Flow: un relato bello y minimalista que explora lo animal y el sentido de comunidad

Reseñas generales

Un gato ve su propio reflejo en un charco de agua. Maúlla por lo bajo. Está solo. La música comienza a sonar y el gato negro comienza a explorar la naturaleza en la que esta, rodeado aquí y allá por estatuas de felinos. La cámara lo sigue; no hay voces ni presencias humanas, en Flow los protagonistas son, en todo sentido, animales.

 

La película animada acaba de ganar un Oscar y allí hay un gran mérito. Ya sabemos que la ceremonia no es parámetro de nada, pero sí ejerce una innegable influencia al difundir obras. Y Flow, de Gints Zilbalodis, es una cinta de bajísimo presupuesto (menos de 4 millones de dólares), hecha utilizando el software abierto de programación Blender y por un grupo pequeño de personas, tan solo un total de 50. Es de alguna manera una afirmación de la democratización de las artes (tema de todas formas complejo) y de la idea de que, si se explotan al máximo pocos recursos, utilizando al máximo la inventiva, se pueden hacer grandes cosas. Pero ¿por qué Flow es una gran obra?

El gato se encuentra solo al principio, hasta sumergirse en una trama de botes y animales.

De nuevo, es una obra con protagonistas animales. Pero no solo porque aparecen animales; en la animada de Dreamworks, The Wild Robot, también aparecen, y es también casi nula la presencia humana. Sin embargo, en este caso, a diferencia del primero, no hay intención alguno de antropomorfizar a los personajes. El gato, los perros, la garza, el carpincho y el lémur se comportan (o todo lo más cercano posible) como las especies que son, sin diálogos que salen de sus bocas (o picos), sino con la expresión esencialmente animal: a través de la gestualidad de sus cuerpos, de sus sonidos y de sus acciones. 

 

Eso trae otra dificultad al escenario: ¿cómo narrar sin diálogo? Es una pregunta que fue contestada múltiples veces en la historia del cine, en algunos casos con más o menor éxito. Aún en las obras mudas había intertexto. En películas animadas resuenan casos como los experimentos en stop-motion de Jan Svankmajer, Red Turtle o la reciente Robot Dreams. Seguramente, en Flow la decisión habrá surgido de una necesidad de utilizar lo menos posible del escueto presupuesto, pero eso conlleva otros desafíos creativos; ¿cómo hacer para que una historia no solo sea entendible, sino que también entretenga y conmueva sin palabra alguna?

Cada animal y sus comportamientos están profundamente investigados.

En la obra se resuelve mediante lo más esencialmente cinematográfico que hay: mostrar. Y la audiencia puede interpretar sonidos y acciones tan universales como un ronroneo, unos ojos que se achinan del cansancio o que se abren de la sorpresa o del miedo, la calma y quietud de un carpincho, un bostezo del sueño o movimientos erráticos de un lemur que manifiesta, por sobre todas las cosas, curiosidad. El estudio preciso y profundo de los comportamientos animales, llevado a cabo por el equipo de La Cinestación, se refleja en cada pequeña sutileza.

 

La presencia humana es absolutamente nula en Flow. Es un mundo de tintes oníricos, en donde reinan los animales y en donde lo único que dejó la humanidad atrás son en sus obras y construcciones: estatuas, casas, enormes y raras construcciones. De nuevo, tal vez aquella decisión fue pensada para no tener que animar a figuras humanas y ahorrar en presupuesto, pero fue una decisión que se inserta de forma orgánica en la trama. Colabora con la atmósfera de extrañeza y de lo surreal que lo envuelve todo, y deja el “fluir” de la historia en los mismos animales.

El gato va aprendiendo a sobrevivir.

Es un paisaje enigmático, misterioso y también mágico. Hay estatuas de gatos aquí y allá, pero no se sabe por qué. Hay pilares altísimos en donde se producen ciertos “portales” y hay sueños vívidos sobre animales que giran en círculos. El agua crece y crece, en una inundación casi bíblica que busca arrasar con todo (un subtexto también presente ligado al cambio climático), pero cuando llega a su máximo decrece para luego volver a crecer, en un ciclo que parece casi infinito. Y no se sabe por qué. Lo que sí se sabe es que los animales deben sobrevivir, y es aquel vital aferramiento a la vida que mueve la historia.

