Otro pequeño favor (2025): gracias, por nada

Reseñas generales

Cuando uno ve una secuela y no recuerda nada, pero nada, de la primera entrega estamos ante un problema. Más o menos eso me pasó con Otro pequeño favor (Another simple favor), continuación de Un pequeño favor (A simple favor), de la que realmente no me acordaba nada y, como los personajes, trataba de ir tanteando pistas para intentar resolver la encrucijada. Usted dirá que no tiene mucho sentido que uno se acuerde de la primera parte si la continuidad es apenas la repetición de algunos personajes y nada más (en definitiva si uno no se acuerda nada es porque no había mucho para recordar). Pero sencillamente cuando Stephanie (Anna Kendrick) y Emily (Blake Lively) se reencuentran y se pasan facturas, sentí que me estaba perdiendo algo de una fiesta a la que nadie me había invitado. Esa sensación de fiesta en la que el espectador la pasa mal es un mal de cierto cine industrial que se fuerza por ser empático, pero no le sale, más o menos como a esta película absolutamente desprovista de ángel que hace todo el esfuerzo por parecer divertida sin lograrlo nunca. Para recordar que en la primera parte Stephanie y Emily, provenientes de diferentes clases sociales, se cruzaban porque sus hijos iban al mismo colegio, tuve que ponerme a buscar la sinopsis por ahí. También, para llegar al dato de que luego Emily desaparecía y Stephanie se ponía en plan de investigadora.

 

Si la primera película me interesó en su momento fue por la presencia detrás de cámaras de Paul Feig, un director que venía de tres comedias imbatibles como Damas en guerra (Bridesmaids), Chicas armadas y peligrosas (The heat) y Spy, una espía despistada (Spy), además de la correcta y un poco fallida, pero muy querible e injustamente vilipendiada Cazafantasmas (Ghostbusters), y una gran trayectoria televisiva con créditos en series memorables como Freaks and geeks (Idem), Bored to death (Idem), The office (Idem) y tantas comedias disfrutables más (incluso tiene un brevísimo cameo en La pistola desnuda 33 y 1/3 -Naked gun 33 1/3: The final insult-). Para alguien a quien le gusta la comedia, el nombre de Feig es básicamente indispensable como parte fundamental de un proceso de la comedia norteamericana. Y si bien Un pequeño favor fue bien recibida por la crítica, uno vio allí un cambio de tono que intentaba mantener el registro de la comedia disparatada y la construcción de una mirada sobre lo femenino, pero con apuestas genéricas algo retorcidas donde la comedia irónica intentaba darse la mano con el policial. A Feig la apuesta no le resultaba del todo, pero mirando la carrera posterior del director (y quitando de la ecuación a la divertida ¡Jackpot! Lotería mortal -Jackpot!-), podríamos asegurar que Un pequeño favor fue uno de sus últimos gestos cinematográficos de interés.

De qué va Otro pequeño favor entonces. Todo comienza cuando Stephanie está presentando su libro sobre los hechos acontecidos en la primera entrega (qué hechos me preguntaba yo a cada momento) y se le aparece Emily de manera subrepticia para forzarla a viajar a Italia para su casamiento, obligándola además a salir de dama de honor. Stephanie termina aceptando (porque, en el fondo, quién en su sano juicio rechazaría una invitación a viajar por Italia con todo pago), aunque un poco a regañadientes porque estima que la terminarán asesinado durante la estadía, aunque usa como salvaguarda su presencia en redes sociales, con videos en vivo y su vínculo con los seguidores. Hay que reconocer que todo es un poquito traído de los pelos desde el minuto 1, pero digamos que para entender si eso es o no una apuesta por el artificio autoconsciente hay que dejar que las cosas sigan su curso. Y si bien hay algo de eso, lo cierto es que Otro pequeño favor recurre demasiado a giros que son una oda al cualquierismo, queriendo pasar por picardía (hay algo de esos thrillers chic de los años 60’s) lo que es pura pereza de guión. Y todo huele un poco a estiramiento innecesario, incluso el elenco con el regreso de varios conocidos de la primera parte pero además el agregado de estrellas de prestigio como Allison Janney y Elizabeth Perkins. Todo es un rizar el rizo constante, empezando por una secuela que ya no se encuentra basada en una novela como la original.

