Project Hail Mary: una cura para el nihilismo
Reseñas generalesQué lindo cuando se da esa conjunción perfecta, esa especie de música de las esferas donde el guion, las actuaciones, los efectos, la música, el montaje, la edición y la fotografía dejan de competir entre sí para ponerse al servicio de una sola cosa: contar una buena historia.
Y Project Hail Mary lo logra, y con creces.
Si bien nunca fui muy fan de las actuaciones de Ryan Gosling, ya que pienso que es lo más cercano a un Muppet que tiene el Hollywood actual en lo que respecta a registro, acá vuelve a demostrar por qué siempre termina quedándose con este tipo de papeles. En este caso, una especie de nerd con buen corazón, con ese humor deadpan y cagón, muy cagón, terriblemente cagón, pero entrañablemente humano.
Aunque la verdadera sorpresa del metraje no es humana, sino extraterrestre, y es que, una vez vista, entiendo por qué Rocky se robó el corazón de todos. Este pseudoarácnido extraterrestre sin rostro logra un vínculo con Grace que se siente tan genuino que recuerda en más de un momento a la relación entre E.T. y Elliott. Nunca pensé que iba a emocionarme viendo cómo un astrobiólogo se hace mejor amigo de una piedra espacial CGI, pero pasó, y me alegra que haya pasado (lo mismo pensé cuando vi Robot Salvaje, y acá estamos otra vez).
También me gustó muchísimo que Grace no responda al molde clásico del héroe porque, como dije antes, básicamente es un cagón. Y justamente ahí está la gracia. La película entiende algo que ya decía Aristóteles hace más de dos mil años: el coraje no consiste en no tener miedo, sino en actuar a pesar de él. El justo medio entre la gallardía o temeridad y la cobardía.
Grace nunca deja de estar aterrado; simplemente encuentra algo por lo que vale la pena seguir adelante. Y eso es lo más humano del filme. Ninguna gran gesta humana se ha concebido desde el nihilismo absoluto: siempre hubo un horizonte, un porqué más grande que uno mismo. De alguna manera, la película transmite exactamente eso, porque Grace tiene que superar ese hiperindividualismo tan propio de nuestra época para poder cumplir con su misión.
En resumen: impecable. Las más de dos horas se pasan volando porque todo está bien resuelto. Los flashbacks llegan cuando tienen que llegar, aportan información nueva y nunca frenan la historia. Todo está donde tiene que estar.
De las pocas películas con nota perfecta en lo que va de este año (y probablemente de cualquier año).






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