El dilema social de las "live-action": El caso de 'Cómo Entrenar a tu Dragón'

Aspectos socioculturales

Hace unos días me llegó por mail la invitación para ver la remake en (el mal llamado) formato live-action de la aclamada cinta de animación ‘Cómo Entrenar a tu Dragón’. El primer eslabón de Dreamworks Animation por replicar lo que estuvo haciendo Disney en los últimos quince años. Quince años que también pasaron de la primera entrega de una trilogía que a día de hoy sigue cautivando a personas de todas las edades e ideologías. 

 

Personalmente nunca había visto ninguna de ellas, pero hoy era el día indicado. De camino a la función de prensa me escuché gran parte de la banda sonora de ‘The Northman’ en Spotify. No sé por qué lo hice, pero creo que quería ponerme a tono con las vibras vikingas. Primer, pero por suerte, único error que cometí. 

 

 

Luego de que me atraviesen emocionalmente unos gloriosos 125 minutos repletos de aventura al mejor estilo Steven Spielberg, un gran desarrollo de los personajes y un enorme corazón en su historia, llegué a mi casa medianamente impactado por lo que había visto. ¿Por qué? Lamentablemente resulta inevitable tratar de desglosar cuáles son las falencias y aciertos de una obra cuando se trata de algo medianamente reciclado de un material de origen ya preexistente en el cine. Remakes y adaptaciones existen desde (casi) siempre en nuestro querido séptimo arte, pero en el aire existe una idea de que últimamente la cantidad de proyectos poco originales roza el abuso. El público se renueva constantemente, pero ¿el público se renueva o lo que no se renueva son las propuestas? Pasan los minutos y me cuestiono cosas, cosas que ni debería pensar. Dean DeBlois, el realizador y guionista detrás de la trilogía animada, volvió para dirigir ahora en un set real tras un tentador llamado de Universal. ¿Cuál es la real motivación detrás de este repetitivo acto creativo? ¿Solo dinero, una posible y efímera renovación de la fama? Me rasco el cuero cabelludo…

 

 

Este fenómeno de deshacer y rehacer es bastante interesante. Pero ¿y si el foco de mis cuestionamientos está mal puesto? Reformulo la pregunta ya que, como es obvio, en el arte de hacer cine existen dos bandos separados invisiblemente por una línea. ¿Qué es lo que ven los ejecutivos de las grandes productoras en la audiencia cuando se deciden por llevar a cabo estos proyectos? ¿Cómo sabía Disney que los estrenos de 'El Rey León', 'Aladdin', 'La Sirenita', 'La Bella y la Bestia' y ‘El Libro de la Selva’ serían éxitos de taquilla desmedidos? ¿Dónde estaba la garantía?… y no menos importante… ¿Por qué nos comportamos con un ridículo y exacerbado hype ante lo inminente de estos estrenos? “Siempre se vuelve al primer amor”, dice el dicho. ¿Será que no estamos preparados para lo nuevo, que queremos volver con el ex a toda costa? ¿Dónde están las nuevas IP?

 

Las opiniones siempre terminan siendo las mismas: casi todas las películas que tomaron la historia original y cambiaron la elasticidad de la animación por el realismo de los efectos visuales modernos (no puedo permitir que sigamos diciendo “live-action”, ¿acaso saben lo que significa eso? live-action=acción en vivo, en fin) terminan estando…bien. Para muchos parece no existir shock como tal, sentido de renovación espiritual o emoción genuina más que la de revivir lo que les hizo sentir el título original en su momento. Sí, llámenla nostalgia, melancolía endulzada o ambas a la vez, no me interesa. Pero la única realidad es que no se termina saliendo de este círculo vicioso al que nos someten las mayors. ¿Estamos atrapados en un bucle?

 

 

Mientras me río de mí mismo, decido por quedarme con lo que me dejó la maravillosa historia de amistad y lealtad de Hipo y Chimuelo. Con la metáfora antes que la exactitud histórica (eso prefiero dejárselo a Robert Eggers). Con el disfrute de mi niño interior antes que la seriedad del pensante adulto, amargado por ver cómo estas historias se repiten. ‘Como Entrenar a tu Dragón’ contiene una estructura clásica que nos recuerda –sí, una vez más– porqué amamos el cine, la experiencia de compartir una pantalla con otros. Como principiante en la materia no me queda más que sentarme y relajar, tal como lo haría The Dude. ¿Cuál sería el punto de discutir si Astrid era rubia en las películas animadas y acá tiene unas trencitas en el pelo propias de las vacaciones que uno se puede dar en las Islas Maldivas? Lo que termina pesando son las intenciones, algo que por ejemplo los Hermanos Russo no pudieron extrapolar de la fantástica novela ilustrada de Simon Stålenhag con la infantilidad caprichosa de El Estado Eléctrico.

