La mujer que cayó en el olvido
Reseñas generales
Sobre los orígenes del cine se han dicho y escrito muchas palabras. Se han hecho películas incluso de los inicios de las películas, elevando el juego del metacine al grado 0. El imaginario colectivo sitúa a los hermanos Lumière, Auguste y Louis, como los inventores, los grandes creadores de un pequeño aparato que permitió en 1895 proyectar la primera película. El cinematógrafo hizo su primera aparición pública el 28 de diciembre de ese mismo año, a falta de tres días para que el mundo entrase en 1896.
Pero, ¿cuál fue en realidad la primera obra cinematográfica?

Efectivamente, no fue La salida de los obreros de la fábrica, a diferencia de lo que nos han hecho creer. Siete años antes de que los Lumière presentasen su cinematógrafo, incluso antes de que Edison inventase el kinetoscopio en 1891, un inventor francés llamado Louis Le Prince experimentó con el primer invento capaz de grabar imagen en movimiento. Roundhay Garden Scene, o La escena del jardín de Roundhay, se considera la primera película de la historia del cine, una creación muda de 1,66 segundos que se filmó el 14 de octubre de 1888.

Le Prince nunca llegó a presentar su invento en los Estados Unidos y su obra cayó en el olvido, hasta que en 1895, los hermanos Lumière abrieron el camino definitivo al invento del cinematógrafo. La salida de los obreros de la fábrica se conoce como su primera obra. Sin embargo, se sabe que grabaron cientos de pequeñas pruebas hasta que tuvieron claro que esta era la que daría validez a su invento.


Esta primera filmación se ha categorizado en infinidad de ocasiones como un archivo de carácter documental, que contenía una grabación de un suceso real, con cero artificio. Sin embargo, los hermanos hicieron cientos de tomas en la calle Saint-Víctor, a la salida de la fábrica de aparatos fotográficos Lumière en Lyon. Pidieron en cada una de ellas que los/as obreros/as salieran una y otra vez, sin tener en cuenta el raccord, lo previamente grabado, el movimiento. Si os hacéis con estas primeras imágenes, podréis ver cómo las interacciones de los/as obreros/as van cambiando en cada toma, y la propia grabación revela su carácter ficticio.

Todas estas primeras películas tenían algo en común, capturaban sucesos cotidianos y fueron obras mudas. La llegada del sonido al cine no sucedió hasta 1927, algo que se retrata con gusto en la cinta musical de Gene Kelly y Stanley Donen, Cantando bajo la lluvia (1952). —Puedes leer el análisis y los secretos de la película aquí—.

A partir de esta fecha, considerada el nacimiento del cine, hubo una figura esencial en el desarrollo del séptimo arte, olvidada por la historia y los libros por cuestiones de género. Hablamos de Alice Guy-Blaché (1873, Saint-Mandé - 1968, Nueva Jersey) considerada una de las pioneras del cine y la primera mujer en dirigir una película. Guy-Blaché creció entre Suiza, Francia y Chile, y estudió para ser mecanógrafa y taquígrafa. Comenzó a trabajar un año antes de la llegada del invento de los Lumière, en 1894, como secretaria en Comptoir Général de la Photographie, una fábrica de cámaras y suministros fotográficos en los que comenzó a interesarse por estos aparatos.

Su interés no dejó de crecer, en el gran año, la joven pasó a trabajar en la compañía de producción de Léon Gaumont. Uno de los datos más impactantes es que, unos meses antes de la presentación oficial del cinematógrafo, los hermanos Lumière hicieron una presentación extraoficial para varias figuras de la industria, entre los que se encontraban Gaumont y la propia Guy-Blaché.

Un año más tarde, en 1896, se abrió un pequeño laboratorio para el revelado e impresión de “tomas” cortas que lamó la atención de Guy-Blaché y convenció a Gaumont para abrir una sección que se dedicase exclusivamente a la producción cinematográfica. En sus memorias, publicadas por primera vez en 1976 —The Memoirs of Alice Guy Blaché—, recoge cómo fue este primer paso en su carrera profesional:
«Pero Gaumont, como Lumière, estaba especialmente interesado en resolver los problemas mecánicos. Era una cámara más que poner a la disposición de sus clientes. Los valores educativos y de entretenimiento de las películas en movimiento no parecían haber llamado su atención. No obstante, se había abierto en la Rue des Sonneries un pequeño laboratorio para el revelado e impresión de "tomas" cortas: desfiles, estaciones de ferrocarril, retratos del personal del laboratorio, que servían como películas de demostración pero que eran tanto breves como repetitivas… Pensé que podría hacerse algo mejor que estas películas de demostración. Armándome de valor, le propuse tímidamente a Gaumont que podría escribir una o dos escenitas y hacer que unos cuantos amigos actuaran en ellas. Si el desarrollo futuro de las películas hubiera podido preverse en ese momento, nunca habría conseguido su consentimiento. Mi juventud, mi inexperiencia, mi sexo, todo conspiraba contra mí. Pero sí que recibí el permiso, con la condición expresa de que esto no afectaría a mis tareas de secretaria»
A sus 23 años, la joven rodó su primera película; un cortometraje llamado La Fée aux Choux, o El Hada de las Coles, en el que por primera vez la fantasía se mezclaba con la técnica cinematográfica, haciendo que el cine fuera más allá de la grabación de la realidad.

Guy-Blaché adaptó un popular cuento francés, con una duración de no más de un minuto, en el que un hada danzaba en un jardín de coles gigantes. —Está disponible en Youtube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=xJWzNG9YYW8—.

