Doctor Manhattan, el ocaso de un Dios
Reseñas generales
He visto morir estrellas.
He visto civilizaciones nacer, crecer y caer en una espiral de violencia hasta terminar en la autodestrucción.
Mi inmortalidad es mi condena. No puedo destruirme; mi poder es tan vasto e infinito que vago errante por el cosmos, contemplando los eventos del universo como un testigo indiferente.
Pero eso no siempre fue así. Nací humano, y crecí durante uno de los períodos más nefastos de la historia de la humanidad. Mi padre, relojero de oficio, me enseñó el valor del tiempo y decidí seguir sus pasos… hasta que el mundo cambió. El descubrimiento del poder del átomo se convirtió en la última maravilla de la ciencia pero, en vez de traer prosperidad a la humanidad, solo exaltó a los monjes de la guerra para usarlo en su beneficio, promoviendo conflictos y amenazando el futuro de la raza humana.
Por eso mi padre me estimuló a ser científico. “Tu podrías marcar la diferencia”, me dijo. “Eres brillante, honesto, posees la moral que se precisa en este momento en donde el caos reina y los científicos responden a los intereses de los militares”.
Y así fue como me especialicé en física atómica. Y como terminé en una de las instalaciones más secretas de lo que se conocía como Estados Unidos, probando nuevas propiedades del átomo y esperando encontrar un uso tan poderoso (o devastador) que asustara a los gobernantes de la Tierra y los alejara de sus planes armamentistas.
Pero nada de eso pasó. Cuando la humanidad alcanzó el poder de destrucción total de todo tipo de vida sobre el planeta, no le bastó. Siguió incrementando el poder de las bombas, que ya no arrasaban ciudades sino naciones enteras, y el stock de misiles atómicos crecía todos los años a niveles absurdos. Ya no sólo podíamos destruir el planeta: podíamos destruir 20 planetas como el nuestro.
Y fue en ese momento en que sufrí el accidente. Encerrado en la cámara del campo intrínseco no solo no me mató sino que me convirtió en un Dios.
Pronto los humanos me adoraron y me temieron, y los políticos intentaron seducirme con todo tipo de propuestas para que protegiera lo que alguna vez fue mi nación. Seres de visión limitada, ambiciosos, manipuladores… individuos cuya existencia es tan solo una gota de agua en el vasto océano del tiempo.
Pero la indestructibilidad y la inmortalidad me dieron otra perspectiva. Podía ver el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. Y todos los escenarios me hablaban de guerra y destrucción. Podía demorar el futuro de la humanidad, pero no evitarlo. Estaba escrito en su destino.
Vi al amor de mi vida envejecer y enfermarse hasta morir. Y creí encontrar el amor en una joven apasionada que, en un principio, me despertaba sentimientos que creí que había perdido.
Pero todo eso era solo nostalgia. Fantasmas de una humanidad que estaba perdiendo. Intentos de recapturar un alma que ya no tenía.
Porque al conocer todo lo que pasó, pasa y pasará, el mundo - y el universo - carece de misterio para mí. Es por eso que acepté el último ruego de Laurie, mi última amante, como un favor para ella y para la humanidad… pero sería mi último tiempo en la Tierra.
Les compré tiempo, pero decidí alejarme. No quería ser testigo de su inevitable destrucción. Primero fui a Marte, donde encontré el placer del silencio y la soledad. Pero, después de una eternidad que pasó en un segundo, decidí que tenía que hacer algo con mi existencia.
Después de todo, por alguna razón desconocida, yo existía.
Atravesé galaxias enteras y busqué otras formas de vida. En algunas de ellas me presenté y me adoraron como a un Dios, y pareció que mi presencia les daba paz y estabilidad… pero siempre terminaban en el mismo círculo de odio y rencor. Quienes combatían mi presencia divina decidían pasar a la acción, y construían armas para matarme y matar a mis fieles. Y cuando me alejaba y me elevaba a los cielos, sólo veía a la distancia la destrucción inevitable.
De nuevo, el ciclo se repetía.
Decidí viajar a mundos estériles, terra reformarlos hasta hacerlos habitables, crear formas de vida - desde simples hasta complejas -, y verlos evolucionar. Pero la naturaleza depredadora de la vida siempre terminaba triunfando. Nunca pude solucionar el dilema de la coexistencia, quizás porque eso no figura en la programación genética de los seres vivos.
Incluso he vagado por el universo en busca de otros seres como yo. Después de todo, no puedo ser el único Dios. Todo lo que existe fue creado por alguien antes de mí… pero jamás lo encontré. Sólo encontré vacío y preguntas sin respuestas.
Es por eso que, luego de millones de años, volví a la Tierra. Ahora el planeta era un yermo radiactivo y estéril. La profecía se había cumplido, y lo que una vez fue mi hogar hoy era un paraje desolado.
De todos los seres que he contemplado o he creado, el humano - aun con todo su caudal de imperfecciones y deseos autodestructivos - ha sido el único capaz de crear y tener fe, de prosperar en condiciones adversas y progresar… hasta llegar a su inevitable etapa de cúspide del conocimiento científico, en donde las armas de destrucción masiva son creadas en nombre de la paz y la ciencia.
Quizás ahora las cosas podrían ser diferentes. Porque ahora yo estaría presente en cada ser vivo.
Después de reparar el planeta, decidí crear formas básicas de vida y potenciar su capacidad evolutiva. Pero, ésta vez, mi ser se desintegraría en átomos… y cada uno de ellos pasaría a formar parte de cada ser vivo, fuera planta, animal o humano.
Me convertiría en Legión. Mi ser ya no sería único sino parte de una gigantesca comunidad. Me multiplicaría en cada generación. Y podría controlar desde adentro sus impulsos destructivos, llevándolo a un sendero de paz duradera e ilimitada.
Hoy es mi último día como Dios. Ha llegado el momento de reinventarme como una nueva forma de vida masiva, armónica e interconectada, donde mi ser multitudinario sea la conciencia que controla los impulsos destructivos de las especies.
Ha llegado la hora de renacer.
Artículos publicados este mes de Mayo 2025:
- Jamie Lee Curtis: Scream Queen con sentido del humor - Desafío: Actores que Mejoran con la edad
- La persecución de coches más badass de la historia del cine, Bullitt (1968)
- Doctor Manhattan, el ocaso de un Dios
- El Eternauta (2025): una obra maestra… ¿castrada? - (en inglés)
PELIPLAT AWARDS 2025:








Comentarios 29