Tim Robinson, el hombre del año

Reseñas generales

Como una versión retorcida y llevada a los extremos de Curb your enthusiasm (Idem) y el humor de Larry David, el inigualable Tim Robinson se ha convertido este año en una de las realidades más destacadas de la comedia norteamericana, sino casi la única voz posible en este desierto de ideas que observamos. Cuando el género atraviesa el envejecimiento de algunos de los referentes de la última gran generación de comediantes y algunos ni siquiera se animan ya a hacer humor por miedo al qué dirán (o peor: someten la comedia a las exigencias de la agencia volviéndolo inane), Robinson encontró una fórmula trabajada desde hace años, que explotó significativamente con La silla (The Chair Company), la serie de HBO que fue uno de los éxitos impensados de la temporada, tanto por la recepción de la audiencia como por la respuesta de la crítica. En lo personal, Robinson es el descubrimiento de este año. Sinceramente no conocía su existencia, aunque tiene un pasado como breve integrante del elenco y guionista del Saturday Night Live! (Idem) y ha protagonizado algunas series en la última década, hasta su explosión definitiva este año con la citada La silla y la oscurísima comedia Amistad tóxica (Friendship). El descubrimiento de Robinson con la serie de HBO me llevó, como los buenos discos, a linkear referencias y a buscar más allá para conocer a este tipo absolutamente lunático, que me devolvió la esperanza en la comedia.

Lo primero que vi del comediante fue la serie de HBO, tal vez la más convencional de sus producciones, o en todo caso si no convencional, la que logra volver una y otra vez del absurdo y el surrealismo con un ancla en cierto orden narrativo que puede ser asimilable por un público mayoritario. Es decir, la serie se va al carajo, pero siempre hay un norte al que volver. En La silla, Robinson interpreta a William Ronald Trosper, un empleado aparentemente gris que ha tenido una idea lúcida: la puesta en funcionamiento de un nuevo concepto de shopping, por lo que se ha vuelto un integrante destacado de la empresa en la que trabaja. Sin embargo, en el mismísimo momento en que lo van a reconocer como un visionario, en medio del escenario y ante toda la empresa, se le rompe la silla en la que va a sentarse y queda desparramado por el suelo. La rotura de la silla, la caída de William, es una obra maestra del humor físico en sí misma, una momento incómodo que trastornará al protagonista. Y la apertura de la puerta hacia un universo absurdo lleno de criaturas increíbles.

La silla es, de las producciones de Robinson, la que más se parece al mundo de Larry David, aunque aquí la ausencia de esa apuesta de Curb your enthusiasm por la exploración de un realismo ficcionalizado, vuelve todo más alienante e inasible. La serie, co-creada por el socio habitual de Robinson, Zach Kanin, explora varias superficies, que van del humor iracundo e incómodo, al thriller corporativo y paranoico, con altísimas dosis de surrealismo apurado por personajes que parecen salidos de una de David Lynch. Todo eso vuelve a la serie una experiencia casi única en el habitualmente chato panorama de las plataformas. La silla es mortalmente graciosa, sobre todo por la imprevisibilidad de sus movimientos, que invocan cliffhangers que se resuelven de las maneras menos verosímiles posibles, como la resolución del segundo episodio, que a la duda sobre el espionaje en el interior de la casa de William nos responde con un enano oculto dentro de un mueble. Y así es todo lo que ocurre en la serie.

Una vez que empecé a ver La silla, obviamente comencé a rastrear qué otras cosas había hecho anteriormente este tal Robinon y me topé en Netflix con ¿Por qué no te vas? (I Think You Should Leave with Tim Robinson), un programa de sketches cómicos, con tres temporadas de seis episodios, de poco más de 15 minutos de duración cada uno. Según cuenta la leyenda, la suerte de Robinson en el Saturday Night Live! no fue la mejor, apareciendo como integrante del elenco durante un año y pasando al equipo de guionistas durante los tres años restantes de su contrato. Si bien los responsables del programa entendían que Robinson tenía un talento cómico inigualable, su estilo no terminó encajando con el emblemático ciclo creado por Lorne Michaels. Muchas de sus ideas fueron descartadas por el equipo del SNL!, pero Robinson no se dio por vencido y, es más, usufructuó muchos de esos sketches para su propio programa. Así nació ¿Por qué no te vas?, producido entre otros por Andy Samberg, Jorma Taccone y Akiva Schaffer, este último también director de varios episodios, el hombre que este año descolló con ¿Y dónde está el policía? (The Naked Gun).

