Elio (2025): lo nuevo necesita amigos
Reseñas generales“En muchos sentidos, la labor de un crítico es sencilla. Arriesgamos muy poco y sin embargo disfrutamos de una posición privilegiada sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a la crítica negativa, la cual es fácil de escribir y leer. Sin embargo, la amarga verdad que debemos enfrentar nosotros, los críticos, es que en el gran orden de las cosas la pieza promedio de basura es más significativa que la crítica que la califica de esa forma. Pero hay ocasiones en que un crítico realmente arriesga algo, y esto ocurre en el descubrimiento y defensa de lo nuevo. El mundo es a menudo cruel con los talentos nuevos, las nuevas creaciones; lo nuevo necesita amigos”. Ya pasaron 18 años desde que Anton Ego pronunció este monólogo maravilloso y emocionante en la igualmente maravillosa y emocionante Ratatouille (Idem), y todavía resuena en mí como uno de esos raros momentos en los que uno habita una epifanía frente a la pantalla. Casi como le pasa a Ego cuando prueba ese bocado de ratatouille que lo traslada a la infancia. La obra maestra de Brad Bird es mi película favorita de Pixar y proviene de esa época de oro en la que la que la compañía nos ofrecía nuevos universos cada año. Y nos sorprendía pero, mucho mejor, nos dejábamos sorprender. Y veníamos de Toy Story (Idem), Monsters Inc. (Idem), Buscando a Nemo (Finding Nemo), Los Increíbles (The Incredibles), sin saber que nos dirigíamos hacia WALL-E (Idem) y Up! Una aventura de altura (Idem). Todas películas gloriosas, que nos abrían puertas hacia mundos nuevos.
Y lo nuevo, repetimos como mantra, necesita amigos. Hoy, mucho más.
Por suerte en aquellos tiempos había muchos amigos de lo nuevo y las películas, en buena medida, no precisaban pertenecer a un mundo preexistente para justificar su lugar en los cines. Bueno, sí, había secuelas y estábamos en plena era de las remakes, pero todavía había un espacio para dejarse seducir, sorprender, por lo desconocido. Hoy, con tanta secuela, recuela, reboot, precuela, y cuanto neologismo exista, parece imposible. Todo esto viene a cuenta del desastroso rendimiento de Elio (Idem), la última producción de Pixar, que ha fracasado rotundamente en los cines de todo el mundo. Y si bien estamos hablando de la película con peor rendimiento en treinta años de historia para la compañía, hay que señalar que más allá de las fallas que pudo haber tenido su lanzamiento, no es más que la confirmación de un síntoma de estos tiempos, en los que la industria audiovisual parece estar tomada por un hábito nostálgico que nos impide salir de lo ya conocido, en un loop constante. El primer golpe de Pixar había sido la bellísima Un gran dinosaurio (The Good Dinosaur), que se estrenó luego de la exitosísima IntensaMente (Inside Out), y Elio, casualmente, es la producción que le sigue a IntensaMente 2 (Inside Out 2), que rompió récords de taquilla el año pasado. Sin embargo, tras el extraño suceso de Coco (Idem) en 2017, todas las películas originales de Pixar desde entonces (salvo las que fueron directo a plataforma: Soul -Idem-, Luca -Idem-, Red -Idem-), tuvieron rendimientos entre apenas aceptables y discretos: Unidos (Onward), Lightyear (Idem) y Elementos (Elemental), con recepciones dispares y bajos ingresos.
