La chica de la aguja, los cerdos y el mandato

Reseñas generales

Los rostros que acompañan los títulos de crédito nos anticipan que lo que estamos por ver es, al menos, inquietante. Los planos cortos, amenazantes, el recorrido de la melodía y el clima general de los primeros segundos de Pigen med nålen (“Cerdos con dientes”, conocida en países de habla hispana como “La chica de la aguja”) son un link sin escalas al mejor Roman Polanski, al que exploramos en Rosemary`s Baby (1968) o, más aún, en Le Locataire (1976). Sin embargo, el film del realizador sueco-polaco Magnus von Horn echa mano a la obra del director franco-polaco solo como disparador.

 

Porque los cerdos con dientes de los que nos habla Von Horn se alimentan también de otras visiones de cine. A través de planos detalle, climas que instalan miedo en el aire y, sobre todo, una trama que hunde la nariz en la perversión que se juega a la luz del día.

La lista de personajes ásperos que nos propone la película empieza por su protagonista, que es la chica de la aguja a la que hace referencia el título en castellano. El derrotero de la atormentada Karoline (Vic Carmen Sonne) nos hace empatizar desde las primeras desgracias que le tocan en suerte, entre ellas la de un caballero de la alta sociedad que le promete amor eterno hasta que la madre —dueña de las empresas que él administra— baja el pulgar.

 

Ella, para más datos, está embarazada del ricachón. Desesperada ante su nueva realidad, que también incluye el haber sido despedida por su ahora ex amor y ex jefe, acude a una mujer que le promete trabajo y cuidado para su futuro hijo.

 

Podría ser un buen cierre de la historia si no se tratara solo del comienzo. Karoline tiene ante sí un abismo en cuyo fondo se cuece un caldo de pesadillas. Todas llevan su nombre.

A cada paso a Karoline se le cierran puertas en la cara, o al menos así sucede con las que le permitirían un halo de esperanza respecto de los años que le quedan por delante. Pero ante el menor atisbo de luz, niñas rubias hacen su aparición y le dicen que no, sin hablarle, solo con el gesto de desprecio. 

 

La felicidad no es para vos, Karoline, te lo digo yo, que soy una niña rubia que representa todo lo que vos nunca vas a ser, que tengo todo lo que nunca vas a poseer, que estoy rodeada de la gente que te explota y desprecia.

 

(o algo así, Karoline)

 

En tren de las influencias inocultables que atraviesan a la chica, la aguja y los cerdos, hay también una tilde puesta en el casillero de Michael Haneke. La contundencia con la que el guion de Von Line y Langebek Knudsen describe la podredumbre del ser linkea con los horrores transversales a toda la humanidad que el realizador austríaco puso en primer plano en los que quizá sean sus dos grandes largometrajes: Funny Games (1997) y La pianiste (2001),

 

En tanto, la amable señora que recibe en su casa a las jóvenes que no quieren o no pueden maternar, es, como todo indica en cuentagotas, la verdadera dueña de la vida de Karoline y de los niños que pasan por su “hogar”. La bestialidad que representa Dagmar (a cargo de la actriz y cantante danesa Trine Dyrholm) lidera al villano conceptual que es el verdadero protagonista tácito del asunto: el mandato de maternar.

 

El parto feliz y la maternidad idílica no eran caminos para Karoline ni para ninguna de las mujeres que pasaban por la casa de Dagmar en años de la I Guerra Mundial. Si hoy la mujer sigue peleando por sus derechos y por la alternativa de no someterse a los mandatos sociales, es sencillo imaginar la situación a principios del siglo XX, mientras los hombres de las clases menos afortunadas eran enviados al campo de batalla y los ricos quedaban a cargo de todo, incluso de las vidas de las mujeres que se quedaban solas.

En ese marco histórico es que Karoline acude a Dagmar, postal que funciona como representación inequívoca del destino de las chicas que no pudieron/no quisieron/no supieron abortar a tiempo.

 

Dagmar se revela como asesina de niños y su lugar de ejecutora la transforma en significante. El Estado penalizaba a la mujer que se corría del deber ser, pero una para-funcionaria estatal resolvía las cuestiones por su cuenta. In her own way, bitches.

