¿Demasiado Emilia Pérez? Mejor dale un vistazo a LA COCINA
NarrativaEstán las películas que ganan su reconocimiento por el eterno poder de la difusión mediante el boca en boca, están aquellas que lo ganan por su inobjetable calidad. Pero también están aquellas que gracias a su excelente manejo del marketing y la distribución se ganan un lugar como un “posible clásico de culto” en el inmediato futuro. Ese tranquilamente sería el caso de la película más hablada de las últimas semanas, ‘Emilia Pérez’. Un título que ha sabido cosechar polémica, controversia y discusión desde casi todos los ángulos posibles con su enajenado y distante retrato del México actual. Obvio, están aquellos como el realizador Guillermo Del Toro, que en una entrevista con Jacques Audiard, el director detrás de la película nominada a nada más ni nada menos que 13 Premios Oscar, recalcó que “es hermoso ver una película que es cine” (ni yo sé bien que quiso decir con eso) en un intento adulador de rescatar del fondo del abismo a la despiadada crítica que le está cayendo al extraño musical contemporáneo que retrata la vida de un capo narco que quiere ser mujer.
Y por fuera del radar, estrenada hace unos meses en un pequeño, pero no importante circuito de festivales como el de Berlín, el Tribeca y el de Mar del Plata, apareció en la plataforma Max arropada con una tibia y tímida sombra de anonimato, ‘La Cocina’. Una adaptación de la obra de teatro homónima creada por el dramaturgo Arnold Wesker, que unió fuerzas con el mexicano medianamente reconocido Alonso Ruizpalacios en la dirección para darle vida a la caótica rutina de trabajo en la cocina del restaurante The Grill situado en el corazón de Manhattan. En ‘La Cocina’ hay un corazón que rodea a toda la obra, y que se plasma brillantemente con las inquietudes propias de los mexicanos que migran a Estados Unidos bajo la oscura y disfrazada esperanza del famoso “sueño americano”.
Sí, sé lo que podrían estar pasando por sus mentes. ¿Es un intento de recrear las vibras que nos dejó la hermosa serie The Bear en sus primeras dos (omitir la tercera) temporadas? La respuesta definitiva, y gracias que es definitiva, es no. Ni por asomo se intenta replicar lo mismo, aunque en la superficie lo aparente. ‘La Cocina’ puede deducirse como la respuesta definitiva a cómo representar con sensatez y cautela lo que se ve en una pantalla, a diferencia de lo que hizo Audiard sin un ápice de conocimiento al respecto. Sí, también lo sé, no existe un manual ni leyes aplicadas a dicha fórmula. El cine se reinventa constantemente, y es en ese constante descubrimiento y redescubrimiento es que se puede explorar y explotar cientos de posibilidades. ¿Pero dónde queda la responsabilidad civil y moral del artista a la hora de decirnos cuál es la realidad que quiere reflejar?

‘La Cocina’ nos sirve de entrada un plato bien frío como para establecer de qué manera el director ve la inmigración: es a través de los ojos de Estela Ramos, una joven mexicana que se encuentra perdida entre la muchedumbre neoyorquina tratando de adivinar donde queda The Grill, el restaurante donde trabaja su amigo Pedro Ruiz. No sabe hablar en inglés y mientras la cámara se mueve escurridiza entre tantas personas (con una innegable influencia del sello Wong Kar-Wai) una voz en off le da una de las tantas descripciones de lo que se siente convivir cerca del Times Square: es como estar atrapado en una hermosa pesadilla repleta de colores y formas de la que parece imposible salir. Pero Estela, como parece anunciar los primeros segundos de la película, es y no es la protagonista. Pero luego llegaré a ello…
Quizás a modo de metáfora, quizás como una expresión realista (el que la dice es una persona en situación de calle que probablemente pasa todo el tiempo ahí), Ruizpalacios aprovecha los espacios vacíos y ocultos entre paredes y ventanas para enfocar a Estela. Es como si alguien que quiere documentar la experiencia la observase con un pequeño lente desde la distancia. Pero lo interesante de esta película no es el acercamiento que tiene su director para con la propuesta, sino que expresa un nexo entre varias historias con la mirada propia de alguien que realmente le interesan las cuestiones identitarias cuando uno está lejos de casa. Nada más alejado de alguien como Audiard, que ante su pleno reconocimiento de no saber que era lo que estaba haciendo en ‘Emilia Pérez’, le dio el gusto a Hollywood y el desaire a todo un país que no entiende cómo se puede valorar en demasía tanta desfachatez visual.

La línea narrativa comienza con Estela, pero su figura se desvanece a medida que conocemos a los demás integrantes del staff de la cocina. El director no se limitó a poner sólo inmigrantes mexicanos como para reforzar su discurso pro-nacionalista, sino que incluye personas de distintas nacionalidades para establecer barreras culturales que desencadenan toda clase de conflictos entre ellos. Lo que puede ser una broma para un “cuate” resulta ser un desprecio para una mujer dominicana, y así.
Como única estrella está Rooney Mara en el papel de Julia, uno bastante plano y repetido de roles anteriores, algo que, a pesar de mi poco asombro, funciona bien. Ella es como la mesera más reconocida y “profesional” del restaurante, que pocas veces genera conflicto, pero está en una relación con Pedro, uno de los chefs que se la pasa dando indicaciones y gritando en español mientras persigue a Julia para darle un beso y mostrar su felicidad tras enterarse de que van a ser papa y mamá de un niño. En sencillas palabras creo que es la línea de diálogo de las varias que se narran menos potente e interesante de todas, hasta diría innecesaria.
Pero es la que desencadena el conflicto más grande: la barrera del dinero. ¿Cuántas personas habrán cruzado la frontera imaginándose dentro de una pileta al llegar al país más popular del planeta? Julia está embarazada de Pedro, Pedro no tiene dinero. Hay un dinero faltante en la caja del restaurante, todo indica que Pedro lo robó. Su naturaleza, impredecible y apasionada, resulta ser el corazón de un relato apabullante, descontrolado, pero sumamente reflexivo. This is America!, dice Donald Glover. Y yo le respondo, como pensamos casi todos: America no es un país. Es una idea.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 28 de ENERO del 2025, 00.45 AM | UTC-GMT -3
También me podes encontrar en Instagram como 👉 JerodeSeptimoArte
LEE MÁS RELACIONADO:
- Reflexiones de AÑO NUEVO: ¿Cuál es el futuro del cine?
- ¿Soy solo yo, o todo el mundo está perdiendo la cabeza por JOKER: FOLIE A DEUX?
- Hola ¿operadora? Si, tengo un problema…CONMIGO misma
- Emilia Pérez y la CONTROVERSIA de los musicales
- ANORA es solo un polvo en el viento, como todos nosotros
- Mi historia con la película argentina más COMPLEJA del 2024
Si te gustó este artículo recordar darle 👉 ME GUSTA, ponerlo en tus FAVORITOS, COMENTAR 🗣️ , y SEGUIRNOS para más contenido de cine y series 📽









Comentarios 0
Todavía no hay comentarios.