James Bond derrotado por su más inesperado enemigo: el streaming
Reseñas generales
Hace unos meses recuerdo haber visto a Daniel Craig haciendo la entrega del premio Irving G. Thalberg - un Oscar Honorario - por su aporte a la industria del cine a sus antiguos jefes en la saga 007, Barbara Broccoli y Michael G. Wilson. Eso ocurría el 17 de Noviembre de 2024 y, cuando la cámara se enfocaba en los productores, la imagen que mostraba era shockeante. Wilson se veía extremadamente viejo y Broccoli parecía agotada, como si estuvieran a punto de internarla de urgencia en algún hospital debido a un caso de anemia aguda.
Fue en ese momento en que me di cuenta que la franquicia de James Bond estaba condenada a la extinción.

Verán: yo soy fan de James Bond desde que era niño. Mi familia amaba James Bond: íbamos a ver todas sus películas ni bien se estrenaban, y cuando había re-estrenos (cosa que ocurría anualmente en mi nativa Montevideo en los años 70s y 80s), yo me iba a ver los viejos filmes de Sean Connery, George Lazenby o los primeros de Roger Moore. Me compré y leí todas las novelas. Llegué a tener todas las películas en VHS. Compré todos los discos de sus bandas de sonido (en formato vinilo, cassette, CD)... hasta que llegó la era de Internet y ahora tengo toda la música de 007 almacenada en archivos MP3 en la memoria de mi celular.
Incluso mientras escribo esta nota, tengo varios modelos (en distintas escalas) del Aston Martin DB5 de Goldfinger (1964) adornando mi escritorio, amén de la versión original de Corgi del helicóptero de Stromberg y el Lotus Esprit que protagonizaban la secuencia más excitante de La Espía que me Amó (1977). Y, de hecho, hace 25 años comencé a escribir sobre cine en la web, y lo primero que empecé a reseñar fueron las películas de 007 que amaba tanto y que vi decenas de veces.
Todo esto subraya el hecho de que James Bond es, para mi, es algo más que un simple espectáculo. Hay etapas de mi vida marcadas por las películas de James Bond que vi en cada época y lugar, y siempre rodeado de mis afectos. Con mi abuelo fuimos a ver el estreno de Moonraker (1979); con mi madre vimos un montón de películas de Sean Connery en un festival de re-estrenos que organizó el Cine Miami en los años 70s, y eso fue en la época en que ella recién se había divorciado de mi padre. Cuando me fui a vivir a Argentina, me despedí de mi Uruguay natal yendo con mis amigos a ver 007: En la Mira de los Asesinos (1985). Y acudí al estreno de Goldeneye (1995), el cual sucedió una semana antes de que yo me casara.
Es por eso que 007 tiene una carga muy emotiva para mi. Está en mi ADN. Y por todo eso es que el destino de la saga me importa tanto. Así como muchos fans hicieron su infancia alrededor de La Guerra de las Galaxias, Los Cazafantasmas u otro filme de alto impacto, la serie de James Bond es mi herencia familiar. Por eso, cuando vi a Wilson y Broccoli en esa mesa, sonriendo forzadamente frente a las cámaras, me asaltó una sensación de soledad. Iban a dejarme huérfano de mi franquicia favorita. La respuesta obvia venía por partida doble: estaban demasiado viejos para continuar y, por otra parte, no prepararon a ningún sucesor para hacerse cargo de EON, la empresa familiar que regentea la saga desde 1962.
Y eso es algo que me resultaba inexplicable… al menos en un primer momento.

Cuando James Bond estaba en toda su furia en los 60s, “Cubby” Broccoli comenzó a capacitar a su hijastro Michael G. Wilson, iniciándolo en la empresa familiar desde bien abajo: como un extra en el rodaje del ataque a Fort Knox en el clímax de Goldfinger (1964). Luego Wilson comenzó a escalar, pasando a ser asistente de producción y llegando a co-escribir algunos de los guiones de las películas finales de Roger Moore. Por otro lado Barbara comenzó mucho más tarde, siendo asistente de producción de Octopussy (1983). Y luego Barbara y Michael se hicieron cargo de la saga en 1995, cuando Cubby estaba demasiado viejo y agotado (terminaría falleciendo un año más tarde), y ambos terminaron poniéndole su propia impronta a la franquicia.
