Mickey 17: space opera, ecología y dobles en la última película de Bong Joon-ho
Reseñas generalesLa ciencia ficción tiene muchas posibles aristas y frentes; es un género muy maleable, en donde se puede experimentar con diferentes tonos y con casi infinitas posibilidades a la hora de narrar una historia. Mickey 17, la última obra de Bong Joon-ho, toma el género y lo usa a su antojo para incluir subtextos que ya lo identifican y para jugar con ellos, aunque con resultados algo encontrados.
La película está basada en la novela Mickey 7 de Edward Ashton, un prolífico escritor de ciencia ficción. De alguna forma, se podría dividir la filmografía del director surcoreano en dos grandes áreas, una más ligada a este género, con subtextos más cercanos a la ecología, en donde entran también Okja o Snowpiercer, y otro que linda más con el thriller, con obras como Parasite o Memories of a Crime. Pero en todas se puede encontrar un hilo común, ligado a la crítica social.

En ese sentido, Mickey 17 toma como punto de partida el éxodo de la población de la Tierra hacia otros planetas y, a través de un enfoque satírico, se cuenta desde la perspectiva de los más marginados. Mientras que unos tienen privilegios y pueden viajar con todas las comodidades, otros, como Mickey Barnes, no cuentan con las mismas posibilidades.
En el caso de él, escapa a su vez de un crimen; su único posible refugio (o eso cree) está en las estrellas. Encuentra su salida en ser un “prescindible”, y sin leer instrucción alguna acerca de qué se trata realmente se anota. Lo que no sabe es que ese programa consiste en que va a ser escaneado, duplicado y utilizado como prueba en las misiones más peligrosas. Su muerte no es problema, ya que se lo fabrica de nuevo y “renace” con los mismos recuerdos, incluyendo el momento de su fallecimiento. De esa forma, parte con la tripulación (liderados por un político fascista, interpretado de forma fantástica por Mark Ruffalo) a un planeta que colonizan e invaden pese a que allí ya hay una forma de vida. El problema surge cuando no muere en una misión, su cuerpo es duplicado y se está ante la presencia de dobles.

Así, se podría decir que es una obra que mezcla tropos de la llamada ciencia ficción dura (la que se asienta más en preceptos científicos y tecnológicos) y de la ciencia ficción blanda (la que incluye tópicos relacionados con la sociedad, la psicología o la filosofía). Hay en la película una parte de space opera, relacionado más con las aventuras espaciales (un maestro en esta área es Isaac Asimov) y una parte más ligada a lo social y hasta lo ecológico (región en la que se podría tomar a Ursula K. Le Guin como exponente). Todo esto, claro, bajo una óptica cómica y mordaz.
Bong Joon-ho se mueve de manera flexible y versátil entre géneros y tonos, como ya demostró en su variada filmografía, pero en esta ocasión la multiplicidad de tantos tonos y capas abruma por momentos y entorpece algo el ritmo de la narrativa. Es una obra que por momentos se dispersa y que le falta cierta fuerza para avanzar. Eso no quita que haya un planteo interesante y un buen tratamiento en la construcción del mundo y en los personajes que lo habitan.

Robert Pattinson demostró también esa misma versatilidad al apoderarse completamente de distintas facetas de un mismo personaje y hasta moldeando su tono de voz y carácter. Por otro lado, Mark Ruffalo vuelve a interpretar a un personaje caricaturesco (como lo fue también, aunque de distinta manera, en su Duncan Wedder de Poor Things) y tanto él como Naomi Ackie, Anamaria Vartolomei y Toni Collete se sitúan bien en sus papeles.
Hablando de la construcción de mundos, es interesante también la clara influencia de Hayao Miyazaki en esta película. Hasta se podría hablar de cierta interpretación de la película Nausicaä del Valle del Viento: las criaturas son muy similares, así como la trama de la invasión de su hábitat con claras y explícitas referencias en la secuencia final. En el caso de que alguna vez se haga un live-action de dicha obra, se debería pensar en Bong Joon-ho para llevarla a cabo.

A su vez, es también interesante observar cómo en este último tiempo se estuvo dando una reiterada atención al tropos del doble. En The Substance se genera uno a partir de presiones sociales y laborales de la industria del entretenimiento, mientras que en la serie Severance (pronto viene un artículo al respecto), se encuentra allí, en el desdoblamiento de los personajes, la posibilidad de escapar a la explotación laboral. En este caso, la réplica de tantos Mickeys sirve tanto a la misión para utilizarlo como sujeto de prueba, como al mismo Barnes para acceder a un lugar donde no podría haber entrado de otra forma. De alguna manera, en los tres casos se explora el tropos para hablar del capitalismo más feroz y en cómo nos afecta, hasta el punto de alienarnos o consumir los productos más extremos para poder sobrellevarlo.
Mickey 17 se suma a la ya variada filmografía del director surcoreano con una propuesta que, pese a sus falencias, se consolida como una obra entretenida e interesante, que navega entre distintos subtextos y tonos.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 22 de marzo del 2025, 6.51 PM | UTC-GMT -3.
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