 

Si de propio estilo se trata y si tal cosa existe (un cuarto de siglo después de comenzado el siglo XXI) Von Horn lo construye en el mientras tanto del proceso de rodaje. O así parece al observar fraseos conceptuales de Gaspar Noé y su ética del shock, o de Lars von Trier y su catálogo de golpes bajos. Sin embargo hay algo más como marco de la sinfonía cruel y eso es la fotografía de Michał Dymek (A real Pain, Eo), que estetiza lo salvaje con preciosismo vital. Casi una forma de rescate del agujero negro del alma humana que expone la película.

Basada en hechos reales (spoiler alert)

 

Por si la bestialidad que pone en pantalla Von Horn no alcanzara para espantar a los estómagos sensibles, el dato de que la trama está basada en una historia verdadera es garantía de repulsión.

 

Dagmar Johanne Amalie Overbye, tal el nombre completo de la carnicera danesa, nació en 1887 y murió en 1929, pero su período de actividad como killer de bebés transcurrió entre 1913 y 1920. En ese lapso se cargó la vida de entre 9 y 25 infantes, cifra que incluye a un hijo propio.

 

El 3 de marzo de 1921, la mujer sindicada como la más fructífera asesina de Dinamarca fue condenada a muerte por 9 asesinatos que pudieron probarse, aunque la sentencia fue posteriormente reemplazada por cadena perpetua .

 

Los métodos que utilizaba la señora Dagmar para asesinar niños iban desde el estrangulamiento hasta el ahogo o la cremación en vida a través de la estufa que tenía en su hogar. 

 

Los cuerpos de sus víctimas eran incinerados, enterrados o, incluso, escondidos en una habitación de su casa.

 

Otra historia inspirada en Dagmar

 

La película de Peder Pedersen, Englebørn, (que se filmó en tan solo ¡18 días!) también conocida como Lost Angels, que se estrenó en el Festival de Cine de Terror de Chicago en 2024, está protagonizada por Agnes Born, una joven artista con problemas cuyos traumas resurgen cuando escucha el llanto de bebés que aparecen de la nada; resulta que vive en uno de los apartamentos donde Dagmar Overbye cometió su infanticidio.

 

Todos los premios de “La chica de la aguja”

 

Polish Film Award al Mejor Film 2025: Magnus von Horn, director

Polish Film Award a la Mejor Actriz 2025: Vic Carmen Sonne

Polish Film Award al Mejor Guion 2025: Magnus von Horn, Line Langebek Knudsen

Polish Film Award al Mejor Director 2025: Magnus von Horn

Polish Film Award por Mejor Fotografía 2025: Michal Dymek

Polish Film Award a la Mejor Actriz de Reparto 2025: Trine Dyrholm

Polish Film Award a la Mejor Banda Sonora Original 2025: Puce Mary

Polish Film Award al Mejor Montaje 2025: Agnieszka Glińska

Polish Film Award al Mejor Diseño de Vestuario 2025: Malgorzata Fudala

Polish Film Award al Mejor Diseño de Producción 2025: Jagna Dobesz

Polish Academy Award for Best Makeup and Hairstyling 2025: Anne Cathrine Sauerberg

Premio del Antalya Golden Orange Film Festival a la Mejor Actriz Internacional 2023: Vic Carmen Sonne

Premio del Cine Europeo al Mejor Diseñador de Producción 2024: Jagna Dobesz

Premio del Cine Europeo al Mejor Compositor Europeo 2024: Puce Mary

 

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Comentarios 5

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Sol Ibaz16 de mayo de 2025
Todavía no la vi, suena realmente fascinante. La voy a ver definitivamente después de este artículo. Muy bueno y detallado.
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Serena Cuoghi29 de marzo de 2025
La ví subtitulada hace muchísimos años y recuerdo que con ella se puede desarrollar todo un curso completo de fotografía, al parecer Von Horn estaba explorando todas las técnicas y encuadres para ir evaluando con qué quedarse en la construcción de su propio estilo, y con ello nos dejó una maqueta de estudio muy bien pulida para comprender el arte fotográfico.
D
Daniel Castelo30 de marzo de 2025
En respuesta a Serena Cuoghi: ¿Hace muchos años? Pero es nueva!
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Serena Cuoghi31 de marzo de 2025
En respuesta a Daniel Castelo: Me refería al bebé de Rosmary, esa es la que sirve como curso excelso de fotografía, y que Von Horn lo ha tomado organizando un discurso fotográfico más moderno que puede emplearse para facilitar la comprensión técnica en la manera en que hoy se crean y entienden los visuales.
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Daniel Castelo31 de marzo de 2025
En respuesta a Serena Cuoghi: Oh sí qué belleza.

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