El fenómeno Neon/Cannes: Cine de autor + crítica social
IndustriaDespués de ser testigo, en calidad de cinéfilo y curioso ser humano, de la obtención de la Palma de Oro para la película iraní ‘It Was Just An Accident’ en el marco del Festival de Cannes 2025, me decidí por investigar cuáles fueron las últimas quince ganadoras. ¿Porqué quince y no diez, o veinte? El cambio de siglo trajo consigo un cambio de paradigma en relación a cómo el Jurado de esta fiesta del cine absorbía las nuevas tendencias de la audiencia. Al fin y al cabo, las personas que votan no son más que parte de un círculo que debe hacer girar la rueda, tengan los gustos que tengan. Pero no fue hasta la obtención de la Palma de Oro en el 2010 para la tailandesa El Tío Boonmee que podía Recordar sus Vidas Pasadas, que se comenzaron a sentir cambios en el aire que bordea las costas francesas. Una suerte de reconstrucción espiritual concentrada en ver hasta dónde se podía aspirar.
Decenas de vídeos me aparecieron sobre todo en Instagram en donde staff de plataformas como Letterboxd le preguntaban a la audiencia del festival cuáles eran las favoritas a ganar el codiciado premio. El nombre de Jafar Panahi no apareció en ninguno, y menos de su documental. ¿Quién es este peculiar cineasta? El 20 de diciembre de 2010, Panahi fue condenado por el Tribunal Revolucionario a seis años de prisión y se le prohibió durante los siguientes veinte años realizar películas, participar en actividades políticas, viajar y conceder entrevistas. Su colega, Mohammad Rasoulof, también fue condenado a seis años de prisión. Claramente estamos ante un verdadero rebelde del séptimo arte.
Del listado al que me sometí investigar bajo la necesidad de entender este peculiar fenómeno llamado “Neon en Cannes” encontré ciertos títulos…paradójicamente neonianos. ¿Estoy influenciado bajo el ala de una productora que aparentemente encontró la fórmula ideal para preservar su dominio en Cannes por quién sabe cuánto tiempo, o será que simplemente este es un festival diseñado para romper los esquemas y reinventarse año tras año? ¿qué es lo que pesa a la hora de decidir una ganadora? Desde el 2010 hasta el 2018, The Square, Shoplifters y todas las estrenadas en ese período puede ser leídas como obras disruptivas en sus temáticas sociales y que invitan a repreguntarnos cómo miramos el cine.
Fundada en el 2017 por Tom Quinn y Tim League, Neon llegó con una propuesta clara y concisa: apostar por un cine provocador, osado en su estética y contundente en su narrativa. Su primera gran victoria en Cannes llegó en 2019 (uno de los mejores años del cine en nuestra era) con la histórica Palma de Oro para Parasite del surcoreano Bong Joon-ho. Pero más allá del merecido premio (y posterior Óscar a Mejor Película, el primero para una cinta en lengua no inglesa), lo que marcó el rumbo de esta subsidiaria fue la inteligente lectura que hizo del mercado a nivel global: el público no solo estaba preparado para ver historias complejas, sino que las deseaba a toda costa.

Desde entonces, la productora se convirtió en una presencia constante en la “Croisette”, compitiendo codo a codo con gigantes como A24, Netflix o Sony Pictures. En 2021 y tras el parate global de la pandemia, Neon repitió la hazaña con el drama familiar en clave body-horror Titane, de Julia Ducournau, una película inclasificable, radical y visceral, que volvió a colocar al cuerpo —el físico, político, o el simbólico si se quiere— en el centro de su relato. Según Ducornau la idea siempre fue divagar alrededor del amor incondiconal como eje de, pero las cuestiones de género pegaron más fuerte en Cannes. La Palma de Oro en esa ocasión no fue solo un premio a la transgresión narrativa, sino a su coraje: el riesgo y la singularidad convertidos en valor artístico que cruza todas las barreras.
¿Qué es entonces lo que diferencia a esta productora del resto, que la hace única? Mientras la reconocida marca que apoya el cine indie se distingue entre todas como la “casa contemporánea del cine raro” gracias al aporte de cineastas de la talla de Ari Aster, Yorgos Lanthimos o The Daniels, Neon reformula la selección: primero piensan qué historias deben ser llevadas a la gran pantalla, y no cómo deben contarlas. En lugar de optar por fórmulas seguras, apuesta por relatos que desestabilizan, que nos retan y desafían, pero que a su vez amplifican voces marginales o trastocan las convenciones del género.
En este sentido, las propuestas de Neon en Cannes parecen guiarse por una brújula ética y estética que privilegia lo narrativamente urgente. Películas como Portrait of a Lady on Fire, The Worst Person in the World o Anatomy of a Fall (uno de los mejores dramas románticos de los últimos tiempos, el existencialismo millenial por antomasía y la gran ganadora de la Palma de Oro en 2023) comparten un emocionante compromiso con la complejidad de los personajes, la ambigüedad moral, y la exploración de los márgenes generacionales. Son historias donde las certezas se desarman, donde los géneros se hibridan, y donde el espectador es interpelado de manera activa. Es activismo cinematográfico.

El fenómeno del impacto Neon representa un cambio de paradigma en la industria. Los blockbusters jamás dejarán de existir, eso hay que darlo por seguro. Los necesitamos, en cierta forma. Pero frente a este tradicionalismo inapagable de las majors, que aún dominan la taquilla con sus franquicias, remakes y blockbusters, siempre debe haber alguien que mantenga el balance. Hace más de diez años fue A24 quien se plantó ante tal panorama. Hoy Neon plantea un nuevo formato del prestigio: uno en el que el éxito se mide tanto por los premios como por su impacto cultural, la conversación social y la innovación artística.
En Cannes, este modelo de hacer cine encontró su escenario ideal. Y es que en este festival no solo se premia la audacia, se la celebra como en ninguna otra. Pero la influencia de Neon no sólo se limita al circuito festivalero. Pensemos en la estrategia marketinera de Longlegs, una cinta de terror grandiosamente inflada antes de estrenarse gracias a su capacidad para posicionarse en el mercado internacional meses antes de su estreno. Muchas de sus producciones lograron permanecer en la posteridad luego de su paso por cines y plataformas, quedándose fija en las discusiones públicas, como sucede con la sencillamente hermosa Perfect Days o el estupor mediático de Anora. Apostar por el boca en boca, por el prestigio ganado en los festivales, y por las campañas de marketing estratégicamente planeadas que subrayan la unicidad de cada proyecto.
A través de esta dinámica, la productora más ganadora de la historia de Cannes ensancha con imaginación y compromiso el campo de lo posible en el cine contemporáneo, alentando(nos) a cineastas de todo el mundo a contar historias personales, incómodas o radicales si se quiere, y si se quiere también, todo en uno. Hoy más que nunca hay un espacio —y una audiencia— para ellas. Señoras y señores, hay Neon en Cannes para rato. O Cannes en Neon, como se quiera leer.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 27 de MAYO del 2025, 15.15 PM | UTC-GMT -3
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