GIFF | Mex-i-can (Emma González, 2026)
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Mex-I-Can: Mucho más que un documental deportivo
¿Mexicanos en juegos de invierno?
¡Debe ser una broma!
Esa fue la primera reacción de los organizadores y atletas que vieron a Raúl Antonio Figueroa y Christopher Gómez Mateos participar en Biatlón, un deporte que combina el esquí de fondo y el tiro deportivo.
Esta es la historia de ese par de mexicanos contada a través del documental Mex-I-Can, ópera prima de Emma Viviana González Gómez, quien durante cinco años acompañó esta aventura que comenzó como el registro de un improbable reto deportivo y terminó convirtiéndose en una reflexión sobre la identidad, la migración y la necesidad de desafiar los estereotipos. La perseverancia de la directora parece correr en paralelo con la de sus protagonistas.
Ver este documental fue todo un placer. El humor de Raúl y Christopher está presente durante los 120 minutos de duración. Contagian optimismo y una forma de afrontar los retos con fuerza, resistencia y una extraordinaria capacidad para reírse de sí mismos. Emma González supo reconocer esas cualidades y convertirlas en parte esencial de la narrativa.
La incredulidad de quienes los rodean nunca los desanima. Ellos mismos entienden sus limitaciones y son los primeros en burlarse. Eso no quiere decir que no tomen en serio sus metas deportivas o su entrenamiento. Solo son mexicanos, solo es risa. Y lo digo en el mejor sentido, soy mexicana y por ello comprendo ese impulso de mantener un ánimo alegre aun en circunstancias adversas.

El propio título del documental resume buena parte de esa idea. Mex-I-Can juega con la pronunciación de Mexican y con la frase en inglés Mex I can (funcionando como “sí se puede” o "un mexicano puede"). Y, más que un juego de palabras, es una declaración de principios frente a la sorpresa que despierta ver a dos mexicanos entrenando sobre la nieve y compitiendo en un deporte reservado, en el imaginario colectivo, para países con una larga tradición invernal.
La idea de participar en el Biatlón nació durante una feria en un pueblo alpino, Tyrol, jugando en un concurso de tiro. Al ver su destreza, el dependiente les sugirió entrar al Biatlón.
Ellos no sabían lo que era ese deporte, el más visto de los Juegos Olímpicos de Invierno.
A partir de ese momento investigaron y descubrieron que no existía ningún mexicano, y muy pocos latinoamericanos, compitiendo en ese deporte. Contactaron con el presidente de la Federación de Deportes de Invierno en México y fundaron la Federación Mexicana de Biatlón… sin ser atletas y sin saber siquiera esquiar.
Algo bien mexicano. No me dejarán mentir mis compatriotas.
Desde entonces dedicaron su tiempo y esfuerzo a aprender todo lo necesario para participar en competencias de Biatlón.
Tomaron un curso para esquiar dirigido a niños y ante la pregunta de por qué querían aprender ese deporte contestaron:
Porque queremos representar a México en las olimpiadas de Beijing.
Imaginen esa respuesta en un curso de un día, en Austria, dirigido a niños… Yo me reí junto con ellos.

Stevie, el entrenador en Austria de ese deporte, aceptó prepararlos únicamente si conseguían el registro oficial de la Federación para competir en los deportes de invierno. Y lo consiguieron.
Comenzaron desde cero, entrenando junto a los niños.
Mientras, en competencias, sus compañeros disfrutan de su compañía, de la energía “divertida” y “loca” que transmiten. Escuchan sus historias, como la de Christopher, quien, tras una lesión, terminó convirtiéndose en el primer entrenador de la Federación Mexicana de Biatlón sin haber sido un atleta de alto rendimiento o dominar todavía la disciplina.
Sin embargo, al mismo tiempo, narran con exactitud y cierta solemnidad todo el aprendizaje que han adquirido. Hay respeto por lo que hacen y sus compañeros notan eso y los alientan. Lo que en un principio era burla se vuelve reconocimiento.
Otro de los obstáculos a los que se enfrentaron fue el presupuesto con el que contaban. Mientras el resto de los países tenían, en promedio, medio millón, ellos contaban con 120… euros. Lo de los uniformes que ellos mismos improvisaron.
