El misterio del "Cuarto de Ambar" y "La Nueva Thule".

Suspenso

Después de haberle seguido el rastro a todas las pistas dispersas que había dejado la misteriosa desaparición del llamado “Cuarto de Ambar” durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, me encuentro ahora en este remoto lugar de la provincia de Córdoba, Argentina, esperando poder hacer contacto con uno de los miembros de una sociedad secreta denominada “La Nueva Thule”, los cuales, al parecer, se han convertido en los guardianes de esta reliquia perdida.

Mientras espero a quien podría al fin develar el mas reciente paradero de lo que alguna vez se denominó “La Octava Maravilla del Mundo”, rememoro todos los sucesos que me han llevado hasta aquí. Desde que tomé a mi cargo este caso, dentro de la brigada especializada en arte robado de Interpol, hace ya mas de siete meses, no he hecho mas que seguir pistas que al principio parecían prometedoras, pero que al final terminaban convirtiendose en un callejón sin salida. Desde las ruinas del castillo de Konisgberg (hoy Kaliningrado), los naufragios de diversos barcos alemanes en el mar Báltico que trataron de escapar de este puerto hoy en manos de Rusia, hasta los trenes enteros presuntamente enterrados por las “SS” en los bosques de Polonia, todos y cada uno de estos lugares terminaron siendo solo una decepción. Tanto es así, que llegué a considerar la posibilidad de que aquel maravillos conjunto de decoraciones doradas que estuvo durante siglos en el Palacio de Catalina II en Tsárskoye Seló (Pushkin), cerca de San Petersburgo hasta que los invasores nazis lo desmontaron para llevarlo a la capital de Prusia Oriental, hubiese sido destruido por los incensantes bombardeos soviéticos a Konisgnerg en el invierno de 1944-1945.

Cuando estaba por archivar el caso de forma definitiva, un misterioso mail me alertó acerca de la posibilidad de que buena parte de las piezas del “Cuarto de Ambar” hubiesen salido de Europa a través de los últimos submarinos alemanes que escaparon hacia el Atlantico, con destino hacia algún refugio seguro en Sudamérica. Contesté de forma afirmativa a este mensaje, aunque me fue imposible rastrear su URL, por lo que tuve que contentarme con esperar algúna novedad futura de esta misma fuente. Después de aguardar ansioso durante días que me parecieron siglos, al final me llegó otra pista, la cual me me indicaba que siguiera los pasos de muchos jerarcas nazis, entre ellos apellidos tan prominentes como Menguele, Eichmann, Barbie y Priebke,  dentro de la Argentina durante las década de 1945-55.

 

Asi fue como me embarqué hacia Buenos Aires, Bariloche, y por último, Córdoba, mas precisamente en el poblado de La Falda, guiándome por las indicaciones de mis ignotos interlocutores virtuales, los cuales se presentaban como pertenecientes a un grupo secreto autodenominado “La Nueva Thule”. Yo me había ganado previamente su confianza haciéndome pasar por un coleccionista de arte robado que simpatizaba con las ideas del nacionalsocialismo alemán, por lo cual ellos se decidieron, no sin poner antes mutitud de reparos y exigencias, a aceptarme dentro de sus filas después de haber completado una serie de prubas de iniciación. Y esta noche, en los alrededores del que había sido el mítico hotel “Edén”, otrora refugio de muchos nazis huidos allí tras la derrota del Tercer Reich en Europa, me encuentro esperando a que uno de los integrantes de “La Nueva Thule” me abra las puertas de su refugio secreto.  

De pronto, y cuando menos lo esperaba, un afigura encapuchada se aparece detrás de mi y me indica que me ponga una venda oscura sobre mis ojos. Sigo sus instrucciones a pesar de mi ansiedad, y casi de inmediato tengo la sensación de que descendemos varios peldaños de una escalera, hasta que al final me recibe un coro de voces distorsionadas por algún tipo de dispositivo. Es aquí cuando comenzaron con un exhaustivo interrogatorio acerca de mi supuesta identidad, al que yo respodí sin titubear y de forma correcta gracias a mi exhaustivo entrenamiento anterior.

Durante lo que me parecieron varios dias y sus correspondientes noches, continué con estas pruebas, solo interrumpidas para que pudiera comer y dormir un poco en una pequeña habitación contigua sin ventanas, escasamente amoblada y pobremente iluminada, en la que se destacaban algunas decoraciones de estilo nazi, y un parlante que periodicamente reproducía alguno de los discursos de Hitler. Finalmente, y cuando estaba por desfallecer debido al tremendo cansancio psicológico, mis interlocutores me llevaron otra vez al gran salón donde me habían interrogado y probado en innumerables ocasiones previas, solo para para quitarme la venda, mientras me felicitaban dandome la bienvenida en alemán. Solo cuando mis ojos pudieron acostumbrarse a la luz de las lámparas, pude distinguir no solo a mis encapuchados acompañantes y al gran espacio profusamente decorado que envolvía una larga mesa cargada de comida y bebida de todo tipo, sino a algo que me seguía cegando desde sus paredes. Y este era nada menos que el mítico “Cuarto de Ambar”, el cual cubría todos los cuatro lados de esa gran habitación dándole un aura dorada y resplandeciente casi irreal.

Comentarios 1

R
Raul Alonso Quijano, hidalgo7 de mayo de 2026
Dejo el final de esta historia en suspenso y a criterio de cada lector hasta ese entonces...

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