El asunto aquí no es tanto preocuparnos por motivos de producción y control de gastos de las compañías, sino pensar qué cambió en el público como para que una película estimulante, aventurera y divertida como Elio haya pasado tan desapercibida. La respuesta no la tenemos a mano, o requeriría el análisis de un sociólogo (cosa que por suerte no somos), por lo que este texto en vez de lamentar penurias… o de lamentar más penurias, se preocupará mucho más en señalar cuáles son los motivos que hacen de Elio no sólo una película que merece la recomendación, sino una gran película que conecta con uno de los temas habituales de Pixar, el de los marginados: sentirse solo en el universo, incomprendido por todos los demás. Un sentimiento que abraza a muchos personajes de la compañía de cine animado, desde los juguetes de Toy Story, a los monstruos marinos de Luca o Meilin, la joven protagonista de Red, esa que cuando se enfurece se convierte en un panda rojo como dicta la maldición familiar. No por nada Domee Shi, una de las codirectoras de Elio (junto a Adrian Molina y Madeline Sharafian), fue la directora de Red: tanto Elio como Meilin sufren de esa marginación social característica de la adolescencia, la cual combaten con conocimiento y una agudeza que en ocasiones los hace ver bastante arrogantes. Y esa arrogancia los lleva invariablemente a la auto-exclusión, algo que finalmente resolverán cuando comiencen a confiar un poco en los demás y a comprender que las reglas del mundo no van a estar siempre a su servicio.
Elio no tiene padres y vive con su tía, una militar con la que tiene un vínculo un tanto difícil. La forma en que la película nos explica que Elio es huérfano es maravillosa y digna de la sabiduría narrativa de la compañía. En la primera escena, Elio está escondido debajo de la mesa de un patio de comidas, negándose a probar un bocado. Su tía se encuentra con una amiga, sólo vemos sus piernas ya que el plano está con Elio, y en ese diálogo en off escuchamos cómo la muerte de sus progenitores provocó una enorme tristeza en el niño, en la que aparece atrapado y sin posibilidad de salir. Tanto sólo con un gesto, Elio nos pinta el mundo del personaje y también nos ayuda a comprender su conflicto: ese deseo que tiene el protagonista de ser abducido por extraterrestres se corresponde con su necesidad de evadirse totalmente, de desaparecer de la tierra. Algo que busca con una energía endiablada y que terminará cumpliéndosele cuando una nave interplanetaria finalmente escuche su llamado y lo convoque como representante de la Tierra. Y ahí, en el espacio, comenzará otra película, que es un poco lo que sucede en la estructura de WALL-E, que tras un prólogo intimista, se aproxima a la aventura espacial y a la construcción de algo parecido a una suerte de utopía grupal.

Elio se constituye sobre una de las grandes premisas de la comedia, en este caso la mentira y cómo sostenerla. Porque el protagonista disfrutará con la confusión que se generará sobre su rol terrestre, aunque las cosas se pongan difíciles con la presencia de un exterminador de planetas que busca ser parte del concierto de naciones intergalácticas bajo la amenaza de destruirlos a todos. Las mentiras de Elio tendrán implicancias tanto en la galaxia como en la Tierra, y la película trabajará sabiamente un montaje paralelo que seguirá el camino de ambas subtramas hasta el momento en que sus extremos comienzan a tocarse. La resolución, fiel a la tradición pixariana, esa que se sostiene con firmeza en las producciones destinadas a permanecer en un noble segundo plano (hay toda una tradición de películas de Pixar consideradas menores que están repletas de este tipo de elecciones narrativas), es con una serie de giros que resuelven por el lado menos esperable, pero también con alguna decisión por parte de los personajes que los ennoblece y demuestra que nunca la misantropía o el cinismo son una opción. Durante toda la película, Elio y los demás personajes logran entenderse por medio de un dispositivo que unifica el idioma en el que se comunican las diferentes especies. En el final, el dispositivo es apagado y Elio comprende allí, en la sucesión de voces que no entiende del todo, que tal vez la gracia está en ver cómo los diferentes se relacionan desde sus diferencias, no desde una forzada inclusión. De ahí, que el personaje vuelva a la Tierra con un aprendizaje, pero no necesariamente todos sus problemas resueltos. En su apariencia de cuento simple, Elio esconde varias lecturas e interpretaciones notables sobre la experiencia de coexistir y nunca dejar de sentirse solo, pregunta final de la película que es también una de las preguntas de la ciencia y la ciencia ficción. ¿Estamos solos? Tal vez la respuesta esté en Elio y tal vez no sea la más sencilla de escuchar.
Gran película a la que hay que darle una oportunidad porque, como recuerdan, lo nuevo necesita amigos.




















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