3 preguntas a The Drama
Reseñas generales¿Un trailer puede arruinar una pelicula?
Una de las quejas que últimamente ha sonado con fuerza en torno a esta película, y con la que estoy totalmente de acuerdo, es que el tráiler y lo que realmente ofrece la película son dos historias completamente distintas. Y creo que ese es un problema tan grave que condiciona por completo la experiencia del espectador, uno llega a la sala esperando ver una cosa, y lo que termina viendo es otra muy diferente. Eso no es un simple desajuste de expectativas; es una mala praxis de marketing que termina perjudicando a la obra, por muy buena que sea.
Y ojo, no estoy diciendo que la película sea mala. Todo lo contrario, yo creo que es verdaderamente buena, con oficio, con ideas interesantes y una factura impecable. Pero el problema del tráiler engañoso es tan grave que, en muchos casos (y este es uno de ellos), termina generando una frustración inicial difícil de revertir. El espectador pasa los primeros veinte minutos esperando que aparezca la historia que le vendieron, y cuando se da cuenta de que no va a aparecer, ya ha perdido el eje emocional.
Lamentablemente, en la actualidad los problemas con los tráilers son cada vez más frecuentes, o son tan explícitos que están llenos de spoiler, revelando los mejores momentos, los giros, incluso el final, o simplemente muestran algo que no es. Lo que ocurrió con esta película es un ejemplo paradigmático de lo segundo, un tráiler que prometía un tipo de cine, en tono, ritmo, incluso género, pero que no se correspondía con la obra final. Y eso, tratándose de una película de calidad, es una auténtica pena. Porque la cinta, vista sin prejuicios y sin el lastre de la publicidad engañosa, merecería un juicio muy distinto. Pero así, con esa sombra alargada del tráiler, cuesta. Cuesta separar lo que te vendieron de lo que realmente te dieron. Y ese ruido, esa interferencia, termina siendo parte inevitable de la experiencia.

¿Se estanco Robert?
Las últimas tres películas de Robert Pattinson, Mickey 17, Die, My Love y The Drama, han sido, sin duda, un gran éxito tanto en taquilla como en crítica. Y no es para menos, la calidad de las películas y la solidez de su actuación siempre se mantienen en un nivel muy alto, algo que ya hemos aprendido a esperar de él desde que se alejó definitivamente de la saga vampírica que lo hizo famoso. Sin embargo, creo que en estas tres últimas películas, Pattinson ha interpretado variaciones de un mismo papel, más que personajes verdaderamente distintos. Sobre todo, esto se puede ver con claridad en las dos más recientes (Die, My Love y The Drama), los personajes son casi intercambiables, con actuaciones similares, los mismos tonos, los mismos silencios, la misma fisicidad.
En ambas, Pattinson encarna a un hombre sumiso frente a los sucesos exteriores, un personaje que apenas puede tomar el control de su propia vida, casi arrastrado por las circunstancias y siempre acompañado, o eclipsado, por una mujer fuerte, dominante, que lleva el peso dramático de la historia. En The Drama, esa sensación de déjà vu fue particularmente evidente; salí de la sala con la boca a sabor a nada, sintiendo que ya había visto esa actuación antes, que Pattinson no me había ofrecido nada nuevo que no hubiera entregado ya en Die, My Love. Y aunque el oficio sigue ahí, es impecable, nunca falla, la falta de riesgo en la elección de personajes empieza a notarse.
Por eso creo que será bueno verlo en sus próximos proyectos, donde por fin parece enfrentarse a tres grandes cambios y desafíos interpretativos. El primero, interpretando a un villano en La Odisea de Christopher Nolan, un registro más oscuro y activo al que no estamos acostumbrados en él. El segundo, de nuevo un villano, pero esta vez abordado desde un ángulo completamente distinto, más psicológico y menos contenido. Y el tercero, el regreso a Batman, donde podremos volver a ver esa gran actuación que ya nos dejó boquiabiertos en The Batman, y que promete seguir evolucionando en la secuela. Tres papeles que, por fin, parecen romper con la dinámica reciente. Porque nadie duda del talento de Pattinson, pero el talento, cuando no se pone a prueba, corre el riesgo de volverse fórmula. Y eso, tratándose de él, sería un desperdicio.

¿ Exceso de Zendaya ?
Uno de los últimos temas que ha generado debate en el mundo del cine es la repetición y la obsesión que parece tener Hollywood con Zendaya. Este año, la actriz aparecerá en dos de las tres películas más fuertes de la temporada, La Odisea de Christopher Nolan y Dune 3, ambas mega producciones que concentran todas las miradas. A eso se suma The Drama, el proyecto del que venimos hablando, y una de las series que más hype ha generado en el año, Euphoria, cuyo regreso ha sido uno de los acontecimientos televisivos más esperados. Por si fuera poco, también se encuentra en desarrollo la nueva película de Spider-Man, cerrando un círculo de franquicias que la consolidan como el rostro comercial más cotizado del momento.
En conjunto, este es, sin duda, el año con más proyectos en su carrera, una acumulación de estrenos que, increíblemente, satura el mercado después de un año anterior en el que no tuvo ningún estreno. Esa ausencia seguida de una sobreabundancia genera un efecto curioso, Zendaya está en todas partes, y quizás eso juega en contra de la percepción de su talento. No porque su calidad haya disminuido, todo lo contrario, sigue siendo una actriz sólida y carismática, sino porque la exposición masiva tiende a desgastar cualquier imagen, por bien construida que esté. Por eso, creo que para 2027, cuando su única película prevista sea Shrek 5, debería limitarse a ese único proyecto y dejar reposar momentáneamente su presencia en el público. No se trata de un castigo ni de un retiro, sino de una necesidad casi fisiológica del espectador, la de extrañar, la de desear volver a ver a un actor. La saturación, aunque impulsada por el éxito, termina erosionando la rareza que hace especial a un intérprete. Zendaya tiene calidad de sobra para sostener una carrera larga y variada, pero incluso los mejores necesitan pausas.
Creo que también uno de los problemas es cómo se estrenan las películas, una tras otra, sin dejarnos respirar de su presencia. Un caso similar es el de Robert Pattinson, pero a diferencia de Zendaya, él sí tiene un intermedio vacío entre películas. The Drama se estrenó a principios de marzo, dejando espacio hasta julio, y luego finalmente hasta diciembre otra película. De esta forma, se generan lugares donde su presencia no nos sofoca, pero tampoco nos olvidamos de que él está ahí. Esa dosificación es clave, no desaparece, pero tampoco empalaga. La presencia se vuelve un acontecimiento, no una rutina. Ese equilibrio, que Pattinson parece haber encontrado, es justo lo que Zendaya debería buscar. No se trata de dejar de trabajar, sino de espaciar, de dosificar, de elegir. Porque el talento, cuando se muestra demasiado seguido, corre el riesgo de volverse invisible. Y ella merece todo lo contrario.








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