 

Hay sí algo divertido en esta secuela y tiene que ver con el ojo cinéfilo de Feig, que entendiendo la lógica de la ambientación italiana de la película y la estructura de policial ligero que enmarca todo, Otro pequeño favor no es tanto un whodunit en la tradición norteamericana como la primera, sino más bien una suerte de giallo disimulado. No de otra manera se podría pensar una violenta escena como la muerte de cierto personaje mientras se da un baño, que es envenenado con una jeringa en la punta de un dedo, comienza a sangrar por la boca, los ojos y las orejas, hasta caer muerto atravesando la mampara de vidrio. Ese jueguito de filiación cinéfila que propone Feig es uno de los pocos momentos luminosos de una película decididamente chata. O peor, innecesaria.

 

Una de las cosas en las que Feig pifia olímpicamente aquí, y es raro para alguien totalmente entrenado en el terreno de la comedia, es en la construcción de momentos humorísticos. No es tanto la comedia en sí (aunque también, todo luce bastante flojo y poco logrado), como la forma en que la comedia se atora con la trama central, en una combinación que nunca fluye. Hay algunos momentos hilarantes, donde aparece la mano del director, pero son los menos. Un ejemplo es esa secuencia protagonizada por una mucama del hotel donde se hospedan los personajes, una criatura puramente Feig que podría haber aparecido en alguna de sus comedias más redondas, y que aquí surge como algo imprevisto que no hace sistema con todo lo demás que aparece. El estereotipo de lo italiano se lo podíamos festejar en otro contexto, pero la falta de inspiración alcanza también a esos lugares menos atractivos de esta comedia a mitad de camino.

En ese desbalance que genera la comedia dentro de Otro pequeño favor, se incluye la pobre actuación de Anna Kendrick, que parece estar en modo Anne Hathaway en Maestras del engaño (The hustle), pensando que la comedia es un género menor y que para hacer reír alcanza con moverse ampulosamente y hacer gestos exagerados (otra actriz prestigiosa que escasamente le encuentra el tono al género es Natalie Portman). Kendrick, que ha funcionado perfectamente en otros ejemplos del género como Mike y Dave: los buscanovias (Mike and Dave need wedding dates), luce tan perdida como -en verdad- todo lo que pasa adentro de la pantalla de esta película olvidable. De Blake Lively no vamos a decir nada, porque básicamente la comedia no es lo suyo (y el personaje siempre está más parado en el thriller que en la comedia), aunque todavía me cuesta entender cuál es el género en el que mejor funciona.

 

Detrás de todo el hastío y aburrimiento que genera progresivamente Otro pequeño favor (y las películas de Feig podrían ser mejores o peores, pero nunca aburridas) lo peor surge hacia el final, cuando la acumulación de giros lleva a resoluciones un poco apresuradas, con situaciones inverosímiles aún para el verosímil que propone. Hacer comedia no es sencillo y mucho menos cruzarla con otro género, especialmente el policial y la acción. Los últimos minutos son decididamente un bochorno, entre secuencias mal resueltas, descuidados desde la puesta en escena, donde daría la impresión de que dejaron la cámara prendida y las protagonistas improvisaron sus líneas. Lo único que la salva es pensar que Otro pequeño favor no es mucho menos flojo que otros ejemplos de películas hechas para plataformas, lo que en definitiva nos lleva a pensar en otros problemas del cine actual. Pero no vamos a hacer cargo al film de Feig del estado de las cosas.

Comentarios 3

P
Pantalla Mágica25 de mayo de 2025
Ay, pensé que era la única a la que Anna Kendrick le daba vergüenza ajena en esta. ¿Qué le pasó? Parecía una versión paródica de sí misma, pero sin saber que estaba en una parodia.
A
Arlequin23 de mayo de 2025
La primera estaba buena y parecía una versión paródica de Las Diabólicas. Tenia muchisimo estilo, gran banda de sonido, Lively era pura clase y la Kendrick es la inteligencia en persona. Pero acá la premisa no tiene razón de ser en ningún momento y, cuando empieza la gran revelación, es como ver a Willie E. Coyote saltando del acantilado, un gran WTF. Es posible que todo pase por una cuestión de ego de Lively, que no quiso quedar como la villana del filme anterior... porque se siente así: como un vehículo de vanidad para la estrella.
A
Alma Raquel Alonso Lucena23 de mayo de 2025
Me agrada que se implementen los esfuerzos por hacer también del cine, un lugar para entretenernos. No he visto la película pero disfruté bastante el trayecto al leerte, me dio un poco de risa que no recordaras nada, porque aunque muchos no lo digan ("los interesantes"), a todos/as nos pasa que estamos viendo una segunda parte y te quedas "WTF qué significa esto" jajaja. Amé tu honestidad y estilo de escritura. Por tal motivo, te dejo 3 luces. Te sigo.

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