Pero, al día de hoy, solo ellos están al frente de EON. Michael puso a sus dos hijos en roles menores administrativos en la empresa, y la hija de Barbara simplemente no quiso saber nada del asunto y se dedicó a su vida privada. Si esos chicos hubieran pasado al frente, ¿hubieran cambiado el rumbo de las cosas?.
Y la respuesta es… no. Porque dos personas, por más capacitadas y experimentadas que sean (en el negocio familiar, en el mundo del cine), no están en condiciones de negociar nada con un tipo que tiene la tercera fortuna más grande de todo el mundo.

Porque el mundo del cine en el 2025 es radicalmente distinto al que existía 30 años atrás, cuando Broccoli y Wilson debutaron como productores en Goldeneye. En el medio los estudios de cine perdieron relevancia si no estaban respaldados por otro negocio más grande y lucrativo (como Sony), apareció la revolución Marvel y todo el mundo quiso crear franquicias millonarias con universos cinematográficos compartidos, surgió el streaming y Netflix alteró las reglas de la industria… y luego el Covid 19 y la pandemia se encargaron de arrasar con las salas de cine, amén de provocar un cambio cultural que alteró por completo al mundo del entretenimiento. La gente se quedó en sus casas y ni se molestó en ir al cine, sabiendo que en menos de dos meses estarían viendo ese mismo filme en la enorme pantalla del Smart TV de su sala de estar.
Y, en ese contexto, la saga de 007 se siente como una raza en extinción. Vivimos en un mundo en donde los popes del espectáculo quieren dinero rápido y fácil; un mundo dominado por franquicias, secuelas, remakes y sobre explotación de IPs; donde los reyes del show son las empresas tecnológicas y no los grandes estudios de cine; donde el contenido banal y sobreproducido predomina sobre la calidad del producto.
Para un mundo dominado por fabricantes masivos de fast food cinematográfico, EON es una reliquia del pasado: es como una bodega artesanal manejada por sus propios dueños, los cuales producen exquisitos vinos sólo por partidas, cada tres años y en pequeñas cantidades. Cada ingrediente fue minuciosamente seleccionado, se sometió al producto a un intenso control de calidad, y se lo promociona con una dedicación personal.
Pero Broccoli y Wilson no viven en una burbuja. En estos 30 años de administración de EON vieron esos cambios en la industria… y sabían que la oleada, tarde o temprano, los iba a alcanzar. Y que no iban a estar a la altura de poder enfrentarla.
Primero, porque su suerte estaba atada a la de MGM - Harry Saltzman, co productor histórico de la saga 007, decidió salirse del negocio en 1971 y le vendió el 50% de las acciones de EON a United Artists… la cual fue absorbida en 1981 por la Metro Goldwyn Mayer, convirtiéndose de facto en co propietaria de la franquicia -. Y la MGM venía financieramente a los tumbos desde el 2010. Ya no era el monstruo que producía mega musicales en la década del 50 y uno de los estudios más grandes de Hollywood. Una serie de horrendos fracasos de taquilla la pusieron en una posición económica tan débil que siempre estuvo coqueteando con la quiebra, y sólo los estrenos de los filmes Bond le inyectaban dinero a sus raquíticas arcas. La cantidad de producciones anuales de MGM cayó estrepitosamente, se dedicó a hacer remakes de todo lo que tuviera en propiedad - Robocop, Red Dawn, Poltergeist -, y la recepción de esos experimentos fue terrible. Se vieron obligados a aguantar la respiración hasta que otra película Bond les diera oxígeno económico, salvo que ocurriera el milagro de que les apareciera un inesperado éxito de taquilla con un filme de presupuesto moderado.
Y, segundo, porque el panorama del cine cambió tanto que, en el 2010, las franquicias y el streaming dominaban todo.
