Al borde del abismo (2024): una feel good movie con acantilado

Reseñas generales

El título, Al borde del abismo (Find me falling), parece hablar de un thriller de suspenso. Pero no hay suspenso aquí, ni mucho menos; no hay suspenso como código genérico ni como elemento constitutivo de toda narración: ¿el protagonista se quedará con la chica? ¿Triunfará? ¿Le saldrán bien las cosas? ¿Fallará? Al borde del abismo es una comedia romántica de gente adulta (cincuentones, digamos), de personajes que están de vuelta de la vida y buscan un lugar más o menos agradable donde alcanzar el ansiado descanso. Un poco como esta película, que no llega al rubro de placer culpable (aunque los vientos de época nos dicen que ya no se debe decir eso del “placer culpable”), pero que ofrece una serie de elementos transitadísimos que sin embargo mezclados con cierta pericia, como en este caso, rinden sus frutos. La película de Stelana Kliris es también un lugar placentero a donde ese público adulto atosigado en la cartelera con películas de superhéroes, animaciones para chicos, superhéroes animados y todas sus variantes, pueden encontrar algo que les quede más o menos al cuerpo. Una de amor como las que se hacían antes, que poblaban las carteleras o regaban las noches de sábado con el VHS. Ese cine que ya no se hace para consumo masivo y que las plataformas han sabido albergar para buena parte de sus abonados, sí, mucha gente grande que ya no va al cine porque se ha vuelto un espacio poco amigable para ellos.

 

La premisa es bastante ocurrente, y de paso entendemos lo de Al filo del abismo. Un tipo se compró una casita ubicada al lado de un acantilado, en un pueblito de Chipre, para descansar -o para huir- de su pasado, mientras reflexiona sobre su presente que parece bastante mediocre. Lo que descubre un día, mientras se prepara para disfrutar del panorama, es que ese acantilado es usado por muchos lugareños para suicidarse. Ese comienzo bastante brusco pone un tono oscuro a una película que irá luego por otros caminos, pero no deja de ser un comienzo estimulante e imprevisible para una comedia. Luego descubriremos que el morador, John Allman (Harry Connick Jr.), es un cantante norteamericano de cierta fama, cuya carrera se ha ido destruyendo en el camino y hoy se encuentra en un punto de no retorno. Pero más adelante también nos enteraremos de que la llegada de John a ese pueblo no es tan azarosa como parece, sino que ahí vive una mujer que tuvo algo en el pasado con él y las cosas terminaron bastante mal porque la dejó cuando estaba en el ascenso de su carrera. Por lo que el reencuentro tendrá la forma de reproches varios. Y el guión se permitirá algunas velocidades verbales propias de las comedias de otros tiempos.

 

 

Otra cosa que nos enteramos es que Kliris, la directora y guionista, es oriunda de Chipre, por lo que la utilización de ese territorio no es para nada antojadizo. Lejos de la mirada habitual de este tipo de producciones norteamericanas, donde el yanqui forastero mira todo con ojo turístico y pintoresquista, aquí hay una adecuada apropiación de locaciones y locadores, casi con el espíritu de esas comedias británicas folklóricas que aprovechan tabernas y viejos borrachines para darle contexto al cuento. Así las cosas, la presencia de John será un acontecimiento para el pueblo, mucho más cuando empiece a alimentarse un romance con una joven cantante. Kliris sabe que tiene una historia plagada de lugares comunes y clichés, pero no se hace problemas porque lo que tiene, también, son personajes más interesantes que los de la media de estas comedias románticas destinadas al público adulto (y algunos personajes de reparto de breves apariciones, muy divertidos, como la madre de la coprotagonista). Porque a los problemas del amor, se suman los vericuetos del paso del tiempo, de las segundas oportunidades, de la aceptación de lugar y un momento de la vida, de la creación artística como brazo poético de la existencia. En ese sentido, Al filo del abismo es bastante sabia, a la manera que lo hacía el cine clásico.

 

Claro que lejos estamos de una película redonda, porque hay cosas que decididamente no funcionan. Una de esas cosas son las canciones del decadente John Allman. Se nos dice constantemente que John es una suerte de estrella en su etapa terminal, pero con un repertorio inoxidable, con canciones que son himnos, de esas que cantamos todos en un fogón. Incluso el protagonista compone una canción durante la película que por la forma en que se traba desde la puesta en escena parecería que va a ser un temón. Sin embargo, cuando finalmente escuchamos esas canciones, lejos están de ser obras inolvidables y se trata apenas de unas baladitas poco más que pegadizas. Uno recuerda películas donde las canciones son importantes, como por ejemplo ¿Puede una canción de amor salvar tu vida? (Begin again), Nace una estrella (A star is born), Sing Street (Idem) o Loco corazón (Crazy heart), por citar algunas más o menos recientes, y por un lado tenemos grandes historias que nos acompañan, pero también bandas sonoras que escuchamos una y otra vez, y que han tomado vida por encima de la película de la que son parte. No pasa lo mismo en Al borde del abismo, un aspecto realmente descuidado de la producción si tenemos en cuenta que se trata de un elemento indispensable.

 

Otra cosa que no funciona del todo en Al filo del abismo es la presencia de Harry Connick Jr. como el atribulado John Allman. Si bien se trata de un buen cantante en la vida real, por lo que en ese sentido el personaje no le queda para nada grande (un crooner moderno -tal vez un poco blando-, que pega con la criatura medio desgatada que le tocó en suerte), el problema es que le falta carácter como intérprete para darle convicción al pobre Allman. Carácter y la brillantez del galán maduro, e incluso la velocidad verbal que los intercambios entre él y su interés romántico Sia (Agni Scott) precisan. El pobre Connick Jr. no se ve tan conflictuado, ni tiene el porte para que su personaje se imponga sólo con su presencia (no es Kevin Costner, digamos, pero también reconozcamos que nadie es Kevin Costner más que Kevin Costner). Y lo que precisa la película y el romance es claramente alguien que corte la respiración. También de ahí se entiende que no estemos ante una obra maestra del género, ni ante la nueva gran comedia romántica, sino apenas ante un acertado relato con aire clásico que se impone en verdad por el contexto de la actualidad del cine.

 

Por lo tanto lo que nos queda es una comedia romántica leve, superficial, pero efectiva. Un tipo de película, también, que hoy se hace con cuentagotas y apuntando a un público que, como decíamos, ya no está en los cines sino en las plataformas. Estas películas pequeñas, queribles, sabias antes abundaban y tal vez por eso nos merecían cierto desprecio. Sin embargo hoy extrañamos ese pasado y nos abrazamos a los pequeños gestos, como estos del film de Kliris: una historia de amor de gente madura, alejada de la histeria que alimenta muchos romances del presente, con varios momentos de genuino romanticismo y alguna secuencia querible, como esa en la que el protagonista termina dando una serenata. Una feel good movie en toda regla, que comienza con un acantilado y un suicida.  

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