Better man: la historia de Robbie Williams (2024): el gran showman

Reseñas generales

Podríamos trazar dos líneas desde las cuales destacar los valores de Better man: la historia de Robbie Williams (Better man), con el fin de resaltar la cantidad de aciertos que tiene y por qué creemos que es uno de los estrenos destacados de los últimos tiempos. Destacado, además, cuando nadie esperaba nada de un musical y -a para peor- una biografía sobre un cantante. El primero es un género casi muerto, salvo por algún intento revisionista (pienso en La La Land. Una historia de amor -La La Land-, pienso en Amor sin barreras -West Side Story-, y pienso más allá en el tiempo en Moulin Rouge!: amor en rojo -Moulin Rouge!-, pero ya iremos a él más adelante); y el segundo es un subgénero (incluso un subgénero dentro del musical) plagado de lugares comunes que a esta altura son sumamente molestos: ascenso, caída y redención; ascenso, caída y redención. Así, a repetición. Pero sin todavía entrar en esos aspectos, podemos destacar el éxito de la película a partir de una secuencia, que es la gran secuencia del film de Michael Gracey, la de Rock DJ (Idem), que es una gran secuencia de comedia musical pero subrayando y haciendo hincapié sobre todo en lo de comedia. Ya saben, Robbie Williams, cantante inglés, famoso primero como integrante de una reconocida boys band de los 90’s llamada Take That que logró trascender a ese grupo y se convirtió entre fines de esa década y los primeros años del nuevo siglo en la máxima estrella pop del mundo. Un artista con al menos tres grandes discos repletos de hits enormes, donde uno de ellos es precisamente Rock DJ, una canción que se impuso por su ritmo bailable y su letra sardónica (Williams además de un tipo con problemas es bastante gracioso), pero sobre todo por un videoclip maravilloso que en su momento fue sensación: en la canción el artista estaba rodeado de chicas y se iba sacando la ropa progresivamente, hasta que ya no había nada que sacar y continuaba arrancándose la piel, los músculos, los órganos, hasta quedar sólo el esqueleto. Esa idea es un poco la base de la película, pero el tema en sí da lugar a un momento increíble, de esos que obligan a que una película deba ser vista en un cine. Pasa cada vez menos y Better man: la historia de Robbie Williams revindica eso, el gran espectáculo.

Esa secuencia sirve para graficar el momento en que los Take That alcanzan la fama y comienza la locura. Y es una secuencia inolvidable, cargada de ideas visuales y de un uso de la tecnología que, por un momento, hace que el CGI se vuelva un condimento beneficioso. Lo que no dijimos, aunque todo el mundo lo sabe ya, es que en la película Robbie Williams está retratado como un chimpancé, situación absolutamente naturalizada dentro del relato, tan sólo uno de sus gestos distintivos. Se ha dicho que el propio artista dijo sentirse identificado con estos animales, e incluso con la idea de involución/evolución que representa un simio, así que ahí tenemos al mono Robbie. Y ahí tenemos, también, el por qué la película funciona como funciona, porque la presencia del chimpancé digital le permite a Gracey jugar, ir por el lado lúdico, incluso en la utilización de la tecnología. Muchas de las escenas de Better man… no serían posibles si en vez de un mono digital hubiera un actor de carne y hueso. Esa plasticidad de sus imágenes, ese estirar la línea de lo verosímil, esa apuesta por momentos hacia un surrealismo desbordado es sólo posible gracias al CGI, utilizado por una vez en bien del cine. Decíamos entonces de la escena de Rock DJ, un plano secuencia descomunal por una de las calles principales de Londres, que se termina convirtiendo en una gran pista de baile en la que Robbie hace estragos sacando a relucir su espíritu entre fascinante y pendenciero. Todo comienza con una mujer muy elegante recibiendo un portazo en medio de la cara, pero también hay alguien que recibe un pelotazo y otro al que Robbie palmea en sus nalgas. Todo es así, medio refinado y medio bully. Y todo mientras las coreografías son cada vez más sofisticadas, la cámara se mueve con una gracia poco habitual en el cine del presente y la película vira hacia el colorido de un musical de la India con cientos de bailarines ensamblados mágicamente con una cámara que sube hasta el cielo para ofrecer un plano general que es una verdadera fiesta. Ese baile primal en la calle, con primate, es una declaración de principios acerca del espectáculo que vamos a ver. Y Better man: la historia de Robbie Williams lo sabe ofrecer como pocos.