Era cuestión de tiempo para que alguien viniera, comprara MGM y comenzara a exigir más filmes / productos Bond, ya que es la única franquicia rentable que tiene el estudio. Y esa oportunidad tan temida llegó en el 2021 cuando Amazon adquirió MGM en 8.45 billones de dólares.
Lo que siguió después fue la pulseada a muerte entre los nerds millonarios y los fabricantes artesanales. Los nerds exigían crear series, dibujos animados, spin offs… y lo único que obtuvieron (ya que Broccoli y Wilson tenían el voto final en las discusiones sobre el futuro de James Bond) fue el permiso temporario para poner los filmes en streaming (¡por primera vez en su vida!) y sólo por unos meses, ya que las películas de 007 son espectáculos que sólo pueden ser apreciados como corresponde, yendo a la mejor sala de cine que esté en su ciudad. Nada de sobreexponer o menoscabar su producto estrella.
Y ésa no fue la respuesta que querían escuchar los nerds millonarios. Querían recuperar rápidamente su inversión y, luego de más conversaciones largas y conflictivas, sólo consiguieron el permiso para hacer un patético reality - 007: Camino al Millón -, el cual todo el mundo dejó de ver después del tristísimo primer episodio.

Lo que no entiende Amazon es que James Bond no es Marvel. No tiene 50 personajes populares de los cuales puedas sacar productos. Todas las novelas están filmadas, toda la saga se basa en un solo personaje. ¿Qué van a rodar?. ¿Las aventuras de Moneypenny?. ¿Los inicios de M?. ¿Las aventuras de algún otro agente doble cero, posiblemente mujer y no blanca?. ¿Bienvenidos al laboratorio de Q?. ¿James Bond: sus días como estudiante en Eton?. ¿Las aventuras del gato de Blofeld y sus amigos felinos que quieren conquistar el mundo?.
En un mundo dominado por franquicias - y lo que es peor, franquicias que han empezado a derrapar muy mal, incluyendo algo que parecía a prueba de balas como era Marvel -, la perspectiva de diversificar a James Bond en 30 productos distintos equivale a bastardear el producto y bajar drásticamente su calidad.
Y no se trata de una cuestión de dinero. Amazon ya ha metido la pata con la saga de El Señor de los Anillos (Los Anillos del Poder), una serie multimillonaria que ni los fans a ultranza de Tolkien tienen ganas de ver. Tampoco parecen querer aprender de los fracasos de Marvel, que desde Vengadores: Endgame han devaluado la saga y ahora es un lastre irremediable que sólo repunta mediante costosos golpes de efecto y fan service - sea Deadpool & Wolverine, o la recontratación de Robert Downey Jr. para ponerlo de villano en Avengers: Doomsday… una movida que puede salir tan mal que puede llevar a pique no solo a Marvel sino a toda Disney -.

Pero Marvel no es el único que tambalea en este mundo de IPs sobreexplotadas. Basta ver los horrores que cometió Kathleen Kennedy desde que asumió en Lucasfilms en el 2012, alienando a los fans históricos y arruinando a Star Wars para toda la cosecha. O el exceso de codicia de Paramount, que saturó el mercado con derivados de Star Trek desde el 2009, cuando J.J. Abrams y sus secuaces procedieron a convertir la franquicia en una saga de acción… y abandonaron la esencia de sci fi pensante que siempre caracterizó a la saga desde los años 60s. Los tres casos tienen características comunes: por cada producto que aciertan (El Mandaloriano, Andor, Rogue One; la tercera temporada de Picard, Star Trek: Strange New Worlds), hay diez que fallan, son rechazados por los fans o son ignorados olímpicamente por el público.
Es por todo eso que, antes de comenzar a alienar a la base de fans leales de 007, Amazon - ahora que ha presionado tanto a Broccoli & Wilson al punto de quebrarlos y hacer que les entregue el control creativo total de la franquicia, algo que ocurrió a fines de febrero 2025 - debe dar un golpe de efecto brutal, y transmitirle confianza a los seguidores. Darles señales de que la saga está en buenas manos. Pero, ¿cómo hacerlo?.