Desde 1896, año de su primera obra, la cineasta rodó un centenar de fonoesferas («películas rodadas para el cronógrafo, un aparato que permitía sincronizar la imagen y el sonido grabados»). Tomando como precedente esta primera película, Alice fue pionera en incorporar elementos de ficción, introdujo el uso del color y experimentó con las posibilidades del montaje (como es el caso en Una casa demolida y reconstruida). El juego con lo ficticio le hizo ir más allá en las narrativas no lineales y llegó a probar con efectos especiales, como la superposición de imágenes (en La Navidad de Pierrot, por ejemplo) y la manipulación del tiempo y el espacio.

En sus primeros años, el cine se consideró un entretenimiento menor y nadie experimentó como Guy-Blaché con las posibilidades artísticas del aparato. Precisamente, una de las grandes aportaciones de la cineasta fue la representación de las mujeres en sus películas, introduciendo personajes que iban más allá de ser objetos de admiración y deseo. En 1912 Guy-Blaché rehizo una película suya de 1906, Los resultados del feminismo, y decidió llamarla En el año 2000, presentando una cinta de ciencia ficción «en la que las mujeres ejercían el dominio total del mundo y los roles de los sexos se invertían».

La historia del cine y la desigualdades de género en la industria del cine hicieron que la figura de Alice Guy-Blaché quedara poco a poco en el olvido y como podemos comprobar, esta mirada femenina se fue perdiendo con el paso de los años. La cineasta rodó más de mil películas a lo largo de su carrera profesional, a pesar de que no han sobrevivido más de cien de ellas.
A principios de 1900, entró en juego otra de las figuras más relevantes de la historia del cine. Estamos hablando de Georges Méliès, un ilusionista francés que al descubrir las posibilidades del cinematógrafo, comenzó a experimentar con el aparato en sus espectáculos.

En 1902 presentó al mundo la conocida Le Voyage dans la Lune, o Viaje a la Luna, considerada la primera película de ciencia ficción, muda y en blanco y negro. Al igual que Guy-Blaché, el ilusionista también se inspiró en varios cuentos populares, —De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, o Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells—. Así Méliés presentó su primera obra, con una duración de 14 minutos y 12 segundos, sobre las aventuras de un grupo de astrónomos que viaja a la Luna en una cápsula para explorar la superficie del satélite.

Tal y como aclaraba en sus memorias Guy-Blaché, los Lumière entendieron su invento como un avance casi científico de las posibilidades del aparato. De hecho, se cansaron de hacer películas alrededor de 1905 y nunca llegaron a experimentar con las capacidades artísticas del cinematógrafo. Georges Méliès también acabo abandonando su carrera y lo hizo en 1912.
Sin embargo, Guy-Blaché continuó desarrollando su carrera cinematográfica y en 1910 fundó su propia productora, al principio llamada Solax Company, y que un año después pasó a llamarse definitivamente Blaché Features. La cineasta continuó con su misión de ofrecer oportunidades a mujeres en la industria del cine y este camino le permitió tener el control creativo de todas sus obras. Experimentó con películas de ciencia ficción, drama, comedia y hasta westerns.


«[En Francia] mientras una mujer esté, como se dice, en su lugar, no recibe ningún reproche, pero si asume y ejerce las prerrogativas asignadas a sus hermanos se la mira mal. La actitud hacia las mujeres en Estados Unidos es muy distinta», explicó en una entrevista en 1912.
A pesar de ser una de las figuras más relevantes en el desarrollo del séptimo arte, Guy-Blaché fue desterrada de los libros de historia y su figura cayó en el olvido. Después de cincuenta años de trayectoria, en 1953, se le concedió la Legión de Honor, la mayor distinción que otorga el gobierno francés, y en 1957, recibió un homenaje por parte de la Cinemateca francesa. Desde su muerte, en 1968, la historia del cine ha querido ponerla en el lugar que le corresponde. Y son ejemplo de ello las películas-documentales así como las memorias que encontramos sobre su figura en la actualidad.
«¿Cómo es posible que Alice Guy-Blaché, guionista, directora y productora de cientos de películas en la época de los pioneros del cine; mujer que inspiró la primera historia narrativa en 1896; creadora de más de 150 películas con sonido sincronizado durante sus veinte años de carrera, tanto en Francia y en Estados Unidos, lograra alcanzar la cima del éxito para luego caer en el olvido de una industria que ella misma que ayudó a crear?»

Esta es la pregunta que persigue el último trabajo dedicado a la cineasta, La pionera (2018), una película dirigida por Pamela B. Green y narrada por Jodie Foster que recopila la verdadera historia de Alice Guy-Blaché. Estrenada en la sección Cannes Classics, la cinta recoge testimonios de cineastas como Patty Jenkins, Ava DuVernay y Martin Scorsese.
Unos años antes, la directora Marquise Lepage presentó su trabajo en homenaje a la cineasta: Le jardin oublié: La vie et l'oeuvre d'Alice Guy-Blaché (1995). Una cinta documental de 53 minutos en las se recopilan algunas de las películas e incluye entrevistas a familiares, académicos, cineastas y otras muchas que ella misma concedió en la televisión antes de su fallecimiento. La película está disponible gratis en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=PLUSscyU4J4.
Asimismo, hace menos de un año, las memorias de Blaché fueron publicadas por primera vez en español bajo el título Memorias 1873-1968, por la cineasta Tiziana Panizza y la editorial Banda Propia.

Todos estos trabajos nos recuerdan la figura de una mujer olvidada. Alguien que, a pesar de su brillantez, fue aplastada por la desigualdad y que cien años después, comienza a ser recordada.
Nahia Sillero.








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