La adorable revoltosa (1938): la quintaesencia de la comedia

Reseñas generales

Si hay una comedia significativa en la historia del cine, esa es La adorable revoltosa (Bringing up baby), la película de Howard Hawks protagonizada por una de las mejores parejas que hayan alumbrado el cinematógrafo: Katharine Hepburn y Cary Grant, una pareja que protagonizó cuatro películas en los 30’s del siglo pasado (bueno, la última, Pecadora equivocada -The Philadelphia Story- fue en verdad de 1940, aunque mantenía el espíritu). La adorable revoltosa es uno de esos ejemplos que se usan en las trivias a la hora se señalar películas que fueron fracasos de taquilla, pero que con el tiempo lograron cierta consideración, al nivel de que integran listas de mejores comedias de todos los tiempos. En verdad somos enemigos de ese tipo de listas que generan consensos acríticos, pero tenemos que sincerarnos y reconocer que La adorable revoltosa tiene bien ganado ese lugar. O de no haber existido esa lista, la tendríamos que haber inventado para ubicarla en ese lugar. La película Hawks es una comedia importante porque sienta las bases de muchos de los elementos indispensables de las comedias románticas (y de las comedias en sí), está inserta en la mejor época de la comedia norteamericana y su influencia ha llegado hasta nuestros días con varias películas que la recuerdan, la homenajean, la imitan, la copian. Lo interesante de las imitaciones es que los resultados son más que interesantes, lo que habla también de su aire atemporal y de la fuerza que tiene el concepto que la motoriza. Hay algo libre y ese es siempre un buen comienzo.

 

Como decíamos, en La adorable revoltosa tenemos dos de los elementos fundantes de este tipo de comedias: el hombre profesional y estructurado por un lado y la mujer arremetida como una fuerza de la naturaleza por el otro. Ese cruce se define por una actitud corporal de los protagonistas que se representan como dos fuerzas en choque que sacan chispas. Esas chispas son los diálogos inteligentes, veloces, afiladísimos, que requieren claramente de dos intérpretes igual de intrépidos: Grant y Hepburn son tal vez los mejores en lo suyo, no sólo porque son graciosos y verborrágicos, elegantes y atrevidos, sino sobre todo sexys. Es que estas comedias, por cierto, usaban todo tipo de recursos discursivos para esquivar la censura del Código Hays y expresar sexualidad traficándola en comentarios triviales o en chistes con enorme doble sentido: ver si no la representación del sexo en la ejemplar Lo que sucedió aquella noche (It happened one night) de Frank Capra. Pero volvamos al tema de la velocidad, a la voracidad con que las situaciones se suceden y los personajes se expresan, que es el motivo por el que estas comedias han recibido un apodo: las screwball comedy, algo así como comedias alocadas.

 

 

Dos cosas llaman la atención cuando vemos una screwball comedy. Lo primero es la citada velocidad, películas narradas a mil por hora, aunque esa velocidad tenía un sentido estético y no era sólo una cuestión de ritmo: era la representación de un tipo de humor que venía a burlar instituciones, conceptos, afirmaciones sociales. Ahí lo tenemos por ejemplo al circunspecto paleontólogo David Huxley, que interpreta Grant, paseándose en desabillé. De la velocidad se desprende la locura, que es algo característico de las screwball comedy. Aquí surge principalmente en la Susan Vance de Hepburn, que es un torbellino que pone patas para arriba el mundo del protagonista. Y a su alrededor aparece una serie de personajes igual de alocados, fundamentalmente el querido Baby (sí, el Baby del título original), un leopardo que es la escenificación del desquicio absoluto que es la película, pero también la representación en formato animal del espíritu de la protagonista. Lo otro que llama la atención es la libertad que respiran los personajes y muy especialmente los femeninos, lejanos de las modositas y sufridas mujeres de melodramas y comedias posteriores. Entre ellas, claro, Hepburn, una colorada debilidad que disfrutaba de este tipo de personajes, escisión de su propia y arremetida personalidad.

 

Como decíamos, La adorable revoltosa no tiene una remake directa, pero sí varias comedias que se han inspirado en su espíritu. Hay dos que me gustan mucho y que me parecen no sólo grandes reversiones y homenajes, sino además grandes comedias más allá de la filiación.

 

Una de las que mejor lo hizo fue sin lugar a dudas ¿Qué pasa, doctor? (What's up, doc?), que es en sí una adaptación no oficial, una reescritura muy poco disimulada. La película de 1972 dirigida por Peter Bogdanovich es en todo caso una reversión bien propia de esa década, en la que el cine norteamericano retomaría la consideración de los espectadores de todo el mundo a partir de un grupo de directores formados en la Universidad y con el conocimiento del cine clásico como para poder releerlo y reformularlo a su tiempo. ¿Qué pasa, doctor? surge del mismo lugar (de la misma necesidad) que El padrino, aunque claramente en la película de Bogdanovich no tiene el mismo prestigio que la de Francis Ford Coppola porque la comedia no lo tiene como género. Sin embargo hay en las características de los personajes que interpretan Ryan O’Neal y Barbra Streisand varios de los componentes de los que interpretan Grant y Hepburn. Si bien aquí no hay paleontología, tenemos a un musicólogo que investiga la creación de música con rocas ígneas por parte de los hombres prehistóricos. Y, sí, él es un hombre algo almidonado al que la Streisand lo saca totalmente de registro. Otro detalle bien de los 70’s es una extensa secuencia de persecución automovilística, filmada con gracia y también sentido de la acción. Si bien Bogdanovich es un director intelectual que usa las citas en un sentido académico, nunca deja de lado que está contando una comedia con aire popular, por lo que ¿Qué pasa, doctor? tiene mucha más vida y vibración que el concepto y el diseño sobre los que está construida. Como corolario, decir que hay un muy divertido cameo de Hepburn y el título hace mención a la famosa frase del Bugs Bunny, personaje que sirvió de inspiración para Clark Gable en la mencionada Lo que sucedió aquella noche.

 

 

La otra película que disfruto muchísimo de las que se inspiraron libremente en La adorable revoltosa es Mi novia Polly (Along came Polly) de 2004, dirigida por John Hamburg y protagonizada por Ben Stiller y Jennifer Aniston. El Reuben de Stiller es un empleado de una aseguradora, un tipo que mide todas sus relaciones en función del riesgo que le representa: hay una subtrama divertidísima en la que tiene que asegurar a un empresario interpretado por Bryan Brown, un tipo decididamente trastornado que se la pasa poniendo en riesgo su vida, lo que pone de los pelos al neurótico Reuben. Por el otro lado tenemos a la Polly Prince de Aniston, una camarera que es un espíritu libre en toda regla, y que resulta obviamente la peor pareja posible para el tenso protagonista. Pero el amor no entiende de estas cosas. Si bien la de Hamburg es mucho más libre en su adaptación, está claramente inspirada en la de Hawks y la presencia de un hurón es el elemento animal que recuerda al leopardo Baby y pone el sello definitivo. Hamburg, que había escrito ese tratado sobre la incomodidad que es La familia de mi novia (Meet the parents), aprovecha perfectamente uno de los elementos fundamentales de la comedia de Stiller: la neurosis. En ese sentido, Mi novia Polly es una suerte de reversión 2.0 de La adorable revoltosa. Y cómo hablar de esta película sin hacer mención al Sandy Lyle de Philip Seymour Hoffman, una de esas actuaciones cómicas que marcan un precedente en su grado de locura y desenfado.

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