrofóbico
La infiltrada', la nueva película de Arantxa Echevarría con Carolina Yuste  | ATRESMEDIA CINE

«Ni comprendo, ni comparto dar ocho años de lo mejor de la vida como hizo la infiltrada». Con estas mismas palabras que responde la directora en una entrevista para El Diario Vasco, cuesta comprender los motivos que llevaron a la infiltrada real a aceptar el encargo. La película retrata de manera impecable el túnel de angustia en el que Mónica/Arantxa va metiéndose poco a poco, mientras va alejándose cada vez más de su vida real, y toda su identidad y su motor se sostienen en derrocar al Comando Donosti (uno de las células clave de la banda y que recibía órdenes directas de la cúpula). Uno de los mayores aciertos de la película es focalizar el conflicto en la vivencia de ella, tratando de descubrir sus objetivos e intereses personales detrás de esta decisión, y ofreciendo al espectador un gran arco del personaje que Carolina Yuste interpreta con firmeza y ruptura a partes iguales. 

La infiltrada (2024) - Película eCartelera

El cine rescata a la infiltrada que estuvo ocho años en ETA: ”Si hubiera  sido un hombre ya se habría contado”Antes de llegar a Donostia, Mónica se muda a Logroño con el objetivo de dejarse ver entre las gentes del Movimiento de Objeción de Conciencia. Mientras aprende euskera en un euskaltegi, bajo la coartada de haber nacido en la provincia de La Rioja, Mónica se traslada a Logroño para comenzar su misión. Sin ningún tipo de contacto con su núcleo familiar y con una nueva identidad que los servicios del Estado le proporcionaron, la que ahora se hacía llamar Arantxa comenzó a trabajar en una carnicería de la Parte Vieja de la ciudad donostiarra, compaginándolo con algunos turnos en la Herriko (el bar que frecuentaban los simpatizantes de la izquierda abertzale). La operación, cuidada hasta el más mínimo detalle, consistía en ganarse la confianza de la gente simpatizante hasta conseguir que en algún punto, alguien le ofreciera comenzar a colaborar con la banda. La proposición llega pronto y la directora nos introduce al villano de la historia —otro punto clave en el que la película demuestra una clara polarización del conflicto—: Kepa (Iñigo Gastesi), que tras haber realizado un intento de atentado algo torpe, vive en la clandestinidad y necesita un piso franco en el que vivir mientras espera órdenes de alguien superior. 

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Si La infiltrada (2024) ya olía a película de género hasta llegar a este punto —en un intento algo desmesurado por hacer un thriller psicológico y policíaco al mismo tiempo, que por momentos se sobrecarga en su propia intención, diluyendo el contenido y quedando solo la forma—, confirma todas las sospechas al intercalar instantes de pura rom-com entre Arantxa y Kepa. A pesar de que más adelante trata de corregir sus intenciones, en una de las secuencias más impactantes en la que Arantxa provoca un grito ahogado en la bañera, la directora ofrece ciertas escenas —de pura ficcionalización— en las que consigue que al espectador se le olvide que está viendo una historia real, y se confunda con estar en el sofá de su casa disfrutando de una serie que hubiera producido Netflix. 

 

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Si la llegada del primer villano te pareció floja, la del malo-malísimo de la película se hace notar, y lo hace por la puerta grande, arrasando con todo lo que toca y se pone delante de él. Con una interpretación magistral de Diego Anido, el segundo integrante de la banda terrorista llega como nuevo habitante al piso franco, configurándose como el mayor enemigo de Mónica/Arantxa en su objetivo. La conocida “tregua trampa” que ETA llevó a cabo en 1998, anunciando un alto al fuego que no se tenía intención de cumplir, conduce al desenlace de la película, al que Arantxa Echevarría coloca el lazo final con bastante solvencia. Regala al espectador una secuencia final —¿quizá una de las mejores?— en la que, sin que los militantes de ETA hayan descubierto la verdadera identidad de Arantxa, sea la Policía nacional quien la revele sin darse cuenta. (La contención en las miradas de Iñigo Gastesi y Diego Anido son puro oro). 

 

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Tal y como sucedió en la historia real, la misión termina con la desarticulación del Comando Donosti y la Policía Nacional logra gracias al trabajo de Mónica información clave de los objetivos de la banda. Las opciones sobre el último trabajo de la cineasta española son varias y muy diversas. Y quizás, como sucede a menudo en estas cuestiones, depende mucho de la proximidad con la que alguien haya sufrido un conflicto de esta magnitud. 

 

La película se estrenó el pasado 11 de octubre en cines. 

 

Nahia Sillero. 

 

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