KRAMPUS: El reflejo en el cristal

Fantasía

 

ADVERTENCIA: 

Esta historia tiene como objetivo entretener y disfrutarla. Puede tener contenido sensible para algunos lectores, favor de no intentarlos en casa. Se recomienda discreción 

Me presento, mi nombre es Jenny. Y aprovechando que son las temporada de fiestas, me gustaría contar mi experiencia con el mismísimo monstruo anti Navidad.

Y no, no hablo del Grinch ni de Gryla. Sino de la criatura más temible de esta temporada.

Les dare un poco de contexto. Krampus es una criatura enorme mitad cabra y mitad demonio. En lugar de un saco de regalos y un traje rojo brillante, Krampus lleva una cadenas, y una canasta de ramas y palos de madera para golpear a sus victimas. Las elegidas son gente infeliz, niños malcriados, padres abusivos, o que no vive el espíritu navideño.

Y no tiene elfos que lo ayuden, sino unas criaturas malevolas con apariencia inocente como muñecos, juguetes, o personajes navideños. Los cuáles te atacan y ayudan a Krampus a arrastrarte al infierno.  

Pero volvamos al tema. Siempre he sido de esas niñas que se portan bien a pesar de mi condición, y las que le piden regalos a Santa Claus, y a los Reyes Magos al mismo tiempo. Ya grande me volví mi propio Santa y Reina Maga consiguiendo lo que mas me gusta, y al mismo tiempo pasar tiempo de calidad con mis conocidos. 

De hecho un mes antes de esa Navidad tuve un regalo sorpresa de mis padres a un gran viaje que significó mucho. Pero no sabía que despues de eso momento especial, todo cambiaría por completo.

No sé porque pero cuando salí de vacaciones me sentí vacia, pensaba que era la depresión post viaje resultado de esa pequeña vacación la cual tuve una semana antes de terminar las clases. Pero eso es otra historia.

El problema fue que el bajón pegó fuerte, y durante esos días decidí hacer cosas para sanar. Yo era más de pasear en mi motocicleta, ver deportes de motor en la televisión y hasta practicarlos con mi hermano, o liberar mi ira rompiendo cosas viejas con mi hacha en zonas hechas para ello. 

Él era más de béisbol, y estaba en el equipo de la escuela.

Aún así, mis padres no lo veían bien ni productivo, y mi madre me ponía a hacer todos los deberes del hogar, cuando es trabajo de todos. Mientras tanto mis padres no hacían nada luego de trabajar, ni siquiera hicieron caso a la rutina que hacemos. El unico que me ayudaba era mi hermano y mejor amigo, Bruno. 

Él estaba limpio desde hace meses, pero no de una medicina prohibida sino de bebidas energéticas. Si, parece raro pero también riesgoso. En una ocasión le dio un ataque de convulsiones 

Lo bueno es que me daba tiempos para convivir con mis amigos pero a veces estoy tan exhausta que no me dan ganas de responder a sus mensajes.

Los días antes de Navidad fueron muy apagados, me quedaba en casa con mi padre quien ha estado resfriado por dos semanas y ha estado teniendo altibajos. Tampoco estaba de buen humor. Cabe aclarar que mis padres no están divorciados y vivimos en la misma casa, solo lo digo por si acaso.  

Tenía el presentimiento que la familia dejó de estar unida desde que mis dos abuelas fallecieron. 

No he ido a posadas, ni fiestas por que no estaba muy centrada con mi alrededor. 

¿Qué rayos me pasaba?

En Nochebuena no salimos porque mi padre estaba peor, y no quería contagiar a nadie de la familia. Y como no queríamos dejarlo solo nos quedamos con él. Para empeorar todo se puso de mal humor y comenzamos a pelear. Fue horrible. 

Parece que a él siempre se le olvida que puedo llegar a ser vi0lent4, y mucho más que él.

Me dirigí a mi habitación luego de desahogar todo lo que tenia, y me encerre. Bruno tambien se retiro llevandose comida con él porque no quería mas problemas. 

Minutos despues este entró con dos platos de lo que agarro. E intentó consolarme.

“No entiendo porque ya no es como antes.” Suspiró mientras se sentaba a lado mío. “¿Será porque crecimos?”

Empecé a comer el pure de papa, y me quedé pensando. 

“Creó que sí. Ahora notamos el lado realista de estos dias, y todo se fue para abajo.”

Él suspiro. 

“Muy lindo. Parece que la ausencia las semanas de carreras magicas si nos hicieron efecto.” 

“Bruno, los fines semanas no son mágicos” Contesté 

"Bueno, obviamente ya no lo son sin las carreras." 

Suspiré. 

“No, supongo que no” 

Seguimos comiendo en silencio. 

Al terminar, Nico se ofrecio ver una película.

 "La verdad es que me gustaría dormir temprano” Contesté.

