Cuando el caos es la partitura

Reseñas generales

Hay películas que no te cuentan una historia, sino que te la hacen sentir en tiempo real. La chica de Colonia (Köln 75, 2025), dirigida por el israelí-estadounidense Ido Fluk, es una de ellas. Estrenada en la Berlinale 2025, ganó el premio al mejor montaje y el de la crítica de la ACCEC, la película reconstruye los preparativos del legendario concierto de Keith Jarrett en la Ópera de Colonia en enero de 1975, pero desde un ángulo inesperado: los ojos de Vera Brandes, la promotora de 18 años que lo hizo posible casi por pura obstinación.

La premisa funciona como un gancho irresistible: no importa quién tocó esa noche, importa quién hizo que la noche existiera. 

Visualmente, la película tiene una identidad muy marcada. La fotografía, la paleta de colores y la iluminación evocan claramente el cine de Kubrick, con esa frialdad calculada de 2001: Una odisea del espacio 50 años de “2001: Odisea en el Espacio”, el film que jamás se podría  realizar hoy - Infobae y los encuadres casi simétricos que también aparecen en La naranja mecánica.Ve La naranja mecánica | Netflix 

No es casualidad: Fluk busca retratar una Alemania de los 70 a la vez opresiva y vibrante, donde una joven no tenía ningún lugar asignado en la industria musical. El montaje, reconocido con razón en Berlín, construye una tensión que se va acumulando como el jazz mismo: con silencios, con silencias y pequeñas explosiones. Aunque hay una escena puntual que se excede — cuando Vera intenta convencer a Jarrett de tocar y él permanece encerrado en su cuarto — donde la saturación visual se va de las manos y aparecen manchas amarillas en el rostro de la protagonista que rompen la coherencia estética del film.

El ritmo general, si bien puede sentirse extenso en algunos tramos, responde a una lógica propia del cine de autor: la incomodidad de la espera es parte del relato. Fluk no quiere que el espectador esté cómodo, quiere que sienta la misma ansiedad que Vera. Pero es también cierto que esa apuesta tiene un costo, y no todos los momentos justifican su duración. Aun así, la estructura narrativa es sólida y muy inteligente: la historia arranca con una protagonista invisible en su propio mundo, escala conflicto a conflicto, y llega a un clímax que ya conocemos de antemano pero que igual emociona. Es, curiosamente, el mismo esquema que hoy se recomienda para el storytelling en redes sociales: un problema claro, un personaje que lucha, obstáculos que se acumulan y una resolución que valida todo el recorrido anterior. 

La chica de Colonia es en definitiva una película sobre las personas que sostienen el andamio mientras otros pintan la Capilla Sixtina — y esa imagen, que aparece al inicio del film, resume perfectamente su propósito. No es perfecta, pero es honesta y tiene criterio. Rescata del olvido a una figura que durante décadas quedó al pie de página de una obra maestra ajena, y lo hace con herramientas cinematográficas de peso. Si podés tolerar sus momentos de pausa, la recompensa está ahí.

Comentarios 1

L
Lucas Friesen26 de mayo de 2026
Muy buen artículo. ¡Tengo muchas ganas de ver esta película!

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