El beso de la mujer araña. Entrevista con Bill Condon y Tonatiuh Elizarraraz
Reseñas generalesComenzó una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La película seleccionada para la apertura fue El beso de la mujer araña, una nueva versión del musical basado en la obra de Manuel Puig, de la cual se pueden leer unas palabras aquí. En esta oportunidad, la dirección está a cargo de Bill Condon y quienes encarnan los roles principales son Jennifer Lopez, Diego Luna y Tonatiuh Elizarraraz. Lo primero que debe entenderse es que se trata de una mirada salida del riñón de la industria hollywoodense y que su principal foco está puesto en retomar un registro de filmación propio de los musicales clásicos. Luego, que cualquier pretensión de hallar un tratamiento político adecuado de lo ocurrido en la última dictadura cívico militar en la Argentina no cuadra con esta película. Si se tienen en cuenta estas dos condiciones, podría decirse que estamos ante una versión decente que, incluso, aporta algunos hallazgos con respecto a la tradición, entre ellos, la historia de amor y la construcción del personaje de Molina. Sobre estas y otras cuestiones pudimos hablar en esta entrevista exclusiva para Peliplat con Bill Condon y Tonatiuh Elizarraraz, llevada a cabo por el colega Mex Faliero y quien escribe, Guillermo Colantonio.

“Una historia de amor” Entrevista a Bill Condon
MF: Bien, la primera pregunta es si venir a presentar esta película en Argentina, de donde es Manuel Puig, implica una responsabilidad mayor y si está atento a las repercusiones que pueda tener.
BC: Sí, siento gratitud por esta invitación, pero también mucha ansiedad por ello, porque creo que solo podemos presentar honestamente el hecho de que es una historia según una mirada norteamericana. Fue una conversación que tuve muchas veces con Diego Luna, quien es especialmente sensible a estas ideas, a este tema. En un momento, estábamos explorando si intentamos hablarles a todos con un acento argentino. Y Diego Luna pensó que era una idea terrible. Y su punto fue, solo abraza el hecho, él dijo, abraza el hecho de que es un filme americano.
También hubo una discusión sobre hacerlo en español. El punto es, soy un director americano, así que, creo que, de nuevo, es un tema que tiene muchas complicaciones, pero intento abordarlo con humildad.
GC: Mi pregunta está relacionada con uno de los primeros diálogos entre Molina y Valentín Arregui, donde discuten sobre diferentes concepciones del cine. Molina se centra en el tema de las emociones y lo que el cine nos da. Y Valentín, por supuesto, se refiere más al costado político. La pregunta es, como cineasta, ¿cómo pensó esta relación entre lo estético y lo político que está tan marcado en la novela de Puig?
BC: Es una buena pregunta. Fue el gran desafío de esta película. Y creo que la gente siempre habla de que son dos películas muy distintas, pero para mí no es así. Cuando estos dos personajes empiezan a compartir sus mundos, trato de hacer que los dos universos se conviertan en uno. Entonces, para mí es una película que quiere mostrar dos realidades que luego se funden en una misma. La cárcel es el espacio que los unifica.

MF: Pensaba que en la película se usa mucho la palabra monstruo, y me remitía a Dioses y monstruos (1998), uno de sus títulos más celebrados. En ambas está presente la sexualidad, y también el cine mezclándose con la realidad. Por lo menos es la relación que yo hice. ¿Usted puede establecer algún vínculo entre ambas?
BC: Y específicamente, sí. James Whale en esa película es alguien que descubrió que había caído a esta familia del cine que no lo entendía. Y luego encontró su voz. Molina es una versión más simplificada de este personaje porque aparece como un mero espectador. Yo me siento muy identificado con Molina porque también comencé como una persona a la que le gustaba ir al cine, como un fanático y que sentía que encontraba mucho significado de la vida en esas películas. Hace mucho que no veo Dioses y monstruos y esta pregunta me genera ganas de volver a verla. Y lo que mencionás de la palabra monstruo, sí, ahora que lo decís, tenés razón.
GC: ¿Cómo fue la experiencia de volver a filmar un musical con un estilo clásico y cómo trabajó con Jennifer López para que de alguna manera pudiera recrear el espíritu de esas películas?
BC: En principio me di cuenta de que no tendríamos el presupuesto de La bella y la bestia para hacer la película. Y es muy difícil hacer un musical con poco dinero. Así que escribí la historia de la cárcel sabiendo que podríamos planificarla de modo independiente y luego, la película musical apelando a decorados ingeniosos. De modo tal que la escena de la aldea donde Diego Luna y Jennifer Lopez bailan fue increíble. Estar allí con escenarios pintados y sentir que somos transportados a la tierra de Vincent Minelli. Me sentí exactamente como en aquella época. Fue increíble hacer eso. Y luego obviamente estuvo Jennifer para recrear esos números. Ella trabajó muy duro, grabando dos o tres veces por semana.