“Ok, no hay problema.” Sonrío mientras chocabamos puños. “Buenas noches.”

Finalmente me quede dormida. Pero un rato despues, me desperté pero no sabía el porque. Me levante de la cama, baje las escaleras, y me dirigí a la cocina para servirme una copa de vino. Nunca había hecho eso, pero mi cabeza me lo pedía.

 Mientras bebía me fije que todos los regalos que me compré, o que me dieron, y puse debajo del arbol estaban por todo el piso. Los libros estaban rasgados, las figuras de colección fuera de sus cajas, los materiales de arte destrozados, y los regalos valiosos de intercambio tambien estaban hechos un desastre. 

Inmediatamente me caí de rodillas y comence a quejarme en silencio. 

“¿Cómo es que mi padre puede hacerme esto?” Pense. 

De pronto, vi como un carrito miniatura se dirigía hacia mí. Me extrañó porque esos no se me mueven por si solos. 

Como me hizo efecto el alcohol, solo me lo quedé mirando. Luego dirigí mi mirada a los carritos y figuras, los agarré y comence a jugar con ellos como si fuera una niña pequeña. Literalmente me sentí como en los viejos tiempos, la verdad es que extrañaba ese sentimiento.    

De pronto el arbol se movió, y escuche unas pequeñas risas. Me dirigí a este, y descubrí a los responsables de todo este desastre: unos muñecos de jengibre no muy amigables. 

Se abalanzaron sobre mi y me comenzaron a morder, y arañar. Uno de ellos se dirigió corriendo hacía con un gancho para colgar adornos de Navidad dispuesto a atacarme. Cuando de pronto me resbale con unos de los carritos y me caí, rompiendo las galletas en miles de pedazos. La galleta del gancho comenzo a llorar de dolor porque se le rompió una pierna, mientras se arrastraba hacis su arma. Inmediatamente la agarre, y le arranque la cabeza de un mordisco. 

Me quede allí parada mientras la saboreaba, viendo todos los restos de galletas por todos lados. 

Finalmente suspire y fui al cuarto de lavandería donde guardabamos los productos de limpieza para agarrar la escoba. Al abrir la puerta, encontre el lugar lleno de sangre. Pero eso no importo, sino que me fije en Bruno quien estaba tomándose desesperadamente una lata de Red Bull y otra de Monster. 

Al verme las solto y comenzó a respirar agitadamente mientras ponía las manos en las rodillas. A su lado había tres o cuatro latas de ambas marcas. Tenía s4ngr3 en sus manos y en su pijama. Pero lo unico que me capto la atención fue la mancha de v0m1to en su playera.

“Bruno, ¿Quién te dio esas cosas?" Le pregunte y solo me miro asustado, sabiendo que había recaído en su adicción. “BRUNO, POR FAVOR…NO ME HAGAS DECÍRSELO A MAMÁ.”

Bruno hablo con miedo en su voz. “Una caja sorpresa se comió al vecino… y luego trato de comerme a mí.”

“¿Y eso que tiene que ver? Unos monstruos no se irán si te ven bebiendo Monster.” Le pregunte, y este se quedo extrañado. No esperaba que yo le iba a creer.

Bruno apunto al charco de s4ngr3, y allí estaba la caja sorpresa que decía. Era gigante, tenia sobrero de Bufon, la cara blanca y una boca gigante con dientes afilados. La cabeza estaba separada de su cuerpo; y al lado, estaba el cuerpo sin vida del vecino.

“Una de esas cosas intento atraparme con con un camino de latas. Luego ví al muñeco de la casa sorpresa comiendose al vecino, y me atrapó."

Lo voltee a ver. “¿Y COMO SALISTE DE ALLÍ?”

“Pues agarré tu hacha antes de que me coma, y ya dentro le corte la panza.” Contestó. “Me arrepiento porque ahora no sé como quitarme el sabor.”

Me desespere. “Ok, ya ya ya ya. Escucha, Entonces,  ¿estuviste aquí antes que yo?" 

Bruno asintió. 

“ESAS COSAS ATACARON A LOS VECINOS.” Gritó.

Inmediatamente, me acorde de los vecinos molestos. Nos odiaban bastante, y nunca se portaba bien con nosotros. 

“Y luego, lo ví. Una cabra gigante en el techo de su casa." Añadió 

Salimos del cuarto, y nos dirijimos a la ventana que daba a la casa de enfrente: la de los vecinos. Estaba recién abandonada, sin embargo dos de las ventanas todavía tenían luz. Era el cuarto de la bebé, y los dos niños de la familia. 

A pesar de mi rudeza yo tenia un interes en la maternidad, y ese encantó. Por lo que algo en mí se activo. Asustada, corrí nuevamente al cuarto de lavado donde estaba la zona de herramientas y agarre el hacha. Me puse la chamarra y salí corriendo de la casa.