 

Decíamos que el film de Gracey funciona a partir de dos líneas que la definen. Una de ellas es la de ser un musical como los musicales del cine ya no son. Si bien el género ganó algo de relevancia en las últimas décadas a partir de la adaptación de muchas obras de Broadway, eso significa directamente la muerte del musical clásico de Hollywood. En ocasiones tenemos directores que encuadran como si estuviéramos viendo teatro filmado y otros que directamente desconfían de la fluidez del movimiento y apuestan por un montaje espástico que pretende construir ese movimiento por medio del corte, corte, corte. Y no funciona. O sólo funciona cuando nos encontramos con un delirante como Baz Luhrmann, que sabe hacer del montaje un elemento de puesta en escena. Precisamente Luhrmann es australiano como Gracey, quien demuestra en muchos pasajes de su Better man… que aprendió algunas lecciones de su compatriota, especialmente por el desparpajo y la pasión que le insufla a cada plano. Better man… es un poco hija del artificio de Moulin Rouge!: amor en rojo, aunque incorpora en su apuesta algunos momentos que reproducen la lógica de puesta en escena del musical clásico, verbigracia el momento de She’s the one (Idem), donde la cámara parece acompañar los movimientos de la danza y podemos apreciar el bailar y el nacimiento de un romance por medio del baile sin ningún tipo de histeria postmoderna.

Y decíamos de otra línea, la de la biografía musical, que es una debilidad del cine desde siempre, pero que en los últimos años se ha convertido en una suerte de fenómeno a la luz de algunos éxitos como el de Rapsodia bohemia: la historia de Freddie Mercury (Bohemian rhapsody), una película desapasionada que es todo lo contrario de Better man…: un film lógico, cronológico, sin inventiva, ni capacidad para hacer que las canciones trasciendan su propios límites. Ante ese ejemplo, Better man… se impone por la fuerza de sus imágenes, la creatividad para construir grandes momentos musicales y, fundamentalmente, la honestidad del artista retratado para correrse del espejo victimizante y ofrecer una versión descarnada de sí mismo. Tal vez las cosas no hayan sido de esa manera, pero Williams es sincero respecto de lo que el público busca y de lo que él está dispuesto a entregar con tal de llamar la atención. El cantante derriba así algunos mitos constitutivos de este tipo de producciones, especialmente aquel de que la fama convierte a las personas en seres horribles. El asume que iba a ser ese ser de todos modos, pero que la fama y el dinero le dieron la posibilidad de serlo mucho tiempo antes. Pero sobre todo, y más allá de los psicologismos, Williams tiene la capacidad de convertir su vida en un gran espectáculo y lo dice desde el minuto uno, con su voz en off que conduce el relato. Y lo hace porque sabe que el espectador va en busca del alimento del morbo. Por una vez, una película vino a sincerarse y decir que sí, que si quieren más hay más, que siempre se pueden correr los límites y que, en definitiva, no importa si las cosas sucedieron como se cuentan porque en definitiva lo que hace el cine es imprimir la leyenda. Y porque, a ciencia cierta, la verdad es muy aburrida.

Comentarios 1

B
ByeHollywood19 de marzo de 2025
"Better man" me voló la cabeza con esa mezcla de CGI y humor ácido, posta. Adrien Brody como mono es un delirio que funciona, aunque a veces sentí que la trama se perdía entre tanta coreo. Coincido en que rescata el musical clásico, pero ¿no te parece que le faltó profundizar en la relación con Take That? ¡Te sigo! Seguíme así charlamos más de estas locuras cinematográficas.

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