Otra burla que a ellos les tuvo sin cuidado porque, ¿cómo no reírse de tal situación tan ridícula? Sí, es trágico, pero no es el fin del mundo.
Sin tener experiencia en esta disciplina, terminan casi muertos en las carreras. Y lo que parece ser la imagen de un atleta consagrado cruzando la meta con los brazos abiertos, es en realidad, la de un hombre que agradece que la competencia haya terminado. Una foto que guardan con cariño y humor.
Su entrenador se ha encargado de aterrizar sus metas: no ganarán, no tienen la experiencia requerida. Así que los ha enfocado para hacerlo por ellos mismos. Como ellos dicen:
Es como ganarte a ti mismo primero.
Y es justamente ahí donde el documental encuentra su mayor fortaleza. Conforme avanza, el objetivo deja de ser únicamente clasificar a unos Juegos Olímpicos. El Biatlón termina convirtiéndose en un vehículo para hablar de pertenencia, de migración y de esa necesidad constante de demostrar el propio valor cuando se vive lejos del país de origen.
No obtuvieron su afiliación a la Unión de Biathlon en el primer intento pero lejos de desanimarlos, los retó. Los demás competidores ven su garra, su tenacidad, y lo celebran. Les da gusto reencontrarlos en las competencias.
A lo largo del documental abundan las anécdotas entrañables, pero también aparecen momentos profundamente simbólicos. Ambos están casados con mujeres austriacas y cada uno tiene una hija. Los dos buscan transmitirles sus raíces, esa personalidad "mexa", como dice Raúl.
Hay una escena especialmente significativa cuando Christopher contempla el Copil de Moctezuma conservado en Austria, antiguo símbolo de autoridad y belleza. Frente a él no solo observa una pieza histórica; parece preguntarse qué significa seguir siendo mexicano cuando se vive lejos del país. Es uno de esos momentos en los que la película deja de hablar de deporte para hablar de identidad.
La propia Emma González ha explicado que el proyecto evolucionó durante el rodaje. Lo que comenzó como un documental sobre un desafío deportivo terminó revelando algo más amplio: la manera en que los mexicanos son percibidos en el extranjero y los prejuicios que todavía acompañan esa mirada.
Raúl y Christopher saben que tienen la responsabilidad de mantener los estándares internacionales y abrir brecha para futuras generaciones. Por ello se dan el tiempo de venir a México para compartir su experiencia y motivar a jóvenes interesados en este deporte.
Saben que no pueden compararse con atletas de alto rendimiento, no lo son. Su meta es la trascendencia como país, trascender como federación. Quien llegue después encontrará una estructura que ellos levantaron prácticamente desde la nada y, con toda seguridad, romperá una y otra vez los récords nacionales que ellos mismos establecieron (porque no son los más veloces).
Ahí reside otro de los logros de Mex-I-Can. Más que preguntarse si dos mexicanos pueden llegar a unos Juegos Olímpicos de Invierno, la película desmonta, poco a poco, la idea de que existen deportes, lugares o aspiraciones reservados para determinadas nacionalidades.
El sueño sigue.
Y como todo mexicano, saben que de una u otra forma lo lograrán.
Mientras, este par de amigos están orgullosos de haber colgado la bandera mexicana, después de años de esfuerzo, en un deporte donde antes simplemente no existía.
Sinceramente, era el filme que más tenía ganas de ver y fue mucho mejor de lo que esperaba. Tiene ritmo natural, se nota que Emma se adaptó al propio desarrollo de la historia y supo aprovechar el carisma de los protagonistas. Al tiempo que hace notar sus reflexiones en los testimonios que recoge en torno a esta aventura.
¡No dejen de verlo!
Mex-I-can (Dir. Emma González)
- Fecha: Sábado 25 de julio
- Hora: 16:45 h
- Sede: Teatro Cervantes, Guanajuato Capital
Segunda Función
- Fecha: Viernes 31 de julio de 2026.
- Hora: 12:00 horas.
- Lugar: Sala 8 de Cinemex Luciérnaga, San Miguel de Allende.
- Entrada libre
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