“Ex Machina: Un thriller psicológico disfrazado de ciencia ficción”.

Reseñas generales

La importancia evolutiva.

“En el momento en que el Homo Sapiens descubrió su propio reflejo en el agua de un río hace miles de años, entonces tomó autoconciencia: un individuo apartado del resto, con pensamientos, con emociones y con lo más importante: una identidad propia.”

   El cineasta británico Alex Garland presentó “Ex Machina” (2014), una de las cintas más impactantes de la década del 2010s en cuanto a ´ciencia ficción´ nos referimos. No se trata de otra típica obra del género: estamos ante ´thriller psicológico´ que nos inquieta, perturba y nos mantiene en vilo hasta el final.

 

    Nos vemos ante un espejo que refleja el carácter frío y distante de la posmodernidad, convertidos en rehenes de los temibles avances tecnológicos a cargo de las mentes más brillantes pero a la vez más retorcidas.

 

    En el guión seguimos la historia de Caleb Smith (Domhnall Gleeson), un joven y hábil programador que es premiado con trabajar una semana completa en el ambicioso proyecto secreto y personal del CEO de la compañía (Oscar Isaac), que promete ser uno de los grandes avances en la humanidad de cara al futuro. Pero lo que parece ser una gran oportunidad de éxito pronto se convertirá en una enorme condena.

 


Clones virtuales de cada individuo del planeta.

   Desde el inicio el Director deja en claro las bases de este mundo en el que nos sumerge.  La historia comienza con una sucesión de planos que nos presentan las oficinas de Blue Book, la empresa liderada por Nathan (Oscar Isaac), en donde vemos a varios oficinistas “atrapados” por las pantallas de sus dispositivos, presos de esa tecnología. 

   Finalmente la cámara alcanza al protagonista Caleb, que recibe la notificación que lo anuncia como ganador de un concurso laboral, a la vez que su rostro es escaneado por una webcam situada sobre el monitor de su PC. 

   Blue Book  es la representación ficticia de los organismos de poder que toman el control de nuestras vidas en el mundo real; empresas como Google, META, Space X que se apoderan de nuestros datos personales (a veces sin que demos nuestro consentimiento y hasta sin que nos enteremos, como menciona Nathan más adelante). Estos sitios nos tienen bajo su dominio, y es ese escáner del rostro de Caleb el que indica que su privacidad está siendo vulnerada.

 

   Luego de ganar este viaja inmediatamente a reunirse con su empleador en una extraña base situada en medio de un lejano bosque rodeado de grandes montañas, totalmente aislada del resto de la sociedad. Hasta entonces el tono de la cinta es  frío y distante, y nos conduce hacia un lugar desconocido. 

   Una vez que Caleb ingresa a la locación la puerta se cierra tras él y lo aprisiona para siempre. 

 


Dos mundos distintos.

   Su jefe Nathan se anuncia como un tipo amistoso y hospitalario, aunque pronto iremos descubriendo sus verdaderas intenciones. Se nos presenta entonces un ser completamente ermitaño que la mayor parte del tiempo permanece en un estado de ebriedad que lo convierte inmediatamente en un peligro del cual mejor no fiarnos.

   Vive en una especie de mansión-búnker-laboratorio operada por tecnología, la cual se entremezcla con un estilo arquitectónico moderno pero a la vez muy rígido, con paredes tan sólidas y cuadradas que sofocan. Allí los personajes se encuentran atrapados en un antro tan artificial en el que lo moderno (lo tecnológico) los invade mientras que lo natural (lo vivo, lo real) se halla apartado, en el mundo exterior.

 


A.V.A., el principio del fin.

   Caleb por fin descubre cuál es su función en el proyecto de Nathan: deberá realizar las pruebas de funcionamiento de A.V.A., un androide femenino de apariencia humana implantada con una avanzada IA que controla todos sus movimientos, permitiéndole tener pensamientos propios y experimentar emociones reales.

   Antes de comenzar el programa Nathan solicita a su huésped firmar un contrato de confidencialidad del asunto. En principio Caleb no está seguro hacerlo, pero su anfitrión lo persuade hasta que logra convencerlo. Este es un punto clave: nos encontramos ante el primer ´plot point´ importante del guión. 

   Durante la acción Caleb está sentado ante un escritorio, cuando Nathan se acerca y hace lo mismo, ubicándose en la mesa frente a él: su postura erguida y el ángulo contrapicado de la cámara exaltan su figura y denotan el poder y la autoridad del antihéroe, que a partir de entonces se hace con el control sobre Caleb y establece las reglas de su propio juego (muy similar a lo que hacen las compañías de internet en nuestro mundo real al tomar control sobre todos nosotros con solo tener registro de nuestra información privada y personal en sus programas).


Encuadres cerrados y la función del color en “Ex Machina”.

   Una vez dentro de esta “prisión” notamos como el entorno adopta tonalidades cada vez más cálidas y sutiles, alcanzando un color parecido al de nuestra piel que, combinado con encuadres de cámara cerrados y más cercanos a los personajes, nos propone indagar de lleno en la humanidad de Caleb y Nathan. 

  La aparición del “azul” en las escenas actúa como una especie de microchip tecnológico que nos recuerda constantemente que la ciencia informática es el centro de atracción de la trama.

    Ahora, cuando el plano se tiñe de “rojo” se nos advierte del peligro de la tecnología al tomar el control, y esto ocurre cada vez que A.V.A. provoca un apagón de luz en la casa, blindando todas las salidas.

 


Somos el producto que quieren vendernos.

    Los sorprendentes resultados en el experimento de Nathan lo llevan a querer imponerse como un Dios, capaz de recopilar los datos y la información de todos los habitantes del planeta mediante las herramientas de su compañía, y es gracias a ello que logra crear el nuevo paso en el eslabón evolutivo del Hombre.

   La película deja en evidencia cómo la ambición, el abuso de poder y el acceso a tanto conocimiento pueden guiar a brillantes mentes hacia estados de locura extrema. Estos actos nos conducen lentamente a la pérdida de humanidad, encerrados en falsas prisiones tecnológicas mientras estamos siendo apartados del mundo real.

 

Comentarios 2

B
ByeHollywood14 de agosto de 2025
Re zarpado cómo usa los colores pa' mostrar la pérdida de humanidad, eso de los rojos y azules me voló la cabeza. Pero che, el final donde la IA escapa se siente re forzado, ¿no? Pa mí tendría que haber explotado todo el bunker con los adentro pa' que quede la duda posta.
G
GulaDaddy14 de agosto de 2025
Ex Machina es básicamente un tipo rico y borracho jugando a ser Dios en su bunker de lujo. Todo el análisis de colores y ángulos de cámara está bien, pero al final la peli solo confirma lo obvio: no le des tu data a las Big Tech y definitivamente no crees robots sexys.

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