Casablanca, 1942, y el dilema de si los clasicos necesitan ser reevaluados
Reseñas generales
Clásico: filme revolucionario para su tiempo, sea por tratar una temática absolutamente nueva o utilizar innovadoras técnicas narrativas. Al ser tan novedoso, termina haciendo escuela y pronto surgen otros filmes que copian su temática o su estilo.
Sobrevalorado: una película que es apreciada en exceso por la crítica. Esto suele suceder cuando se le da más importancia al prestigio previo de los creativos involucrados - director, guionista, actores del elenco - antes que analizar desapasionadamente y sin preconceptos una obra determinada.
Estas dos definiciones son las que guiarán nuestro análisis. Vale decir: no todo el cine antiguo automáticamente es cine clásico - una idea equivocada pero que está instalada en la opinión popular -; y no todo filme sobrevalorado es automáticamente un filme malo. En este último caso se trata de expectativas: la crítica te la ha vendido como una obra maestra y, cuando la vas a ver, te resulta meh. “¿En serio se trata tan sólo de ésto?”.
El por qué existen filmes sobrevalorados es un combo de gustos personales (de público y de crítica), y de ciertos criterios preestablecidos que hacen que la crítica caiga en ciertos procesos automáticos. Caso típico, decir que Steven Spielberg no puede filmar un bodrio… y todo el mundo se olvida del desastre que fue 1941 (1979), uno de los escasos intentos del director de hacer una comedia y la cual fue olímpicamente ignorada por la crítica y el público, cuando no, un puñado de rebeldes atinaron a tirarle munición pesada al maestro, diciendo que la comedia definitivamente no era lo suyo.

Pero el tema de los clásicos sobrevalorados es digno de un debate más profundo. Hay clásicos que envejecen mal, y que hoy se ven ridículos. Los diálogos están pasados de moda, los temas que tratan hoy son políticamente incorrectos - por eso muchos westerns cayeron bajo el peso de la cultura de la cancelación por ser extremadamente racistas -, y la narrativa se ve excesivamente pretenciosa. Hace poco hablaba de esto con un colega, si no iba a llegar una época de revisionismo en donde muchos títulos intocables terminen cayéndose de su pedestal de los Top 100: los mejores filmes de la historia. Esos listados - completamente subjetivos, votados más por historia y por prestigio que por una revisión moderna de los títulos involucrados - se renuevan casi automáticamente de un año a otro, y lo único que cambian son las posiciones de los filmes listados.
Mientras que hay títulos inmortales - Ciudadano Kane, Los Pájaros, Ben-Hur, etc -, hay otros que son más discutibles, y más desde una óptica moderna. Y ahí es donde entran los gustos personales de cada uno. En mi caso, Casablanca (1942) es un filme que no sólo no me llega sino que, por momentos, me parece ridículo. La dichosa disputa sobre el tema favorito de Rick e Ilsa (“Según Pasan los Años”) a veces bordea lo absurdo - hay al menos media hora de berrinches entre los ex amantes para que el pobre pianista toque / no toque la maldita canción -. El duelo entre la marcha nazi y La Marsellesa en el bar de Rick es una cosa soberanamente pretenciosa, como si tocar más fuerte el himno francés fuera una victoria que fuera a definir la guerra contra los alemanes. Bogart se ve como un abuelo, y la química con Ingrid Bergman es cero. El líder de la resistencia checoslovaca (Paul Henreid) se ve como un pasmado, un tipo sin demasiada personalidad, y eso que el filme lo pinta como un hombre capaz de inflamar multitudes y llevarlos al sacrificio heroico en su lucha contra los nazis que ocupan su patria. El único que se salva de la quema es Claude Rains, como el capitán francés que regentea la ciudad - Casablanca está en Marruecos, en ese momento una colonia francesa bajo la influencia del gobierno títere de Vichy -, y que tiene una moral tan flexible como impredecible. Pero ver Casablanca para mi es una tortura: es cursi, aburrida, lenta, pretenciosa, no me funciona ni como filme romántico ni como película de guerra. Está plagada de frases que pasaron a la historia, y todo el mundo la tiene en alta estima pero, para mí, como espectáculo, va de lo neutro a lo negativo. Quizás su legado más importante sea instalar esa idea tan yanqui de que todas las parejas deben tener su canción.

