Hitchcock y el suspense - "Psycho": construcción de la tensión escénica.
Narrativa
Alfred Joseph Hitchcock, el cineasta británico que conquistó una época en la cinematografía mundial controlando con enorme habilidad un elemento que supo ser indispensable en la fabricación del drama audiovisual: el suspense.
Con cada película realizada este maestro aportó frescura y creatividad a la oferta sobreexplotada del Hollywood Clásico, puntualmente en las décadas de 1950s - 1960s, con la presentación de títulos como “Rear Window" (1954), “Dial M for Murder” (1954), “Vértigo” (1958) o “The Birds” (1963), por mencionar solo unas pocas...
Según Hitchcock el suspense es el arte de hacer que el espectador participe emocionalmente de una escena que se está presenciando, y para lograrlo parte de algo que resulta muy sencillo: le hace saber a los espectadores cosas que los personajes ignoran, acrecentando así el nivel de tensión de la secuencia que se reproduce en pantalla. Es así como Alfred logró imponer sus propias reglas para dar vida a un estilo único y muy reconocible durante el tiempo de su carrera, el cual lo lleva a convertirse en ejemplo e inspiración para muchas camadas de directores (contemporáneos o no contemporáneos) que hallan motivaciones en la obra del británico.
Aclamado por muchos y cuestionado por otros, no cabe duda de que Hitchcock es uno de los grandes referentes dentro de la historia del fílmico, pese a su peculiar sentido del humor negro.

Si alguna ves te preguntaste de dónde extrae Tarantino la magnífica idea de tomar a su público desprevenido y por sorpresa luego de una larga escena de diálogos y de tensiones, sin duda una de sus inspiraciones se encuentra en la filmografía de Alfred Hitchcock, y su manejo del suspense.
Ya lo hemos visto en “The Rope” (1948), un clásico dentro de su extensa obra, en la que dos jóvenes universitarios asesinan a un compañero ahorcándolo con una soga (de ahí el nombre) por el simple afán de demostrar su ingenio al resto de la clase. Poco después del crimen organizan una cena a la que asisten varios compañeros más, escondiendo el cadáver fresco de David en un baúl al alcance de todos haciéndolo pasar por una sencilla mesa, defendiendo la teoría de que la mejor forma de ocultar un cuerpo asesinado es ante la propia nariz de los demás, manteniendo la calma en todo momento sin elevar las sospechas.
Finalmente termina siendo ese el elemento que provoca el suspense en "The Rope": el cuerpo sin vida de David que sólo los espectadores saben que está ahí, pero los personajes no, coqueteando con la tensión como si fuese una bomba que pronto va a estallar. Es a partir de ese elemento añadido del guión que se desarrolla el drama que genera acción en la historia.
En diálogo con su amigo, el director francés François Truffaut, Hitchcock describe una escena con suspense de la siguiente manera:
[Sorpresa:] “Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada y de repente: BUM, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense: la bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar”. En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. La conclusión de ello es que se debe informar al espectador siempre que se puede, salvo cuando la sorpresa es un “twist”, es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota.”
("El Cine según Hitchcock", François Truffaut, 1966).
Ahora que ya conocemos cuál es la importante función del suspense en las ficciones de Hitchcock me detengo a analizar con atención una de las escenas más memorables de su filmografía; una escena que marcó un antes y un después en la historia del horror story (aprovechando que nos encontramos en el mes de Octubre) y que llega a convertirse en ícono: la escena del asesinato de Marion Crane en la ducha de "Psycho" (1960).
¿A qué mente maestra se le ocurriría acabar con la vida del personaje principal de la historia apenas iniciando el segundo acto del guion y cuándo aún falta una hora de metraje?. Esta decisión resulta algo inusual incluso durante el día de hoy, y hace que los espectadores se pregunten en las salas de cine ¿qué pasará ahora que la protagonista ya no está?, exprimiendo así todo el jugo al suspense narrativo.