Fui a casa de los vecinos con un poco de miedo, de pronto escuche unos pasos rapidos detras de mí y me asuste.

“Ay, viejo, te hubieras puesto un cascabel del Jack gigante.” Dije a regañadientes, mirando a Bruno que tenía su casco de béisbol con protector facial, su bate de béisbol en una mano y mi casco de moto en otra. “Oye, ¿Porqué te trajiste tu bate?” 

“No importa. Se te olvido esto.” Contesto mientras me entregaba mi casco. “Es importante protegerse la cabeza.” 

Suspire y me lo puse. Agarre el pomo de la puerta y la abrí, entramos y ví a un peluche de oso con dientes afilados comiéndose al perro. Antes de que reaccione levante el hacha y lo partí en dos. 

“Ay, dios.” Dije sin saber que fue lo que hice. Ósea si, destruí un monton de galletas asesinas. Pero un peluche de oso casi realista fue como si terminará con un animal.

“GIGI, CUIDADO” Grito Bruno. Y en eso, una muñeca de porcelana con alas de angel, vestido de plumas, y una cara similar al del Jack, salto del techo y se abalanzo sobre mi cabeza intentando morderme

“¿En serio?” Dije fastidiada. Literalmente tenía un casco puesto, y lo que se le ocurre a la muñeca es atacar mi cabeza.

Bruno preparó el bate y golpeó a la muñeca como si fuera una pelota de béisbol, cayendo al suelo en pedacitos. 

Ambos nos reímos nerviosamente, pero el momento fue interrumpido por el llanto de una bebé. Subí las escaleras deprisa, me dirigí al cuarto de la pequeña, y la ví llorando en su cuna pero sana y salva. 

Levante el visor, deje el hacha en el piso, y la tomé en brazos. 

“¿Qué fue lo qué pasó?” Le pregunte a la pequeña sabiendo que no me iba a responder, mientras ella me miró y poco a poco se calmó

“BRUNO, VE A BUSCAR A LOS OTROS NIÑOS.” Le grite a mi hermano.

Pero al asomarme lo vi subiendo las escaleras de espaldas moviendo su bate de un lado a otro, y frente a él estaba la silueta de un robot de juguete.

“MAMÁAAAA” Grito la voz de un niño en el cuarto de a lado. Inmediatamente agarré el brazo de Bruno con la mano donde llevaba el hacha mientras con otra, llevaba a la bebé. 

Todo estaba tirado. Los dos pequeños estaban debajo de su cama llorando. Bruno cerró la puerta, y se agachó a donde estaban los niños. 

“Tranquilos, somos normales.” Les dijo con voz tranquila, sacando a los niños de allí y abrazandolos con fuerza.

En eso, se escucho al robot romper la puerta, los niños comenzaron a gritar y la bebe a llorar. Bruno se puso enfrente de ellos, y comenzo a retroceder. 

Solo para darnos cuenta que era un pequeño robot de cuerda con una tijeras filosas.

Salto directamente hacia nosotros, pero nos agachamos y el robot terminó cayendo por la ventana. 

“Viejo, actuaste como si fuera el hombre de hojalata asesino. Te pasas en serio.” Le dije a mi hermano molesta.

Él suspiro molesto. “Bueno, lo importante es que salvamos a los niños. Ahora, ¿dónde estan mamá y papá?”

“No sé, tu fuiste él que se levanto primero. Pensé que tu sabías.” Conteste.

Ambos nos miramos nerviosos, y corrimos hacia la casa con los niños, y los encerré en el closet de mi habitación. Les pedí que no hicieran ruido, que calmen a la bebé y no salgan hasta que uno de nosotros dos les diga.

Fuimos al cuarto de nuestros padres con armas en mano, sentí algo húmedo y resbaloso en mis pies. Bruno prendió la luz, y lo que vimos nos dejo en shock: 

Nuestros padres llenos de moretones y  heridas jadeando deseperadamente, alrededor de ellos habia palos de abedul con su s4ngr3.

“Corran…” sollozó nuestro padre.

“Debimos escucharlos, niños…” lloro nuestra madre. “Lo sentimos.” 

Intente no llorar. En eso escuche cadenas y unos pasos lentos detras de nosotros.

Bruno y yo nos escondimos bajo la cama. Y vimos unas patas de cabra gigantes dirigiéndose hacia donde estaban nuestros padres. Ambos fueron sostenidos por el ser mientras rogaban por ayuda.  

