La otra boda: encuentro de estrellas

Reseñas generales

La otra boda se llama, en realidad, You’re Cordially Invited: quedan así cordialmente invitados a sacar sus propias conclusiones acerca de la “sal gruesa” que, según decía Horacio Quiroga, se les agregaba a los títulos “traducidos” al español. A ver si encuentro la cita, es de hace más de un siglo, o al menos eso recuerdo… sí, efectivamente, es de enero de 1920. Está en un texto llamado “Los títulos de las cintas” publicado originalmente en Caras y Caretas y compilado casi ochenta años más tarde en el libro Arte y lenguaje del cine. Allí, dice Quiroga: “Es poco común que la traducción española de los títulos se ajuste al texto inglés. Casi siempre el título español es más llamativo, más dramático, más anunciador, en fin. La causa la ignoramos; a no ser ella el convencimiento, en las casas del ramo, de que nuestro público necesita sal gruesa para que despierte su interés.”

 

Ahora bien, más allá de su título, ya sea el original o el traducido, La otra boda es una película, si se quiere -sí, quiero- vieja. Es de este año, 2025, pero al menos en un sentido es una película vieja. Incluso en un buen sentido, o en uno de esos sentidos que identificamos como pertenecientes a alguna tradición del cine. La otra boda tiene como principal atractivo a su pareja protagónica, Will Ferrel y Reese Witherspoon, es entonces una película “de estrellas” (y aquí se podría volver a citar a Quiroga sobre ese asunto, pero será en otra ocasión estrellada). La otra boda es una película con dos estrellas de gran carrera previa, con muchos éxitos, que se juntan por primera vez para una película. Y, para ser más específicos: es una comedia con dos comediantes estrella que se juntan por primera vez para una comedia. ¿Una comedia romántica? Se verá. O la verán. O veremos. Sí, es cierto que la carrera de Will Ferrel es un mar de comedias, con algunas de las mejores de las últimas décadas (desde la mejor, Anchorman 2, hasta apariciones en artefactos como Barbie). En el caso de Reese Witherspoon hay mayor variedad de géneros, pero también en su caso gana en relevancia y relieve la comedia (Legalmente rubia y How Do You Know, por ejemplo). Pero este artículo no busca ser un perfil doble de un actor y de una actriz de alturas bastante disímiles sino un texto acerca de una película, o eso creo, aunque espero que también sea sobre otros temas.

 

Intenté ver La otra boda apenas apareció “en las plataformas” (bueno, en Prime, porque es una producción de Prime). Quería ver una buena comedia, o una comedia que me gustara. Al fin y al cabo, el director era Nicholas Stoller, uno de los no tantos directores y guionistas de la actualidad especializados en comedias. Se trata del director de Forgetting Sarah Marshall, de Get Him to the Greek, de The Five-Year Engagement. Se trata además de uno de los guionistas, junto a Jason Segel, de la gloriosa Los Muppets de 2012. Sí, es cierto, también fue guionista de varias películas malas (la insufrible Zoolander 2, por ejemplo), pero no nos fijemos en eso. Ante La otra boda me sentía cordialmente invitado a una comedia con Ferrel y Witherspoon y dirigida por Stoller. A verla, entonces. Pero no pude, y esa primera vez la abandoné a los pocos, incluso poquísimos, minutos. El relato empezaba por Ferrell, que en no pocas ocasiones puede convertirse en un elemento a acomodar, por su extravagancia gestual, corporal, cómica. Ferrel necesita comedias no a su altura sino a su desmesura. Y La otra boda lo rodea de formas pedestres, prefabricadas de contemporaneidad banal, feas, apuradas en el revoleo del gesto, musicalizadas a lo bruto, para que el chiste o los chistes se entiendan incluso sin ver las imágenes. En ese primer intento ni siquiera llegué a ver la primera aparición de Reese Witherspoon.