► Sinopsis de “Psycho”:
Tras robar una gran suma de dinero en la empresa donde trabaja, Marion huye de la ciudad y recorre varios kilómetros con su automóvil hasta llegar a un alejado motel en la carretera: el "Bates Motel". Lo que empezó como una simple parada de descanso se convirtió rápidamente en una pesadilla, topándose en el camino del macabro dueño del lugar: Norman Bates.
Pero en este análisis no hablaremos de toda la película, sino que me detengo en una escena puntual, aquella escena que estableció la tendencia para las historias de crimen en el Cine y en la Televisión. La fotografía en 35mm blanco y negro (a cargo del Director de Fotografía John L. Russell, por cierto), la precisión de los encuadres y una banda sonora memorable (cortesía del musicalizador Bernard Herrmann) hacen de la ducha de Marion una de las secuencias más recordadas de todos los tiempos.
Resulta imposible no sentir tanta tensión recorriendo cada vena de nuestro cuerpo al oír el “cri, cri, cri” del sonido mientras vemos la silueta del asesino que alza su cuchillo en alto al otro lado de la cortina de baño, dispuesto a matar sin piedad.
Pero el suspense en la escena no aparece en el momento exacto del ataque a Marion, sino que Hitchcock ya comienza a anticiparlo rato antes de que ello ocurra: lo va moldeando en la medida que reparte las pistas claves poco a poco: de este modo logra convertir al espectador en cómplice indirecto del drama percibido en primera persona.
Repasemos lo que ocurre en la escena punto por punto para entender mejor qué sucede en ella:
1) Antes de ingresar al baño del motel Marion toma la importante decisión de devolver el dinero robado a su jefe…En este punto el espectador ya presencia el suspense, y es debido a lo que ya sabe de antes: Marion huye y se esconde en el motel, donde ya tuvo un encuentro previo con Norman, quien ya demostró también una inquietante relación con su “madre” (cuyo misterio será revelado más adelante en la cinta, en el tercer acto).
2) El segundo instante en la escena es la ducha que ella toma, la acción en sí: ahí la vemos relajada, con una cámara fija que denota esa sensación del personaje; pero a la vez la vemos vulnerable, sabemos que aquel no es un lugar seguro para una mujer solitaria como ella. Si bien la cámara no muestra nada explícito aún, el peligro fuera de cuadro sigue creciendo, con el ensordecedor sonido del agua cayendo de la ducha como muestra de ello.
3) El momento del suspense: este es producido por la aparición repentina de la figura del asesino incógnito al otro lado de la cortina; una silueta que el espectador ve, pero Marion no… Nuevamente el espectador sabe cosas que el personaje ignora.

Por si fuera poco, en medio de estos planos (y previo a la ejecución del crimen) Hitchcock añade el detalle de la regadera al momento en que Marion inclina su cabeza mirando hacia arriba: este plano es una metáfora, la regadera se convierte en el ojo-testigo del espectador justo cuando el Director nos indica que atendamos lo que está por ocurrir, es decir, nos prepara psicológicamente para el clímax escénico. Lo importante es observar, sólo observar, ya que nada más podemos hacer…
Tras recibir varias puñaladas nuestra protagonista cae vencida, con una postura corporal que solicita “auxilio”. La sangre fluye en la bañera y se pierde por el drenaje, seguida por el movimiento de la cámara en un plano que se vuelve hipnótico, pero que al mismo tiempo sugiere incertidumbre tras el impacto visual recibido. La pregunta es: ¿Qué pasará ahora que Marion ya no está?.
Como bien sabemos una escena cinematográfica se compone de varios elementos, y otra de las claves en la secuencia termina siendo el montaje: definir el ritmo final de la escena desde el montaje encadenado de planos de corta duración de una manera tan fina y precisa termina siendo crucial para añadir la cuota de tensión que se necesita para sobresaltar a la audiencia.
Es innegable que Alfred Hitchcock ha sido uno de los artistas audiovisuales más importantes dentro de la historia de Hollywood: un verdadero maestro, fundador de una escuela de filmación gracias a su extraordinaria visión y a la metodología de sus realizaciones. Y la escena analizada con anterioridad demuestra tan solo un pequeño fragmento del amplio abanico creativo e ingenioso por el que este Director es reconocido.
Nos referimos a una escena que osó desafiar los “tabúes” predominantes de su tiempo, en una industria en la que la violencia explícita y los desnudos se restringían. Con su ingenio brillante Hitchcock implementa cualquier recurso a su alcance para lograr evocar en la audiencia esa sensación de atrocidad ante lo que están viendo, rompiendo las reglas establecidas para crear algo auténtico e inolvidable.
A quienes leen este post los invito a sumergirse de lleno en el mundo de su cinematografía que, plagada de suspense, los sorprenderá de diversas maneras.
por Franco E. Urchipía















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