Kiss Kiss Bang Bang: ópera prima de Shane Black
Reseñas generalesEl libro Kiss Kiss, Bang Bang, el segundo de Pauline Kael, es de 1968. Lo primero que puede leerse, al menos en la edición argentina de Marymar, es una “acotación acerca del título” que hace la autora y que se destaca no solamente por la ubicación sino por ocupar toda una hoja. Dice así: “La frase Kiss kiss, bang bang que vi en el afiche de una película italiana resume, en los términos más concisos imaginables, el incentivo básico del cine. Este incentivo es el que nos atrae y a la larga nos hace desesperar cuando empezamos a comprender cuán pocas veces el cine es algo más que eso.”

Kiss Kiss Bang Bang, la película de Shane Black, es de 2005, es decir que cumple veinte años. De sus tres protagonistas, uno de ellos -Robert Downey Jr.- consiguió el status de mega estrella planetaria de película de superhéroes algunos años después de Kiss Kiss Bang Bang. Otro, Val Kilmer, murió este año. Y Michelle Monaghan nunca se hizo lo famosa que prometía ser pero su cara es reconocida hoy más que hace algunos años por la serie The White Lotus, aunque sigue siendo de esas actrices que mucha dice ah sí la conozco, pero no sé cómo se llama. En veinte años, claro, pasan muchas cosas, como más películas de Black, incluso dos buenísimas: Iron Man 3 y Dos tipos peligrosos (The Nice Guys).
Kiss Kiss Bang Bang fue la ópera prima de un tipo experimentado y, además, podría decirse, que “estaba ya de vuelta”. Shane Black tenía -o cargaba con- una historia de éxito temprano: vendió a los veintipocos el guión de Arma mortal, y siguió facturando por el uso de los personajes en las secuelas. Fue un guionista estrella, de esos que cobraban en cifras millonarias. El último gran héroe, El último boy scout, El largo beso del adiós: títulos cargados de despedidas y de algún aire chandleriano. Black estuvo semi retirado (o del todo, quizás), y cuando dirigió Kiss Kiss Bang Bang (por estos pagos denominada Entre besos y tiros) llevaba seis años haciendo vaya uno a saber qué, o haciendo lo que haya hecho… es decir no sabemos, y tampoco es que tenemos que saber, porque esto no es una biografía del por entonces no tan joven guionista estrella. Pero fueron seis años de no figurar en créditos de películas.
Las "citas personales" en el sector biográfico de Mr Black en IMDb incluyen cosas de este estilo, de este tenor, de esta laya: “Me gusta hacer plata, pero no es todo lo que quiero. No me completa la vida. Dirigir se acerca más que cualquier otra cosa que conozca a darme una razón para levantarme a la mañana que vaya más allá de ir a ganar algo de plata. Porque todo lo que logra el dinero es comprar la cama. Levantarse es el problema”. Entre besos y tiros -mejor decirle Kiss Kiss Bang Bang- era una película rara y muy encendida, en la que los personajes hablan parecido a esa y otras citas de Black, como si no pudieran evitar el remate punzante en cada frase. Uno de los "bang" del título puede verse como perteneciente a los diálogos y monólogos. El otro, claro, puede ser por los tiros, aunque no son tantos. Robert Downey Jr., Val Kilmer y Michelle Monaghan oscilan entre el encanto, la sinuosidad y la autoconciencia (mucha autoconciencia, personajes de guionista brillante, aunque algunos críticos dijeron en el momento del estreno que se había pasado de vivo, o cosas por el estilo), y a veces combinan esos elementos. Y se mueven y se juntan en un policial con intereses románticos (kiss/kiss: Downey besa a los otros dos protagonistas) y escondrijos informativos. Las vueltas de tuerca se suceden y la historia cambia de conflicto a cada rato, como si no le importara. Sin embargo, la cínica voz en off de Harry Lockhart (Downey) ayuda a la comprensión del enrevesado argumento. De cualquier manera, la complicación es tal que remite a, o conecta con, la experiencia que se suele tener ante Al borde del abismo (The Big Sleep, de Howard Hawks de 1946, basada en Chandler y hacia la que Black lanza algunos guiños): lo que importa no es tanto entender el ripioso -y a veces hasta tortuoso- camino de la trama, sino el placer de que nos cuenten una historia nocturna y cool (diríase canchera) historia de besos y tiros, de "kiss kiss y bang bang".

El título de la película remite, claro, o al menos es claro para los lectores de Kael, inmediatamente al libro homónimo ya citado, el cual la legendaria crítica había tomado de un afiche italiano, como se señala en el primer párrafo de este artículo. Kael aceptaba que sexo y violencia eran los principales atractivos del cine, y ni Kael ni Shane Black se rasgan las vestiduras ante semejante constatación. Y decía Kael, no sin algo de resignación, que no eran tantas las ocasiones en las que el cine era más que eso. Sin embargo, el objetivo de atraer con sexo y violencia no tiene por qué excluir la inteligencia. Una inteligencia lúdica, en este caso, permite abrir la película a un disfrute en una superficie resbaladiza. Se incluye así la posibilidad de tropezones y caídas, pero también se agrega velocidad. Si una parte del cine de Hollywood de este siglo XXI está tan automatizada que no puede durar menos de dos horas y media o incluso más, y avanza en ocasiones como caminando por arena o pisando huevos, Kiss Kiss Bang Bang recuperaba cierta liviandad, sin miedo a que unas cuantas de las obligatoriamente ingeniosas líneas de diálogo no estén a la altura de las circunstancias. Alegremente, el cine también puede ser un arte de lo desparejo, y un policial puede incluir y puede jugarse por -entre otras cosas- la comedia. Eso lo sabía Black a la hora de crear el guión de Arma mortal. Y lo sabía en su ópera prima, y añadía que un policial puede incluir lo negro, las referencias a Chandler (el nombre de cada segmento de la película está tomado de títulos de la obra del escritor que amaba a los gatos), la comedia, el chiste frontal, directo, hasta craso (Kilmer interpreta a un gay cuyo ringtone es "I will survive") y también una acidez pos genérica, cristalizada aquí en la charla de Downey hacia el espectador, a quien interpela directamente y le dice que sí, que vio El señor de los anillos y que no vamos a asistir a diecisiete finales. Y no sólo eso, las imágenes llegan a detenerse y, por orden de Downey, a "hacer visible" el celuloide (materialidad a la que también recurría Gremlins 2). Kiss Kiss Bang Bang es una de esas películas-recreo que antes alegraban la cartelera y uno podía ver en una sala de cine comiendo mantecol*, pero que en ese momento fueron “directo a DVD”, al igual que tantas otras comedias de esos años (¡Idiocracy!) y tantas que vinieron después, aunque el después ya no fue del DVD sino de “las plataformas”.
*Si bien en ese entonces -a principios del siglo XXI- ya había triunfado el pochoclo (las palomitas, las cabritas, las pipocas, etc.) en los cines argentinos, hace veinte años todavía no estábamos tan lejos en el tiempo de otras variedades de consumo alimenticio en los cines, las recordábamos como más cercanas. Dicen incluso que todavía se escuchaban los ecos del vendedor de “palito bombón helado”.

















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