Perrone a los 50

Dirección

 

Esta entrevista con Raúl Perrone fue a principios de 2002, cuando recién había cumplido medio siglo y cuando había hecho muchas películas pero luego haría muchas muchas más. Los temas marcan una época y, claro, una personalidad con una claridad y una visión que habían tenido unas cuantas comprobaciones en ese momento. Video, espectadores, formas de producir, independencia… Pasen y lean.

 

¿Qué edad tenés?

Cincuenta.

 

Y este cine en buena parte de pibes que venís haciendo, ¿de dónde lo sacás?

En el fondo soy un pendejo.

 

Te lo iba a decir pero quería que lo dijeras vos.

No creo parecer un tipo de cincuenta años. Cuando empecé tenía cuarenta, y veía que había un cine que no estaba representado en Argentina. Ahora en el cine ves mucho más a esos pendejos hablando en el cordón de una vereda como hablan los pibes en la calle, sin actores conocidos y ese tipo de cosas. Me pareció que yo había encontrado una voz por ese lado; antes había ensayado con Ángeles, que había gustado mucho. Era un mediometraje pero venía haciendo cortos, como Chamuyando y otros. Venía encontrando algo que quería contar, tratar de que fuera creíble, que hablaran y que putearan creíblemente, y eso llevó a que de golpe, sin darme cuenta, tuviera una parva de pendejos atrás mío. Creo que me lo hizo notar mucho más la crítica que yo mismo. Tampoco soy un boludo, me doy cuenta de que hay caras muy conocidas que me vienen siguiendo hace mucho tiempo. Creo que los pibes se identifican con ese tipo de cine pero yo hago lo que tengo ganas. Ahora acabo de hacer una película con un tipo de ochenta y pico de años…

…que le gusta a gente que no le gustaban tus películas anteriores. ¿De dónde agarraste esta película, de dónde viene? ¿Cómo la armaste?

Late un corazón comienza cuando me quedé sin laburo en El Cronista Comercial después de quince años. Hacía todas las caricaturas ... Te levantás, vas a un diario, tenés un grupo de gente, recibís a otra gente. Paralelamente se había hecho muy fuerte la cosa con el cine. Y a los dos meses después de presentar Peluca y Marisita en el Festival (Bafici 2001) me quedé sin el trabajo. Entonces dije: ¿qué carajo hago ahora? ¿Cómo ocupo mi tiempo en vez de preocuparme? Y me acordé de mis suegros. Me metí en esa casa durante tres, cuatro sábados, pedí una cámara prestada, una High 8 ridícula, y me metí ahí y puse la cámara. Ya todos me tienen como el loco que filma pero me miraban todo el tiempo.

 

En la película parece que no te dieran pelota.

Pero eso fue todo un laburo. Fueron cuatro o cinco sábados que me vieron con la cámara. Primero se sorprendían porque no están acostumbrados a verme tan seguido. Entonces, cuando tuve la posibilidad de que se olvidaran de que yo iba con la cámara, empecé a anotar cosas que me decían. Yo iba y me instalaba cinco horas a escuchados, jugaba al chinchón con un tipo que venía y registraba cosas cuando ellos no me veían. Después me ponía a escribir los diálogos que me acordaba, y cuando llegó el momento yo no podía ir ni con un cámara, ni con un sonidista, ni con un iluminador porque no iba a conseguir la frescura que tiene la película. Es frescamente cruda. Cuando gané esa confianza, dije: acá empieza la película. Y hacía cosas, le desenchufaba la tele al viejo sin que se diera cuenta. Le decía: "Viejo, no anda la tele, a ver, ¿por qué no lo llama al pibe para que la arregle?". Armaba todo eso, era una cosa muy enloquecida, de salir yo corriendo, tratar de encuadrar para que la película quede como está, cuidada estéticamente. Y así se fue armando, y lo que vos ves son tomas únicas. Fue hecho mucho en base a pequeñas escrituras y a cosas de las que yo no quería hablar mucho tiempo antes porque corría muchos riesgos. Yo ya los conozco, la quieren hacer de nuevo, o se equivocan o miran la cámara. Sabía que eso no lo iba a poder hacer con ningún cameraman. Tenía que estar yo muy rápido con la cámara para captar muchas cosas, pero a la vez muchos me dijeron que era mi película con más montaje. Y estoy solo y es una cámara sola, y sin embargo, tiene mucho montaje.

Mundo grúa tiene una estética más bien cruda sobre el Gran Buenos Aires, pero frente a Late un corazón parece tener glamour. ¿Cómo ves Mundo grúa, una película del GBA hecha varios años después de lo que vos venís haciendo?

