La maternidad en Little Fires Everywhere (2020).

Reseñas generales

Little Fires Everywhere es una miniserie dramática de ocho capítulos, protagonizada y producida por la productora de Reese Witherspoon llamada Hello Sunshine. La showrunner es Rachel Elizabeth Tigelaar. Actualmente se puede ver en Disney+ y originalmente fue estrenada en Hulu. La miniserie es una adaptación de la novela homónima de Celeste Ng, publicada en 2017.

La historia retrata la vida de dos familias muy distintas con eje central en el rol de la maternidad y las relaciones madre-hija. Por un lado está la familia de Elena Richardson (Reese Witherspoon) y, por el otro, la de Mia Warren (Kerry Washington). La serie transcurre en 1997, con algunos flashbacks al pasado.

Los Richardson son una familia blanca de clase alta que vive en los suburbios de Ohio, en una mansión amplia y prolija. El núcleo familiar se compone por la madre, el padre Bill (Joshua Jackson) y cuatro hijos adolescentes: Izzy, Moody, Lexie y Trip. Izzy, la menor con 14 años, es la que rompe con la normativa impuesta por la madre: la confronta, tiene otros gustos y deja en evidencia la verdadera personalidad de Elena con sus comentarios punzantes.

Little Fires Everywhere (Miniserie de TV 2020) - IMDb

Elena, en sus cuarenta y pico, disfruta de tener todo planificado para sostener la apariencia de familia perfecta. Se levanta temprano, arma en bolsitas de papel de colores las comidas para que sus hijos las lleven a la escuela y constantemente les dice qué hacer, en un intento de mostrar cuidado pero con la necesidad de mantener todo bajo control. Tiene un trabajo de medio tiempo como periodista, vocación que dejó en segundo plano por su familia, en un medio local poco conocido, y además administra el alquiler de una segunda casa. Todo en su vida gira alrededor de esa obsesión por mantener una apariencia de orden y éxito.

En contraposición, quizás demasiado marcada en la miniserie, está la familia de Mia Warren. Ella vive junto a su hija Pearl (gran actuación de Lexi Underwood), también de 14 años. Ambas son afroamericanas y se las presenta viajando en un auto viejo y cargado de bolsos. Su vida es nómade: Mia es artista y se traslada por Estados Unidos con distintos proyectos. Pearl, acostumbrada a esa dinámica, anhela una casa estable y un cuarto propio. No sabe nada sobre su padre y, a lo largo de la miniserie, comenzará a hacerse preguntas sobre su origen e identidad, lo que abre otra línea de tensión en su vínculo con Mia.

Hulu's 'Little Fires Everywhere' Makes a Pivotal Change - The Atlantic

Mia y Pearl llegan a Ohio en busca de una casa. Allí conocen a Elena, quien les muestra la propiedad que alquila. Es llamativo, visto desde Argentina, que un personaje con pocos recursos pueda acceder a una casa tan grande por apenas 300 dólares mensuales. No sé si resulta inverosímil o si en Estados Unidos de 1997 los alquileres eran realmente tan accesibles. Este detalle, más allá de lo anecdótico, marca también la distancia de contextos culturales que aparecen en la serie.

Elena intenta mostrarse políticamente correcta e inclusiva. Cuando conoce a Mia siente que debe ayudarla: le dice a su hijo Moody que vaya a hacerse amigo de Pearl y le ofrece un trabajo de servicio a Mia (con todo lo que implica esto en la dinámica entre personas blancas y afroamericanas). Elena aplica al mundo su visión de “ONG”, convencida de que todo lo hace de buena fe, sin notar el trasfondo de superioridad que conlleva. Se escuda en esa idea de que ayuda a los demás, cuando en realidad reafirma la desigualdad desde una posición de poder. Mia es lo opuesto: parece libre, sin ataduras materiales ni vínculos fijos, aunque los flashbacks revelan un trauma que la persigue y que explica parte de sus actitudes defensivas. El contraste con Elena no solo es social y económico, sino también ideológico.

A partir de la amistad entre Pearl y Moody, Pearl empieza a pasar mucho tiempo en la casa de los Richardson y descubre otra dinámica familiar que desea experimentar. Aún no es del todo consciente de las diferencias que impone la sociedad por el color de piel (entre otras variables), pero Mia sí percibe la amenaza de ese “mundo perfecto” y teme perder a su hija. Elena, por su parte, tiene un conflicto con Izzy, a quien no entiende. Izzy empieza a acercarse a Mia y conectan a través del arte. Así se traza un paralelismo: cada hija quisiera tener a la otra madre porque ambas encuentran en esa figura lo que sienten que les falta en casa.