Escuché el crujido de los huesos. El grito de mi madre fue ahogado por una mano rugosa, y el de mi padre se cortó en seco. No pude más. Salí de debajo de la cama con un grito gutural, descargando el filo sobre la pierna peluda de la bestia. Bruno, poseído por la misma adrenalina química del Monster, me siguió la corriente golpeándolo con el bate directamente en el hocico de cabra.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando mis pulmones empezaron a arder y el silencio regresó a la habitación, la figura del monstruo se había desvanecido. En su lugar, el horror era mucho más tangible: mis padres yacían en el suelo, sus cuerpos eran un desastre de golpes y heridas que no parecían humanas.

Bruno se quitó el casco lentamente, miró la escena y el estómago le dio un vuelco, hechando Bilis, Monster, y Red Bull que provocó un olor insoportable. 

*Foto rosa para que Papá Peliplat no se enoje*

 Yo solo me quedé ahí, mirando mis manos rojas. Cuando Bruno termino, se limpió con la manga de la playera y salió sel cuarto. No dijimos nada. No había palabras para el vacío.

Ambos nos dirijimos a la cocina y nos servimos vino y bebidas energéticas. Necesitábamos algo que nos mantuviera despiertos, algo que nos recordara que seguíamos vivos. 

Nos sentamos en el suelo de la sala, bajo el árbol de Navidad, rodeados por los regalos y las galletas de jengibre destrozadas. Empezamos a recoger los pedazos de galleta y a comérnoslos mientras jugábamos con los carritos y las figuras, tal como cuando éramos niños. Saqué mi set de arte y, agarré el material con los dedos manchados de algo que no quería admitir que era sangre, empecé a dibujar formas macabras, figuras de cabras y niños llorando.

​Así nos encontró la policía, que había sido alertada por una vecina: cubiertos de rojo, bebiendo, jugando y riendo como si nada hubiera pasado.

—Los niños... —susurré cuando me esposaron—... están en el clóset. Están a salvo.

Tuve la esperanza de que ellos dirían la verdad. Que hablarían de los monstruos y del gigante de cuernos. Pero cuando los pequeños salieron, solo señalaron nuestras manos enrojecidas con ojos llenos de terror. Para el mundo, no éramos héroes; éramos los monstruos que habían masacrado a sus padres y a los vecinos en un brote de locura compartida.

Nos declararon culpables. Los jueces nos llamaron "locos", pero debido a la naturaleza de los hechos, el delito fue considerado una mezcla de defensa y venganza retorcida. Fuimos encerrados en una cárcel juvenil con una sentencia de 20 años.

Ahora, los días pasan lentos. Mi depresión se ha vuelto un manto pesado que no me deja respirar. Poco a poco he cambiado. Me volví violenta como una fiera enjaulada que solo se calma cuando le dejan ver las carreras en la televisión. Si mis pilotos favoritos pierden, el mundo arde; y tiene que sedarme. Ya no hablaba, pero podía escribir con normalidad. Siempra llevaba el casco puesto para que no me destroce la cabeza contra las paredes.

Seguía recordando a Bruno, y para no alterarme se puso un collar con un cascabel y así saber que era él el que se acercaba.

 

Hoy, un año después, un guardia le dio a Bruno un regalo anonimo para ambos. Me lo entregó y al abrirlo, encontramos una esfera de nieve. Dentro, hay una réplica exacta de nuestra casa, perfecta. Al agitarlo, la nieve cae sobre dos figuras diminutas en el jardín: una niña con un hacha y un chico con un bate.  

Tenía una carta que decía:

> “Iba a ser parte de mi colección, pero decidí dársela a ustedes. Después de todo, ustedes fueron mis mejores juguetes esta temporada.”

Volvì a sacudir el globo y, por un segundo, juré ver una sombra con cuernos reflejada en el cristal de mi ventana. Me alteré pero Bruno me abrazó, intentando tranquilizarme.

​—Feliz Navidad, Gigi —susurró. 

 

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Comentarios 2

J
JesusMad9029 de diciembre de 2025
Me encantaría poder apoyarte con ✨, pero en este momento no tengo disponibles, así que lo hago dejando este comentario. Me llamó poderosamente la atención cómo mezclas lo cotidiano con lo fantástico: desde las tensiones familiares en Navidad (que a veces se pueden dar por el estrés de que todo salga bien) hasta la aparición de los muñecos salvajes de jengibre, jajaja, que me parecieron un giro muy creativo. </br></br>También me gustó la parte donde mencionas a Bruno y su lucha con las bebidas energéticas, porque le da un toque realista dentro de toda la locura que trae Krampus y sus criaturas. Me atrapó la manera en la que lo escribiste, se sintió genial leerte.
R
R.D.M.26 de diciembre de 2025
¡Qué experiencia mas terrible con Krampus!, yo lo pensé, seguro los meten preso después de todo lo que hicieron a favor de los vecinos y los padres. Parecía una pesadilla, una locura. Pero también los protagonistas actuaban como locos, ponerse a jugar al final. Me gustó tu artículo, tienes buena imaginación para entretener un rato con tus cuentos. Excelente.

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