 

Cortesía de Helen Sloan / Universal Studios

 

Al final del día lo único que me termina interesando es mi autolectura sobre la obra. No puedo hacerme cargo de las opiniones y experiencias de los demás. De ser así me autoinvitaría a este dilema social en torno a las películas live-action que discutimos año tras años, estreno tras estreno.

 


POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 11 de JUNIO del 2025, 01.41 AM | UTC-GMT -3

 

 

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Comentarios 6

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La Butaca Imaginaria20 de junio de 2025
Eso sí, los dragones están tan bien hechos que casi les pedís una selfie
I
ismael JK 0.016 de junio de 2025
Desdentao, mi amigo de carne y hueso</br></br>Cuando el live-action de Cómo entrenar a tu dragón me devolvió a la infancia</br></br>Durante años, Cómo entrenar a tu dragón fue más que una película animada: fue un refugio. La relación entre Hipo y Desdentao marcó a toda una generación que creció creyendo en la posibilidad de que incluso lo desconocido —lo monstruoso— podía volverse un aliado. Pero cuando se anunció su versión en live-action, confieso que sentí miedo. Miedo de que lo mágico se volviera frío. De que la criatura que me enseñó a confiar en lo diferente se viera demasiado “real” como para seguir siendo mía.</br></br>Y entonces, lo vi. A Desdentao.</br></br>No era el mismo dragón animado que recordaba, pero tampoco era solo una bestia digital. En la gran pantalla, sus ojos seguían siendo los mismos: inmensos, expresivos, llenos de curiosidad y lealtad. Ese momento en que Hipo extiende la mano —y Desdentao, temblando, acepta el contacto— sigue teniendo la misma fuerza que cuando la vi por primera vez.</br></br>Pero ahora, fue distinto.</br></br>Porque yo también crecí. Yo también dejé atrás a mi dragón.</br></br>Como Hipo, me vi obligado a dejar lo que amaba por algo mayor. La adultez. El trabajo. La lógica. El “ser razonable”. Y sin darme cuenta, arrinconé a Desdentao en la memoria. Dejé de mirar al cielo esperando ver sombras con alas. Dejé de creer que lo diferente podía ser hermoso, solo por ser diferente.</br></br>El live-action no es perfecto, pero logró algo que no esperaba: revivir la herida dulce de la pérdida de la imaginación, de ese amigo imaginario que fue más real que muchas personas de carne y hueso. Me recordó lo que significaba volar sin alas. Confiar en lo que no entendés. Amar sin necesitar palabras.</br></br>Ver a Desdentao “de verdad” no rompió el hechizo. Lo reforzó.</br></br>✨ Porque los monstruos que amamos nunca se van.</br></br>A veces solo esperan en silencio, deseando que volvamos a extender la mano.
D
Danha Ramos16 de junio de 2025
Me has hecho replantar muchas cosas de los ´´life-action´´. Buen artículo.
G
Gueymel Salazar15 de junio de 2025
Estaba va ser una gran película
L
Lawilet13 de junio de 2025
Estoy totalmente de acuerdo contigo. Personalmente, no he visto ninguno de esos "live-action" (no deberían llamarse así, tal como dices) que han estrenado en los últimos años, la verdad es que no me emocionan y, si soy sincero, hasta me entristecen y molestan. </br></br>Es lamentable la falta de creatividad que hay en el cine actual (o en corazón de las grandes industrias). Todo son secuelas, precuelas, remakes, "live-action", spin-off y, en el mejor de los casos, biopics, que son otra forma estilizada de expresar la nulidad de ideas de los guionistas actuales. Después protestan contra la IA, pero cuando lo ves así, te das cuenta de que sí son completamente reemplazables. </br></br>En fin, no veré esta nueva película de Cómo entrenar a tu dragón, tal y como no lo he hecho con los otros "live-action". Prefiero dedicar mi tiempo a disfrutar de historias que, aun en estos tiempos, tienen la “pretenciosidad” u osadía de proponer algo diferente.
M
marisoledad13 de junio de 2025
¡Totalmente! Tienes toda la razón en que llamar “live-action” a estas pelis es un disparate, ¡especialmente en el caso de Mufasa! Si no hay leones de verdad, no se puede llamar "live-action"…

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