Por supuesto, para emitir semejante juicio, si comés durazno, bancate la pelusa (¿acaso ése no es el significado de la palabra “crítica”? ¿buscar defectos y virtudes a una obra de arte? ¿o tenemos que tener la obligación de ser amables con todos, aún cuando lo que acabamos de ver sea un bodrio indefendible?). Ya van a venir los detractores que van a decir que estoy equivocado o que lo que digo es una burrada. Es posible que el gran problema de Casablanca es que haya envejecido mal - funcionaba bien en los 50 y 60, pero en épocas más modernas se ve anticuada y caduca -, y que sea un producto de su tiempo. Los públicos cambian, los gustos también. Si ven los comentarios de la IMDB, verán que no soy el único que no opina favorablemente de Casablanca. Pero, claro, también hay gente que opina que Batman: el Caballero de la Noche es un bodrio, que El Club de la Pelea no es ni por asomo un clásico, o que a Lo que el Viento se Llevó deberían prenderle fuego. Por eso la crítica de cine no es matemáticas - algo lógico, exacto e indiscutible - sino que se trata de algo tan subjetivo como la opinión personal. Muchos estarán en fuerte desacuerdo con lo que digo, y quizás algunos me den la razón. Pero, bueno, ése es el tema de la crítica: no se trata de quedar bien con todo el mundo sino de ser sincero con uno mismo.
Para la prestigiosa crítica de cine Pauline Kael, los antecedentes del equipo técnico no servían de nada a la hora de que ella reseñara un filme: era como comenzar de cero, los artistas venían a rendir examen frente al crítico. No es para nada un criterio equivocado ya que, después de todo, directores y libretistas tienen - como todo artista - períodos de crecimiento, brillantez, apogeo y declive. Son contados los casos en donde un artista es brillante hasta sus últimos días, lo cual es la excepción antes que la regla. Por eso el crítico, en última instancia, es el que evalúa si el artista sigue siendo original y creativo, se ha superado a anteriores entregas, o ya empezó a generar obras / performances de menor magnitud. No vale el voto automático porque el filme venga con la firma de (incluya acá el director / libretista / actor de prestigio que se le ocurra). Y el último ejemplo en la materia es Megalópolis, que todo el mundo insiste en condonar, pero, en definitiva, es un mal filme. Sáquenle el nombre de Francis Ford Coppola de los créditos y verían cómo la crítica la despedazaría sin piedad, calificándola de mal dirigida y pretenciosa. Pero, claro, es difícil decirle a un tipo que creó alguno de los títulos más importantes de la historia del cine que sus mejores días quedaron atrás, allá lejos y hace décadas. Entonces la crítica la trata con amabilidad - “es un fracaso interesante”; “tiene momentos brillantes y otros discutibles” -, porque te duele ver cómo un icono de la historia del cine termina patrocinando, de su propio bolsillo, un vehículo de vanidad para sentirse aún vigente en el siglo XXI. He allí otro ejemplo de una crítica influenciada por la chapa y el prestigio del cineasta, que no se atreve a hundir el cuchillo hasta el hueso para decirle en la cara que lo que acaba de filmar no está a la altura ni siquiera de sus películas más flojas de su extensa filmografía.
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A mí me encanta Casablanca porque algo de esa quietud en los personajes que me resuena, el no poder hacer nada, el caos afuera, el amor cursi/ridículo. Muchos saben que esta peli me gusta pero hace rato tengo pendiente verla con mis ojos de hoy, más adulta, con otras experiencias, veremos qué sucede...
Sin embargo, debo decir que sí me gusta Casablanca, aunque reconozco que no ha envejecido del todo bien. Quizá mi percepción tenga que ver con que, en diferentes tiempos, hay diferentes contextos. Si nos dedicamos a actualizar la crítica de todos los clásicos, eventualmente irían desapareciendo y solo quedarían los más recientes.
En fin, excelente artículo, escribes muy bien.