¿Por qué no te vas? es como un laboratorio, un espacio en constante ebullición en el que Robinson y sus socios creativos prueban miles de variantes en torno al humor. Algunos segmentos funcionan y son hilarantes, otros se quedan en la exploración y algunos son decididamente apuestas por un humor extremo y dispuesto exclusivamente para cultores del absurdo y lo border. Hay segmentos memorables, como aquel en el que Robinson interpreta al conductor de un auto con forma de hot dog al que su vestimenta lo delata, pero que sin embargo decide alegar demencia y hacerse el desentendido. O ese otro en el que le pide al mozo que le diga a su cita romántica que no se coma los mejores nachos de la porción, pero al quedar en evidencia estira la situación hasta volverse la víctima. Robinson explora eso que nos da vergüenza ajena, lo expone y explicita hasta la náusea, obligando al espectador a mirar de frente o a correr la vista, según cómo maneje la incomodidad. Procedimiento que lo vuelve cercano al terror, no ingenuamente por la construcción de atmósferas inquietantes que se pueden ver tanto en La silla como en Amistad tóxica, la próxima parada en la galaxia lunática de Tim Robinson.

En Amistad tóxica, Robinson interpreta a Craig, un empleado con algunos rasgos similares al William de La silla, pero con síntomas patológicos que lo muestran como un personaje mucho más border. La película, escrita y dirigida por Andrew DeYoung, director de episodios de algunas muy buenas comedias televisivas y de cinco capítulos de La silla, se toca con una tradición de la comedia norteamericana, que es la comedia negra y patológica sobre la amistad, en la senda de clásicos como Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains & Automobiles), ¿Qué tal Bob? (What About Bob?) o El insoportable (The Cable Guy). Un paquete llega por error a la puerta de Craig, quien decide llevárselo a su verdadero propietario, Austin (Paul Rudd), un meteorólogo de la televisión recién mudado al barrio, y ahí se declara una amistad. Que es en un principio de descubrimiento y felicidad, hasta que se complica por un hecho especial y la relación y la película se vuelven absolutamente oscuras y extrañas.

Amistad tóxica es una comedia decididamente desquiciada, que va perdiendo su centro progresivamente hasta volverse una experiencia rupturista que quiebra hasta las propias ideas preconcebidas que podemos tener sobre la película. Hay atmósferas decididamente inquietantes, como todo lo que ocurre en unas cloacas a las que Craiga baja como una forma de demostrar su valía, pero que esconden en definitiva su patológica dependencia de ese otro vecino en el que deposita frustraciones, necesidades, obsesiones. Amistad tóxica se vuelve turbia, como el agua de esa cloaca lynchiana, que funciona como límite para la película y para la propia cordura del personaje. Las actuaciones de todo el elenco entienden el tono de la película, pero el que sobresale es Rudd, explorando otras posibilidades de su habitual personaje carismático, que tiene aquí una doble cara. El film de DeYoung, si tiene una virtud, es la de llevar su apuesta hasta las últimas consecuencias, destacándose el mismísimo final que termina con una pantalla congelada en la que vemos cómo Craig termina disociándose absolutamente tras una guiñada de ojos. Amistad tóxica podría continuar, pero DeYoung sabe que su personaje acaba de atravesar un límite y que la propia película ya no puede ser la misma: lo que contó es el momento en que el habitual personaje simpáticamente border de estas comedias negras termina explotando en mil pedazos.

El éxito de La silla ha convertido a Robinson en una sorpresiva estrella, algo alejado totalmente de su apuesta por el humor absurdo y de culto. Si bien no aparecen muchos proyectos en el horizonte, lo mejor -si uno ingresó a los códigos que maneja el comediante- es buscar en alguna otra cosa que haya hecho en el pasado. El humor de Robinson se vuelve absolutamente adictivo, por lo que habrá que buscar Detroiters (Idem), otra de esas series en las que -dicen- exploró su humor raro y encendido. 

Comentarios 1

L
Luisa C Moreno24 de diciembre de 2025
Qué sorpresota esta serie. La incluí en mis favoritas del año aquí en Peliplat. Más que relacionarla con Curb your enthusiasm, supe que el creador hizo una más loca que está en Netflix y es con el mismo actor.

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