Moebius: la película de ciencia ficción argentina que asombró a Lucasfilm y se proyectó en la NASA
Reseñas generalesAtravesando un puente que cruza las vías, camino un par de cuadras, doy vuelta a una esquina y un poco más adelante está la mezcla de bar y pequeño cine en el que se organizan diferentes ciclos, el El Cineclub Lucero. Hoy toca uno muy especial; el ciclo organizado por Florencia Acher y Jonathan Weis proyecta Moebius de Gustavo Mosquera R., restaurado por Ariel Casos Vello con sonido Dolby Surround e imagen en 4K, algo que ni siquiera se llegó a ver en el momento de su estreno, en 1996.
La proyección comienza con una charla introductoria del director. La voz grave de Mosquera resuena en la pequeña sala mientras muestra un viejo modelo de cámara similar a la que usaba Méliès, para el asombro del público. Ariel complementa las palabras sobre la restauración. Luego, se van, las luces se apagan y comienza la función.

La música de Moebius resuena en cada uno de los auriculares de la sala, y las imágenes de la compleja y extensa red de subterráneos de una Buenos Aires futura se proyectan sobre la pantalla. La red que deberíamos haber tenido, con las líneas F, G, I, J, con estaciones como Borges, Parque, Dock Sud y Ciudad Universitaria.
En su capa superior, la película relata la historia de un tren que desaparece sin dejar rastro, y a un topólogo, Daniel Pratt, le es asignada la tarea de encontrarlo. El coche 86 es uno entre un millar de una red que con la perimetral recientemente inaugurada se hizo demasiado compleja.

Así, se vuelve una obra que va a su ritmo, pero que en su pulso pausado va envolviendo al espectador en su trama policial y matemática. Policial en su estructura de pistas y un hombre que debe resolver un caso. Matemática en cómo está basada en la topología para descubrir lo que termina siendo la cinta de Moebius, una figura geométrica infinita en la que habría quedado atrapado el vehículo.
En ese sentido, en su red laberíntica e infinita, se refleja también cierto aire borgeano, que se explicita con el nombre de una de sus estaciones. Y a la vez, cierta estética geométrica digna de Escher se manifiesta también en el parecido del hombre que resguarda el archivo de los planos en la obra con el artista neerlandés.

En su capa más subterránea la película hace uso de aquella trama de un cuento perdido de ciencia ficción de 1950 para hablar de otra cosa: la última dictadura argentina. El campo semántico que rodea a los pasajeros desaparecidos es una clara referencia a la gente secuestrada y asesinada en los años de lo que se denominó el Proceso de Reorganización Nacional.
Los “30 o 40 pasajeros”, con un desdén en la exactitud de la cifra, hace referencia a los 30000 desaparecidos y el negacionismo también surgido contra ello, mientras que los tres dirigentes detrás del subterráneo encuentran su eco en las tres cabezas de la Junta Militar: Videla, Messera y Agosti. Así mismo, la autoridad casi dictatorial de Blasi que hace avanzar a los trenes aunque el reglamento lo prohíbe.

La cinta de Moebius es cíclica e infinita, como son cíclicos los problemas políticos y económicos de una Argentina que no para de cometerlos una y otra vez, mientras que la gente “no escucha”, condenando a repetir el mismo error.
Detrás de la obra estuvo todo un equipo dirigido por Mosquera que era parte de la Universidad del Cine. Muchos abandonaron el proyecto debido a sus desafíos técnicos, pero los que se quedaron hicieron un trabajo inmenso.

Mosquera colocó varias cámaras en las paredes de los túneles, y usó la vieja cámara de 1926 de 35 mm modificada para grabar cuadro por cuadro en resquicios de los túneles donde no entraban las más tradicionales. Así, realizó grandes efectos de forma práctica, como la persecución de un tren a Pratt, algo que asombró a la empresa de Lucasfilm.
La inventiva en efectos especiales se complementa con un lenguaje cinematográfico inteligente, el cual expresa lo que debe expresar mediante la imagen y el diálogo de forma precisa. La muestra de las fechas se hace mediante la tapa de diarios o calendarios, sin necesidad de que lo diga el diálogo, mientras que líneas existencialistas y metafísicas se dicen mediante la palabra.

La película tuvo un pasaje exitoso por multiplicidad de festivales internacionales, y llevó a Mosquera a dar conferencias y presidir proyecciones en Estados Unidos. La obra fue alabada por la mismísima mano derecha de George Lucas, Gordon Radley, y fue parte de Planetfest '97, un ciclo de cine organizado por la NASA.
El subte pasa una última vez frente a los espectadores de la película y las luces se apagan con un final contundente mientras la música da paso al reparto. Pero el tren continúa circulando en una cinta que se hizo en 1996 y que ahora fue restaurada, eterna en la memoria del patrimonio audiovisual argentino.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 21 de agosto del 2024, 5.05 PM | UTC-GMT -3.
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