Little Fires Everywhere' Team Talks Setting a House on Fire

La miniserie comienza con la casa de Elena incendiándose. Los policías sospechan de Izzy y le preguntan a Elena qué hará. Luego, el relato retrocede cuatro meses y se plantea la incógnita central: ¿Quién prendió fuego la casa? Este recurso, frecuente en series de este registro, arranca con un misterio para luego develarlo hacia el final. Ocurre también en Big Little Lies y The Perfect Couple, producciones de Hello Sunshine, la compañía de Witherspoon que busca cambiar la narrativa para las mujeres. The Morning Show es de la misma productora, también con mujeres en roles centrales delante y detrás de cámara.

Little Fires Everywhere explora la maternidad y también el racismo inherente a las clases altas blancas. Elena, en su falsa inclusión, termina siendo racista: sospecha rápidamente que Mia tiene antecedentes penales y hace comentarios condescendientes. La trama adolescente también aborda el racismo, especialmente en la relación de Lexie, la hija mayor de Elena, con su novio afroamericano. Él detecta enseguida los prejuicios de los adultos, como cuando Elena le presenta a Pearl y comenta que “seguro tienen mucho en común”, a lo que él responde irónicamente que probablemente a Pearl le guste el rap. Lexie, sin embargo, no comprende del todo por qué ese comentario es ofensivo. Esa escena resume cómo ciertas microagresiones se naturalizan en entornos privilegiados.

Las escenas adolescentes remiten al género juvenil clásico: el baile de la escuela, el bullying, el hermano popular, el tímido, el rey y la reina del baile y los romances entre compañeros. Esa subtrama, si bien puede parecer más liviana, termina funcionando como un espejo de las tensiones adultas: la presión social, los mandatos, las etiquetas y las expectativas que se cargan desde la adolescencia.

Little Fires Everywhere', ¿habrá segunda temporada?

La actuación de Reese Witherspoon es muy buena: encarna a la perfección a esas personas que creen hacer el bien mientras refuerzan discriminaciones estructurales. El personaje de Mia, en cambio, resulta más difícil de entender. Quizás por la actuación de Kerry Washington, algunas reacciones parecen exageradas, lo que hace poco creíble que Elena insista en vincularse con alguien que la rechaza tanto. También podría interpretarse que Elena, acostumbrada a caerle bien a todos, ni siquiera percibe el rechazo, lo que suma otra capa a su personaje.

El tema de la maternidad aparece en una tercera línea narrativa con una compañera de trabajo de Mia. Sin dar spoilers, pero ese arco se conecta con el de Elena y Mia de forma algo forzada, basada en una casualidad enorme. Aun así, aporta una mirada distinta sobre lo que implica tomar decisiones sobre un hijo/a y sobre quién “merece” ser madre, lo que refuerza el debate central de la serie.

Mujeres desquiciadas, madres devoradoras: sobre «Little Fires Everywhere»,  de Liz Tigelaar – Afuera

En definitiva, Little Fires Everywhere maneja bien las sutilezas de lo que implica ser madre y retrata los vínculos entre madres e hijas con sus matices: las incertidumbres, las posibilidades de cada una, la culpa y el peso de los entornos familiares. Al mismo tiempo, pone sobre la mesa el racismo cotidiano que atraviesa esas relaciones, mostrando cómo la maternidad también está atravesada por la clase social, el color de piel y las oportunidades disponibles.

La serie, más allá de algunos momentos forzados o demasiado subrayados, logra abrir un debate sobre qué significa realmente “hacer lo correcto” en el rol de madre. Esa es quizá su mayor fortaleza: mostrar que la maternidad nunca es lineal ni perfecta, sino un territorio de contradicciones donde conviven amor, culpa, control y deseo de libertad.

Comentarios 2

M
Mari Stocco1 de septiembre de 2025
Me impresionó mucho cómo la serie muestra que, para Elena, la maternidad es sinónimo de control absoluto, mientras que para Mia es resistencia y supervivencia. Como hija, me vi reflejada en Izzy: esa sensación de no encajar en lo que tu madre espera es muy real y dolorosa.
I
Icemoon1 de septiembre de 2025
Buen resumen; los conjuntos de tus fotos también se ven bien.

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