Avicii: Salvando a Tim ◢ ◤❤️‍🩹

Fanfiction

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Yo solía ser una simple cirujana y médica intensivista en el Cedars-Sinai de Los Ángeles. Mi día a día transcurría entre el caos absoluto de la Unidad de Cuidados Intensivos: convulsiones, paros cardíacos, vómitos, gritos, sangre. A diferencia de muchos, a mí no me perturbaba. Conocía bien este trabajo, muy bien. Mi padre fue cirujano de urgencias; aprendí el oficio a su lado desde los dieciséis años. Era fría, meticulosa y rápida. ¿A qué debería tenerle miedo?

Pero todo cambió esa noche. 

Eran pasadas las tres de la mañana, y estaba saliendo de mi turno, cuando los gritos rompieron la calma de la recepción. Salí a paso firme hacia el área de admisión. Frente al mostrador, un chico alto y una chica morena intentaban sostener a un joven que apenas podía mantenerse en pie. Temblaba violentamente, pálido como un fantasma, con la mirada perdida y las rodillas a punto de ceder.

—¡Necesito una camilla aquí, ahora! —ordené al equipo de guardia.

Lo acostamos a toda prisa y lo ingresamos directamente a la sala de trauma. Mientras le colocaba el pulsiómetro y el monitor cardíaco, me detuve un segundo a examinar su rostro. A pesar de su estado, era muy atractivo: cabello rubio despeinado, barba corta, ojos de un azul transparente cargados de terror y un par de audífonos intrauriculares medicados en las orejas. No parecía estadounidense; ni mucho menos latino.

—¿Cuál es tu nombre? —le pregunté con firmeza pero suavemente.

El chico levantó la cabeza sin mirarme a los ojos.

—A…Vi…Cii.. —murmuró con voz débil.

Yo fruncí el ceño.

—No… tu verdadero nombre. 

—Tim… Bergling —murmuró, cerrando los ojos con fuerza—. Tengo veinticinco años… Soy de Estocolmo, Suecia. Me mudé a Los Ángeles hace un año y medio para estar con mi novia.

Se me heló la sangre por un instante. La estrella de la música electrónica, el "niño de oro" de las listas mundiales, estaba en mi camilla. Posiblemente iba con un doctor general por citas rutinarias, pero esta es su primera vez en Cuidados Intensivos.

—Muy bien, Bergling. ¿Te fuiste de fiesta y la resaca te ganó? —Le pregunte en tono de broma mientras le acercaba la lámpara pupilera para examinar sus ojos. Sus pupilas estaban enormes.—. ¿Has consumido alguna sustancia en exceso?

—Sí… pero tenía que hacerlo —respondió con voz quebrada.—. Alcohol, bebidas energéticas, cigarrillos, pastillas… Por orden de mi jefe.

Sonaba como la mítica excusa de cualquier artista adulto responsable sobre sus adicciones, pero la forma como lo decía no era normal ni mucho menos un intento de justificación mal planeada. 

—Joven Bergling, necesitamos quitarle la ropa para monitorearlo —dijo una enfermera, alcanzando los botones de su camisa.

Tim reaccionó con un espasmo brusco, encogiéndose contra la camilla.

—¡No! No me pueden ver… No quiero que me toquen —suplicó, cubriéndose el pecho con los brazos.

—No creo que a tu novia le importe que las enfermeras te revisen—comentó un residente tratando de aligerar el ambiente.

Tim negó con la cabeza, con los ojos al borde de las lágrimas.

—No es eso… Puedo quitármela yo solo.

Con dedos temblorosos, se desabotonó la camisa. Revelando un torso delgado y alarmante, pero sorprendentemente se mostraba semimarcado. En el cuadrante superior derecho de su vientre sobresalía un enorme y doloroso bulto.

En ese momento, el enfermero entro a toda prisa con un expendiente.

 —Doctora, revisamos su historial. Esto es grave.

Pasé la mirada por la pantalla del expediente: pancreatitis aguda recidivante, apendicectomía previa, deshidratación severa y una notable pérdida auditiva leve.

—Todo fue por mi mánager —explicó Tim con voz monótona, mientras los enfermeros le colocaban los electrodos en el pecho—. Me drogaba, me golpeaba… abusaba física y psicológicamente de mí. Hace semanas, Tijs… Tiesto el DJ… me drogó en su mansión y dejó entrar a dos mujeres para… abusar de mí mientras estaba inconsciente. Y mi manager no hizo nada. Mi padre lo sabía todo y apoyó a mi mánager. Lo alababa porque cada sencillo valía una fortuna.