MF: Le gusta el género musical, sin duda. ¿Tiene algún plan de hacer algo más, dado que es un género que hoy en día resulta difícil?
BC: A esta película no le está yendo bien comercialmente en EE.UU. Es más difícil hacer musicales que escapen a la lógica de Wicked o La bella y la bestia. Tengo algunos proyectos ligados a músicos, entre ellos, sobre el álbum Graceland y Paul Simon. Obviamente, son más fáciles de concretarse, pero me gusta mucho el género musical y espero tener otra posibilidad más adelante.
GC: Si tuviera que definir algún aspecto puntual que considera diferente en esta versión de El beso de la mujer araña, ¿cuál sería?
BC: Creo que la historia del amor. Es una idea hermosa poner a dos personajes en esta circunstancia, tomás todo lo que los identifica y lo subvertís ante la constante amenaza de la muerte. Estas dos personas son forzadas a conectarse con el otro y en este caso Valentín siente esta conexión emocional hacia alguien a quien rechazó cuando lo vio por primera vez. Sin embargo, encuentra amor e interés erótico en él. Elegí rodar las escenas sexuales con discreción sin tener en cuenta necesariamente la fuente literaria, una forma de reivindicar el espacio íntimo en la oscuridad. La historia de amor, de hecho, va más allá de la cuestión queer.
“Esta versión del musical es profundamente política” Entrevista a Tonatiuh Elizarraraz
MF: Tu actuación está recibiendo mucha atención. ¿Cómo vivís esa recepción?
Soy de Capricornio, así que me gusta sentir que pasé el examen (risas). Pero realmente no hago las cosas para la crítica, las hago para que la gente se sienta representada. Con Molina, mi misión fue transmitir su cansancio, su encierro y también su identidad. Perdí 20 kilos en 50 días, a la antigua, para entender lo que implica estar en una celda durante la dictadura. También quería mostrar la humanidad de una persona genderqueer en un momento histórico donde esa comunidad era (y sigue siendo) atacada.

GC: En la presentación mencionaste el costado político de esta versión, ¿creés que el musical también tiene resonancia en el presente?
El material siempre fue político: desde la novela de Puig hasta la obra de teatro y el musical. Pero mucha gente asocia los musicales con lo frívolo o evasivo. Yo creo lo contrario. Los musicales pueden ser profundamente subversivos. Cabaret, The Sound of Music… Todos hablan de horrores, pero usan la música como una forma de resistir, de soñar a pesar de todo.
MF: ¿Conocías todas las versiones previas antes de tomar el papel?
Al principio solo conocía la obra de teatro y la película de Babenco. Cuando me ofrecieron el trabajo revisité todo, incluyendo el musical de 1993. Escuché muchas interpretaciones para saber qué podía honrar y qué podía hacer único.
GC: En tu Molina hay algo muy fuerte que viene de la novela: su amor por el cine y por contar historias. ¿Qué buscaste ahí?
Cuando creo personajes, miro hacia adentro, no hacia otros actores. No fue copiar ni diferenciarme, sino encontrar qué parte de mí podía abrir. Pensé en cómo mostrar sus energías femeninas y masculinas, cómo cuidar ciertos detalles corporales, gestos, cejas, postura. Todos tenemos una galaxia adentro, y quise mostrar todas esas capas.
MF: También interpretás a Kendall Nesbitt en las escenas de película dentro de la película. ¿Cómo fue ese trabajo?
Fue un sueño. Esos sets ya no existen. Se filmó como si estuviéramos en los años 50. Incluso la actuación debía ser distinta, más teatral, más hacia afuera. Estudié el acento y el estilo de actuación de ese tiempo. Para Kendall, pensé en Montgomery Clift, alguien brillante y profundamente torturado.

GC: Molina le cuenta a Valentín historias que vio en pantalla. ¿Cuáles son algunas películas que marcaron tu formación?
Mi vecino Totoro, Titanic (la vi demasiadas veces de niño), el cine de Almodóvar, Tenemos que hablar de Kevin, Juego de niños. También El árbol de la vida y La princesita, con fotografía de Emmanuel Lubezki. Tengo gustos amplios. Cuando veo cine, si estoy pensando en cómo está hecha, es mala señal. Para mí, lo importante es emocionarme.
MF: ¿Cómo llegaste al papel?
Me mandaron un mail para hacer casting el 20 de diciembre. Había miles de audiciones. Fui uno de los últimos. Leí con Diego Luna y parecía que no había quedado. Pero algo en mí decía que sí. Al día siguiente recibí un correo directo de Bill Condon: me pidió que audicionara una vez más. Le respondí: “Hagamos magia”. Y la hicimos.










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