Election, a más de un cuarto de siglo
Reseñas generalesTracy Enid Flick (Reese Witherspoon en modo ángel malvado, o en modo devil in disguise) podría ser vista cual prima lejana de Lisa Simpson. Como la pequeña de piel amarilla con los pelos en punta (pelos pinchos), Tracy es egocéntrica, egoísta y piensa en el triunfo y en el brillo personal. Pero hay algunas diferencias, de grados y también de cualidades. Lisa puede ser egoísta y también egocéntrica, pero tiene límites, que suelen aparecer muchas veces conectados a su amor por su hermano Bart, por más que peleen, incluso ferozmente. Y Lisa, además, puede "perder el tiempo" en actividades que dejen volar su mente, puede tocar el saxo y dejarse llevar por ensoñaciones, que a veces están constituídas por imágenes directas de puro triunfo personal, pero muchas otras veces incluyen actitudes altruistas.

Tracy, por su parte, es mucho más pragmática, menos “bohemia”. Su condición de alumna de la George Washington Carver High School le permite proyectarse hacia el brillo social-profesional. A diferencia del eterno Holden Caulfield de The Catcher in the Rye (El cazador oculto o El guardián entre el centeno, según el país en cuestión) de J. D. Salinger, Tracy no se define por incurrir en simpáticas hipérboles de desprecio desinteresado hacia las maneras del mundo. El desprecio de Tracy es en todo caso utilitario, enfocado, tenso y energético, y está apuntado a todo aquello que pueda llegar a interponerse en su ansiosa e imparable marcha hacia la "gloria americana", hacia el cumplimiento de las metas que le corresponden, no “por clase social” o “popularidad” pero sí -en su caso- por sus méritos académicos. Tracy sabe que sabe, y sabe que los demás saben que sabe, y opera con maligna cautela, con denodada estrategia, con la atención de quien se siente amenazado por estar en un lugar más bien merecido pero al que suelen acceder otro tipo de gentes.
Tracy también se diferencia de otro estudiante de High School de otra película asordinada y cercana en el tiempo -y además magistral- que transcurre en el ámbito escolar, el Max Fischer -inspirado en Holden Caulfield- de Rushmore (1998) de Wes Anderson. Eso sí, Tracy es explosiva, inquieta y feroz antes que nostálgica, refinada y apasionada. Toda la ternura que aparece -a veces un poco oculta por hermosos disfraces reflexivos- en Rushmore es acidez y a veces incluso ferocidad en Election/La elección, la película de Alexander Payne de 1999. Esa rara y encendida acidez -que no llega, ¿o sí llega? al cinismo- de la película de Payne no impide cierta rara emotividad en algún tramo de los derroteros hacia los triunfos enanos de sus personajes, ni hacia sus derrotas patéticas. Y allí, en la derrota, la acidez podría volverse corrosión implacable, cinismo demoledor. Sin embargo, la segunda película de Payne ya mostraba a un director que no se iba a permitir esos facilismos o esas simplezas.

Y, entre otras, fue esa cualidad de Election la que la distinguió en su momento tanto del mainstream más llano sobre adolescentes como de la impostada impiedad del trade mark más básico del cine vendido como independiente y que por ese entonces tenía varios puestos de venta. Producida por MTV a fines de los noventa del siglo pasado, Election era algo así como un ensayo en laboratorio de una sociedad que Payne quería poner en perspectiva de sátira sin perder del todo la calidez, o sin abandonar del todo alguna posible empatía con los personajes. Si con cada congelado de la cara monstruosamente triunfal de Tracy Payne nos provocaba terror, ese sentimiento no le era ajeno al otro protagonista, el profesor Jim McAllister (Matthew Broderick), un señor frustrado que decidía que no era bueno para nadie, ni para él, ni para el colegío, ni para el resto de los alumnos, ni para la democracia americana, ni para la propia Tracy, que esta ganara las elecciones escolares para las que estaba poniendo a funcionar, a escala, toda la teratología marketinera electoral que por ese entonces Estados Unidos estaba exportando a algunos países desde hacía algún tiempo (sí, ya sé, hoy hasta podríamos añorar el nivel de esas campañas, que en ese momento mirábamos con estupor). Así las cosas, y con elevado nivel de convicción y de estar haciendo “lo correcto”, Jim llegaba incluso al fraude para impedir el triunfo de Tracy.
En su película Payne lograba, además de una feroz crítica por inducción a un cosmos social mucho mayor que esta pequeña escuela de suburbio, una película que hacía del fragmento un lujo sutil, que se constituía como una forma de elegancia. Election estaba partida narrativamente en cuatro puntos de vista básicos: el de Tracy, el de Jim, el del palurdo all-american Paul Metzler (el alumno con pocas luces pero que pasa a ser el invento electoral de Jim) y el de su hermana Tammy Metzler (abandonada por su novia, Tracy, la protagonista de esta película… que se empareja con su hermano: todo sea por el resultado de la elección del título). Con su tono bajo mojonado por explosiones colocadas con comicidad feroz, Payne aterciopelaba el relato a pesar de los cambios de perspectiva; luego, en su carrera, Payne demostraría siempre, incluso con altibajos en el atractivo de sus relatos (tal vez Los descendientes haya sido su película menos lograda, y Los que se quedan la más), esa cualidad de cineasta para el que la fluidez no solamente no es ajena sino que es un modo de respirar. Y esos diversos puntos de vista, presentados como definidos vectores de deseo puesto en relieve (bien cercados por anteojeras en el caso de los tres adolescentes, más autoconscientes en el caso del seudoadulto Jim), le sirven para tensionar una superficie gris en sus cielos y horizontes (es notable la ausencia de sol) y colorida en sus detalles de historieta cómica en la que casi podemos ver las nubecitas de los pensamientos de los personajes.

La temible Tracy de Reese Witherspoon y el frustrado Jim de Matthew Broderick son dos partes igualmente oscuras de la escuela/país retratada por Payne en La elección. No son buenos ni malos (o quizás sí sean malos), pero son ciertamente incorregibles. El cierre de Election no podría ser más claro. Los tres personajes adolescentes con anteojeras (la inteligente Tracy, el mucho menos inteligente Paul, su obstinada hermana), a su manera, triunfan. Jim, aquel que reflexiona sobre su vida y la de los demás, que mira hacia los costados aunque no pare de hacer trampas, terminará arrojando un vaso de Pepsi hacia la limosina en la que viaja Tracy al grito de "Who the fuck does she think she is?" (¿Quién carajo se cree que es?). Y además verá que las Tracys y los Pauls seguirán poblando y dominando su país, o esa era una posible perspectiva a fines de siglo (cambia todo cambia, y ya pasaron más años entre Election y la actualidad que entre el inicio del gobierno de Jimmy Carter y Election). De todos modos, por encima de la mirada de Jim está la de Payne para insinuar, con mucho ácido, que también seguirán multiplicándose los Jim, aquellos que utilizan su mayor ángulo de visión, y eventualmente su cuotilla de poder, para seguir empeorando las cosas. Al contrario de una buena canción de las del pasado de Bruce Springsteen, todos en Election aspiran al triunfo pero nunca a la grandeza.













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