Me quedé helada.

—La sordera parcial… me imagino que es por el ruido de las giras —dijo el enfermero.

Tim volvió a negar con la cabeza.

—Un día estaba viendo una carrera de Fórmula 1 en la televisión. Ash se enojó porque no estaba trabajando. Me gritó tan fuerte y tan cerca, que dañó mis oídos.

Antes de que pudiera procesar la atrocidad que acabo de escuchar, la jefa de recepción entró corriendo.

—Doctora, el mánager de Avicii está en la entrada. Exige pasar.

—¡No! ¡No deje que entre, por favor! —suplicó Tim, haciendo que el monitor comenzara a pitar con fuerza.

—Tranquilo, Tim. Nadie va a tocarte —le ordené a la enfermera que le administrara un ansiolítico por la vía e inmediatamente salí al pasillo.

En la zona de espera, estaba un hombre de barba negra tupida y cabello largo recogido en una coleta forcejeando violentamente contra la seguridad. Racquel, la novia de Tim, y Sean, su mejor amigo, intentaban hacerle frente.

—Enfermera—Gritó Ash Pournouri, el manager, dirigiéndos a mí con un tono frío, empujando con brusquedad a Sean y Racquel.

—Soy doctora, señor.—Le contesté poniendo los ojos en blanco.—.¿En qué puedo ayudarle?

Ash se puso rojo de ira.

—Necesito ver a Avicii. Soy su jefe, su mánager, y sé que está aquí. Apártese de mi camino y déjeme verlo.

No sabía que decir en ese momento, pero voltee a ver a Sean y Racquel quienes estaban haciendo señas para que no lo deje pasar.

—Tim está bien. Pero necesito que le hagan…

En eso, un joven enfermero se acerco a mí con cara de emoción.

—Traigo las ecografías abdominales.

—Ecografías abdominales, sí.—suspire con alivio, mirando la cara de enojo de Ash.

—Pero, ¿eso qué tiene que ver con mi pregunta?

—¿Quién es la doctora?—Argumenté, usando las placas como pretexto para ganar tiempo y dándole la espalda al mánager—. Por favor, deme un momento y le doy actualizaciones.

Sean aprovechó el descuido de Ash, se acercó a mí y me dijo al oído con la voz entrecortada:

—Doctora… ¿pueden revisar a Racquel también? Está embarazada con el bebé de Tim. No podemos perderlo… formar una familia es lo único que mantiene a Tim con ganas de vivir.

Miré a Racquel. Efectivamente, bajo su suéter holgado se notaba una leve curva en el vientre. Estaba pálida y temblaba de dolor sintomático.

—Acompañe a la señorita a la sala tres —le ordené a una enfermera—. Le haremos una ecografía obstétrica de inmediato.

Dejé a Ash siendo retenido por la seguridad del hospital y volví a la sala de trauma. Tim yacía en la camilla, profundamente sedado. Mientras preparaba el equipo para una laparoscopía de urgencia, el médico internista me acercó una carpeta física con sellos judiciales.

—Doctora, esto es alarmante —murmuró el médico—. Revisé los informes de sus cirugías previas en Europa. Le retiraron la vesícula y el apéndice en condiciones deplorables, y lo dieron de alta antes de tiempo porque alguien pagó la salida voluntaria. El mánager, Arash Pournouri, tiene decenas de denuncias archivadas por abuso, explotación laboral y lavado de dinero. Las demandas fueron puestas por Sean Erickson y por la actriz y madre de Tim, Anki Lidén.

Sentí una punzada de rabia pura recorriéndome la columna.

—¿Qué? —exclamé—. ¿Por eso ese tipo figuraba como contacto de emergencia y responsable en los recetarios de opioides?

—Exacto. Ese tipo lo tenía atrapado legalmente —asintió el médico—. ¿Quiere que llame a la policía de inmediato para que lo saquen del vestíbulo?

Las palabras del médico se congelaron en el aire al escuchar un sonido metálico seco.

Click.

Nos dimos la vuelta despacio. Ash estaba de pie en el marco de la puerta, sosteniendo una pistola semiautomática que apuntaba directamente a mi pecho.

—Denme al chico. AHORA —ordenó Ash con los dientes apretados.

Levanté las manos lentamente. A mi lado, el monitor de Tim empezó a acelerarse; a pesar de la sedación, el terror lo estaba despertando.

—Tranquilo, señor Pournouri —dije con voz serena, dando un paso calculado hacia la mesa de suministros—. Puede verlo. Solo baje el arma.