Si bien Broccoli y Wilson han sido excepcionales administradores de la franquicia durante los últimos 30 años, su celo extremo ha terminado arruinando algunas posibilidades más que interesantes de hacer las cosas diferentes. A Danny Boyle lo corrieron de Sin Tiempo Para Morir, simplemente porque no quisieron darle el control creativo y eso que Boyle es un cineasta de trayectoria impecable. Se hicieron los sordos cuando Christopher Nolan les declaró su amor por el personaje, y admitió que estaría dispuesto a rodar un filme de la saga… siempre y cuando le permitieran hacer un libreto sin condiciones. A su modo, Broccoli & Wilson son también una fábrica de fast food, sólo que sus hamburguesas vienen con el sello del chef. Siempre quisieron directores sumisos y, cuando éstos han triunfado con sus criterios, es porque han combinado en justa medida enormes dosis de creatividad + un gran ejercicio de diplomacia para poder venderle sus ideas a los productores.

Entonces el salto de fe que precisa Amazon es contratar a un gran director. Nolan, el primero en la lista. Después, dejarlo escribir un libreto inspirado y respetuoso de la saga, algo que solo puede hacer un fan de toda la vida de la franquicia como es Nolan. Y por último, hacer un casting impecable. Pero todo esto es un proceso que va a llevar como mínimo tres años. Cualquier fan casting de Henry Cavill es absurdo porque, cuando aparezca Bond 26, Cavill va a tener 45 años o más. ¿Y cómo es que estimo ese tiempo?. Basta con contar los años que demoró James Gunn en implementar el DCU desde cero en la Warner. El nuevo IP Manager debe crear infraestructura de decisiones, seleccionar proyectos, conseguir el personal, crear un modelo a seguir - el cual funcionará como una especie de piloto de una serie de TV -, elegir creativos, y hacer de firewall frente a la gerencia de la Warner que tiene números billonarios en rojo y precisa que estos productos no sólo estén listos para ayer sino que sean éxitos arrasadores en la taquilla. A David Zaslav no le sirve algo tipo ¡Shazam! (2019), que tuvo una crítica fenomenal pero apenas recaudó 370 millones de dólares. Cualquier resultado tibio de taquilla puede derivar en la eyección automática de Gunn del sillón de director del DCU.
Pero ¿dónde conseguimos un IP Manager eficiente?. Al menos Gunn conocía por dentro el funcionamiento de Marvel. ¿Le hacemos a Kevin Feige una oferta que no puede rechazar?. ¿O vamos a traer a alguna burócrata que solo sabe de números y no de pasiones, a lo Kathleen Kennedy?.
Lo más triste es que Michael G. Wilson tiene 83 años, lo cual - con el tiempo - deja en posición de total soledad a Barbara Broccoli en EON. Aunque ella es más joven (64 años), en 10 años o menos ella terminará vendiendo el resto de sus acciones de EON a Amazon (algo que terminó por ocurrir en Marzo 2025). A lo sumo le darán un rol honorario como asesora, tal como tiene George Lucas en Lucasfilms en este momento… o sea, un bonito adorno con un lindo sueldo pero sin voz ni voto. Toda una tortura, teniendo en cuenta que se verá forzada a contemplar como un gigante del entretenimiento multiplica y destroza sin piedad la franquicia que construyó desde cero su padre.
El tiempo dirá si tengo la razón o si estoy profundamente equivocado. En todo caso la sensación que me queda es la de resignación y desesperanza. Y que, en algún momento - en un futuro cercano - me sentaré en el borde de la vereda con una botella de licor en la mano y al lado de los resignados fans de Star Wars y Star Trek, compartiendo recuerdos de los viejos tiempos y llorando por los engendros que ahora producen en masa. Y tal como ellos, terminaré uniéndome a sus lamentos, repitiendo su mantra: “éste no es el James Bond que conocieron mis padres”.
PD: Amy Pascal (ex Sony, ex productora de la saga Spiderman) y David Heyman (saga Harry Potter) han sido nombrados el 25/03/2025 como los nuevos jefes de la saga James Bond tras comprar la parte restante de Barbara Broccoli por una cifra secreta (estimada por algunos en 1.000 millones de dólares).
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