 

Un par de meses más tarde decidí volver a empezar La otra boda y en esta ocasión la vi completa, y siguió siendo una comedia floja, adocenada, pedestre, hecha en parte con esos aderezos volátiles o más bien efímeros, del diario de ayer, relativos “temas y guiños contemporáneos”, con “enseñanzas emocionales” carentes de sutileza alguna, prefabricadas, ultra procesadas. Pero en esta ocasión era yo el que había cambiado y tenía más ganas de verla. ¿Por qué? Qué importa del por qué, como no dice el tango. O sí importa: quería ver a Ferrel y a Witherspoon juntos.

 

Nobleza obliga: la película empieza a armarse con la aparición de Witherspoon. Ella, menos histriónica que Ferrell, con la mirada más clara -no en cuanto al color de ojos sino por una cuestión de decisión- sostiene con mayor temperancia a un personaje de trazos simples en una película que según la calificación del público de IMDb es la peor de las dirigidas por Stoller en su carrera. Deben tener razón los votantes, digo -mentira, qué van a tener razón los votantes-, aunque hay una de ellas que no vi. Pero más allá de estos promedios de los puntajes de los opinantes, está claro en pocos minutos que no estamos ante una película especialmente lograda. ¿Y entonces cómo, por qué se sigue viendo una película que se sabe que no es buena? Por este asunto comentado en el primer párrafo: por las estrellas, porque ante la determinación gestual de Witherspoon uno sabe, o intuye, o presiente, que la interacción con el más acuoso -en este caso- Ferrel pueden surgir pasajes con cierto atractivo, o que puede aparecer eso de la química, un elemento que se suele mentar para no referirse exactamente a química sino a algo un poco más mágico o un poco menos científico, como la alquimia. El Diccionario de la Real Academia Española dice que alquimia es “1. Conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de la química” y “2. Transmutación maravillosa e increíble”. (También sabemos -o sé, no sé si ustedes saben- que la crítica de Pauline Kael sobre El Padrino, en el momento del estreno, se tituló “Alquimia”.)

 

Quizás allí, en una dimensión combinatoria casi mágica de elementos, resida el atractivo de una película floja y pedestre como La otra boda. Lo extraordinario de la película son sus protagonistas, y en este caso en su dimensión de constelación, de combinación, y no tanto de estrellato individual. Lo mejor de La otra boda es más que Ferrel y Witherspoon; lo mejor de la película es la suma de Ferrel más Witherspoon. Por eso, la película va ganando interés cuando vamos entendiendo que se tratará, en su núcleo -que está ahí, pero demasiado oculto bajo demasiados maquillajes toscos-, menos acerca de dos bodas que chocan entre sí que del encuentro entre dos veteranos. Veteranos del cine y de la vida: uno con varios años más que medio siglo y la otra casi con medio siglo de vida. En el fondo, lo más atractivo de esta película es que se trata de algo así como una comedia romántica acerca de una pareja de mayor edad que la de las otras dos parejas del relato, las de las bodas convergentes. De algún modo, parece decir la película -o podemos hacerle decir- la comedia romántica sigue siendo propiedad de un cine de otros tiempos, de los tiempos en los que surgían actores y actrices como Ferrell y Witherspoon. Y por eso lo mejor de la película es cuando termina, no solo porque termina una película más bien mediocre sino porque en el final, incluso en los créditos, es cuando hay mayor interacción entre las dos estrellas.

 

Comentarios 2

A
Alma Raquel Alonso Lucena11 de junio de 2025
Algo que siempre diré es que, los actores y actrices que la mayor parte de su vida han hecho comedia, deberían dedicarse- más-, a hacer dramas: tienen mayor potencial.</br>Siento que es por eso que a veces, podemos sentir que no vemos nada nuevo o que siguen acartonados, pero...hasta que ves a Adam Sandler en "Uncut gems"[2019] o Steve Carell en "The patient" [2022], es cuando entendemos que, los productores deben tocar lugares incómodos, para sorprendernos. Saludos. Te sigo
P
Pantalla Mágica25 de mayo de 2025
Qué bien escrita esta nota. Me reí, me dieron ganas de ver algo viejo de Stoller y me convencí de que hasta las pelis medio malas pueden tener magia. 🧪💫

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