Ash sonrió triunfado, bajando el arma mientras y caminó como un depredador a punto de atrapar a su presa hacía la camilla de Tim. 

—Vamos, Bergling. No vas a escaparte de mí. Pagaré a estos imbéciles para que te pongan de pie. Haremos cosas maravillosas juntos…

Antes de que pudiera ponerle un dedo a Tim, tomé una jeringa de reserva cargada con 50 miligramos de propofol que estaba sobre la bandeja y se la clavé con fuerza en el cuello, presionando el émbolo hasta el fondo. 

Ash ahogó un grito, abrió de par en par los ojos y cayó desplomado sobre el piso, perdiendo el conocimiento al instante.

Sean, que venía corriendo por el pasillo seguido por dos guardias, se detuvo en la puerta y se quedó helado al ver al mánager inconsciente en el suelo.

—De nada —dije, limpiándome las manos con una toalla estéril.

—¿Y Racquel?—preguntó Tim con un hilo de voz desde la camilla, abriendo los ojos con dificultad—. ¿Ella está bien? ¿No le hizo daño?

—Hey, no pasa nada —le dijo Sean, acercándose a sostenerle la mano—. Está en la sala de al lado. Escuché el ultrasonido. El bebé está perfecto, solo un poco agitado por todo el estrés.

A los pocos minutos, la policía de Los Ángeles irrumpió en la sala. Al ver a Ash Pournouri fuera de combate, procedieron a esposarlo y levantarlo del suelo. Mientras los agentes lo arrastraban por el pasillo, Sean no pudo contenerse y les gritó con impotencia:

—Les dije que si le estaban haciendo algo, y lo demande una y otra vez. ¿Y qué hicieron al comienzo? ¡¡¡¡NO HICIERON NADA!!!! 

Y así fue, cincuenta demandas, 4TB de evidencias, las grabaciones de las cámaras de seguridad que registraban los abusos físicos y la explotación, y varios testimonios que por más que daban pruebas reales no hubo respuesta hasta ahora.

¿Qué pasó con Tim?

Para Tim, la recuperación fue un calvario. Tuvo que someterse a un trasplante multiorgánico sumamente complejo y riesgoso. Contra todo pronóstico médico, sobrevivió. Sus fans le mandaban cartas de apoyo, publicaban videos y fotos deseandole la mejor de las suertes, incluso les enviaban regalos a Racquel tanto para ella, como a la bebé: Una niña sana llamada Serafina.

Aquel fue el caso más complejo de toda mi carrera, pero valió la pena cada hora extra en la UCI.

Hoy, en mis escasos momentos libres, a veces miro documentales sobre estrellas de la industria musical que no corrieron la misma suerte; jóvenes promesas destruidas por la maquinaria de la fama y la codicia ajena. Hace poco me crucé en internet con el proyecto de una joven autora que escribía una historia sobre la cara oscura de la industria, y tendra temas basados en lo que vivió Tim (😉)

Ojalá esas historias sirvan de advertencia para el mundo.

Tim logró salir con vida, tuvo a su hija y recuperó su libertad. Pero al mirar sus cicatrices y el daño irreversible en su cuerpo, no puedo evitar preguntarme: ¿a qué costo?

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HOLAAAA, GRACIAS POR LEER Y GRACIAS SEÑOR PELIPLAT POR USAR MI IDEA!!! Esta es una mini historia dedicada a mi primer amor de la infancia, Avicii. 

Y hablando de él; les comparto que despues de tres años, logré publicar mi novela "CLICHÉ" la cuál tambien rinde tributo a él. 

Pueden leer de forma gratuita tanto en Wattpad como en Oplot. Y se subirán nuevos capítulos todos los jueves y domingos 

VAYAN A LEERLA Y SEAN DE LOS PRIMEROS EN SEGUIRLA DESDE SUS COMIENZOS 🩷🩷🩷🩷

PORTADA DE CLICHÉ 

📚CLICHÉ: AL FINAL, LAS COSAS NO SALEN COMO UNO QUIERE

👤Artsy_Shofis (Wattpad) y Artsy_Sh0fis05 (Oplot)

📱Wattpad y Oplot 

✅️Completa (En proceso de publicar)

 

Comentarios 2

T
The exposer anon7 de agosto de 2026
¡¡¡¡¡¡AVICII LA PUSO, REPITO, AVICII LA PUSO!!!!!
L
Lucas Friesen5 de agosto de 2026
Una historia muy entretenida. ¡Y felicidades por tu novela!

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