Resident Evil (2026) y el fandom vs. la experiencia
RecomendacionesEl cine se ha convertido en objeto de debate en todos lados. Lo que antes se creía seguro gracias a las palabras de algunos “expertos” en el tema, hoy es una batalla mediática en las redes sociales. Todos tenemos razón o NADIE la tiene: se perdió el respeto, no hay punto medio y la subjetividad se disuelve gracias al poder efervescente de las influencias instantáneas.
Es curioso que esto lo comente en una plataforma en donde conviven cientos de opiniones, pero eso lo hace, en mi experiencia, aún más enriquecedor. El último sábado disfrute de una peli bastante pochoclera que se transformó en el blanco de críticas de todo tipo. La nueva adaptación (tener en cuenta esta palabra, por favor lo pido) del videojuego Resident Evil a cargo del talentoso Zach Cregger ('Weapons', ‘Barbarian’) nos sumerge en el caótico viaje de Bryan, un tipo común sin habilidades que debe adaptarse a la idea de que la humanidad se está acabando como tal, al corazón de Raccoon City.

Bryan es el único protagonista de una película que pretende ponernos en la piel de un don nadie a medida que su “fury road” se llena de obstáculos uno cada vez más absurdo y atemorizante que el otro.
Si hay algo que caracteriza a Cregger es el jugar con las expectativas. Navegando entre lo “lyncheano” y lo “kurosawaense” en su posterior relato suburbano de terror Weapons, ahora la tarea es más difícil. ¿Cómo se deshace de lo predecible cuando sabemos la historia adonde se dirige? Pero el director de cuarenta y cinco años poco le importa lo que dirán. Esa es la ventaja que tiene un cineasta sin miedo.
¿Cuál era la mejor decisión? ¿Poner a los protagonistas de la saga de videojuegos o a un NPC random que sintiese el terror como nosotros? Cregger elevó su norte en la idea de que Bryan, tan amable como normal, pudiese ser cualquiera de nosotros. Él no sabe disparar, no puede diferenciar en un principio de una persona infectada y una no infectada porque no sabe lo que está pasando, pero a medida que el relato nos sumerge en el infierno más dantesco Bryan pierde el miedo.

Lo que la hace diferente a las demás películas de Resident Evil, más allá de esa vibra a lo Matrix bien neopunk innecesaria que tenían las de Paul W.S. Anderson, es que entiende lo que significa ser un humano en este universo repleto de deformidades y criaturas sin sentido biológico alguno. Por eso la tercera película de Zach logra mantener vivo el espirítu inicial del videojuego que revivió el survival horror a mediados de los 90s. No es más “cinematográfica” que el resto ni pretende ser una cinta que llame a la reflexión, sino que más bien es una experiencia que merece ser vivida en la pantalla grande.
Nunca se va a poder contentar a toda la audiencia, y eso está bien, el cine no es un instrumento de complacencia absoluta, es una oportunidad para conectar con la historia… o no.
Probablemente no pedía nada de una película basada en un videojuego que solo experimenté cuando era un joven adolescente, y es por eso que (casi siempre) ese tipo de títulos son los que más disfruto. Larga vida a Zach Cregger y su cine de terror único.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 21 de SEPTIEMBRE del 2026 | 19.38 PM | UTC-GMT -3
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