Crítica y producto del mercado o Pff, ya todos lo sabíamos…

Aspectos socioculturales

Era 1917 y se acercaba la exposición anual de la Sociedad de Artistas Independientes en Nueva York.

Entre varias piezas, se recibió un mingitorio de porcelana firmado bajo el nombre de R. Mutt.

¿Quién era ese artista tan vulgar? 

Cualquier desconocido con un gusto terrible para el arte.

La obra fue rechazada.

Pero, ¡oh, sorpresa! La dichosa pieza era, en realidad, obra del famoso Marcel Duchamp quien estaba cuestionando lo que podía ser arte y, al mismo tiempo, ponía a prueba quién tenía el poder de decidirlo.

Y, luego entonces, resulta que, en 2004, la obra fue votada como “la obra de arte más influyente del siglo XX” por 500 profesionales del sector…

Lo que debía ser un “vete al… diablo”, acabó convirtiéndose en antecedente del arte conceptual. O, como dijo Duchamp: 

Les arrojé a la cabeza un urinario como provocación y ahora resulta que admiran su belleza estética.

Fontaine
Título original: Fontaine. Museo: Tate Modern, Londres (Reino Unido). Técnica: Escultura (63 × 48 × 35 cm.) (Original perdido)

En el mismo tono de burla y crítica, en el marco del GIFF se presentó El arte es oscuro y está lleno de horrores (2026) de Artemio Narro.

Curiosamente, se perfila para ser la de mayor potencial comercial de la selección de películas mexicanas, debido a su elenco coral de reconocidas estrellas mexicanas y a su diseño de producción. 

Veamos más de cerca el filme

Es la Semana del Arte en la Ciudad de México y todos los artistas mueren por ser parte de las exhibiciones en galerías y fiestas privadas. Y, sobre todo, por ir a la Bienal en Berlín.

En ese contexto se presentan sus protagonistas:

Chema (José María de Tavira) es la estrella del ambiente: el más guapo, el del mejor traje, el de las mejores piezas; “el maestro Chema”. Todas quieren acostarse con él. Es el personaje que entiende cómo jugar en ese medio y sacar ventaja.

Martín (Martín Altomaro) es el artista decadente que “se quedó en el viaje”. Parece vivir de y para la fiesta y utilizar el arte como excusa para seguir en el escenario. No se ha ceñido a los protocolos de comportamiento que exige la élite y eso no gusta. Desean excluirlo.

Ulises (Juan Pablo de Santiago) es el ayudante de Chema: un joven que se pregunta constantemente cómo lograr sus aspiraciones artísticas, esperando por una mínima oportunidad para entrar en ese mundo.

Mientras que Jens Mikkelsen (Can Oral) es el curador principal, el extranjero al que todos adulan y con quien buscan congraciarse por el peso que representa su figura. Es el personaje más ridículo e hilarante. Representa el poder simbólico que decide quién entra y quién no.

Alrededor orbitan varias figuras femeninas que ostentan cargos de autoridad y representan el aspecto banal y superficial de las instituciones del arte.

El papel de cada personaje está definido: es una postura dentro del discurso y ese es el problema con ellos. Son utilizados como vehículo para dar una disertación, no para contar una historia. Como en la plática dentro de la camioneta que transporta a artistas y curadores, la interacción entre ellos no fluye como en una conversación, sino como el planteamiento de aquello que defiende la representación de cada personaje.

Narro caricaturiza a sus protagonistas en cada ocasión; se burla de lo que simbolizan. Sin embargo, el sistema que los produce queda intacto. De hecho, lo prolonga en Ulises: la batería de repuesto ante la muerte de Chema para que el espectáculo continúe.

No hay una propuesta que rompa con esa estructura ni se imagina una salida a esa farsa. Se sugiere un sistema suficientemente atractivo como para reproducirse: el placer de permanecer dentro de él.

Por eso termina siendo ambigua la distinción entre la crítica al sistema y su reproducción, y la película parece funcionar mejor como una catarsis personal de Narro que como un cuestionamiento capaz de ponerlo en crisis.

Desde el principio, retrata la hipocresía de un mundo al que todos quieren pertenecer.

Todos son ávidos de atención y aplauso, dispuestos a vender su dignidad y libertad. Todo con tal de que su nombre, con cada una de sus letras, brille en la marquesina de la popularidad: yo, YO, y-o, Yo.

Débiles, ignorantes, ingenuos, vacíos. Incapaces de darse valor a sí mismos. Los llamados artistas que se arrastran entre risas ensayadas, amistades forzadas, hedonismo sin fin y un interés falso por el arte.

En el mismo nivel, expone a los curadores del arte como los monstruos intermediarios encargados de legitimar o desprestigiar lo que ellos consideren valioso o no.

