Como Água para Chocolate

Como Água para Chocolate (1992)★ 7.5/10

Como agua para chocolate

R · MX · 105 min · 16 de abril de 1992

  • Drama
  • Romance

Direção: Alfonso Arau

Roteiro: Laura Esquivel

Quando a tradição a impede de se casar com o homem que ama, uma mulher descobre que tem um talento único para cozinhar.

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Prêmios · 11 prêmios, 7 indicações

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Críticas

NNando-427 de agosto de 2025
Em comparação com dramas românticos como Bridgerton, Como Água para Chocolate compartilha elementos românticos semelhantes, como figurinos elaborados e cenas de baile, mas tem um tom mais sério. Ele vai além do foco apenas no amor, abordando também questões como família, classe social e raça. A história explora personagens que lutam com emoções complexas e pressões sociais, destacando a injustiça e a impotência de suas situações. Em resumo, a nova versão da HBO de Como água para Chocolate reinterpreta com sucesso a história clássica com uma excelente produção, uma adaptação cuidadosa e um significado cultural único, fazendo com que valha a pena assistir e refletir sobre ela.
AAli_Wolfe22 de agosto de 2025
Notably faithful to Laura Esquivel’s novel, the film retains even the original dialogue and details, weaving a clever metaphor that entwines carnal appetite with emotional desire. It proves to be a meticulously crafted adaptation that captures the duality of human longing.
AAriella_Gonzalez21 de agosto de 2025
I found the film visually unappealing, with its set design and costumes feeling cheap and garish, which overshadowed the characters’ lives. In contrast, the doctor struck me as genuine, —kind, optimistic, passionate—and it felt like Tita should have chosen him instead.
AAlma Raquel Alonso Lucena18 de maio de 2025
Cuando era más joven pude ver esta obra de arte, pero quizá mi inocencia e inexperiencia no me permitieron apreciarla como ahora, que entiendo las relaciones, el amor, el cine y el arte en sí mismo. Dicho esto, acabo de volver a contemplarla y me ha pasado lo que a Tita: se me prendió un incendio en el alma, en el cuerpo, en lo más hondo de mi corazón (me recordó a la mujer que he amado).
Esta película tuvo la suerte y la rareza de ser adaptada por la propia autora de la novela. Hablo de Laura Esquivel, quien escribió el guion cinematográfico porque, está claro, solo ella podía darle la esencia exacta que su libro merecía: pasión, sazón y olor.
El filme cumple con excelencia lo que una espera de una gran historia. Tiene una fotografía bellísima por el genio del Chivo Lubezki: cálida, llena de luz natural (lo que lo caracteriza); cada secuencia es un cuadro, una pintura en movimiento.
La dirección de Alfonso Arau es elegante: consigue una expresividad sensual que jamás cae en lo vulgar ni en lo banal. Plano tras plano se respira fuego; realmente juega con nuestra imaginación.
Las actuaciones no están sobreactuadas, sino perfectamente entregadas al tono. Ninguna interpretación desentona. El reparto no actúa: se fundió tanto con los personajes que la actuación desaparece y prácticamente queda verdad frente a la cámara.
La música mezcla la mexicanidad con orquesta clásica y consigue esa dulzura que atraviesa la piel. Basta poner el soundtrack para que vuelva, en un instante, todo el amor inagotable de Tita y Pedro.
No dudo que la novela sea una joya (pendiente de leer), pero si Esquivel la adaptó así, acertó al llevar el realismo mágico al cine. Lo cotidiano se convierte en espectacular y lo increíble es que los personajes nunca se cuestionan “¿por qué pasa esto?”. Lo aceptan como parte de la vida y, por eso, la película es perfecta: supremamente poética.
Sí, en la superficie luce trágica... en el fondo es una fábula, un cuento hermoso donde la comida representa las emociones que no caben en palabras; las de una mujer que transforma su dolor en sabores, que hace catarsis, terapia y, sobre todo, comunicación con el hombre que ama. Cada platillo es un gemido contenido por el amor, el deseo, el frenesí a punto de estallar que, al mantenerse encendido, le da fuerza para seguir de pie.
La trama transcurre a principios del siglo XX en un México obviamente opresivo; la película se estrenó en 1992 (el año en que nací) y, aun así, la siento atemporal. Las personas todavía lloramos al cortar cebolla, hervimos por amores prohibidos y peleamos contra imposiciones y constructos sociales.
Me encanta que Tita haya sacado su lado feminista cuando ya no aguanta más y se cansa del machismo que su madre llevaba tan arraigado e internalizado, el que se forjó de crecer en el peor patriarcado mexicano, donde la violencia se invisibilizaba como “tradición familiar”.
Estoy orgullosa de que existan películas de culto como Como agua para chocolate (1992) que, más allá de regalarnos un drama romántico, nos dieron espíritu de lucha.

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