Tríptico sobre el amor, los materiales y los límites
Reseñas generales¿Desde donde partir para afrontar la siguiente monografía? La búsqueda derivó a tratar películas que resulten al menos interesantes para el espectador canónico, por uno u otro motivo. Las tres películas elegidas se presentan concebidas totalmente de distinta manera, es decir, que pertenezcan a variados estilos y movimientos de la historia del cine. ¿Qué tienen en común los filmes citados a continuación? Cada una de estas cintas tiene como protagonistas a una pareja, conformada por un hombre y una mujer, y la narración de las tres historias avanzan por las acciones desarrolladas por dichos protagonistas, sus causas y consecuencias, su móvil y desenlace.
La primera película es El desprecio, 1963, de Jean-Luc Godard, que muy lejos está su manera de concebir el cine del segundo filme en cuestión: Algo para recordar, 1957, del director Leo McCarey; por último, una película que también se aleja de la anterior pero mucho más se aleja de la primera citada: Casablanca, 1942, dirigida por Michael Curtiz. Las últimas dos cintas citadas pertenecen al cine clásico de Hollywood, por lo tanto comparten muchas características entre ellas que El desprecio no comparte; no solo que no comparte sino que rompe con sus formas, ya que Godard es uno de los precursores del maravilloso movimiento francés denominado Nouvelle Vague que viene a romper las leyes y normas impuestas por aquel cine concebido en Norteamérica entre 1930 y 1960. La idea es crear una categoría que englobe y aglutine las producciones mencionadas y descubrir que, salvando las distancias, en los tres casos la presencia de una pareja heterosexual protagonista y la decisión de sus acciones conforma lo único que hace avanzar la narración.

Comenzamos con El desprecio de Godard, donde en la primera escena, lindante a la secuencia de títulos, se presenta una pareja acostada en la cama; escena que se ha convertido en cierto ícono en el mundo del cine moderno. Camille (Brigitte Bardot) desnuda y Paul (Michel Piccoli) vestido a su lado; por la simple interpretación de la imagen comprendemos que ellos van a ser los protagonistas indiscutidos de esta película. Luego, parecería que la narración se dirige hacia otro lado, ya que conocemos la profesión de Paul (es un dramaturgo francés) y conocemos su entorno, pero aquí es donde él acepta que Camille se vaya con un productor americano (que estaría interesado en contratarlo), acción que produce una crisis matrimonial en la pareja, y la narración avanza por las acciones (o no acciones) llevadas a cabo por él o por ella. La historia se mantiene por el vínculo de estas dos personas, apoyada en la subtrama, que es todo lo que respecta al trabajo de Paul y su intento de reescribir algunas escenas de La Odisea para una película que se va a rodar en Capri bajo la dirección del renombrado director alemán Fritz Lang.
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La segunda película elegida, Algo para recordar, ya desde el título se puede vislumbrar que todo lo que veremos a continuación se tratará sobre una pareja (la traducción exacta de su título original An affair to remember es Un romance para recordar, pero como ya sabemos las traducciones no siempre suelen ser exactas y en Latinoamérica la película se conoce como Algo para recordar), y efectivamente así es. El hombre protagonista es un elegante playboy llamado Nickie Ferrante (interpretado por Cary Grant) que en el inicio del filme se conoce que viaja a la ciudad de Nueva York con el motivo de casamiento con una joven heredera (en este momento se puede pensar que ella será la protagonista mujer que acompañará al galán, pero no) y en este viaje conoce a una bella cantante de un club nocturno llamada Terry McKay (interpretada por Deborah Kerr); al conocerse en el barco comprendemos que la narración va a seguir sus aventuras o desaventuras, más allá de saber que ambos tienen sus respectivas parejas y que su relación se complicará por hache o por be. La película se encuentra dentro del circuito del cine clásico de Hollywood por lo que podemos descifrar o saber qué puede llegar a pasar entre aquella pareja y sus terceros en discordia, es decir, saber que quieren estar juntos pero sus actuales parejas se lo dificultarán porque la costumbre está por arriba del placer; y presenta una estructura repetida hasta el cansancio durante aquellos años dorados.
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El último filme se podría decir que es una de las películas más representativas de dichos años dorados: Casablanca. La cinta que engloba todas las características del cine de aquellos años partiendo del star system, ya que sus protagonistas son nada más ni nada menos que Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. El filme tiene como excusa la segunda guerra mundial para unir a estos dos amantes, llamados Rick e Ilsa. Casablanca era una ciudad a la que llegaban huyendo del nazismo gente de todas partes: llegar era fácil, pero salir era casi imposible, especialmente si el nombre del fugitivo figuraba en las listas de la Gestapo, que presionaba a las autoridades francesas al mando del corrupto inspector Renault. En este caso, el objetivo de la policía secreta alemana es el líder checo y héroe de la resistencia Victor Laszlo, cuya única esperanza es Rick, propietario del 'Rick’s Café' y antiguo amante de su mujer Ilsa. Ésta y Rick se habían conocido en París, pero la entrada de las tropas alemanas en la capital francesa los separó. En el momento en que Rick ve a Ilsa entrando a su café advertimos que Casablanca será una película romántica cliché donde la pareja va a tener que atravesar varios obstáculos para lograr estar juntos. Uno como espectador no piensa en los problemas ocasionados por la segunda guerra mundial sino que se interesa más en que la pareja protagonista pueda estar junta de nuevo, y ser felices, como en aquel pasado donde todo parecía (o era) mejor. Rick es el típico héroe del cine clásico, rudo, tosco, que rezuma virilidad; si desea algo, debe atravesar una serie de eventos para conseguirlo. Durante todo el filme, el héroe desea estar con Ilsa, porque es el amor de su vida, pero finalmente el riesgo se vuelve mucho mayor y se intensifica la necesidad de que el espectador empatice con el héroe para que abracemos la decisión que tome, sea cual sea. La imposibilidad de que estén juntos y sus ganas de estarlo es lo que hace avanzar la narración.