Todo ambientado en galerías y museos pulcros, entre copas de vino cristalinas, manteles blancos y amplios sillones de piel. Una exclusividad de la que goza Artemio Narro y varios de los artistas que participan en la producción.

Es claro que esta película busca incomodar a ese sector de la industria del arte que comercia con egos y sus productos artísticos.

Critica al monstruo, pero vive dentro de él, se viste como él y se beneficia de su dinero y su atención. No renuncia, permanece.

Entretanto, la trama se alterna con  escenas que simulan un retrato vivo de quienes participan en ellas. Artemio Narro también es artista plástico y conceptual; de esta forma se explican esas escenas que parecen formar parte de la exposición que se anuncia al iniciar la película: El arte es oscuro y está lleno de horrores. La pose que adoptan los protagonistas en las imágenes acentúa la artificialidad del medio.

GIFF 29: El arte es oscuro y está lleno de horrores - Entrevista con Zamia  Fandiño | Cine PREMIERE

La última escena también tiene una fuerte carga de performance, muy teatral.

Se coloca al público desde el punto de vista de la butaca. Al frente, una mesa sobre la que conversan Chema y Ulises. Al fondo, una pantalla iluminada en azul que cambia de color de acuerdo al tono de la conversación que, nuevamente, es más un monólogo.

Son llamativas estas intervenciones.

Sin embargo, estos recursos técnicos y conceptuales no alcanzan a transformar la narración. La enmarcan dentro del lenguaje del arte contemporáneo, dejan en claro la falta de naturalidad entre todos los participantes, pero si se prescindiera de ellos, la historia seguiría siendo la misma. Funcionan como ornato, un marco “interesante”, no más.

La historia no llega a tensar nada. Apenas es un vistazo a la vida de un exitoso artista que se corrompió en el “horroroso mundo del arte”, la de quien lo sigue y la decadencia de aquel que no volvió a exponer. Pero no concreta un conflicto. Y, al no contar con una historia que seguir, sino con una serie de argumentos, la experiencia carece de emoción, se vuelve aburrida. 

Lo que comunica, aunque cierto, no lo vuelve interesante porque solo se mofa; no profundiza. Cae en lo que de antemano, ya se sabía.

El Arte es Oscuro y Está Lleno de Horrores (2026) | MUBI

Lo más interesante de la película ocurre alrededor de ella. Observar cómo opera dentro del circuito, porque ¿qué ocurre cuando la provocación deja de ser una amenaza para el sistema y se convierte en uno de los productos más sofisticados del propio sistema?

Pese a su naturaleza provocadora y cínica, la película participa e incluso alimenta eso mismo que cuestiona. La estilización tan glamurosa del “mundo del arte”, lejos de desmantelarlo, lo celebra. Termina siendo una especie de chiste local para que la élite intelectual de ese “mundo” se ría de sí misma, lo que, en el fondo, los hace sentir importantes. Y, lo que es más relevante, hace consumir el producto.

Entonces, la “crítica ácida" aquí se torna en el mejor publicista para vender la película, no en un factor de transformación.

Al respecto, el director declaró:

No me peleo con el mercado. Me parece hipócrita hacerlo. Lo importante es mantenerse lo más fiel posible a tus principios, tus valores y tu ética laboral. Jamás dejaré de hacer mi trabajo de cierta manera por complacer a un curador.

Narro tiene razón en señalar que participar del mercado no invalida automáticamente una crítica al mismo. Pero eso no resuelve la contradicción; solo establece que su límite está en la autonomía creativa

¿Ironía domesticada o cinismo asumido?

La película se integra con naturalidad al mercado. Hace gala de la habilidad y experiencia artística del director, dando más importancia a la forma que al contenido, aunque aparente lo contrario.

Entonces, la supuesta contradicción entre su “crítica” y promoción como producto se complementa. Fortalece el mecanismo que hace posible su éxito y se demuestra que cualquier cosa que exista, sin importar su naturaleza, se puede vender. Solo hay que llamar la atención.

Si Duchamp logró, en su momento, poner en crisis las reglas del juego, es posible que hoy dichas reglas hayan incorporado la provocación como una de sus estrategias de renovación. Porque Narro representa a quienes juegan dentro de esa estructura, pero ¿representar, ridiculizar y exhibir las reglas equivale realmente a cuestionarlas?

Al final, ambas obras terminan siendo patrimonio del sistema artístico.

Y bueno, puede que, a pesar de todo, esta crítica haya despertado cierto interés por una película que a mí me aburrió. Pero… no hay nada mejor que comprobarlo por uno mismo, ¿no?


Aquí el tema principal de la película, hecho por Amandititita.


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