 

Justamente, el título de la película es “flow”, “fluir” en castellano. Y el relato no solo se mueve de manera fluida, con acontecimientos que se concatenan uno con el otro en un causa-consecuencia en el que el espectador entra in media res, sino que la corriente lleva literalmente a los animales durante toda la historia. Ahora, el cómo hacen para fluir con ella, y no enterrarse bajo ella, conforma el corazón de la historia.

Flow' review: A gorgeously animated story of survival - InBetweenDrafts
La película navega entre paisajes oníricos, con una animación bella y minimalista.

Los reflejos abundan en la película: desde el gato protagonista que se ve en él al principio hasta, por ejemplo, el pequeño espejo obtenido como tesoro por el lémur a mitad de la obra. De alguna forma, es la muestra de la autoconciencia que poseen los animales; no son caricaturas asemejadas en comportamientos al humano, tienen su propio comportamiento y su propia consciencia. Y como tales, su ayuda mutua se torna clave para la supervivencia: son también conscientes el uno del otro. 

 

Cuando el lémur se ve en el espejo, ya roto, junto con el grupo de su misma especie, en realidad ven a través del artificio. Es una relación forzada. Pero con quienes sí se ve en el reflejo del agua es con los animales con los que sí formó un vínculo y con los que se quedaron hasta el final: con el perro labrador, el carpincho, el gato. Juntos, aprendiendo a colaborar el uno con el otro, lograron llegar hasta el final.

La película explora el sentido de comunidad.

El sentido de comunidad es el corazón de la película. El barco que cruza la película podría asemejarse al Arca de Noé, pero la diferencia es que mientras que aquel fue hecho bajo una voluntad divina y una humana, el bote fue llenado por las voluntades puramente animales que fueron ayudándose uno al otro. “La salida es colectiva” se escucha mucho, y en esta película es una frase materializada. La garza le ofreció pescado al gato y lo protegió frente a otros de su especie, el gato aprendió a cazar pescados y le ofreció a sus compañeros animales. El lémur, el perro y el gato tiraron de la soga para evitar que el barco estrellado se caiga y el carpincho muera. Sin la ayuda mutua, no hay vida que fluya en la corriente. Sin el sentido de comunidad, no hay gato que se mire en el reflejo y que no sea vea solo frente a un eventual nuevo desastre, sino que está acompañado.


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.


Publicado el 5 de marzo del 2025, 2.47 PM | UTC-GMT -3.


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Comentarios 9

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Jeroo Casco13 de marzo de 2025
Que bueno que nombres The Red Turtle, en mi opinión una obra maestra contemporánea
A
Alex Dan Leibovich | Erramundos15 de marzo de 2025
En respuesta a Jeroo Casco: Totalmente! Me acordé de vos cuando lo mencioné.
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User-13491437169 de marzo de 2025
encantado de la reseña , muy buena
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Alex Dan Leibovich | Erramundos11 de marzo de 2025
En respuesta a User-1349143716: Muchas gracias!! 💜
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Geiser Salcedo6 de marzo de 2025
La manera en que Flow explora la comunicación y la comunidad a través de gestos y comportamientos animales es impresionante. La capacidad de la película para transmitir emociones y contar una historia sin diálogos muestra la maestría en la narración visual. La atmósfera y los paisajes misteriosos también contribuyen a la magia de la película.El sentido de comunidad y colaboración entre los animales es un mensaje poderoso y relevante, especialmente en tiempos de desafíos globales como el cambio climático. La película parece recordarnos que la cooperación y el apoyo mutuo son esenciales para la supervivencia y el bienestar.
M
marisoledad6 de marzo de 2025
Qué buena película. No estoy del todo de acuerdo en que los animales no fueron antropomorfizados en absoluto, porque hubo algunos momentos en los que me parecieron demasiado humanos, pero aparte de eso, este es un gran artículo.
A
Alex Dan Leibovich | Erramundos7 de marzo de 2025
En respuesta a marisoledad: Muchas gracias! Sí, entiendo lo que decís. Lo quise expresar (y en ese sentido tal vez no me salió del todo bien) es que estan lo menos antropomorfizados en la medida de lo posible; lo suficiente para ser entendibles pero no tanto como en otras aproximaciones.
F
Federico De Gennaro6 de marzo de 2025
Hola! Como siempre, gran reseña!Saludos!!
A
Alex Dan Leibovich | Erramundos7 de marzo de 2025
En respuesta a Federico De Gennaro: Muchas graciass! Saludoss!

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