Es muy interesante analizar los materiales y los límites a partir de la película El desprecio de Godard, ya que desde la primera escena, la secuencia de títulos, lleva los recursos hacia el límite rompiendo toda creencia hacia el realismo del cine que uno pueda creer, ya que desarticula totalmente el artificio cinematográfico. En dicha secuencia se muestra a una muchacha acercándose caminando desde lejos mientras una cámara la encuadra y realiza un travelling lateral también acercándose hacia el espectador. La cámara que realiza dicho travelling se hace visible al espectador, al igual que la protagonista y las vías del recorrido. Los créditos de la película en vez de estar representados mediante letras en la pantalla es una voz en off que cuenta quién cumplió qué rol en aquel filme. ¿Si eso no es jugar con los límites de la narración, qué lo es? Esto también nos hace pensar en quién es el narrador y cuál es el punto de vista, y desde un principio reparamos que el narrador siempre va a estar un paso más delante que el espectador, que sabe todo lo que va a pasar y que nos manipulará a su gusto. El narrador posee más información que el público e incluso que los personajes. Tiene una total conciencia de la realización del filme.
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En Algo para recordar podemos detectar varias de las características del cine clásico que dejan afuera la posibilidad de jugar con los límites del filme, podemos citar la totalidad (plenitud del sentido) o la funcionalidad que hace que cada parte debe cumplir su función en el interior del relato. Al hablar del manejo de información y el punto de vista de la película, parecería que el narrador, los personajes y el espectador se van enterando de lo que sucede en el mismo momento; finalmente, ya avanzada la historia el espectador sabe más que los personajes. Sabemos que Nickie llegó a la cima del Empire State para encontrarse con Terry, y sabemos que Terry no llegó porque tuvo un accidente. Pero ninguno de ellos sabe esto del otro, hasta que en la escena final todos se empata y se enteran de lo sucedido; esto hace que el espectador esté deseoso de dicho encuentro. Aquí nos enteramos de la vida de los personajes y que será de ellos mediante los diálogos, recurso que se utiliza para dar bastante información al espectador. La estructura narrativa es bastante lineal, y a partir de la mitad de la película, cuando termina el viaje en barco y se separen, la narración avanza a zancadas a través de elipsis mensurables; va saltando en el tiempo hasta que se produce el encuentro entre los protagonistas un año después de su separación aquel día en el barco.
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Casablanca, al igual que la anterior citada, presenta todas las características de la edad de oro norteamericana que incluye no solo la totalidad y la funcionalidad, sino que también se presenta la centralidad del conflicto, la identificación con el héroe y la verosimilitud con la idea de generar sus propias condiciones de credibilidad; no lleva sus materiales al límite sino que los mantiene dentro de los márgenes de lo dicho. El narrador decide mostrarnos la situación que acontece desde el punto de vista del personaje de Rick, principalmente para que se produzca dicha identificación con el héroe que es tan importante para que la narración funcione. Rick y el espectador poseen más información que Ilsa; esto hace crecer su cualidad heroica que funciona para que lo acompañemos en todo su accionar. Los diálogos y la utilización del recurso de flashbacks nos permite entender lo que sucede entre Rick e Ilsa. La estructura de la película avanza en el tiempo, pero lo central del filme, que es la relación de los protagonistas, se nos muestra mediante un flashback que muestra que ellos se conocieron en París hace tiempo, y que se tuvieron que separar a la fuerza y no por falta de amor. Esto funciona perfectamente para presentar el conflicto y para posicionar al espectador del lado que quieren que esté, es decir, del lado del amor y anhelando que vuelvan a estar juntos; cosa que no ocurre porque es totalmente inseguro para la pareja. Ilsa se termina yendo de Casablanca y deja a Rick con su vida cotidiana, es ahí donde se despiden y siguen remitiendo a ese pasado, otorgándole al cine una de sus frases más emblemáticas: “Siempre nos quedará París”.

La representación del amor en el cine ha avanzado de la misma manera que la historia. Desde Casablanca hasta El desprecio podemos notar, en tan solo un lapso de veinte años, que la recreación y las maneras de poner en pantalla una relación ha variado de manera abismal, y el juego con los materiales y los límites las distinguen entre sí, de la misma manera que la posición del narrador, la información y el punto de vista. Lo que sí no ha cambiado es el sentimiento, esa necesidad inherente de buscar la emoción y la posibilidad de que la química atraviese la pantalla. El amor es la categoría que nunca pasará de moda en el cine, ni en la vida.
Lisardo Quevedo | Director de cine | Creador de contenido
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