No sé, es muy raro. Con Pablo (Trapero) nos conocimos y hay como cierta admiración mutua, pero en general yo no le doy mucha pelota a la gente del cine. No me siento a tomar café con mucha gente de cine. Yo hago películas, y me hicieron fama de malhumorado, jodido. Pero también me encuentro con que Ariel Rotter, me dice "Loco, yo veía tus películas y me encantaban y de última todos fuimos influenciados por vos". Como él supongo que hay muchos más, como lo dijo en su momento Adrián Caetano. Todos estos pibes estudiaban en la FUC cuando yo hacía mis películas, alguna influencita por ahí debe haber. No soy yo quien debe decirlo, pero me voy reconociendo cuando voy viendo películas. Así como en su momento se decía que yo estaba muy influenciado por Jarmusch y Wenders -cosa que nunca negué, al contrario, creo que se habló más de eso por lo que yo decía que por lo que los tipos encontraban-, pero me parece que hoy en día ves cualquier plano mío y decís "esta película es de Perrone".

 

¿Viste 25 watts?

Al principio me dio mucha bronca, sentía ganas de irme a la mierda del cine. No sé por qué. Y después me quedé ahí y conocí a los pibes.

 

¿Por qué te dieron ganas de irte del cine?

Porque sentía que estaba viendo algo parecido a mí. Es como si te encontraras con un doble, es raro pero está bien, la película está muy bien. En algunos lados encuentro cosas que me parece que yo ya había indagado. Me causa gracia cuando se escribe de una película iraní y dicen "trabaja con actores no profesionales". ¿Qué descubrieron? O cuando se sorprenden de que vayan armando una película a medida que la van haciendo.

 

Bueno, ya lo hacía Wenders cuando filmaba la película de manera lineal.

Claro. También está la cosa del video. Lo vengo diciendo mucho tiempo en el programa: el video digital vino a dignificar el video. Creo que Quintín le decía el otro día a alguien muy en joda o muy en serio "Y... Perrone tenía razón". Esto yo lo venía diciendo en el 94. Si no tenés otra manera de filmar, bueno loco, hagámoslo como podamos. Lo que pasa es que la técnica va superándose. Un tipo el otro día vio en el Cosmos Late un corazón y pensó que era digital, y está hecha con una camarita. Ha cambiado todo, hoy en día vos te metés en un Avid y buscás la textura y un montón de cosas. Se perfeccionó el sonido, se perfeccionó todo. Hoy en día todos esos pibes que en las escuelas de cine decían "si no es con 35, no filmamos", a la mierda, están con su camarita de video.

¿No querés repetir la experiencia de estrenar? A 5 pal' peso en el Cosmos le fue bien, casi tres mil personas en apenas dos semanas.

Lo estoy buscando desde Zapada, ahora vamos a estrenar Peluca y Marisita con Pascual (Condito). A mí Pascual me dice que estoy loco, me dice director maldito y de culto. Maldito porque no estreno nunca y él se enoja y me caga mucho a pedos porque él quiere estrenar desde Zapada. Lo que pasa es que vos estudiás los momentos. Estudiás el momento más adecuado y los momentos del país son cada vez peores. Lo que necesito en realidad es un productor, tener la suerte de que aparezca un tipo que se encargue de ciertas cosas de las que no tengo ganas de encargarme. A mí me llamó Pergolini, estuve cuatro veces en su despacho. Me decía que quería laburar conmigo, que yo era un director independiente ... Y después de golpe y porrazo nunca más hablás y no sabés por qué ni te explican por qué. Vos decís "quiero tal tipo", y ellos te dicen "quiero este otro que tiene más nombre", ¿y entonces para qué me llamás a mí? Además, les parece muy alocada mi manera de laburar. Me dicen: "¿En cuánto me hacés una película?". Y yo fríamente les digo: en diez días. Se cagan de risa. Acá todos me hablan de tres meses y yo tiro diez días.

 

¿Nunca escucharon hablar de Corman?

Nunca escucharon hablar de nada. Tampoco te preguntan por qué diez días. Yo hice Late un corazón en diez días pero a lo largo de cuatro o cinco meses. Por ahí filmo dos días, veo el material, freno, hago un congelado, lo miro. Para no tener que decir "uh, me faltan cuatro tomas" y hay que juntarse un año después para hacerlas. A mí no me pasa eso porque yo voy viendo la película, la voy armando, es una manera de laburar.

 

Creo que tiene que ver con tu característica de desconfiado: agarrás la película y te la cargás al hombro.

Me acuerdo de que cuando Pergolini me pidió el guión, se lo estuve contando durante dos horas. Me parece que los que tienen que cambiar la cabeza son los productores. Con los tipos más jóvenes puede cambiar la cabeza del cine. Mientras siga habiendo ciertos dinosaurios que te sigan pidiendo los guiones... El otro día la entrevisté a Lita Stantic y le pregunté" ¿Si te hubieran traído el guión de Mundo grúa, lo hubieras hecho?". Se me quedó mirando diez minutos, ¿entendés? ¿Cómo te cuento a vos el guión de Late un corazón? Ver una película es muy distinto a que te la cuente o te la escriba. El guión puede llegar a ser espectacular, y después la película es una garcha.

 

Y si este hipotético productor quisiera meterse en tu película …

Si vos mañana me decís: "Perro, Late un corazón me voló la cabeza. Quiero producirte algo". Ah, bueno, encantado, Javier, mató, quiero hacer esto. Me gustaría que laburara este viejo. Y vos decís "no, ponelo a AIterio". Y ahí no puedo hablar más.

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